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Mostrando entradas de enero, 2016

Alfredo Buxán (1950 )

Poema Prende la leña en el cuarto del fondo si ves que nieva. ("las palabras perdidas")

Niki Marangou (1948/2013 )

El misterio del mundo Hay momentos en que me quedo pasmada delante de este misterio, delante de este milagro que es el mundo, el milagro que es una lengua, el milagro que es una religión, el milagro que es una orquesta, todo eso que el hombre ha hecho con paciencia y erudición pero más pasmada me quedo delante del misterio del gusano de seda y su capullo que urdirán muchachas jóvenes en cuartos oscuros en Benares y luego llevarán a los  mercados en camellos que, para no hundirse en la arena, caminan con las patas extendidas. ("estampas de chipre", versión de selma ancira, uv, xalapa, veracruz, méxico, 2015)

Joseph Brodsky (1940/1996 )

Querida amiga, hoy me fui al atardecer a respirar el aire fresco que sopla del mar. El ocaso se extinguía abanicado sobre el paisaje y las nubes arriba semejaban la tapa de un piano. Recuerdo que hace muchos años solías divertirte                                                                          conmigo, te gustaba dibujar en tu libreta, a veces cantabas y tu gran pasión eran las frutas y los dátiles; pero luego                                 encontraste un ingeniero químico y, a juzgar por tus cartas, te volviste monstruosamente                                                     ...

Niki Marangou (1948/2013 )

El día de Santa Catalina Año con año, dijo Thalia, corto acodos de claveles, los pongo en agua y los planto el día de Santa Catalina. Siempre prenden y con ellos obsequio a todo el mundo. En verano, pierden su frescura. Nos damos el primer baño de mar el día de la Ascensión. Cuando vuelvo de las vacaciones, riego mis claveles. Reverdecen. Y de nuevo corto acodos en noviembre. ("estampas de chipre", ed. uv, xalapa, veracruz, méxico, 2015; traducción selma ancira)

Hyakunin Isshu

Tres poetas Ariwara no Narihira Si no existieran los cerezos en flor en este mundo, qué paz el corazón tendría en primavera. Monje Egyô Cerca mi casa desordenadamente la mala hierba. Ya nadie viene a verme. Solo el otoño llega. Fujiwara no Sanekata Como artemisa del monte Ibuki queman mis sentimientos, y sin que tú lo sepas me consumo por dentro. ("centena de cien poetas", ed. universidad veracruzana, xalapa, ver., méx., 2015, versión de aurelio asiain)

Benjamín Alire Sáenz (1954 )

Después de la muerte                                          fragmento Hay una escena que cuelga del muro de mi memoria como si fuera un fresco en una iglesia: estás sentado en una silla en una pequeña oficina atestada de dibujos infantiles. Estoy sentado frente a ti. Me esfuerzo por decir algo que nunca he podido decir. Ni siquiera a mí mismo . Estoy mirando al piso. Tus ojos son azules como el cielo. Tus ojos pronuncian mi nombre.                          Cuando un hombre echa fuera las palabras que ha escondido en su corazón por cincuenta años y las entrega a otro, a eso                                  se le llama milagro. ("el libro de lo que permanece", mantis editores, guadalajara, jal., méx., 2015, trad. javier...

Enrique Solinas (1969 )

El bostezo Bosteza Dios con sus ojos abiertos desde el comienzo del comienzo. Nunca durmió ni duerme, ni dormirá, porque está condenado a responder sin tregua, todas las imágenes que él creó y que ahora regresan como espejos. Bosteza Dios y en sus entrañas hay un aroma extraño, un perfume de melancolía. Todo universo camina por el filo de sus ojos. Cuando cierre los párpados                   será                        la culminación del tiempo. Entonces me pregunto por el sentido de estas palabras que no aciertan en ningún corazón. Entonces me respondo,                    padre, que en la eternidad del miedo,                            hay algo                           ...

Uriel Martínez (1950 )

La sed Dormida la noche bajo el agua respira ondas concéntricas lejos de orillas Sonámbulo el cuerpo sueña desplazarse callado como peces que van y vienen sin sonido Glamorosa el alba, preñada de nubes, rodeada de estrellas y lunas equidistantes Como la mano que escribe como eclipse no imaginado la voz traza perfiles Temblorosa como espuma colmada de sed la copa ebria tiembla y cae Vuelta añicos la vida de nuevo pide esquina sedienta, sí, de venenos.

Nancy Barcelo (1931/2007 )

Poema Ven salva mi recuerdo pega tu cuerpo contra mí sé mi ladero otra vez vivo sacúdeme la interminable arista que da contra la inercia de quedarme sin vos y en el silencio ("emma gunst")

Pilar Alba (1974 )

Muertos A mí no me gusta andar poniendo altares de muertos. Eso no se usaba cuando yo era niña. Tampoco me gusta eso de andarse disfrazando y pidiendo calaverita. El camote y la calabaza sí me gustan, pero a mi edad me hacen tanto daño, que prefiero no comerlas y eso que duermo sola, no hay quien se moleste si de repente se me saliera un aire. Antes sí iba al panteón en este día, pero ya no, ni se puede caminar de tanta gente, prefiero ir uno o dos días después de que haya pasado el mitote, llevo mi escoba, mi tina para el agua, unas cuantas flores y ahora sí a limpiar y rezar un padre nuestro. Lo que sí me gusta es estar en la casa, sacar una caja de zapatos de debajo de la cama que es donde guardamos desde hace mucho tiempo las fotos de nuestros muertos. No, no son fotos de cuando estaban vivos, ésas las tenemos en los álbumes ahí en la sala para cuando la gente quiera verlos. Son las fotos de los difuntos, la última foto que se toma cuando ya está uno muerto. Cuando estaba niña m...

Manuel J. Castillo (1918/1980 )

  El gozante Me dejo estar sobre la tierra porque soy el gozante. El que bajo las nubes se queda silencioso. Pienso: si alguno me tocara las manos se iría enloquecido de eternidad, húmedo de astros lilas, relucientes. Estoy solo de espaldas transformándome. En este mismo instante un saurio me envejece y soy leña y miro por los ojos de las alas de las mariposas un ocaso vinoso y transparente. En mis ojos cobijo todo el ramaje vivo del quebracho. De mi nacen los gérmenes de todas las semillas y los riego con rocío. Sé que en este momento, dentro de mí, nace el viento como un enardecido río de uñas y de agua. Dentro del monte yazgo preñado de quietudes furiosas. A veces un lapacho me corona con flores blancas y me bebo esa leche como si fuera el niño más viejo de la tierra. De cara al infinito siento que pone huevos sobre mi pecho el tiempo. Si se me antoja, digo, si esperase un momento, puedo dejar que encima de mis ingles amamante la luna sus colmillos peq...

Rogelio Guedea (1974 )

Coversaciones - V tenía tiempo que no me asomaba por la ventana, lo hice después de la charla de sobremesa que tuve con mi mujer, casi antes de ver entrar en el garage el automóvil del vecino, cuando ya los niños dormían, tenía tiempo que no hacía la sobremesa con mi mujer, y que no me levantaba para asomarme por la ventana y ver, al fondo, más allá de las ramas del sauce, el mar, vi el mar como si se tratara de una acuarela de Rembrandt, aunque en realidad no sé si Rembrandt pintó acuarelas alguna vez en su vida, le dije a mi mujer "ese paisaje se parece a una acuarela de Rembrandt que vi aquel día en el museo de París", pero mi mujer no me escuchó o no quiso escucharme, como suele pasar, y siguió raspando el fondo del plato con la cuchara, removiendo los restos de comida, abstraída de todos y de todo, entonces, mientras miraba a través de la ventana la acuarela de Rembrandt, recordé lo que habíamos charlado en la sobremesa, habíamos pasado de temas sin im...

James Tate (1943/2015 )

Poema (no puedo hablar por el viento)  No sé nada sobre el frío. Estoy triste sin manos. No puedo hablar por el viento que se aleja de mí como un derrumbe. Cuando desentierro una papa, solamente veo la niebla azul. Cuando subo las escaleras mecánicas, espero que algo ortopédico suceda. Hundiéndome en arenas movedizas soy un salvaje apalusa. Me enfurezco al vislumbrar un autobús de dos pisos, y quisiera comerme el camino entero hacia el Congo, soy un agente doble que se tortura a sí mismo y aún así no va a hablar. No sé nada sobre el frío, Pero sé lo que me gusta me gusta la locura tropical, me gusta agitar los cocos y tomarle las huellas a las pytones,— fiebres que hagan bailar a los niños. Estoy triste sin manos, estoy muy triste sin mangas o bolsillos. El invierno vendrá a esta ciudad, No puedo hablar por el viento que se aleja de mí como un derrumbe. ("círculo de poesía", trad. andrea muriel)

Nuno Júdice (1949 )

Me gustan las mujeres que envejecen Me gustan las mujeres que envejecen como prisioneras de sus arrugas, los cabellos cayendo por los negros hombros del vestido, la mirada que se pierde en la tristeza de los cortinados. Esas mujeres se sientan en las cornisas de las salas, mirando para afuera, para el atrio que no veo, desde donde estoy, aunque adivine ahí la presencia de otras mujeres, sentadas en bancos de madera, hojeando revistas baratas. Las mujeres que envejecen sienten que las miro, que admiro sus gestos lentos, que amo el trabajo subterráneo del tiempo en sus senos. Por esos esperan que el día corra en esta sala sin luz, evitan salir a la calle, y dicen quedo, varias veces, esa elegía que sólo sus labios pueden cantar. ("365 traducciones", trad. luis b. cortés)

Leónidas Lamborghini (1927/2009 )

De la negación —Querido, no todo puede ser perfecto, puede ser para siempre; no todo, querido, puede ser amor y amarnos. Otras cosas la mujer precisa, necesita, que le asegure un hombre: algún futuro, bienestar, cobijo. No todo puede ser felatio; no todo puede ser trencito; no todo brincos y más brincos en la cama. Hay otras cosas: el hogar, los hijos, que tú no quieres darme, que tú no estás en condiciones de ofrecerme. No todo puede ser eso que me haces y a mí tanto me gusta, cunilingüis; no todo puede ser tan divertido. Hay otras cosas serias: el trabajo y porqué no un marido que bien sepa penetrarme vaginal, certero. No todo puede ser pellizcos y besos en mi culo; no todo ha de ser sabias caricias que enloquecen. Necesito a este hombre a quien fiel serle en matrimonio: yo sé que podré serlo, que una excelente esposa podré ser. No todo ha de ser estar horas y horas reteniendo el orgasmo; no todo puede ser jugar como dos niños. Con ese otro hombre estoy ...

C. K. Williams (1936/2015 )

Medusa Una vez, en Rotterdam, una puta, en un bar, en un bar de marineros, [un antro de putas, abrió las piernas —sus piernas, dios mío, gordas como troncos—, se levantó la falda [y comenzó a acariciarse, comenzó a acariciarse con ambas manos, allí, justo allí, como si hubiese habido allí otra cosa, como si esa [otra cosa fuese algo que por casualidad ella tuviera allí, algo que ella quería [que yo viese. Yo apenas tenía veinte años, andaba buscando una muchacha, [a la muchacha, así como todos, siempre, andamos en pos de una muchacha, y la mujer se reclinó allí, [sobándose el coño con ambas manos, hablándole; le preguntó si me quería, y luego, muerta de risa, me preguntó [si yo lo quería, mientras mi virginidad, ese temor que tanto había luchado por perder, piedra a piedra [se levantaba nuevamente dentro de mí, como un muro. ("el cultural", la razón, méx., trad. rafael vargas)

Max Aub (1903/1972 )

Testamento Tiéndanme en la tierra con los ojos abiertos, que pueda ver las nubes corriendo por el cielo. Y que me dore el sol y que me cubra el viento. Dejad las alimañas blanquear mi esqueleto. Dejadme ver las nubes que no alcancé despierto. Dejadme cara al cielo con los ojos abiertos. Partid tranquilos: mayores órbitas me abrirán los brillantes cuervos. No os preocupéis veré más nubes y más cielo. ("rua das petras")

James Tate (1943/2015 )

Sucede así Estaba fuera en la Rectoría de Santa Cecilia fumando un cigarrillo cuando una cabra apareció a mi lado. Era blanca y negra con unos toques  de un marrón rojizo aquí y allá. Cuando me eché a andar me siguió. Me divirtió y encantó, pero me preguntaba qué leyes regulan este tipo de cosas. Hay una ley para las correas de perros, ¿pero para las cabras? La gente me sonreía y admiraba la cabra. "No es mi cabra" expliqué. "Es la cabra del pueblo, es que me toca el turno de llevarla." "No sabía que tuviéramos una cabra" dijo uno de ellos. "Me pregunto cuándo será mi turno." "Pronto" dije, "ten paciencia. Enseguida te toca." La cabra permanecía a mi lado. Se paraba cuando me paraba. Levantó la vista hacia mí y la observé a los ojos. Sentí que sabía todo lo esencial sobre mí. Seguimos caminando. Un policía que hacía la ronda nos miró. "Menuda cabra hermosa e imponent...

Luis Armenta Malpica (1961 )

Stabat Mater XIX Miro mirar tus ojos. Extiendes cada punto de luz hasta sus perspectivas imposibles. ¿Qué hay detrás de la luz? Es un espejo: el cristo de tu cuerpo entre mi cuerpo. ("envés del agua", ed. gobierno de jalisco, guadalajara, méxico, 2012)

Berna Wang (1957 )

Nos vamos haciendo viejos... Nos vamos haciendo viejos y la feroz ternura con que amarramos nuestras bocas al aquí mismo, ahora mismo, nos hace, además, cómplices de amor. Nos vamos haciendo a tantas idas y venidas, al sabor de lo eternamente efímero de la felicidad y de la ausencia. Nos vamos y me dices: «Aunque te vayas (la próxima vez será la definitiva, lo presiento), ya no te echaré de menos porque ahora sé que nunca te irás de mí» y yo digo que así es. «Nos», y este plural estalla en la boca como una estrella. ("rua das petras")

Mary Oliver (1935 )

Zorros en invierno Cada noche a la luz de la luna los zorros bajan la colina para roer los huesos de los pájaros. Yo nunca dije que la naturaleza no fuera cruel. Una vez, en una ciudad tan caliente como fríos son estos bosques, conocí a un chico con la cara partida. Para seguir viviendo, era mendigo. También, por la noche, ladrón. Y hay en su país pájaros que parecen arcoíris, si él pudiera atraparlos, arrancaría sus plumas y metería sus cuerpos dentro del suyo. Los zorros tienen hambre, ¿quién los culpará por lo que hacen? Yo nunca dije que no estaríamos hundidos en la espléndida naturaleza, hasta ser capaces de volvernos algo diferente. En cuanto al chico, es simple. Nada tiene, ni siquiera un pájaro. Toda la noche los pinos están tan fríos que sus ramas se quiebran. Toda la noche la nieve cae suavemente. Después brilla como un campo de flores blancas. Después, aprieta. ("el poeta ocasional", trad. sonia scarabelli)

Uriel Martínez (1950 )

Sala Tarkovsky en la oscuridad de la sala Tarkovsky empezó a delinearse, gradualmente, la piel suave de un par de labios, el pulso tembloroso de las venas, el impulso del deseo. nadie sabe su edad, ni la oscuridad de rizos e iris, la mentira de una sonrisa, los dientes frontales francos, pero ahí estaba, como animal en acecho. ninguno mostró credenciales, ninguno preguntó ni escribió nombres en ese sitio dominado por nubes densas, por un rocío salpicado de uvas, cebada y centeno; era también la bodega de toneles abiertos, de bisagras vencidas por pesos pesados. era la noche. el escenario propicio. callada, como niebla que cae de las partes altas, en madrugadas frías, bajó la ropa, abrió puertas, compuertas y diques; el deseo invadió , como aguas de junio eriales, breñas, huizaches. todo. arrastró reses al precipicio. nadie oyó ni vio nada.                                       ...

Ángel Campos Pámpano (1957/2008 )

Tu secreto exactamente ahora he abierto la puerta y gritado tu nombre varias veces pero hoy tampoco nadie ha respondido a mi llamada traía tantas cosas que contarte que me he sentado solo en el sofá de mimbre de la abuela ahí frente al chinero que guarda todavía la porcelana del día de tu boda y me he puesto a decírselas a tu lugar vacío aunque hablara con lengua equivocada tú asentías con la benevolencia y el placer del que ignora las palabras ajenas que no entiende pero tú eras la sabiduría y tu secreto una efímera calma sobre el mantel de hilo me ofrecías café y yo seguía conversando en silencio con tus ojos buscaba una respuesta que tardaba en llegar procura ser feliz con lo que hagas ya ves la voz elige siempre el golpe justo su propio asentamiento en la carencia                               en la desposesión ("la mirada del lobo", blog de andrés vara)

Jotamario Arbeláez (1940 )

Pompas fúnebres Enterró a su abuela como pudo, con amor, con modestia, con pobres recursos. En ese tiempo ganaba poco dinero; no había querido terminar sus estudios. Enterró a su padre con toda la pompa, estrenando vestido, con misa cantada. Lo habían ascendido en su empleo; le hicieron un préstamo. Enterró a su madre con un funeral tan solemne que el cortejo colmó varias cuadras y las flores no cupieron en el cementerio. Los tiempos habían cambiado; ahora manejaba el negocio. Enterró a su amigo del alma en su suelo nativo; fletó dos aviones que llevaron  al sitio cadáver y deudos. Se había vuelto persona importante: tenía crédito en todos los bancos. Enterró a la mujer de su vida en un gran mausoleo custodiada a los cuatro horizontes por un mármol de arcángeles. La Fortuna le había sonreído; marchaban las cosas. Murió pobre, de golpe. Liquidada la empresa lo habían despedido. Los ahorros de toda su vida había dilapidado en entierros. Hoy reposa en la tumba conti...

José Watanabe (1945/2007 )

Flores La madreselva se cerró al amanecer y yo, sin su perfume, seguí creyendo en la poesía. Es difícil persistir en la poesía, más aún cuando ella misma nos desorienta: en la desesperación yo escribí los poemas más sosegados. ¡Casi enloquezco pidiendo calma! Ahora, después de la noche en blanco y ningún verso, estoy en paz. La madreselva, ya lo dije, se cerró al amanecer. Otras flores habrá a lo largo del día. Los lirios que pone mi mujer en la sala, las rosas que dejan caer los cortejos fúnebres, las flores carnívoras que se cierran tan violentamente que apenas dejan ver a la abeja que matan. De estas flores aprenderé, una vez más, que la poesía que tanto amo sólo puede ser una fugaz y delicada acción del ojo. (en el muro fb de marcelo leites)

C. K. Williams (1936/2015 )

Suciedad Mi abuela me lava por dentro la boca  con jabón; ha pasado más de medio siglo  y todavía viene a mi  con aquella cruel, dura barra amarilla.  Todo por una palabra que dije,  que ni siquiera dije, sólo repetí,  pero Abre, dice, ¡abre la boca!  sujetándome la cabeza con la mano.  Ahora sé que su vida fue dura;  perdió tres hijos cuando eran bebés,  luego se murió su marido, también,  dejándola con hijos pequeños, sin dinero.  Me sostenía ante el fregadero para mear  porque nunca había sitio en el baño.  Pero, ¡oh, aquel jabón! ¿Fue quizá su acre sabor  lo que hizo de mí un poeta?  La calle en que vivía no estaba pavimentada,  un apartamento de dos habitaciones estrechas y  la fétida cocina en la que me cazó al acecho.  ¿Me atrevo a admitir que después de aquello  nunca volví a quererla realmente?  Vivió hasta los cien, y ni así.  Fue una época t...

Frank O´Hara (1926/1966 )

Poema Cuando me encuentro deprimido y ansiosamente hosco lo único que debes hacer es desnudarte y todo desaparece revelando la ternura de la vida que somos carne y respiramos y estamos próximos y al tornarte como en verdad eres yo me convierto en lo que en verdad soy vivo y entendiendo vagamente    qué acontece y lo que es de importancia para mí fuera de las    intromisiones que nada tienen que ver con mi vida Cuando estoy en tu presencia siento que la vida es    poderosa y ha de vencer a todos sus enemigos y a todos los míos y a todos los tuyos y a los tuyos en ti y a los míos en mí la lógica enferma y el razonamiento débil son remediados por la perfecta simetría de tus brazos y tus piernas explayándoe formando unidos un círculo eterno creando una columna dorada al lado del Atlántico la ligera línea de vello dividiendo tu torso da descanso a mi mente y libera la emoción hasta ese aire infinito donde ya que estamos juntos siempre lo...

César Moro (1903/1956 )

El cuarto sube y baja 6. El agua lenta las variaciones mínimas lentas El rostro leve lento El suspiro cortado leve Los guijarros minúsculos Los montes imperceptibles El agua cayendo lenta Sobre el mundo Junto a tu reino calcinante Tras los muros el espacio Y nada más el gran espacio navegable El cuarto sube y baja Las olas no hacen nada El perro ve la casa Los lobos se retiran El alba acecha para asestarnos su gran golpe Ciegos dormidos Un árbol ha crecido En vano cierro las ventanas Miro la luna El viento no ha cesado de llamar a mi puerta La vida oscura empieza ("de sibilas y pitias")

Uriel Martínez (1950 )

El parque Cuando llegué al parque de diversiones Mike Jagger cantaba "Satisfacción". El volantín giraba ebrio por aquellos años idos en un oscuro impulso, en ciega alegría. El chico con parálisis cerebral empujaba con la vista el carro de bomberos y el auto de Hello Kitty. Los que subían y bajaban sobre el gusano de seda, abrían con palmas altas el aire que los llevaba. Culminaba el verano, árboles y paredes, noche y viento estremecían bocas, ojos, cuerpos y vidas. Luego se hizo tarde.                                               León

Hugo Gola (1927/2015 )

Quién soy para olvidar la claridad del alba? un simple desperfecto en la hora inicial revela tu pobreza se apaga la luz próxima y entonces surge la otra dibujando el horizonte incierto y vaporoso esta mínima lámpara encendida perturba y oculta la claridad rosada encubre su ardorosa plenitud a oscuras yo por fin recibo sorprendido el milagro natural que sube y sube ("marcelo leites")

Raquel Lanseros (1973 )

Invocación Que no crezca jamás en mis entrañas esa calma aparente llamada escepticismo. Huya yo del resabio, del cinismo, de la imparcialidad de hombros encogidos. Crea yo siempre en la vida, crea yo siempre en las mil infinitas posibilidades. Engáñenme los cantos de sirenas, tenga mi alma siempre un pellizco de ingenua. Que nunca se parezca mi epidermis a la piel de un paquidermo inconmovible, helado. Llore yo todavía por sueños imposibles por amores prohibidos por fantasías de niña hechas añicos. Huya yo del realismo encorsetado. Consérvense en mis labios las canciones, muchas y muy ruidosas y con muchos acordes. Por si vinieran tiempos de silencio. ("rua das petras")