El adiós Hemos vuelto a nuestro origen. Fue el lugar de la evidencia, aunque desgarrada. Las ventanas mezclaban demasiadas luces, Las escaleras trepaban demasiadas estrellas Que son arcos que se hunden, escombros, El fuego parecía arder en otro mundo. Y ahora hay pájaros que vuelan de una habitación a la otra, Los postigos se cayeron, la cama está cubierta de piedras, La chimenea llena de restos del cielo que van a apagarse. Allí, por las tardes, hablábamos casi en voz baja Debido a los rumores de las bóvedas, allí, sin embargo, Formábamos nuestros proyectos: pero una barca, Cargada con piedras rojas, se alejaba Irresistiblemente de una orilla, y el olvido Depositaba ya su ceniza en los sueños Que sin fin recomenzábamos, poblando con imágenes El fuego que ardió hasta el último día. ¿Es cierto, amiga mía, Que no hay más que una palabra para nombrar En la lengua que llamamos poesía El sol de la mañana y el de la tarde, Una para el grito d...