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Mostrando entradas de junio, 2019

Uriel Martínez (1950 )

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Los àcaros Llegaron silenciosos como llegan los àcaros a las camas, se esparcieron por la ciudad como los mosquitos en època de lluvias, invadieron barrios, invadieron negocios, hicieron suyas vidas de jòvenes de los estratos màs bajos, màs miserables: se hicieron hèroes de aquellos en edad escolar, en modelos a seguir aquì y ahora: nadie bajò la cabeza pero todos subyugaron la cerviz como animales inocentes. Por eso cuando se fueron todos los hicimos menos. (Inèdito)

Eduardo Garcìa (1965 )

Debiera ser verdad Debiera ser verdad, debiera el día inundarse de luz como hoy lo veo, con su gesto de sábado y ventanas abiertas al rumor del oleaje: caminas junto a mí, tu voz me alcanza con su aliento de fruta y la cadencia de tus pasos se funde con mis pasos y no nos cabe el alma ni este puro fervor de criaturas que el deseo arroja hacia una playa que no existe. ("a media voz")

Luis Eduardo García (1984 )

Epílogo Todo fue un pretexto para decir: «puede contaminarse como un lago artificial». Primero transparencia, tortugas tomando el sol sobre las piedras, brillos dorados. Segundos más tarde ya no puedes ver el fondo. Los peces comienzan a agitarse. Sus escamas se desprenden y suben a la superficie. No son pétalos. Una lona de muerte cubre el lago. ("luvina")

Beatriz Russo (1971 )

La prisiòn delicada (trozo) Me he tatuado una serpiente en mi pierna con tu nombre y a veces siento que está viva, como tú, y asciende mis muslos hipnotizada por algún Himno a la belleza , y se desliza, pontífice de un rito que no suelo entender, pero me sigue, como si de pronto     mi voz fuera un salmo penitente, y entonces tú me obedeces, mártir de tu fe en mi cuerpo, y asciendes un poco más hasta llegar a la antesala de mi sexo, allí donde esperas la vehemencia de tu nombre, el sentido de ser tú el llamado y no otro,      tú en comunión con tu nombre a la espera de mí. Doscientos años de vida tiene tu nombre y sin embargo, tatuado en mi pierna se ha hecho serpiente y a tientas busca mi cuerpo. Cada vez que te nombro profano un instante tu reposo y te obligo a que duermas junto a mí, a que asciendas mis muslos tal y como ahora te digo, así, lentamente, con la falsa detinencia del deseo que se retracta por miedo a no verse ennoblec...

César Vallejo (189271938 )

La violencia de las horas Todos han muerto. Murió doña Antonia, la ronca, que hacía pan barato en el burgo. Murió el cura Santiago, a quien placía le saludasen los jóvenes y las mozas, respondiéndoles a todos, indistintamente: Buenos días, José! Buenos días, María! Murió aquella joven rubia, Carlota, dejando un hijito de meses, que luego también murió a los ocho días de la madre. Murió mi tía Albina, que solía cantar tiempos y modos de heredad, en tanto cosía en los corredores, para Isidora, la criada de oficio, la honrosísima mujer. Murió un viejo tuerto, su nombre no recuerdo, pero dormía al sol de la mañana, sentado ante la puerta del hojalatero de la esquina. Murió Rayo, el perro de mi altura, herido de un balazo de no se sabe quién. Murió Lucas, mi cuñado en la paz de las cinturas, de quien me acuerdo cuando llueve y no hay nadie en mi experiencia. Murió en mi revólver mi madre, en mi puño mi hermana y mi hermano en mi víscera sangrienta, los tres ligado...

María Mercedes Carranza (1945/2003 )

La patria Esta casa de espesas paredes coloniales y un patio de azaleas muy decimonónico hace varios siglos que se viene abajo. Como si nada las personas van y vienen por las habitaciones en ruina, hacen el amor, bailan, escriben cartas. A menudo silban balas o es tal vez el viento que silba a través del techo desfondado. En esta casa los vivos duermen con los muertos, imitan sus costumbres, repiten sus gestos y cuando cantan, cantan sus fracasos. Todo es ruina en esta casa, están en ruina el abrazo y la música, el destino, cada mañana, la risa son ruina; las lágrimas, el silencio, los sueños. Las ventanas muestran paisajes destruidos, carne y ceniza se confunden en las caras, en las bocas las palabras se revuelven con miedo. En esta casa todos estamos enterrados vivos. ("poesia cuatro")

Jorge Luis Borges

Arte poètica Mirar el río hecho de tiempo y agua Y recordar que el tiempo es otro río, Saber que nos perdemos como el río Y que los rostros pasan como el agua. Sentir que la vigilia es otro sueño Que sueña no soñar y que la muerte Que teme nuestra carne es esa muerte De cada noche, que se llama sueño. Ver en el día o en el año un símbolo De los días del hombre y de sus años, Convertir el ultraje de los años En una música, un rumor y un símbolo, Ver en la muerte el sueño, en el ocaso Un triste oro, tal es la poesía Que es inmortal y pobre. La poesía Vuelve como la aurora y el ocaso. A veces en las tardes una cara Nos mira desde el fondo de un espejo; El arte debe ser como ese espejo Que nos revela nuestra propia cara. Cuentan que Ulises, harto de prodigios, Lloró de amor al divisar su Itaca Verde y humilde. El arte es esa Itaca De verde eternidad, no de prodigios. También es como el río interminable Que pasa y queda y es cristal de un mismo Heráclito ...

Luis Aguilar (1969 )

Quince estaciones para otro Sebastiàn XI Tibio.Hermoso y tibio te recuerdo. Se agotaba la madrugada y tu cuerpo seguìa tendido para impedirme el sueño vièndote dormido: la luz que irradiaba  aquel ser eliminaba mis hàbitos oscuros. Iluminado y hermoso, te recuerdo. Què impudicia tu cuerpo tan deseado, què ganas de entrar tan a golpe de arma, rebasar tu carne pura, intacta todavìa, frente alas promesas hechas a mi carne. De pronto un relàmpago: todo lo que se da se acerca, se cerca, se asalta, se consume. Desde aquel amanecer, te recuerdo tibio y hermoso; potente y magnànimo, te recuerdo; encendido, dispuesto; carne y cruz, con tu aura de vencedor de la locura y haz de luz a la consumaciòn de los cuerpos, te recuerdo. Y te recuerdo àngel caìdo, demonio iridiscente, mi hora de luz màs alta, aprendiz de deidad: mi amante màs sagrado. ("debe ser ya noviembre", editorial cuadrivio, mèxico, 2019)

Heberto Padilla (1932/2000 )

Poética Di la verdad. Di, al menos, tu verdad. Y después deja que cualquier cosa ocurra: que te rompan la página querida, que te tumben a pedradas la puerta, que la gente se amontone delante de tu cuerpo como si fueras un prodigio o un muerto. ("zenda libros")

Josè Revueltas (1914/1976 )

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Discurso de un joven frente al cielo Nos está ya azotando en los muros, pateando en el filo de los dientes hasta hacer las manos trémulas y los ojos vacíos y perdernos en la más concreta de las nadas Nos está mordiendo la noche hasta sus raíces, hasta derrotar las esferas, descolgar caracoles de los anuncios y las manzanas de marzo Nos ha desnudado la carne opaca de los gritos con turbia alegría de llanto degollado, poniéndonos de pie la espesa cárcel y la despedazada tortura ¿No seremos ya sino la angustia, la hondura sin relieve, y la sombra? No, con todas mis fuerzas, con todos mis siglos, ¡no! Aquí están sin moverse la gracia del aire y las palomas que se nos nievan en el hueco de las manos Hay que oír nuestro cuerpo asombroso componiendo paisajes Oír la infinita dimensión del poro, y este correr ardiente de la sangre, los oídos pegados a las venas                             ...

Basilio Sànchez (1958 )

Deriva Inclinado como los porteadores, taciturno como los que excavaron su casa a la intemperie, retraído como los que alejándose del mundo convirtieron su dolor en costumbre. En la fragilidad de lo creado, en el lugar de nadie entre la noche y las ocupaciones de la noche, sentado ante la mesa que separa lo bajo de lo alto, lo que se ha recibido de lo que se carece. Quedarse o salir fuera, decir una palabra o no decirla, alimentar un fuego o apagarlo. No hay nada razonable que no tenga una fuga. El pensamiento avanza con su imagen hasta el poema cojo. ("portal de poesìa")

Berta Garcìa Faet (1988 )

Poema sobre los descubrimientos cientìficos y la transmigraciòn de los poemas de amor II. los órganos genitales / no fosilizan ni la epiglotis es algo más que una ráfaga / de niebla / con eco una vez existió un mamut que barritaba feliz / en la      ciénaga y ahora ese estrépito ventrudo se ha perdido /en la niebla      / con eco quisiera decirte que este poema de amor / para no      desaparecer se reencarnará en una rana dorada que producirá 2.000      huevos relucientes míralo bien, este poema / es una charca de un cuento /      probablemente ruso donde una rana dorada producirá 2.000 huevos diáfanos      / como un arco ojival hecho de espuma                                         humana míralo bien, este poema / es un episodio de un ejercicio de      hipn...

Uriel Martìnez (1950 )

Si un poli... Si un poli un día viene y hurga en mis bolsas de basura, encontrará que atravieso noches y madrugadas como puedo, sin los remos de tus brazos, sin las concavidades de tus sueños. (muro fb del autor)

Luis Alberto de Cuenca (1950 )

Soneto del amor oscuro La otra noche, después de la movida, en la mesa de siempre me encontraste y, sin mediar palabra, me quitaste no sé si la cartera o si la vida. Recuerdo la emoción de tu venida y, luego, nada más. ¡Dulce contraste, recordar el amor que me dejaste y olvidar el tamaño de la herida! Muerto o vivo, si quieres más dinero, date una vuelta por la lencería y salpica tu piel de seda oscura. Que voy a regalarte el mundo entero si me asaltas de negro, vida mía, y me invaden tu noche y tu locura. ("poesi.as")

Ivàn Oñate (1948 )

Catarsis del poeta 1 por aquellas tardes donde descansé de mí mismo 2 por mostrarme que el ser no es más que un estremecimiento de la nada 3 por el libro de borges junto al río de heráclito milagro que quizás nunca debí merecerlo. 4 Por dejar entre mis brazos la nada sagrada de tu paso por el mundo 5 nuevamente por borges porque en un amanecer atroz me consoló con su desdicha. 6 por la vergüenza y también por la gracia de que el dolor de otro hombre mitigue en algo el nuestro. 7 por la catarsis 8 por la agonía y el éxtasis. 9 porque al morir un amor todos los amores mueren y en el mundo impera un dios oxidado un impostor moribundo 10 por hacer del dolor un cascabel que ríe atado a su muñeca. 11 por tenderme la mano cuando caí en el infierno. 12 porque en la magia del poema habita tu silencio. 13 porque en la magia del silencio habita tu presencia 14 por tus ojos que de pronto se encienden como un llano en llamas y arden más allá de to...

Beatriz Vallejos (1922/2007 )

Mudanza en un cajón de manzanas puse libros en un cajón de abejas poemas sueltos tanto empeño para no partir (otra iglesia es imposible")

W. H. Auden (1907/1973 )

Asilo de ancianos Todos poseen un límite: cada uno Tiene un matiz de daño muy distinto. La élite Es capaz de arreglarse por sí misma, Caminar apoyada en un bastón, Leer completo un libro, interpretar Movimientos de fáciles sonatas. (Pero acaso la libertad carnal Es el veneno del espíritu: Conscientes de lo que ha sucedido y el porqué Abominan su tristeza sin lágrimas.) Luego vienen los de silla de ruedas, el promedio Que soporta la tele Y guiado por amables terapeutas Canta en comunidad. Después los solitarios que musitan Palabras en el limbo, y al final Los que ya son del todo incompetentes Y como una parodia de las plantas (Ellas pueden sudar sin ensuciarse). No obstante, hay algo que los une: Todos aparecieron cuando el mundo, A pesar de sus males, Era más habitable y más vistoso Y los viejos tenían auditorio Y un lugar en la tierra. (El niño reprendido por su madre Podía refugiarse con la abuela para ser consolado Y escuchar algún cuento.) Hoy ya tod...

Enrique Dìez-Canedo (1879/1944 )

Oraciòn en el jardìn Yo me quiero morir como se muere todos los años el jardín, y luego renacer de igual modo que renace todos los años el jardín. Se han ido los pájaros; volaron, pero no tenían alas. No me quiero morir como las hojas, ni quiero ser el árbol de perenne verdor adusto, ni el arbusto dócil cortado en seto, sino el árbol libre, desnudo atleta que en el suelo ahínca las fuertes plantas y en el aire tuerce los recios brazos; no el verdor eterno sino la fronda renovada, el fruto cuando el año lo envíe. Aquí me tienes, Señor, desnudo como el árbol. Dame tu bautismo de lluvias y tu crisma de sol, y dame vestiduras nuevas, inmaculadas. El jardín de invierno callado está: mi corazón callado. Habla tú; luego, vísteme de hojas. Algo de tus palabras, al moverse, repetirán, como inspiradas lenguas. ("trianarts")

Josè Manuel Dìez (1978 )

Ars Poetica Todo aquello que vives te conforma. Todo aquello que olvidas te deforma. Todo aquello que escribes te transforma. ¿Radicará la esencia más plena de tu oficio no solo en ejercerlo, sino en logar, al fin, sobrevivirlo? ("còmo cantaba mayo")

Patrick Kavanagh (1904/1967 )

Recuerdo de mi padre Cada viejo que veo me recuerda a mi padre cuando se enamoró de la la muerte una vez cuando se recogían las gavillas. Ese hombre que vi en Gardner Street tropezando con el cordón de la vereda fue uno, me miró como distraído, podría haber sido su hijo. Y recuerdo al músico vacilando sobre su violín en Bayswater, Londres, él también me planteó el enigma. Cada viejo que veo en tiempo color octubre parece decirme: "Una vez fui tu padre". ("otra iglesia es imposible", versiòn jorge fondebrider)

Fernando Pessoa (1888/1935 )

El cuidador de rebaños XXV Las pompas de jabón que ese niño se entretiene en soplar de una pajita son traslúcidamente toda una filosofía. Claras, inútiles y pasajeras como la Naturaleza, amigas de los ojos como las cosas, son lo que son con una exactitud redonda y aérea, y nadie, ni siquiera el niño que las hace, pretende que sean más que lo que parecen ser. Algunas apenas se ven en el aire lúcido. Son como la brisa que pasa y apenas roza las flores y que sólo sabemos que pasa porque algo se aligera en nosotros y acepta todo más nítidamente ("la biblioteca de marcelo leites", trad. teresa arijòn y bàrbara belloc)

Leónidas Escudero (1920-2016 )

Cerros abajo ¿Qué te aflige hoy? ¿Qué te arruga las arrugas? ¿Has visto algún mal modo en el aire? Veo un murciélago en tu cabeza, ¿vas a espantarlo? Buen amigo me entero qué ¡carajo! Lo esperado no anduvo. Entiendo: el tiempo te castigó y la mujer deseada en vez de incorporarte besos, cariciarte, agarró distancia de vos. Y hora no te alcanza la palabra para decir las uvas están verdes sino que quisieras morirte. Y si gritaras eso hacia la Cordillera los guanacos dispararían asustados; y acaso algún amigo desos viejos allá, levantaría las cejas incrédulo: ¿Cómo sos vos el mismo firme que ayer buscaba oro nestas piedras? No –diría–, no puede ser él tienen que ser quejas del viento. ("hablar de poesia")

Walt Whitman (1819/1892 )

Con potente mùsica vengo Con potente música vengo , con mis cornetas y tambores, no toco marchas sólo para aquellos a los que se reconoce como victoriosos, toco marchas para los conquistados y aquellos a los que han dado muerte. ¿Habéis oído que era bueno aprovechar el día? Yo también digo que es bueno caer, las batallas se pierden con el mismo ánimo con el que se ganan. Lato y palpito violentamente por los muertos, por ellos soplo por mis embocaduras lo más alto y alegremente que puedo. ¡Demos vivas a los que han fracasado! ¡Y a aquéllos cuyos buques de guerra se fueron a pique! ¡Y aquellos que fueron a pique ellos mismos! ¡Y a todos los generales que perdieron combates, y a todos los héroes derrotados! ¡Y a los incontables héroes desconocidos que valen como los más grandes conocidos!. ("trianarts", trad. antonio rivero taravillo)

Elsa Cross (1946 )

Midsommer 3 Emerge una canción en la terraza del bar. Inmigrantes aglutinados en la barra del fondo. Incisiva, felina, la mirada deja una herida en carne viva, rotura la tarde con sus lastres anònimos.      Helsinki, solsticio de verano de 2003 ("revista luvina", no.58, 2010)

Maria do Rosário Pedreira (1959 )

Nòmada Se sentó en el puerto y mostró a quienes lo escuchaban su cuaderno de bitácora. Había conocido las montañas heladas del norte y atravesado de noche bosques blancos y densos, acosado por los osos. Había cruzado ciudades luminosas donde las mujeres tenían el cabello rubio, pero nadie hablaba su idioma; y se había dejado arrastrar por los vientos hasta las playas calientes del sur donde se atavió de piel morena y ojos verdes. Después se instaló provisionalmente en las ruinas de un viejo continente donde fue monje, amante, hombre letrado, y enseñó a jóvenes de un claustro blanco los rudimentos de la lectura. Y, al fin, partió para un lugar apartado del mundo, donde lo tomaron por el último marinero y lo persiguieron. Había perdido a dios en su camino y había vuelto atrás. Había entre sus recuerdos una pequeña herida en la voz: en ningún lugar había hallado aún el nombre de su casa. ("indigohorizonte", vers. nuria p. serrano)