Escuela rural Elba Esther
No es por presumir, pero me estafaron. La frase merece aclaración. Durante décadas, mi padre nos inculcó que las propiedades hereditarias son inmerecidas y el dinero daña la conciencia. Por lo tanto, ser extorsionado representa una especie de purificación. El ladrón que va a lo suyo no repara en las condiciones morales de la víctima; en cambio, el extorsionador aprovecha las debilidades éticas del género humano (sabe algo incómodo y pide dinero a cambio). Pero hay un grado superior de la extorsión, que no explota los defectos que la gente trata de ocultar, sino su nobleza. Esas sanguijuelas sólo chupan buena sangre. Su abuso tiene como prerrequisito la vida virtuosa, o por lo menos ilusa, de los engañados. Hace unos cinco años, mi padre habló entusiasmado para decir que unos maestros de Oaxaca querían ponerle mi nombre a la biblioteca de su escuela. Era gente humilde que enseñaba a leer en una sierra ignorada por el progreso. La iniciativa me conmovió y puso en juego el más conspic...