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Mostrando entradas de enero, 2015

Carilda Oliver Labra (1922 )

Declaración de amor Make love, no war Pregunto si llevo corazón cuando despierto el peligro entre sus muslos, si me equivoco cuando preparo la única trinchera en su garganta. Yo sé que la guerra es probable; sobre todo hoy porque ha nacido un geranio. Por favor, no apuntéis al cielo con vuestras armas: se asustan los gorriones, es primavera, llueve, y está el campo pensativo. Por favor, derretiréis la luna que da sobre los pobres. No tengo miedo, no soy cobarde, haría todo por mi patria; pero no habléis tanto de cohetes atómicos, que sucede una cosa terrible: lo he besado poco. ("emma gunst")

Wislawa Szymborska (1923/2012 )

Adolescencia ¿Yo, adolescente? Si de repente, aquí, ahora, se plantara ante mí, ¿tendría que saludarla como a una persona próxima, a pesar de que es para mí extraña y lejana? ¿Soltar una lágrima, besarla en la frente por el mero hecho de que tenemos la misma fecha de nacimiento? Hay tantas diferencias entre nosotros que probablemente sólo los huesos son los mismos, la bóveda del cráneo, las cuencas de los ojos. Porque ya sus ojos son como un poco más grandes, sus pestañas más largas, su estatura mayor y todo el cuerpo recubierto de una piel ceñida y tersa, sin defectos. Nos unen, es cierto, familiares y conocidos pero casi todos están vivos en su mundo, y en el mío prácticamente nadie de ese círculo común. Somos tan diferentes, pensamos y decimos cosas tan distintas. Ella sabe poco, pero con una obstinación digna de mejores causas. ("emma gunst", sin c/al traductor)

Juan Vicente Piqueras (1960 )

Museo de la Acrópolis Una mano de mármol, pero sólo los dedos, sobre un hombro de mármol sin cabeza. Un brazo erosionado que nadie tiende a nadie. Un caballo sin patas. Un jinete que es sólo sus muslos. Dionisos a pedazos, recompuesto. Un toro sin cuernos que está siendo devorado por un león que no está, sólo sus garras. Admiramos lo desparecido. Tal vez nuestra cultura nace de estas ausencias, de lo vacío, de lo que no hay. También nosotros somos lo que queda de nosotros, lo que falta,                    el hueco que nos cuida. ("apología de la luz")

Claudia Emerson (1957/2014 )

Marco Casi todas las cosas que fabricaste para mí –la mesita de cama, la mecedora, la manta- se las di a los amigos para que las usaran para que no me recordaran las horas que perdiste haciéndolas, los eternos acabados. Pero conservé el espejo, quizá porque, como todos los espejos, la mayor parte del tiempo son invisibles, parte de un muro o aparecen por reflejos –inofensivos- porque los reflejos después de todo, cambian. Ahí lo colgué al frente, en el corredor oscuro de esta casa que ya nunca verás; de modo que aumentará la débil luz convirtiéndose en una pequeña ventana al revés. Nadie se para ante él. Esta mañana, sin embargo, al ponerme el abrigo y alisarme el pelo, vi sobre mi cara su marco, admirando por primera vez la forma como el cerezo que cortaste y puliste tú mismo había oscurecido, justo como dijiste. ("emma gunst", traducción de salvador mayorga)

Gloria Fuertes (1917/1998 )

En los bosques de Pennsylvania Cuando un árbol gigante se suicida, harto de estar ya seco y no dar pájaros, sin esperar al hombre que le tale, sin esperar al viento, lanza su última música sin hojas -sinfónica explosión donde hubo nidos-, crujen todos sus huecos de madera, caen dos gotas de savia todavía cuando estalla su tallo por el aire, ruedan sus toneladas por el monte, lloran los lobos y los ciervos tiemblan, van a su encuentro las ardillas todas, presintiendo que es algo de belleza que muere. ("emma gunst")

Juan Carlos Moisés (1954 )

Medidas imprecisas Está bien, dos más dos es cuatro, pero querer a alguien es cinco, seis, tal vez siete. Oír el verano, oler la noche, no tienen medidas precisas. Se puede ser bueno o malo, ambas cosas o ninguna, sin que manzanas se vuelvan peras. Los afectos no se suman, los defectos no se restan. Las nubes no abren juicios sobre las personas. ("de sibilas y pitias")

Eloy Sánchez Rosillo (1948 )

El fulgor del relámpago Hay cosas que la vida te da cuando ya apenas podías esperarlas, y su luz maravillosa, elemental, purísima, te hace feliz de pronto. Y desgraciado, pues comprendes que no te corresponde ese milagro ahora y que no debes a ciegas entregarte a lo que era propio tal vez de otro momento tuyo, de un momento anterior, cuando tenías fuerzas para ser libre. Mas déjate llevar, y vive esa hermosura con coraje, sin miedo. A qué pensar en lo que te conviene. Es muy fugaz la dicha. No la desprecies. Tómala. Y apura el fulgor del relámpago.                                   Después, tiempo tendrás para seguir muriéndote. ("apología de la luz")

Pedro Lemebel (1952/2014 )

El heraldo del Apocalipsis El escritor chileno murió en la mañana de ayer en Santiago, a los 62 años, tras padecer un cáncer. Pedro Lemebel, el escritor que tendió una mirada ‘coliza’ para develar oscuros secretos de la sociedad chilena, murió ayer viernes 23 de enero en Santiago de Chile, a los 62 años. Definido por Roberto Bolaño como “una de las pocas voces que valen la pena en la literatura chilena contemporánea”, Lemebel murió sin renunciar al discurso rebelde y contestatario que esgrimió desde antes de que sus crónicas asombraran por su audacia y lenguaje sin claudicaciones en defensa de los humildes y discriminados. Un cáncer de laringe que lo atacó en 2012 venció a un artista que combatió desde su condición de ‘coliza’ (chilenismo para homosexual) a la dictadura de Augusto Pinochet, cuando junto a Francisco Casas creó el colectivo de arte ‘Las Yeguas del Apocalipsis’, en los años 80. El dúo protagonizó estremecedoras denuncias contra las violaciones a los derechos hum...

César Moro (1903/1956 )

        La altitud Un núcleo de humor altivo un ahogado cubierto de rabia como de una espuma purísima montañas guarnecidas de lana dan las once quédate hasta mi regreso hijo del diablo mendigo indecente pústula del tiempo quédate programa retorno de las menstruaciones quédate hasta perder tu nombre hijo de cartas piojosas hijo de mierda quédate, cuando las holas cambien tus narices por fuego, quédate. Si el granizo, si los golpes, si las opiniones, si los cuerpos si las participaciones, si los anuncios y los pequeños anuncios si la familia, si la fama, furtivos, fuegos fatuos, balas, taparrabos, toneles, escalas, chasis, candelas en cantidad de 36.000, etc., etc., caen quédate Hijo de la felicidad acunada en un nido de escorpiones suave a la mirada como el joven vitriolo vivaz como el nacimiento de los hongos venenosos acunado en una escolopendra Hijo chocho afásico luz de los hombres hijo perseverante la necesidad es más grande que la ...

Natalia Litvinova (1986 )

El milagro de la comunidad Lavo el piso en cuclillas. Paso el trapo mojado. Trazo mi camino humilde. Afuere sucede el milagro de la comunidad: un coro de niños canta, los hombres cortan trigo, las mujeres se bañan en el río. Me arqueo contra el espejo, la soledad excita. Pronto se derrumbará esta casa y la alta hierba cubrirá las ruinas. Mi hombre huyó ante el peligro. En la poesía encuentro la oración para soportar cada corte abrupto. (fuente: "otra iglesia es imposible")

Juan Gelman (1930/2014 )

Tócame... Tócame la mejilla por si encuentras una humedad antigua y olvidada. Es del tiempo en que quise ser caballo para no ser fantasma. Tócame la mejilla. Vamos, anda... ("Violín y otras cuestiones", coedición Universidad Veracruzana y Atrasalante)

Charles Simic (1938 )

La explicación parcial Parece que pasó mucho tiempo desde que el mozo tomó mi pedido. Una mugrienta y pequeña fonda, la nieve cae afuera. Parece que hubiera oscurecido desde la última vez que escuché la puerta de la cocina detrás de mí y desde que noté a alguien pasando por la calle. Un vaso de agua con hielo me hace compañía en esta mesa que elegí al entrar. Y unas ganas, ganas increíbles de alcanzar a oír lo que dicen los cocineros. ("hasta donde llega la voz", versión: tom maver)

Elder Silva (1955 )

Instantes de hotel Cuelgo las medias en el calefactor del cuarto y así aún humeantes dan un poco de pánico. A la mañana ya estarán secas y saldré con ellas por calles de La Boca y con ellas me sentaré a escuchar a los mejores poetas del continente que prestigian este workshop de invierno. La poesía –no hay dudas- mejora mucho con los pies calientes. ("rua das petras")

José Watanabe (1945/2007 )

La oruga Te he visto ondulando bajo las cucardas, penosamente, trabajosamente, pero sé que mañana serás aire. Hace mucho supe que no eras un animal terminado. Y como entonces arrodillado y trémulo te pregunto: ¿sabes que mañana serás aire? ¿te han advertido que esas dos molestias aún visibles serán tus alas? ¿te han dicho cuánto duelen abrirse o sólo sentirás de pronto una levedad, una turbación y un infinito escalofrío subiéndote desde el culo? Tú ignoras el gran prestigio que tienen los seres del aire y tal vez mirándote las alas no te reconozcas y quieras renunciar, pero ya no: debes ir al aire y no con nosotros. Mañana miraré sobre las cucardas, o más arriba. Haz que te vea, quiero saber si es muy doloroso el aligerarse para volar. Hazme saber si acaso es mejor no despegar nunca la barriga de la tierra. (fuente: "life vest under your seat")

Uriel Martínez (1950 )

La ambulancia Cuando bajé la cortina de acero, escuché la ambulancia de la Cruz Roja; va por un cuerpo, pensé. Mientras tragaba mis sagrados alimentos: pollo dulce, fideo y un té de limón, una niña pidió ayuda: le extendí un trozo; pero no quiso. Luego de hacer algunas compras, regresé con el cajero del súper: me faltaba un peso, que le reclamé; me devolvió la mitad. Trepé al camión que me acercaría de regreso a casa, al subir me cedieron un asiento para a ancianos, embarazadas, invidentes y tullidos. Lo acepté y agradecí el gesto. Había pagado medio pasaje al mostrar el carnet de adulto mayor de 60 años. Llegué al local de cortina de acero donde oí que pasaba el vehículo de primeros auxilios, recogí la bolsa en que guardo la libreta de apuntes, El calendario de año nuevo y donde anoto los días que vienes por un rato; donde dejo espacios en blanco porque a veces no vale la pena.

Manuel Bandeira (1886/1968 )

Momento en un café Cuando el entierro pasó Los hombres que estaban en el café Se sacaron el sombrero maquinalmente Saludaron al muerto distraídos Todos estaban vueltos hacia la vida Absortos en la vida Confiados en la vida. Pero uno se descubrió con un ademán amplio y demorado Mirando el cajón largamente Ése sabía que la vida es una agitación feroz y sin finalidad Que la vida es traición Y saludaba la materia que pasaba Liberada para siempre del alma muerta. (fuente: "marcelo leites", trad: estela dos santos)

Cristina Peri Rossi (1941 )

Distancia justa En el amor, y en el boxeo, todo es cuestión de distancia. Si te acercas demasiado me excito me asusto me obnubilo digo tonterías me echo a temblar. Pero si estás lejos sufro entristezco me desvelo y escribo poemas. (fuente: "blog del amasijo")

Pedro Montealegre (1975/2015 )

La morada 4 Yo tengo en mi casa un puñado de hojas, y veo que el día me las hace tierra. Yo veo que el día desnuda su esqueleto, y las vuelve óxido. Y a ti no te importa porque vas desnudo: tu nervadura articula el lenguaje del silencio. Y sabes que ella, la muerte redonda, cabe en el clavo que afirma mi casa: un pilar, una esquina, el cajón de un mueble. Y tú vas desnudo, porque la muerte es el ropaje que no logra cubrirte, así como mi casa me cierra los ojos y roza mi mejilla con el mismo soplo con que apaga la vela. Yo tengo en mi casa un puñado de hojas y vas con tus párpados y ya las barres. Y todo el misterio es claro como un huevo, y la cáscara de calcio te será nutritiva si la mueles con las palmas. Y todo el misterio es tu voz de muchacho, tus cimientos de muchacho: esas manos que saben tomar el insecto de la muerte y treparlo por los dedos hasta que vuele a la bujía. Mi casa es la bujía. Y adentro te llamo. (en "el placard")

Luis Arturo Ramos (1947 )

Sexo El paisaje se me reveló en el cuerpo de una mujer. Esperanza, la primera mujer en mi vida, acostumbraba mostrarnos los calzones como anticipación del sexo con que después nos inauguraría el sentido de la vista. Luego de un bailoteo eficaz con la falda hasta la cintura, nos bendecía con la luz de su entrepierna desde el corredor de su casa. Nosotros, mis amigos y yo, atisbábamos del verde tierno de su pubis tras un seto de arbustos a casi 20 metros de distancia. Desde entonces asocio el sexo de las mujeres con el reino vegetal. Años después, de regreso de un partido de beisbol en los llanos que rodeaban a mi pueblo, vi a una loca recién violada dar alaridos entre las raíces mastodónticas de una ceiba. Desnuda y desmelenada, nos ofrecía entre aullidos su sexo con las manos que yo vi como si fuera una madejada de bejucos oscuros. Ante mis ojos, había amputado con las uñas su sexo aterrador y me lo aventaba a la cara como un escupitajo o una maldición. La mujer se despenaba a lomos...

Tomaz Salamun (1941/2014 )

Canción popular Todo poeta verdadero es un monstruo. Destruye a la gente y su habla. Su canto eleva una técnica que aniquila la tierra para que no nos coman los gusanos. El borracho vende su abrigo. El ladrón vende a su madre. Sólo el poeta vende su alma para separarla del cuerpo de quien ama. (fuente: "rima interna", trad: martín lópez-vega)

Jesús Cárdenas Sánchez (1973 )

Dejar de ser unidad Quiere ser una mota de polvo más, un grupo de moléculas reunidas. Quiere contar con una habitación iluminada, un ajetreo cálido, formar parte de un grupo, salir al encuentro de la muchedumbre hasta ser insufrible. Se aleja de los actos solitarios, se informa de las reuniones locales, se apunta al gimnasio, a idiomas, a talleres. Va al encuentro de la tertulia, al roce de una tasca o una bodega. Busca ser murmullo de vida, caer en esas trampas comunes. Busca en foros, en chats otros iguales, la señal de palabras enlazadas. Busca, en realidad, el equilibrio en los otros, alguien a quien poder aferrarse ahora. Aún entonces no da gracias a la vida, pues dejará de ser una quimera mientras solo un mantel aguante con un cubierto y un vaso. (fuente: "portal de poesía")

Uriel Martínez (1950 )

Luna de Ayotzinapa Pregunté si te percataste de la luna de sangre en horas previas a la noche de los desaparecidos. Luego me preguntaste si había visto lunas anteriores, lunas teñidas de un rojo cobalto. Te dije que sí, hace veinte años observé eclipses sucesivos; e intuí los presagios. No quise ver ni adivinar desenlaces, para qué si éstos iban más allá de mi voluntad. Era, me dijiste, como si quisieras impedir baladas bestiales a la noche, a la luna, a la sangre. Era como un anillo acuñado al anular; era como un aro de serpientes avenido al aliento. Cuernavaca, Morelos

Antonio Cisneros (1942/2012 )

Taberna En las tinieblas los cuerpos envejecen sin que nadie repare en el escándalo. Un rostro amable y terso se confunde con los belfos que van hacia la muerte. Por eso somos hijos de la noche a la puerta del templo. Un lamparín es también el anuncio de reposo para los cazadores extenuados. Una taberna, por ejemplo, es en la noche el frontispicio de las maravillas. O al menos una luz en las colinas donde rondan los perros salvajes. Nadie teme a la muerte adormecido en su mesa de palo y sin embargo entre los altos vasos apacibles se enfría el corazón con la insolencia (y el encanto tal vez) de un tigre adulto en la plaza del pueblo a pleno día. Ninguna confidencia en verdad nos degüella. Ni la risa recuerda a un jabalí de pelambre dorada y fino precio. El páncreas es un campo de ciruelas. Los diablos apagan la linterna. Aguardan (como suelen) donde cesa la luz. (fuente: "el azul de los lápices")

Idea Vilariño (1920/2009 )

Ya no Ya no será ya no no viviremos juntos no criaré a tu hijo no coseré tu ropa no te tendré de noche no te besaré al irme nunca sabrás quién fui por qué me amaron otros. No llegaré a saber por qué ni cómo nunca ni si era de verdad lo que dijiste que era ni quién fuiste ni qué fui para ti ni cómo hubiera sido vivir juntos querernos esperarnos estar. Ya no soy más que yo para siempre y tú ya no serás para mí más que tú. Ya no estás en un día futuro no sabré dónde vives con quién ni si te acuerdas. No me abrazarás nunca como esa noche nunca. No volverá a tocarte. No te veré morir. (fuente: "blog del amasijo")

Annabelle Despard (1943 )

Si murieras primero Déjame al menos juntar tus olores como especímenes: tus axilas, suéter de lana, dedos amarillos de cigarrillo. Necesitaría tomar la huella de tu pie y grabar tu risa. Llevaré estos archivos al exilio; mi cuerpo a Santa Helena donde los barcos ya no atracan, una roca en el océano, una estación polar donde el viento ruja y los osos tiren la puerta abajo. (fuente: "emma gunst", traductora indirecta: silvia camerotto)

Wislawa Szymborska (1923/2012 )

El primer amor Dicen que el primero es el más importante. Eso es muy romántico, pero no en mi caso. Algo entre nosotros hubo y no hubo, sucedió y tuvo su efecto. No me tiemblan las manos cuando encuentro pequeños recuerdos y un fajo de cartas atadas con una cuerda –si al menos fuera una cinta–. Nuestro único encuentro tras los años fue una conversación de dos sillas junto a una fría mesita. Otros amores hasta ahora respiran profundamente en mí. A éste le falta aliento para suspirar. Y sin embargo justo así, como es, puede algo que los otros no pueden todavía: no recordado, ni siquiera soñado, me acostumbra a la muerte. (fuente: "emma gunst", s/crédito al traductor/a)

Amalia Bautista (1962 )

Carminus No es una pesadilla y no es un dulce sueño. Empieza a amanecer, camino sola por calles de un lugar que no conozco en el que no me siento extraña ni extranjera. Aun así me sorprende cada cosa, la luz que va llegando a las paredes, el eco de mis pasos, el olor de los patios con naranjos y fuentes y azulejos, el temblor que me agita en una esquina (quizá el frío, quizá la negra vida). Abiertos los zaguanes a mis ojos, su frescor, su penumbra, parece que me hablan en un idioma antiguo que mi sangre recoge. Tantas puertas abiertas como bocas, pero tu voz no sale de ninguna. Y ninguna me llama por mi nombre. (fuente: "emma gunst")

Horacio Castillo (1934/2010 )

Para ser recitado en la barca de Caronte El paisaje es más hermoso de lo que habíamos imaginado: estas murallas que caen a pico sobre nosotros, aquel sol negro descendiendo sobre la laguna, allá, a estribor, un arco iris que refracta la niebla. Pero esta moneda de hierro entre los dientes, este óbolo que debemos morder hasta el término del viaje, cierra la boca que desea cantar. Cantar para estas almas tristes sentadas en el banco, mientras el cómitre marca con el látigo el compás, mientras ordena remar sin interrupción, cada vez más fuerte, cada vez más rápido, más lejos de la luz. (fuente: "rua das petras" y "de sibilas y pitias")

Gonzalo Rojas (1917/2011 )

Enigma de la deseosa Muchacha imperfecta busca hombre imperfecto de 32, exige lectura de Ovidio, ofrece: a) dos pechos de paloma, b) toda su piel liviana para los besos, c) mirada verde para desafiar el infortunio de las tormentas; no va a las casas ni tiene teléfono, acepta imantación por pensamiento. No es Venus; tiene la voracidad de Venus. (fuente: "rua das petras")

Iván Turguéniev (1818/1883 )

El perro Somos dos en la habitación: mi perro y yo. En el patio aúlla una tormenta terrible, furiosa. El perro está sentado ante mí, y me mira directo a los ojos. Y yo también lo miro a los ojos. Él como que quiere decirme algo. Es mudo, no tiene palabras, no se entiende a sí mismo, pero yo lo entiendo. Yo entiendo que, en este instante, en él y en mí vive la misma sensación, que entre nosotros no hay ninguna diferencia. Somos idénticos, en cada uno de nosotros arde y brilla el mismo fuego trémulo. La muerte llegará volando, batirá sobre él su ala fría, ancha… ¡Y fin! ¿Quién aclarará después, cuál fuego preciso ardía en cada uno? ¡No!, no somos un animal y un hombre que intercambian miradas… Somos dos pares de ojos solitarios, fijos el uno en el otro. Y en cada uno de esos pares, en el animal y en el hombre, una sola y misma vida se aprieta asustada a la otra. (fuente: "life vest under your seat", sin crédito al traductor/a)

Alfredo Fressia (1948 )

Bello amor Bello amor, bellos amantes, porque el amor no pasa de un memorial de hombres que me amaron, el sexo idéntico,idéntico el ancestro conjugado, bello y estéril, bello porque estéril, porque destinado al memorial de hombres que me amaron de antes, sin después, al otro lado de sus vidas, sin otro rostro que el insomne habitante del deseo, se consume de belleza antes, siempre antes de los hombres, el memorial de hombres que me amaron. (fuente: Eclipse cierta poesía 1973/2003, coedición Alforja-Conaculta-Fonca, México, 2006.)

Óscar Efraín Herrera (1962 )

Aunque la calle... Aunque la calle sigue ahí transitan otros coches, las casas que había fueron derrumbadas y construyeron otras en las que un nuevo cartero busca destinatarios distintos. Eso no importa, adentro de mis ojos llevo la imagen de la casa de mis padres a donde todavía puedo llegar. (fuente: Arista, Ediciones Intempestivas, Monterrey, N. L., México, 2011.)