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Mostrando entradas de 2018

Irene Gruss (1950/2018 )

Autorretrato Ah, si pudiera recostarme, ser así, la mosquita muerta que inclina su cuello, lánguida ; si borrara el rictus de una Callas desahuciada, Magnani en batón, así me veo, dulces musas de la debilidad, dónde estáis, denme la brisa, dénmela, no la ventolina a orillas del mar, siempre a orillas del mar, ay me, mandolina y no viola da gamba, quién me miraría si él observa el culo de la que pasa, ay me, cuántas uñas delicadas habrán rasguñado el hombro, la nuez, su espalda, oh, su espalda, y engalanar lo que no tengo, un aspecto sutil, ese gesto de no haber sufrido hambre, menos ansia de saber, una sor Juana cortejada por virreyes y virreinas, la suavidad del papiro, y el vientre sin estrías, ay me, si hubiese usado aquel pote, si no supiera que el tiempo no es el Teatro No, máscara que cubre el savoir faire y otras minucias, oh, gatitas, si pudiera lagrimear, las he visto contonearse sinuosas hacia mi objeto incólume, han conseguido lo que apenas ...

Louise Glück (1943 )

Mañana lluviosa No amas el mundo. Si amaras el mundo habría imágenes en tus poemas. John ama el mundo. Tiene un lema: no juzgues si no quieres ser juzgado. No discutas este punto con la teoría de que no es posible amar lo que uno renuncia a comprender: renunciar al discurso no significa suprimir la percepción. Fíjate en John, fuera en el mundo, corriendo incluso en un día miserable como hoy. Que elijas no mojarte se parece a la patética preferencia del gato por cazar aves muertas: completamente consistente con tus dóciles temas espirituales, el otoño, la pérdida, la oscuridad, etc. Todos podemos escribir sobre el sufrimiento con los ojos cerrados. Deberías mostrarle a la gente algo más de ti misma; mostrarles tu clandestina pasión por la carne roja. ("eterna cadencia", trad, andrés catalán)

César Vallejo (1892/1938 )

Hasta el día en que vuelva, de esta piedra... Hasta el día en que vuelva, de esta piedra nacerá mi talón definitivo, con su juego de crímenes, su yedra, su obstinación dramática, su olivo. Hasta el día en que vuelva, prosiguiendo, con franca rectitud de cojo amargo, de pozo en pozo, mi periplo, entiendo que el hombre ha de ser bueno, sin embargo. Hasta el día en que vuelva y hasta que ande el animal que soy, entre sus jueces, nuestro bravo meñique será grande, digno, infinito dedo entre los dedos. ("obra poética completa", ed. casa de las américas, la habana, 1975, tercera ed.)

Salvador Novo (1904/1974 )

Imagen
Epifania Un domingo Epifania no volvió más a la casa. Yo sorprendí conversaciones en que contaban que un hombre se la había robado y luego, interrogando a las criadas, averigüé que se la había llevado a un cuarto. No supe nunca dónde estaba ese cuarto pero lo imaginé, frío, sin muebles, con el piso de tierra húmeda y una sola puerta a la calle. Cuando yo pensaba en ese cuarto no veía a nadie en él. Epifania volvió una tarde y yo la perseguí por el jardín rogándole que me dijera qué le había hecho el hombre porque mi cuarto estaba vacío como una caja sin sorpresas. Epifania reía y corría y al fin abrió la puerta y dejó que la calle entrara en el jardín. ("otra iglesia es imposible")

Uriel Martínez (1950 )

Aunque Aunque ya cayó un aguacero los pronósticos indican lluvia en gran parte de la noche; aunque ya humea el incienso y empieza a expandirse en rincones y abraza pleuras; aunque la hoja da cabida a confesiones que callas de día y no te expresas a ti mismo; aunque las goteras caigan y escurran en vidrieras y paredes, la noche es joven; aunque los libros sigan alineados en estantes y guarden resinas y hojas de árboles añejos; aunque la noche se dilate en irse y en día en su arribo, tú hablas. [Inédito]

Charles Simic (1938 )

Atardecer de verano Haciendo tiempo bajo un árbol, mientras charlaba con un pájaro al que podía oír pero que nunca vi y se hacía de noche y unas pocas casitas se iluminaban a lo largo de la calle sorprendiendo a un gato con algo entre los dientes. En la manzana de al lado había una agencia de viajes con un cartel de Venecia en el escaparate que estudié con cuidado para determinar si los barcos del Gran Canal estaban algo más cerca de su destino. Detrás de los raíles cubiertos de maleza había una pequeña feria pobremente alumbrada con un tiovivo, una barraca de tiro al blanco y una joven pareja probando suerte con un rifle y una hilera de patos, mientras pasaba de largo y pensaba: tarde o temprano encontraré el camino a casa, solo o en compañía de un amigo real o imaginario que golpea la cerca con su blanco bastón o reparte comida china por el barrio. ("perros en la playa", trad. jordi doce)

Carlos Edmundo de Ory (1923/2010 )

En un café He vuelto ahora sin saber por qué a estar triste, más triste que un tintero. Triste no soy, o si lo soy no sé la maldita razón porque no quiero. He vuelto ahora sin saber por qué a estar triste en las calles de mi raza He vuelto a estar más triste que un quinqué, más triste que una taza. Estoy sentado ahora en un café y mi alma late, late de sed de no sé qué, tal vez de chocolate. No quiero esta tristeza medular que nos da un golpe traidor en una tarde. Pide cerveza y basta de pensar. El cerebro está oscuro cuando arde. ("cómo cantaba mayo")

Eugenio Montale (1896/1981 )

Antiguo, estoy embriagado por la voz  Antiguo, estoy embriagado por la voz que brota de tus bocas cuando se abren como verdes campanas y se repelen hacia atrás, disolviéndose. La casa de mis veranos juveniles -lo sabes- estaba a tu lado allá en la tierra donde el sol calcina y oscurecen el aire los mosquitos. Hoy como entonces ante ti permanezco inmóvil, mar, mas no me creo digno ya de la solemne admonición de tu aliento. Me dijiste primero que el pequeño fermento de mi corazón no era sino un instante del tuyo, que en el fondo de mí estaba tu arriesgada ley: ser enorme y diverso y fijo al mismo tiempo, para librarme así de toda suciedad, como tú cuando arrojas a tus playas entre estrellas de mar, corchos y algas las inútiles sobras de tu abismo. ("cómo cantaba mayo", versión l.r.s.)

Luis de Góngora (1561/1627 )

Ilustre y hermosísima María Ilustre y hermosísima María, mientras se dejan ver a cualquier hora en tus mejillas la rosada aurora, Febo en tus ojos y, en tu frente, el día, y mientras con gentil descortesía mueve el viento la hebra voladora que la Arabia en sus venas atesora y el rico Tajo en sus arenas cría; antes que de la edad Febo eclipsado y el claro día vuelto en noche oscura, huya la Aurora del mortal nublado; antes que lo que hoy es rubio tesoro venza a la blanca nieve su blancura, goza, goza el color, la luz, el oro. ("cómo cantaba mayo")

Teresa Amy (1950 )

Palabras en la Estudiantina I a eduardo faget, in memoriam - ¿baila? - y adelantás el cuerpo para que no me niegue tensa percibo olor a brea mezclado con perfume un cuello de camisa clara, mangas cortas vestido a lo paisano, pienso, y Xandre que había dicho arrastrando con un dejo de envidia: "la gente de zapatos blancos baila bien" miro la llama de la vela, arriba en la capilla cavada en la pared no es momento de pensar, pienso, quién habrá ofrecido ese conjuro para atraer qué sed (esta noche voy a preguntarle a Eduardo); ponés las manos impacientes en la mesa, me levanto y estiro la falda en la cadera: en cuanto a vos no te mimetices nunca, me gustan a muerte tus zapatos. ("las elecciones afectivas")

Francisca Aguirre (1930 )

  Hace tiempo                                                             a nati y jorge riechmann Recuerdo que una vez, cuando era niña, me pareció que el mundo era un desierto. Los pájaros nos habían abandonado para siempre: las estrellas no tenían sentido, y el mar no estaba ya en su sitio, como si todo hubiera sido un sueño equivocado. Sé que una vez, cuando era niña, el mundo fue una tumba, un enorme agujero, un socavón que se tragó a la vida, un embudo por el que huyó el futuro. Es cierto que una vez, allá, en la infancia, oí el silencio como un grito de arena. Se callaron las almas, los ríos y mis sienes, se me calló la sangre, como si de improviso, sin entender por qué, me hubiesen apagado. Y el mundo ya no estaba, sólo quedaba yo: un asombro tan triste como la triste muerte, una extrañeza rara, húmeda,...

César Moro (1903/1956 )

Cerré los ojos Cerré los ojos para nada más ver Cerré los ojos para llorar De no más verte ("praderas temporarias", trad. reynaldo jiménez, coed. magenta-sría. de cultura, 2017)

Rosabetty Muñoz (1960 )

Deseo El deseo es un barco poderoso arriando anclas y cadenas en medio de la noche. Estallando con el estrépito de las posibilidades. Bajo el silencio crispado el ansia apenas perceptible. Es también, el despliegue de luces en las islas de canales tan angostos donde un barco, más que navegar, acaricia. ("la poesía alcanza")

John Berger (1926/2017 )

Una canción de amor Las montañas son despiadadas la lluvia funde la nieve volverá a helar. En el café dos extranjeros tocan el acordeón y canta la habitación abarrotada de hombres. Las melodías llenan los sacos del corazón los pesebres de los ojos. Las letras llenan los establos que rugen entre los oídos. La música suprime las papadas relaja las articulaciones, la única cura para el reumatismo. La música limpia las uñas suaviza las manos restriega las callosidades. Una habitación abarrotada de hombres, venidos del ganado empapado, del gasoil, de la pala eterna, acaricia el aire de una canción de amor con manos dulces. Las mías han abandonado los brazos y están cruzando las montañas en busca de tus pechos. En el café dos extranjeros tocan el acordeón la lluvia funde la nieve.           ("elhacedordesueños", versión de pilar vázquez)

Vicente Gerbasi (1913/1992 )

Penumbras secretas Encontré la desdicha al amanecer, en un caballo que sangraba con la cabeza un poco caída en la yerba y el llanto de mi hermana de dos años que había sido operada en el vientre. Yo sentí un poco de sangre en las manos, un dolor triste como un cabrito degollado, una piel puesta a secar sobre las piedras. Anduve por el aire frío de las últimas estrellas donde moraban gallos dispersos, y sentí mi propia presencia en un árbol iluminado en el fondo de la casa. El día acogió el caballo herido con el llanto de mi hermana en los ojos. El día me recluyó en los rincones oscuros. Seguí siendo un triste que espanta las moscas de la tarde o dibuja una iglesia rodeada de aves marinas. Hay muchas maneras de estar muerto No quiero explicarme por qué mis ojos pueden ver este castillo cubierto de hiedras de verde muy oscuro y solitario bajo los astros de los búhos, ni por qué mis ojos pueden detenerse a ver caer la nieve durante tanto tiempo, hasta q...

Amy Lowell (1874/19925 )

Día de sol El viento ha metido la punta de tu chal dentro de la fuente, donde se ha quedado flotando entre los nenúfares como un tisú de zafiros. Pero a ti no te importa, tus dedos están arrancando los líquenes en el borde de piedra de la taza, y tus ojos siguen las altas nubes que van pasando sobre las encinas. ("nueva provenza", trad. j. coronel urtecho y ernesto cardenal)

Rubén Reches (1949/2018 )

El sastre y sus clientes Ya nada puede hacerse: estás viejo y tus clientes murieron. En la sastrería, tu cuerpo va y viene trazando débiles estelas de pez de acuario. Hoy vivir es para tu alma como si te mantuvieran sumergida la cabeza en una palangana llena al ras de dolor humano. Con su lápiz rojo, el sol te circunda, te señala. Estás ahí, pero tus clientes murieron.  Vos protestás, decís a quien quiera escucharte que todavía sos fuerte, que, si se te antoja, podés levantar por una pata la silla en que cosés sin que se incline; que quién sabe si no sos más fuerte que tus hijos. Pero tus clientes murieron. Se fueron de todas partes, Se salieron de sus tibiezas y ya no hay ángel que pueda encontrar a aquel que, mientras lo medías, hacía mohínes de galán de teatro; ni a aquel otro, el que venía con moño; ni al que te traía calendarios con mujeres desnudas; ni a ese al que tus hijos bautizaron “Rinoceronte Perfumado”. Porque tus clientes m...

Alfredo Buxán (1950 )

El hilo No sé qué andas haciendo cada tarde, lejos de mí, quizá sin un recuerdo memorable que nos junte un instante más allá de la vida cotidiana. Pero sí que en mis manos permanece el brevísimo calor de tu carne, en mis ojos el fulgor de los tuyos y en el fondo de mi sangre, serena y misteriosa, una música extraña, la certeza de haber sido una rama donde hallaste, fugaz, el merecido descanso de tu vuelo inalcanzable. Fue muy breve cada vez, pero late desde entonces incesante y eterno. Que tú no lo percibas es superfluo: hay un hilo en el aire que nos une. Una vida feliz. Polvo de oro que el viento disemina a su capricho. ("life vest under your seat")

Uriel Martínez (1950 )

El cuaderno Deja refugiarme debajo de esta página en blanco mientras pasa la lluvia, en tanto transcurre la tarde y llega la noche. Permite que mientras llueve resbalen mis recuerdos lejos, a las mañanas en casa de la abuela. Cuando oía los cascos de caballos que pasaban a alguna parte, a otros sueños, a grandes días jamás imaginados. Permite que el agua se multiplique y toque puertas y moje huertos, que cale en árboles, que llegue el sueño. Deja guarecerme en tu cuaderno, concédeme la gracia de ocupar renglones dobles, márgenes de anotaciones, pautas para el descanso. [Inédito]

César Moro (1903/1956 )

Visto el rostro del amor Visto el rostro del amor Adosado a los cuatro vientos Delante la muralla conclusa El invierno me hablaba al corazón Ninguna herida ningún vestigio Prevalecerán contra el silencio Al más fuerte tormento Las lágrimas desaparecieron En las vueltas del camino La luna brilla inválida Ninguna palabra sabría prender Tu dominio calcinante                                                    México, 24-x-1946 ("praderas temporarias", trad. reynaldo jiménez, coed. libros magenta y sría. de cultura, méx. 2017)

Óscar Hahn (1938 )

Cafiche de la muerte Como carne de cóndores hirvientes o de tordos quemados como cresta del rojo al negro se cambió la fiesta y en silencio se fueron los clientes. Se nos vació no más todo el prostíbulo se vaciaron las camas y los bares y todas las que estábamos de a pares sollozamos de a una en el vestíbulo. Por el pasillo viene la señora siempre tan maternal siempre a la hora con su taza de té y un trago fuerte. Para qué te moriste desgraciado. Mira mi pobre cuarto desolado tipo traidor: cafiche de la muerte. ("zendalibros")

Eugenio Montale (1896/1981 )

Poema  5 Del brazo tuyo he bajado por lo menos un millón de escaleras y ahora que no estás, cada escalón es un vacío. También así de breve fue nuestro largo viaje. El mío aún continúa, mas ya no necesito los trasbordos, los asientos reservados, las trampas, los oprobios de quien cree que lo que vemos es la realidad. He bajado millones de escaleras dándote el brazo y no porque cuatro ojos puedan ver más que dos. Contigo las bajé porque sabía que de ambos las únicas pupilas verdaderas, aunque muy empañadas eran las tuyas. ("a media voz", versión f. ferrer lerín)

David Diop (1927/1960 )

El que todo lo ha perdido El sol brillaba en mi cabaña y mis mujeres eran hermosas y ágiles como las palmeras bajo la brisa nocturna. Mis hijos se metían en el gran río de profundidades de muerte y mis piraguas luchaban con los cocodrilos. La luna, maternal, acompañaba nuestras danzas El ritmo frenético y pesado del tantán, tantán de la alegría, tantán de la despreocupación en medio de la hoguera de libertad. Luego, un día, el Silencio... Los rayos del sol parecieron apagarse en mi cabaña desprovista de sentido. Mis mujeres comprimieron su enrojecida boca contra los finos y duros labios de los conquistadores de ojos de acero y mis hijos dejaron su apacible desnudez por el uniforme de hierro y sangre. También la voz de ustedes se ha apagado. Los hierros de la esclavitud desgarraron mi corazón, tantanes de mis noches, tantanes de mis ancestros ("caína bella", trad. maría renata segura)

Eugenio Montale (1896/1981 )

El lago de Annecy  No sé por qué mi recuerdo te vincula al lago de Annecy que visité algunos años antes de tu muerte. Mas entonces no te recordé, era joven y me creía dueño de mi suerte. Por qué puede irrumpir una memoria tan enterrada no lo sé; tú misma me has sepultado sin saberlo. Resurges ahora viva, mas no estás. Podía preguntar entonces por tu pensionado, ver salir las muchachas en fila, encontrar un pensamiento tuyo de cuando aún estabas viva y yo no lo he pensado. Ahora que es inútil me basta la fotografía del lago. ("a media voz",versión de josé ángel valente)

Fernando del Paso (1935/2018 )

PoeMar xvi A bendecirte, mar, yo me consagro: te encierro en un poema y un milagro. Invento y tejo tu invisible historia, y de ella el continente: mi memoria. Memoria que se empapa y se perfuma en los adioses blancos de la espuma. Hoy vives en mis ojos, hoy habito la consonancia azul de tu infinito, y hago de mis palabras tu recinto: palomar. casa, laberinto. Hoy que muero de amor por ti, de bruces, en un remanso de quebradas luces. ("poeMar", ed. fce, méxico, 2015)

Ana Blandiana (1942 )

Yo creo Yo creo que somos un pueblo de plantas, de otra manera, ¿de dónde sacamos la calma con que esperamos ser deshojados? ¿De dónde el valor para empezar a deslizarnos en un tobogán de sueños tan cerca de la muerte, con la certeza de que podremos nacer de nuevo? Yo creo que somos un pueblo de plantas, ¿Quién ha visto a un árbol rebelándose? ("cuadrivio", trad. beatriz estrada moreno)

César Vallejo (1892/1938 )

El momento más grave de la vida Un hombre dijo: —El momento más grave de mi vida estuvo en la batalla del Marne cuando fui herido en el pecho. Otro hombre dijo: —El momento más grave de mi vida, ocurrió en un maremoto de Yokohama, del cual salvé milagrosamente, refugiado bajo el alero de una tienda de lacas. Y otro hombre dijo: —El momento más grave de mi vida acontece cuando duermo de día. Y otro dijo: —El momento más grave de mi vida ha estado en mi mayor soledad. Y otro dijo: —El momento más grave de mi vida fue mi prisión en una cárcel del Perú. Y otro dijo: —El momento más grave de mi vida es el haber sorprendido de perfil a mi padre. Y el ultimo hombre dijo: —El momento más grave de mi vida no ha llegado todavía. ("cómo cantaba mayo")

Tomi Kontio (1966 )

Según sus deseos Antes de morir papá anunció que sus cenizas debían ser esparcidas en el mar. Era uno de esos hombres que no quieren su nombre tallado en granito. El cinturón lo había colgado sobre una mantequera vieja y si no nos portábamos bien lo agarraba y nos daba en la espalda. Más tarde, borracho, a la mantequera la hizo pedazos de una patada y el cinturón se cayó al piso. Allí descansaba como una serpiente enroscada floja con una lengua de latón. Hacían falta todos los hijos y la madre para arrastrarlo a la cama y ni el pantalón pudo llevarse, quedó tirado en la puerta como una piel que se mudó. Era uno de esos hombres que no quieren su nombre tallado en granito. Nos lo marcó en la espalda con mandíbulas de latón. Fuimos a buscar sus cenizas al crematorio y guardamos la urna dentro de un morral Marimekko negro. Y nos hicimos a la mar. Mi hermano remaba y mi hermana indicaba el camino. Los remos graznaban un salmo y el viento se levantaba en ráfagas s...

Adam Zagajewski (1945 )

Temblor En la belleza creada por otros Sólo en la belleza creada por otros hay consuelo, en la música de otros y en los poemas de otros. Sólo otros nos salvan, aunque la soledad sepa a opio. Los otros no son el infierno, si se les ve temprano, con sus frentes puras, lavadas por sueños. Por eso me pregunto qué palabra debería utilizarse, "él" o "tú". Cada "él" es una traición a un cierto "tú" pero a cambio el poema de alguien ofrece la fidelidad de un grave diálogo. ("marcelo leites", trad. xavier farré)

Mia Couto (1955 )

Las calles En el tiempo en que había calles, al final de la tarde mi madre nos convocaba: era la hora del regreso. Y la calle entraba con nosotros en casa. Tanto el Tiempo moraba en nosotros, que prescindíamos del futuro. Recogida en mi cuarto, la ciudad adormecía en el mismo arrullo de nuestra madre. A la entrada de la cama, yo sacudía la arena de los sueños y despertaba vidas más allá. Entre la casa y el mundo ninguna puerta cabía: ¿qué cerradura encierra los dos lados del infinito? ("lljournal", trad. mitzi e.martínez guerrero )

Uriel Martínez (1950 )

Otoños A diferencia de otras noches esta vez me he sentado en la sala con un libro de Salinger en el regazo, como una madre que carga una criatura. A diferencia de otros días me he asomado a la ventana y he visto la luna como una hoz, lista a levantar la cosecha de otoño. Me llevo a los labios el tabaco, me acerco a la lengua el café y la brasa de canela; sin confesarlo espero las mañanas frías. Los pronósticos de la víspera son esos: la caída inexorable de termómetros, la desbandada de aves a tierras cálidas. Yo no, seré como los atlantes de Tula; terco y de una pieza como las ruinas de civilizaciones antiguas que permanecen mudas sin lecturas posibles, sin compañía alguna más que un silencio que va y vuelve como vuelven y siguen las nubes allá lejos. Si paso la noche en vela, si despierto y detengo la respiración pausada, si enciendo la luz antes de apagarla es que me volví humo. [Inédito]

Fernando del Paso (1935/2018 )

PoeMar I Para cantar al mar, no hay enseres, para cantar al mar y sus placeres, al mar azul, al mar y sus bahías, al mar y al sol, espejo de sus días, al mar de vientre colosal, derroche de lumbres verdes y de espesa noche, que mis palabras, mis palabras solas, que navegan, sedientas, en dos ola: olas en las que el cielo cristaliza su esencia azul, alada y quebradiza. ("poeMar", ed. fce, méxico, 2015, primera reimpresión)

Ana Cunha (1993 )

El poema a tu lado Buscas el poema y solamente después de un tiempo te percatas que ha estado al lado tuyo incluso desde antes de que iniciaras las búsqueda, que a pesar de ello tu mirada simplemente lo omitía. No se trata de desprecio sino de descuido, aún así sus letras reciben dóciles el movimiento de tu mano que las coloca en la página para que no vuelvas a perderlas de vista. ("depósito de objetos perdidos", trad. alejandro rodríguez morales)

Filipa Leal (1979 )

Nocturno para Varsovia Me gustaba invitarte a mi casa, como a los amigos en los viejos tiempos. Abría una botella de vino y te contaba de cuando era pequeño y tú me contabas de cómo iba el trabajo, el amor. Nos vemos todos los días y hablamos tan poco. Te extiendo la mano y a veces me das una moneda, pero hablamos tan poco. Me gustaba invitarte a mi casa pero no tengo casa, va a tener que ser para la próxima. ("depósito de objetos perdidos",trad. de alejandro rodríguez morales)

Rodolfo Häsler (1958 )

Diario de la urraca Página uno: lunes. La urraca lúcida Tengo una urraca que todo lo mira. Aunque huidiza, ahí está, quizá un azar, tira de la hebra, un deslizamiento al caer sobre un montoncito de hierba de Ibirapuera. En territorio agreste, lejos de mantener la calma la urraca se manifiesta, insiste en un vuelo sin laberinto, atraviesa el éter y anula el deseo yéndose por el costado, se esfuma por el mejor lugar, su juicio en la fronda. Repite un salto que es una línea, y abarca más, embauca temprano a su adiestrador. Celebran ambos la vez, bordea el refrán siempre a punto de perder la ocasión, hurgando en tierra mansa, sobre hojas húmedas, un hondo sentimiento de abandono. ("espacio luke")

Juan Vicente Piqueras (1960 )

Dos islas No hago vida de mí. Cuando estoy solo no hago vida de mí. Te necesito a cada instante, siempre, incluso cuando no sé quién eres tú ni dónde estás ni qué quieres de mí. Cuando estoy solo siento que estoy en mala compañía. No sé hacer vida de mi soledad. Pero no sé tampoco no estar solo. No sé de mí sin ti. Te necesito tanto como te temo. Amo tus manos tal vez porque no están. Amo el abismo abierto entre nosotros (¿qué es nosotros?), que no existimos. Busco otro pronombre que no sea tú ni yo, nosotros, nadie, una especie de yu, de to, de tuya de Mogador para tallar la barca de madera y mentira donde huir dónde, juntos, deseándonos. Somos dos islas una frente a otra que aman el mar que las separa y une. ("espacio luke")

Manuel Bandeira (1886/1968 )

El último poema    Así querría yo mi último poema Que fuese tierno diciendo las cosas más simples y menos intencionales Que fuese ardiente como un sollozo sin lágrimas Que tuviese la belleza de las flores casi sin perfume La pureza de la llama en que se consumen los diamantes más límpidos. La pasión de los suicidas que se matan sin explicación. ("la poesía alcanza"s/c al traductor)

Francisca Aguirre (1930 )

Un pedazo de hielo No es bueno andar por este mundo Soportando el desgaste de nuestra sombra. No es bueno alzar la voz a nuestras vísceras, Inaugurar un grito que hace crujir Tan solo a nuestro despavorido bazo. No es bueno andar en soliloquio Con el filo mugriento del desdén. No es bueno ser residuo de un espejo: Trae mala suerte esa mutilación Con apariencia de totalidad. No somos de fiar con tanta arista, Somos humanamente peligrosos Y desdichados inhumanamente. Entonces, con la humildad que otorga la desolación: Compañero, cualquier pedazo de hilo. Cualquier trapo para remendar Este agujero que llamamos vida. Mi hija y yo                                                 a mi hija, que tanto añora el mar Mi hija y yo recorremos las calles con la esperanza de encontrar el mar. Es domingo y las calles brillan quietas en este atardece...

Verónica Volkow (1955 )

Petición Dame la humildad del ala y de lo leve, de lo que pasa suave y suelta el ancla, la despedida ingrávida, y el abandono al vuelo, la cicatriz que avanza como ala en su desierto Dame la humildad del alma sin cuerpo y ya sin cosas. Ser la poesía y su luz, tan sólo la poesía y la región más de aire, inaccesible al desastre. Dame la luz sin límites acechando adentro y la noche que soy y el barro, con la estrella distante que la sed no sacia. Dame la humildad que suelte las cadenas, la verdad que desnuda el polvo, el hueso que me fraguan. Sólo en lo que soy caigo, me derrumbo. Déjame andar sin equipaje, leve, abierta al horizonte. ("el hacedor de sueños")

Rosario Castellanos (1925/1974 )

Elegía Nunca, como a tu lado, fui de piedra. Y yo que me soñaba nube, agua, aire sobre la hoja, fuego de mil cambiantes llamaradas, sólo supe yacer, pesar, que es lo que sabe hacer la piedra alrededor del cuello del ahogado. Meditación en el umbral No, no es la solución tirarse bajo un tren como la Ana de Tolstoy ni apurar el arsénico de Madame Bovary ni aguardar en los páramos de Ávila la visita del ángel con venablo antes de liarse el manto a la cabeza y comenzar a actuar. Ni concluir las leyes geométricas, contando las vigas de la celda de castigo como lo hizo Sor Juana. No es la solución escribir, mientras llegan las visitas, en la sala de estar de la familia Austen ni encerrarse en el ático de alguna residencia de la Nueva Inglaterra y soñar, con la Biblia de los Dickinson, debajo de una almohada de soltera. Debe haber otro modo que no se llame Safo ni Mesalina ni María Egipciaca ni Magdalena ni Clemencia Isaura. Otro modo de ser humano y libr...

Cristina Peri Rossi (1941 )

La sádica como las felinas que persiguen a las gacelas regresa de la faena con las fauces ensangrentadas y restos de carne entre los dientes. Ha comido ha gozado. Entonces, cansada de la cacería y de la digestión bosteza y se echa pesadamente a roncar entre la hierba o entre las almohadas. +++ Encomienda No sé que apetencias oscuras hay en su cuerpo, señora, encerradas en las carnes blancas, señora. Para que de pronto, su ansiedad estalle como granada abierta (de grandes labios rojos)       Me hago cargo, señora, me hago cargo: la monto la manto la palpo la sobo la beso la calco la solapo y usted bala como bovina usted ruge como marabunta usted piafa como yegua de raza usted resopla como marsopa usted finalmente acaba a caballo y yo acabo. ("conflagraciones.blogspot")

Silvia Favaretto (1977 )

Agito el mar dentro de mí Cuando sea ángel viviré en el faro... Lloraré mirando las luces de los barcos alejarse en la noche... Sentiré nostalgia de emociones nunca tenidas... Gritaré imprecaciones al viento (porque los ángeles no tienen padres) y arrancaré una a una las plumas de mis alas, desesperada y sanguinaria por la mala suerte que me ha dado maravillosas alas ligeras y un cuerpo demasiado pesado para volar... ("letralia")

María Mercedes Carranza (1945/2003 )

Maldición Te perseguiré por los siglos de los siglos. No dejaré piedra sin remover Ni mis ojos horizonte sin mirar. Dondequiera que mi voz hable Llegará sin perdón a tu oído Y mis pasos estarán siempre Dentro del laberinto que tracen los tuyos. Se sucederán millones de amaneceres y de ocasos, Resucitarán los muertos y volverán a morir Y allí donde tú estés: Polvo, luna, nada, te he de encontrar. ("conflagraciones.blogspot")

Uriel Martínez (1950 )

Como fiesta Como fiesta o duelo que se dilata hasta el otro día, toda la noche cayó el agua. Como pretiles y brocales  desbordados escuché gotas que azotaron muros y cristales huérfanos. Era una sinfonía que bajaba y caía a tierra como aeronave sin combustible, en espiral. Yo la oía y callado me arrebujaba a tu cuerpo quizá -de pronto- inventado años después. Entre sueños, confuso, repetía tu complexión, tu nombre, tu estatura sin que la noche ni el agua respondiesen. [Inédito]

Robin Myers (1987 )

Alza la mano si alguna vez Ahora que volví a ser niña de nuevo, todo resulta más interesante. Tú me resultas más interesante, el alcohol me resulta más interesante; mi temor de quedarme bajo el agua es, a un tiempo, más obvio y más interesante. También los choques automovilísticos me llaman como nunca la atención, al igual que los rostros de jóvenes mujeres que venden cigarrillos y gardenias, al igual que mis propios y súbitos ataques de deseo, los cuales me desangran en torpes direcciones como dedos de plantas suculentas. ¿Te acuerdas del juego de “Quemados”? ¿Te acuerdas de los machucones? ¿Te acuerdas de la electricidad estática? Cada rostro es, de nuevo, un parpadeo. Un perro con correa termina por meterse en todas las preguntas adecuadas. ¿Qué es lo que quieres? ¿Qué es lo que tú quieres? Quisiera, a veces, echar mano de mis propias manos y sacudirme, y marcarme a mí misma con mis uñas. Ahora me doy cuenta de que esto, también, es una especie de éxta...

Fabián Casas (1965 )

Mientras me lavo la cara Darío, parado, grita y gesticula. Bajo una frazada marrón Daniel, se ríe y habla de sus novias. Están borrachos y los que gritan en la cocina, como diputados, también. Mi vieja, resucitada, golpea las ventanas, pidiendo entrar. Al amanecer, bajo una claridad despiadada; cigarrillos, libros desperdigados, platos con comida. Camino, despacio, hasta el baño; sé que la desgracia está sobre nosotros, no ahora, tampoco el año próximo, todavía somos jóvenes, pero eso se pierde enseguida. No tenemos nada, pienso, mientras me lavo la cara, ni un oficio, ni una herencia, ni una casa de sólida piedra. ("marcelo leites")

Elvis Guerra (1993 )

Nosotras Nosotras, las bastardas, las hijas no reconocidas de San Vicente, las flores marchitas en una laguna encantada, las luciérnagas que murieron antes de aprender a volar, las mariposas más oscuras, las más insaciables bajo el légamo, las perras que dan todo a cambio de una caricia, las sin rostro, las siempre anónimas. Las otras, las condenadas a morir en una casa sin altar, las novias de nadie, las Evas sin seno, las nunca bienvenidas en una cena familiar, las abusadas por el tío menor, las muñecas de papel bajo la lluvia, las cerdas que se embarran de semen la cara, las paridas al revés, las mordidas por el alacrán de la lujuria, las locas expertas en medición de pitos. Nosotras, las muxes que pagamos hasta la cena de tu esposa, también te queremos, aunque digas que sólo somos tus cuates (muro fb del autor)

Elkin Restrepo (1942)

Lugar común Si les dijeran que todo aquello es amor, lo negarían. Viven un hechizo y no se dan cuenta. Pero él se desespera si no la ve, y ella acude en su busca si no lo encuentra. Sentados en el bar, podrían pasar la vida entera. Dos que no saben que son uno, y que para reunirlos se movió de su sitio el universo mismo. Y hablan y hablan (de todo y nada en apariencia), sin saber que es del amor que hablan. ("conflagraciones")

Allen Ginsberg (1926/1997 )

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                                                       peter orlovsky No envejezcas I Ventiocho años antes sentados en el sofá del cuarto de estar me había    mirado fijamente, yo dije "Quiero ir a un psiquiatra -tengo problemas sexuales- homosexualidad" Yo había vuelto a casa por culpa de mis años difíciles de estudiante     Este era el fin de semana en el que hablaría con él. Una mirada sobresaltó su rostro, "¿Quieres decir que te gusta meterte      penes de hombre en la boca?" Igual de sobresaltado, "No, no", mentí, "No es eso lo que significa" Ahora yacía desnudo en el baño, con el agua caliente desaguando     bajo sus piernas. Peter el de los hombros fuertes, en otro tiempo auxiliar de     ambulancia, lo alzó en la acicatada habitación. Lo secamos con toallas, los b...

José Ángel Valente (1929/2000 )

Los colores del sacrificio San Jorge es apenas un niño sobre un blanco caballo de cartón. En el cielo azul pálido hay una luna mínima, cortante, y discurren distraídas las nubes. La boca de la cueva se abre enorme, apenas defendida por el dragón con ojos en las alas de encendidos colores como el pavo real. Su sangre corre roja, convencional la sangre, y tiñe tierno el verde de su piel. La mujer, roja y verde como el dragón, apenas lo sujeta con una leve cuerda que nada tensa.                               Dócil, el animal se presta al vencimiento. La mano izquierda de ella presenta, muestra, invita a la entregada bestia.                                         Mientras, la prolongada lanza del san Jorge inocente perpetúa la oscura penetración. ("perros en la playa")

Jorge Luis Borges (1899/1986 )

Caña de ámbar He aquí una flor llamada caña de ámbar. Es recuerdo querido de una tarde en que me dio su boca una palabra dichosa como un beso. Esas líneas publican mi secreto semejante al de todos. ¿A qué apilar altos alardes verbales, decoro de sentencias y de imágenes, para decirte lo que sabes? También tú junto a la esperanza viviste y hubo en ti dicha dolorosa, desolación de ausencia     y gloria inconstante y certidumbre venturosa entre dudas y amartelada gustación de otra alma. Quiero que ante esta flor y esa palabra nos reconozcamos iguales como ante una común música patria. ("borges todo el año")

Amalia Bautista (1962 )

Cuéntamelo otra vez Cuéntamelo otra vez, es tan hermoso que no me canso nunca de escucharlo. Repíteme otra vez que la pareja del cuento fue feliz hasta la muerte, que ella no le fue infiel, que a él ni siquiera se le ocurrió engañarla. Y no te olvides de que, a pesar de los problemas, se seguían besando cada noche. Cuéntamelo mil veces, por favor: es la historia más bella que conozco. Las adelfas Las he visto crecer en las cunetas y en las medianas de las autopistas, en jardines privados y lujosos y rodeando bloques de ladrillo en suburbios tan tristes como el hombre. Me sorprende que sean tan bonitas, que se adapten tan bien a cualquier medio, que precisen tan pocas atenciones. Me sorprende que sean venenosas. ("elhacedordesueños" y "nomequitespaz")

José Eugenio Sánchez (1965 )

hay un viento y dios silba una canción de frank sinatra viene únicamente cuando amenaza lluvia cuando el viento sacude varias fotografías de su buró viene por instantes y por alguna prenda del ropero luego hacemos el amor para no platicar par no distraernos del asunto viene en sus días más negros cuando su cuerpo le discute cuando su casa la abandona pareciera que mis manos tuvieran algo que ver con su tristeza ("escenas sagradas del oriente", almadía, 2009, oaxaca)

Juan Manuel Villalba (1964 )

Ya puedes olvidar tu vida Ya puedes olvidar tu vida. Asume que carece de interés literario incluso para ti, aunque te duela. Aparta las canciones ya cantadas, no intentes descubrir lo descubierto fingiendo ser el único, el que llegó primero. Olvida ya el amor, no es nada nuevo. Incéndialo en secreto, sin testigos, que nada quede escrito, que nadie sepa nada. Retira los espejos, olvídate a ti mismo sin que eso te impida recordarte todo lo que no eres, porque ése sí eres tú. Fulmina los aplausos que tanto necesitas. Si quieres ser palabra, no oigas, enmudece. Deja la pirotecnia para la infantería. Y ahora, con las manos vacías y con frío, atrévete a sentarte y cuenta la verdad. ("pre-textos")

Nikiforos Vretakos (1911/1991 )

Mi sol Me robaron el sol, pero yo lo encontraré. He arreglado un encuentro secreto con él, como quien va por un diario clandestino o un material ilegal. Me llenaré el pecho con grandes hojas de oro y lámparas para mi escondite. Antes que hagan desaparecer mi alma la haré circular de mano en mano en la noche. Regreso Conteniendo el desgarramiento de mi corazón hallé la casa paterna que miraba entre el follaje, como en otro tiempo, el poniente conteniendo el desgarramiento de mi corazón... Mi madre corre a encender la chimenea, y cuando veo desde la puerta su dulce resplandor conteniendo el desgarramiento de mi corazón no entro. Afuera me siento y lloro... ("poetas del mundo", s/c al traductor)

Enrique Verástegui (1950/2018 )

Salmo Yo vi caminar por las calles de Lima a hombres y mujeres carcomidos por la neurosis, hombres y mujeres de cemento pegados al cemento aletargados confundidos y riéndose de todo. Yo vi sufrir a estas pobres gentes con el ruido de los claxons sapos girasoles sarna asma avisos de neón noticias de muerte por millares una visión en la Colmena y cuántos, al momento, imaginaron el suicidio como una ventana a los senos de la vida y sin embargo continúan aferrándose entre marejadas de Válium y floreciendo en los maceteros de la desesperación. Esto lo escribo para ti animal de mirada estrechísima. Son años-tiempo de la generación psicótica, hemos conocido todas las visiones de Kafka y Gregory Samsa pasea con Omar recitando silbando fumando mariguana junto al estanque en el parque de la Exposición – carne alienada por la máquina y el poder de unos soles que no alcanzan para leer Alcools de Apollinaire. Recién ahora comprendo mañana reventaré como esos gatos aplastad...

Luis García Montero (1958 )

La vida no es un sueño.                                                         a carolyn y francisco He comprobado el mar con sus cadáveres, la existencia del sol, la piel, los fríos, las luces con sus horas, las puertas que los años se dejan mal cerradas. Olvidos y recuerdos tienen los mismos ojos. Las palabras, como un atardecer que se confunde con la noche, son arena que cae delante del vacío. Nunca discute el tiempo la consigna de musgo que recibe. Pero pierde las llaves de sus puertas. Ahora aprendo a vivir con la vista cansada. Cansado estoy de verte mundo extraño, prestigio del dolor, exactitud de la mentira, corona turbia de los estercoleros habitados. Cansado estoy de ver las muertes humilladas en las habitaciones del silencio. Me duelen los finales injustos, que cierran nuestros ojos porque somos cadáveres ...

Uriel Martínez (1950 )

Maltiempo Amanecieron los cristales empañados y quizá mañana cuajada el agua de las pilas y los tinacos de azoteas, según pronósticos. Presiento que antes de fin de mes los tiestos de los corredores amanecerán reventados con helechos,y julietas quemados. Cuando esta catástrofe se manifieste no podré hacer nada para remediarla y ningún jardinero me dará respuesta al hecho. Sé que días antes del fin de año esto será un desierto y ni Vivaldi ni Joaquín Rodrigo vendrán a auxiliarme. Si sobrevivo al año nuevo en puerta será sin balaustrada en donde apoyarme, sin bastón que me dé seguridad paso a paso,sin ocote que ilumine mañanas de ojos empañados. [Inédito]

Alfredo Fressia (1948 )

Vejez Llegaste a un país congelado y tiritas. Nunca estuviste en el Edén, Alfredo, lo del odio de Dios será mentira y hay golpes en la vida. Abandona entonces la poesía y ahora cuídate de esa tos de perro, de ti mismo y de las cóleras en frío. ("poeta en el edén", la cabra ediciones, 2012, méxico)

Mary Oliver (1935 )

La ciénaga Anoche, bajo la lluvia, unos hombres treparon el alambrado del centro de detención. En la oscuridad se preguntaban si lo iban a lograr y supieron que tenían que intentarlo. En la oscuridad treparon el alambre de púas, palmo a palmo. En la oscuridad, también, capturaron a la mayoría y los mandaron de nuevo adentro. Pero unos pocos todavía siguen trepando, o vadeando la ciénaga azul del otro lado. ¿Cómo se sentirá agarrar el alambre de púas como si fuera un pedazo de pan o un par de zapatos? ¿Cómo se sentirá agarrar el alambre de púas como si fuese un plato y un tenedor, o un puñado de flores? ¿Cómo se sentirá agarrar el alambre de púas como si fuese el picaporte de una puerta, papeles de trabajo o una sábana limpia con la que te querés cubrir el cuerpo? ("el placard", versión sandra toro)

Franz Wright (1953/2015 )

Llega la mañana Llega la mañana en limusina sin anunciarse: alto y demacrado, el presidente del insomnio en persona sale a la vereda se pone los anteojos negros y sube la escalera de tu edificio guiado por un pastor alemán. Después de un par de golpes sordos a la puerta, abre lentamente el libro de páginas en blanco y señala con un dedo pálido y con manicura las cláusulas particulares que prueban tu culpa. ("el placard", versión sandra toro)

Zel Cabrera (1988 )

Instrucciones maternas Mi madre dice que mujeres como yo sin traza para labores hogareñas nunca encontrarán marido con corbata y mancuernillas. Varias veces me ha dictado instrucciones de cómo preparar atún a la vizcaína, cómo quitarle el sarro al inodoro; también me recuerda que levante mi cabello después de la ducha. Una y otra vez, insiste en hacerme a su forma; soy el molde en que amasa sus virtudes. Pero yo demoro el proceso, dejo secar las pequeñas plantas que compro para adornar mi departamento, recojo un mes después los abrigos que dejo en la tintorería; pago el gas en días extemporáneos y pocas veces como ensalada. Porque es muy probable que no tenga un marido que acuda con puntualidad a las liturgias del domingo. Porque las mujeres como yo, se casan con sombras y polvo que se consuela entre los libros, porque no sé tejer bufandas, ni rebanar pimientos y hasta hace un día aprendí a usar la lavadora. ("emma gunst")

José Agustín Goytisolo (1928/1999 )

El oficio del poeta Contemplar las palabras sobre el papel escritas, medirlas, sopesar su cuerpo en el conjunto del poema, y después, igual que un artesano, separarse a mirar cómo la luz emerge de la sutil textura. Así es el viejo oficio del poeta, que comienza en la idea, en el soplo sobre el polvo infinito de la memoria, sobre la experiencia vivida, la historia, los deseos, las pasiones del hombre. La materia del canto nos lo ha ofrecido el pueblo con su voz. Devolvamos las palabras reunidas a su auténtico dueño. ("poesi.as")

Aurelio González Ovies (1956 )

Vengo del norte xv SI me entregas tus tierras                                                                                              las fuentes dejarán que beba tu ganado                                                                                  y una tarde, cada cien primaveras,                                                                          ...

Alfredo Fressia (1948 )

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El gato de Platón                               Un recuerdo para Hyppolyte Un gato contiene en sí a todos los gatos cuando salta hacia la gracia secreta de un gato de Platón. Entre el gato y su bigote se engendró el acrobático oráculo del brinco. Y ahora danza colgado del susto de ser todavía gato y no la pura idea que gira en la pirueta de todos los gatos que contiene                       un gato. ("poeta en el edén", ed. la cabra, méxico, 2012)

Ramón López Velarde (1881/1921 )

Introito Eramos aturdidos mozalbetes:  Blanco listón al codo, ayes agónicos,  Rimas atolondradas y juguetes.  Sin la virtud frenética de Orfeo,  Fiados en la campánula y el cirio,  Fuimos a embelesar las alimañas  Cual neófitos que buscan el martirio.  En la misma espesura se extraviaba  La primeriza luz de nuestra frente,  Ya ante la misma fiera, reacia y sorda,  Cesaba nuestro cántico inocente.  De aquella planta que regamos juntos  irán cofrades la senil vihuela,  Los pupitres manchados de la escuela,  La bíblica muchacha que adoraste,  Los días uniformes, el contraste  De un volumen de Bécquer y Fabiola,  La soprano indeleble que aun nos mima  Con el ahínco de su voz pretérita,  Y el prístino lucero que te indujo  Al apurado trance de la rima.  ¿Que hicimos, camarada, del tanteo  Feliz y de los ripios venturosos,  Y...

Diego Muzzio(1969 )

San Juan el Bautista en el desierto Las casas y edificios se han llenado de palomas: revolotean, ciegas, a lo largo de los corredores, se amontonan en los ascensores, chocan contra las ventanas caen sobre las camas donde los matrimonios descansan de toda una vida de decepción y oscuridad, embisten las paredes, los espejos, se devoran unas a otras en blancas bañaderas salpicadas de pelos, destrozan frascos, se inmolan sobre las llamas de las hornallas, rozan con sus alas las mejillas de los niños en sus cunas. Se anuncia el combate de la noche: dos espíritus luchan en el interior de un iceberg y el trofeo es en una olla de carne, el privilegio de ascender un peldaño en la escalera que guía a la lejana contemplación del Rostro del Señor. De todos modos hoy iremos de compras. El cuerpo vive de pan, y la lista escrita por la mano temblorosa de una mujer sobre la mesa de la cocina, indica que hace falta hígado, huevos, legumbres, conservas, pescado, y, si fuera posible...

Elvis Guerra (1993)

De qué hablamos ¿Qué dices cuando me dices adiós? Preguntas. Un suspiro, una pausa en el desierto. Un pájaro en permanente deseo de besar la otra mitad del universo; un incendio en la montaña. Un árbol que llora sus penas y las convierte en flores de pantano; un perro que lame sus heridas al filo de la tarde. Hablo de parir en dos mi corazón. +++ Xi caninu ¿Xi riniu'ora riniu' ma cheu'? Rinabadiidxalu'. Ti guendaricaala'dxi', tiguendarianadxi galahui' nisado' yuxi. Ti manihuiini' canabala'dxi' ti belero' ndaani' dani. Ti yaga cayuuna' guira' xyuuba' ne runicani ti guie' mudubina; ti bi'cu' caxupila'na' ra gucana cue' tixhi' huadxi. Guilaa ladxidua' chupa ndaa, nganga rabe'. ("Xtiidxa' ni ze'/ Declaración de ausencia", pinos alados ediciones, mexicali, b.c., méxico, 2018)

Linda Pastan (1932 )

Estoy aprendiendo a abandonar el mundo Estoy aprendiendo a abandonar el mundo antes de que él pueda abandonarme a mí. Ya he renunciado a la luna y a la nieve, cerrando mis persianas a los reclamos de lo blanco. Y el mundo se ha llevado a mi padre, mis amigos. He renunciado a las líneas melódicas de las colinas, trasladándome a un paisaje plano, mudo. Y cada noche renuncio a mi cuerpo miembro a miembro en sentido ascendente a través de mis huesos hacia el corazón. Pero llega la mañana, con breves aplazamientos en la forma de café y el canto de los pájaros. Al otro lado de la ventana un árbol que hasta hace unos instantes no era más que una sombra recupera sus ramas hoja a hoja. Y mientras yo recupero mi cuerpo el sol apoya su cálido hocico en mi regazo como para enmendar el daño ocasionado. +++ A fines del siglo XIX El panteón de viejos versos óxido, cada línea un renglón, cada chirrido. Ya opacas las odas los dísticos se quiebran. Y en una arcilla...

Robin Myers (1987 )

Abrí la puerta una vez Abrí la puerta una vez; ahora quiero abrirla todo el tiempo sin parar. Una mujer en un museo extiende las dos manos para poder tocar una escultura: una cara de piedra sale a la superficie de agua de piedra y la separa, los ojos todavía cerrados, pero confiadamente despiertos El guardia del museo les llama la atención: Señora, no se toca y ella le dice, Yo soy ciega, toco. Me acuerdo de una mujer que tenía las manos más calientes que el resto del cuerpo, como si la sangre le brotara de otro lado. ¿Cómo tocar sin desconsuelo? Como una puerta que se abre. ("opcitopoesia", trad. ezequiel zaidenwerg)

Aldo Pellegrini (1903/1973 )

Mármoles Nadie podrá olvidar la voz velada del arqueólogo en cuclillas buscando entre antiguas ruinas las huellas de la angustia de los siglos hundidas en la arena sólo prosperan las prostitutas petrificadas que conservan a través de los siglos un inagotable deseo de amor la voz velada y lejana busca lo viviente en lo muerto a la sombra de la voz la más deliciosa de las doncellas se desnuda de sus heridas piadosamente cae una noche rota piadosamente sopla sobre los antiguos mármoles el gran viento de los acoplamientos en cada instante nacen y mueren de un modo infinito seres invisibles que fecundan al tiempo la voz lejana llama al misterio derramado entre los monumentos arqueológicos una tempestad de mordiscos hace sangrar los mármoles sangre coagulada del tiempo inalcanzable sangre inalcanzable del vacío. ("otra iglesia es imposible")

Uriel Martínez (1950 )

Los sedientos Yo los vi, eran dos cerillos que encienden al menor roce, como de madera en caja nueva. Al verlos con atención se devoraban mutuamente, sedientos éste de aquél, famélicos. Nadie en sus cinco sentidos permanecía indiferente a su plumaje tornasol que por momentos destellaba. Se diría que iluminaban los alrededores como estroboscopios que giran esquirlas de espejos sobre muros de prisión. Eran sus manos agitadas como llevados a procurarse oxígeno, emitían burbujas lentas, calladas estallaban. Sentado en esta piedra laja de río los veo, los evoco, los llamo, me miran, me sonríen estúpidos. [Inédito]

Edwin Muir (1887/1959 )

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Los caballos Al final de la tarde, apenas un año después de la guerra de siete días que hizo dormir al mundo, los extraños caballos regresaron. Por entonces ya habíamos sellado nuestro pacto con el silencio, pero aquellos primeros días todo estaba tan quieto que el sonido de nuestra propia respiración nos asustaba. Al segundo día las radios se estropearon; movíamos el dial; ningún sonido. Al tercer día un barco de guerra pasó ante nosotros en dirección norte, sembrado de cadáveres en cubierta. Al sexto día un avión cayó al mar sobre nosotros. A partir de ese instante, nada. Las radios mudas; y ahí siguen, en un rincón de nuestras cocinas, y siguen encendidas, tal vez, en un millón de habitaciones de todo el mundo. Pero ahora, si rompieran a hablar, si de pronto les diera por hablar, si al dar las doce una voz nos hablara, no le haríamos caso, dejaríamos fuera ese mundo maligno que engulló a nuestros hijos de un bocado. No habría vuelta atrás. A veces pensamos e...

Igor Barreto (1952 )

El silencio EL silencio lo aprendí de un cordel blanco a la orilla del río. Mis ojos atentos y las nubes pasando tardas en el ir y venir de las estaciones. Estoy sentado sobre un montículo de arena, donde estuvieron iguanas y gavilanes oteando la creciente, los trozos de árboles que irán al mar. Mi cordel blanco, mi conversación con los peces. Nuestro lugar común: ver pasar los días y las calamidades y conservar una misma temperatura. Luego, recojo el nylon y regreso. (No es nada, mañana estaré de vuelta). Por un camino Por un camino al pie de unos árboles de drago encontré a un morrocoy. ¡Qué figura anciana la de este animal! Tenía pequeños y renegridos ojos. Como el morrocoy me es imposible volar: sólo el vuelo del corazón en el interior de mi cuerpo. Me acerqué al solitario compañero y descubrí que su coraza es un mapa astral: entre placas negras, unos rombos amarillos como estrellas muy antiguas. El amarillo añeja...