Medusa Una vez, en Rotterdam, una puta, en un bar, en un bar de marineros, [un antro de putas, abrió las piernas —sus piernas, dios mío, gordas como troncos—, se levantó la falda [y comenzó a acariciarse, comenzó a acariciarse con ambas manos, allí, justo allí, como si hubiese habido allí otra cosa, como si esa [otra cosa fuese algo que por casualidad ella tuviera allí, algo que ella quería [que yo viese. Yo apenas tenía veinte años, andaba buscando una muchacha, [a la muchacha, así como todos, siempre, andamos en pos de una muchacha, y la mujer se reclinó allí, [sobándose el coño con ambas manos, hablándole; le preguntó si me quería, y luego, muerta de risa, me preguntó [si yo lo quería, mientras mi virginidad, ese temor que tanto había luchado por perder, piedra a piedra [se levantaba nuevamente dentro de mí, como un muro. ("el cultural", la razón, méx., trad. rafael vargas)