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Enrique Banchs (1888/1968 )

I. Hospitalario y fiel en su reflejo donde a ser apariencia se acostumbra el material vivir, está el espejo como un claro de luna en la penumbra. Pompa le da en las noches la flotante claridad de la lámpara, y tristeza la rosa que en el vaso agonizante también en él inclina la cabeza. Si hace doble al dolor, también repite las cosas que me son jardín del alma. Y acaso espera que algún día habite en la ilusión de su azulada calma el Huésped que le deje reflejadas frentes juntas y manos enlazadas. II. Si la muerte es final, total olvido, el alma, en ese sueño no sentido, nada es, pues no sabe que ha vivido; nada, pues de sí misma está vacía. O, acaso, sombra es de lo que ha sido, y en vena vana hay eco de un latido y oye caer en ilusorio oído hojas secas de extinta melodía. Sombra. Sombra de todo lo perdido, reflejo que por siempre ha recogido fugaz amor e instante de agonía, y por siempre, en el Tiempo detenido, sueña que es cierto su vivir mentido...