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Mostrando entradas de febrero, 2019

José Luís Peixoto (1974 )

Poema Y el amor se transformó en otra cosa con el mismo nombre. Las madres hablaban de esto cuando daban consejos a las hijas y decían: el amor viene después. El después era esto. Una ternura sencilla, casi dolorosa, muchos silencios, todas las horas del día y un poema que se disuelve dentro de mí y que, despacio, sin rostro, desaparece. ("la mirada del lobo", versión andrés vara)

Sara Teasdale (1884/1933 )

En el tren Campos bajo un edredón de nieve desde el cual las piedras y los rastrojos curiosean, y en el oeste una tímida estrella blanca que tiembla al despertarse. El incansable retumbar del tren, la gente soñolienta en el vagón atardecer azul acero del mundo, y en mi corazón una tímida estrella. ("trianarts", trad. hilario barrero)

Jorge Aulicino (1949 )

Poema Nadie mejor que el fresno imita al fresno. Repite los dibujos su corteza. Un programa binario los maneja. Este fresno no es idéntico al otro, pero seguramente iguales variaciones del dibujo podrán ser encontradas en distintos fresnos. No pensamos en esto al mirar los fresnos. Una hoja nada más caída al barro es un mundo indescriptible, sobre todo en el instante en que diversas tormentas moleculares comienzan en la superficie al entrar en contacto con el barro. Nadie cree que todo lo que sucede en ese único segundo puede ser narrado. Nada de un mísero instante puede ser narrado. Nada, pintado. Sombras doradas las palabras se tienden sobre el río y le dibujan cortezas de aquel fresno, que no le rozan la superficie. Colecciones de poemas entran y salen por sus bocas, y por las bocas de sus poros y de sus células. El río da que hablar, pero en la realidad profunda donde hubo una explosión gris que le dio nacimiento nadie entra, el río sólo permite que hagamos...

Sam Cornish (1935 )

Nosotros que nunca nos hemos amado uno al otro Nosotros que nunca nos hemos amado uno al otro tenemos sólo esta casa esta calle estos barrios para malentendemos uno a otro este alimento estos míseros salarios. Esto… esto no es amor pero algo más profundo que miedo hace que me llames hermano en una ciudad extraña de hombres blancos. (en muro fb de daniel montoly, autor de la traducción)

Valeria Pariso (1970 )

Poema ¿Oís, desde tu casa, el corazón del águila que cruza en las alturas? Cada latido mueve el aire. Cada latido del corazón del águila se propaga hasta tocar los álamos más viejos, entra en el ladrido de los perros, toca el misterio de tu cuerpo sobre el mundo. ¿Te das cuenta? ¿Oís el corazón del águila? Es igual al ruido de la muerte frustrada por una ilusión espléndida. Es igual a una ilusión espléndida que rompe el pánico. Una ilusión rapaz, depredadora, igual que el corazón de un águila en el cielo. La tuvimos alguna vez. Sí, querido. La tuvimos. Habría que darle forma escrita a ese sonido. (expropiado de fb)

Mar Braña (1962 )

Haikus 1  Bebe el jilguero las gotas de sudor sobre tu axila. 2 Respira hondo deja que corra el aire por nuestras bocas. ("portal de poesía")

Nuno Júdice (1949 )

Colores Hay una pared blanca en todos los veranos que traje de la memoria. Me apetece escribir en ella; y se rasga como si fuese una hoja. En el otoño, esa pared se oscurece. En el invierno, el musgo la llena de una escritura incomprensible. Sé dónde está, cuando necesito apoyarme a su sombra. Un polvo de cal se me agarra a los dedos. Me gusta ver la blancura de la piel, bajo el sol intenso, y compararla con el blanco de la pared. Pero ni siempre el mundo se reduce a un ob- jeto tan simple, ni sus problemas desaparecen con una simple capa de tinta. La realidad nunca es blanca, como esta pared: se oscurece con el otoño, se llena de musgo en invierno, y nadie la busca, en verano, cuando el poniente la tiñe de rojo. ("el hacedor de sueños", versión de vicente araguas)

Carl Sandburg (1878/1967 )

Bajo la luna de agosto Bajo la luna de agosto las suaves gotas de plata caen, resplandecientes, sobre jardines nocturnos; y la muerte, burlona gris, viene susurrándote como una bella amiga que te recuerda. Bajo las rosas del verano el fragante carmesí se oculta durante el crepúsculo, entre hojas silvestres coloradas; y el amor, con manos pequeñitas, viene a tocarte con miles de recuerdos y te plantea preguntas bellas que no tienen respuesta. Mag Que Dios hubiera impedido nuestro encuentro, Mag. Que nunca hubieras abandonado tu trabajo por venirte conmigo. Que nunca hubieras tenido permiso ni vestido blanco para casarte el día que perseguimos al juez y le dijimos que nos amaríamos y nos cuidaríamos siempre y tanto como perduran el sol y la lluvia. Sí, ahora deseo que tú vivieras lejos, y que yo fuera un bulto entre puñetazos a mil quinientos kilómetros de aquí, muerto y despedazado. Que los niños nunca hubieran venido. Nunca hubiera pagado por ...

César Calvo (1940/2000 )

Nocturno de Vermont Me han contado también que allá las noches tienen ojos azules y lavan sus cabellos en ginebra. ¿Es cierto que allá en Vermont, cuando sueñas, el silencio es un viento de jazz sobre la hierba? ¿Y es cierto que allá en Vermont los geranios inclinan al crepúsculo, y en tu voz, a la hora de mi nombre, en tu voz, las tristezas? O tal vez, desde Vermont enjoyado de otoño, besada tarde a tarde por un idioma pálido sumerges en olvido la cabeza. Porque en barcos de nieve, diariamente, tus cartas no me llegan. Y como el prisionero que sostiene con su frente lejana las estrellas: chamuscadas las manos, diariamente te busco entre la niebla. Ni el galope del mar; atrás quedaron inmóviles sus cascos de diamante en la arena. Pero un viento más bello amanece en mi cuarto, un viento más cargado de naufragios que el mar. (Qué luna inalcanzable desmadejan tus manos en tanto el tiempo temporal golpeando como una puerta de silencio suena.) ...

Ana María Shua (1951 )

Programa de entretenimiento Es un programa de juegos por la tele. Los niños se ponen zapatillas de la marca que auspicia el programa. Cada madre debe reconocer a su hijo mirando solamente las piernitas a través de una ventana en el decorado. El país es pobre, los premios son importantes. Los participantes se ponen de acuerdo para ganar siempre. Si alguna madre se equivoca, no lo dice. Después, cada una se lleva al hijo que eligió, aunque no sea el mismo que traía al llegar. Es necesario mantener la farsa largamente porque la empresa controla con visitadoras sociales los hogares de los concursantes. Hay hijos que salen perdiendo, pero a otros el cambio les conviene. También se dice que algunas madres hacen trampa, que se equivocan adrede. ("el hacedor de sueños")

Juan Carlos Mestre (1957 )

Los poetas                                        para rafael pérez estrada Recorrimos los suburbios, anduvimos juntos entre la maleza, dormimos en los cobertizos. El poeta barba de maíz roedor de los sembrados, el poeta bobina de hilo de las cometas. El que bajo los párpados de lino del verano es la voz ronca del vendedor ambulante, la mirada del viento que seca la tierra mojada. Lo que el poeta dice, lo que dice el poeta a la adivina, al solitario de boina gris, al que oye sus palabras como relato de un robo. El poeta vidrio de los cuatro colores de la atmósfera, el poeta oscuro llave de las alacenas. El que está sentado a la diestra del padre junto al jugador de baraja que lee la fortuna, el que le dice a la vida, oye vida, y se acuesta con ella. Lo que dice el poeta, lo que el poeta dice al que se cree dueño de algo, propietario del reflejo de algo, amo...

Uriel Martínez (1950 )

La hermana Alguna vez vi cómo cortaban una trenza con tijeras. No fue en un salón de belleza fue en el patio de una casa, o en la huerta, no recuerdo. No fue un ritual sangriento, fue un martes cualquiera, la chica estaba cubierta con una toalla que alguien le colocó entre pecho y espalda. Fue una la que se sentó en la silla tejida de palma, quizá una adolescente tímida; y otra la que se levantó y vio aquella serpiente sin vida. Aquél animal que ya nadie se ocuparía de tejerlo y destejerlo; de encabalgarle un listón antes del remate en el último momento. Quizá la chica fue al espejo y vio aquel perfil esbelto, aquel cuerpo andrógino de pelo ahora corto, ahora dual, adolescente. Quizá sonrió a la nueva muchacha, a su vecina desconocida, la de chapas rojas, de labios descoloridos, de tetas tímidas, de ojos negros. [Inédito]

Aitana Alberti (1941 )

La ronda del padre Yo nací junto a un río no parecían hijas de Heráclito sus aguas tan idénticas siempre a los retratos viejos tan con los mismos ocres y una bruma de sueños Papá en las madrugadas convocaba a sus muertos Entraban silenciosos los capotes colgantes de los huesos vacíos Desde mi cuarto oía las voces apagadas Qué querrían sus muertos? Qué dolores narraban a la orilla del río? A mi casa de niña le cortaron las alas la abrieron en canal exhibieron sus vísceras sobre un mantel en el mercado Era una casa antigua sencilla e inocente dentro de lo que cabe Disimularon el frágil aplomo de sus muros echaron al olvido las canciones y mi pie ligerísimo abandonó el secreto calor de las baldosas saliéndose del cuadro poco a poco Papá desde el umbral de un espacio sin puerta nos decía marchemos sólo el camino es nuestro Así fue amigos míos el decursar de todo Una patria llorada Una casa perdida Un eco de palabras Los muertos tantos muertos y ...

Meira del Mar (1922/2009 )

Raíz antigua No es de ahora este amor. No es en nosotros donde empieza a sentirse enamorado este amor por amor, que nada espera. Este vago misterio que nos vuelve habitantes de niebla entre los otros. Este desposeído amor, sin tardes que nos miren juntos a través de los trigos derramados como un viento de oro por la tierra; este extraño amor, de frío y llama, de nieve y sol, que nos tomó la vida, aleve, sigiloso, a espaldas nuestras, en tanto que tú y yo, los distraídos, mirábamos pasar nubes y rosas en el torrente azul de la mañana. No es de ahora. No. De lejos viene —de un silencio de siglos, de un instante en que tuvimos otro nombre y otra sangre fugaz nos inundó las venas—, este amor por amor, este sollozo donde estamos perdidos en querernos como en un laberinto iluminado. ("la mirada del lobo")

Dionisia García (1929 )

Si lo deseas... Si lo deseas, podemos visitar los sitios nuevos, donde se toman copas y los jóvenes hablan y se besan, ajenos por la dicha, a pesar del volumen de la música. Fui una noche y me sentí furtiva. Ellos ni siquiera miraban. En un rincón, con un vaso en la mano, bebía sorbo a sorbo advirtiendo el disfrute de los pocos años, tan distintos a mis años de entonces (inclementes y tristes, solitarios, pero también hermosos). Fue allí, desde mi sitio aparte, y casi despidiéndome del gozo de la vida, donde aplaudí, y entonces me miraron. ("la mirada del lobo")

Carmen Villoro (1958 )

El camerino La luz es blanca y fría. Las bailarinas se preparan para la función; sus muecas son grotescas cuando se untan el maquillaje sobre el rostro. Sus posturas han perdido el garbo; abren los pies desmesuradamente, sacan la lengua, relajan el abdomen mientras se ciñen el tocado o se ajustan la falda. Los vestuarios a medias: una lleva puesta el suéter de calle, otra tiene el vestido de tul desabrochado. ¿Quién asiste a esta función ignorada? ¿Quién registrará en fotografías o videos la armonía bizarra, irrepetible de sus acciones silenciosas y precisas? ¿Qué crítica de qué periódico mencionará la atmósfera sagrada, la cruel metamorfosis de la niña-monstruo-mariposa entre espejos y focos que repiten infinita la extrañeza de no ser nada del todo y ser la misma, cotidianamente enrarecida? ¿Cómo repetir esta escenografía de ganchos, de chamarras y tacones, bolsas de calle y colores desparramados sobre el tocador? Texturas, sombras, reflejos, movimientos...

Joan Margarit (1938 )

Tres mujeres Esta fotografía nos la hicimos a los tres años de acabar la guerra. Es el jardín, en realidad el patio trasero y descuidado de la casa. Nadie de los que estamos sonreímos. El miedo impregna los vestidos rotos y remendados tantas veces, igual que las familias. Miramos a la cámara: mi madre con su peinado alto de película de la Francia ocupada, y mi abuela que retuerce un pañuelo entre sus manos por un hijo, en la cárcel todavía. A la otra mujer casi no la recuerdo: mi tía, enflaquecida por las penas, murió del corazón al cabo de unos meses. Entre las tres, en bicicleta, serio como un adulto, a los cuatro años. Qué poco queda ya guardado en el cuartucho del recuerdo, que da a este jardín seco de un otoño con fantasmas de rosas. Jardín de mi niñez: patio del miedo ("trianarts")

Karmelo C. Iribarren (1959 )

En el último bar Y qué pasó entonces. Pasó una mujer. Pero qué pasó- Que era de las que nunca terminan de pasar. ("cómo cantaba mayo")

Juana Bignozzi (1937/2015 )

Educada en el vicio de los hombres voy a la cocina y me siguen voy al baño y golpean la puerta me despiertan en la noche para preguntarme si duermo llaman por teléfono en todas mis ciudades para avisarme cuidado con el vino y la vida literaria no he perdido padre ni tíos ni ahijado ni amigos de juventud por no perder no he perdido ni editor ni ese hombre que ya sombra aún cuida mi paso en las esquinas no me han dejado caer de su mano de su vicio de su peso de mi corazón ("zenda libros")

Joan Margarit (1938 )

Naufragios La calle, estrecha y húmeda la ocupan estos trastos: un sofá roto y una vieja lámpara, la nevera oxidada y dos colchones que alguien ha apoyado en la pared. Es todo cuanto queda de un desahucio. Son restos del futuro. A menudo se ven por estas calles, y sin embargo hoy piensa que, quizá, son restos de sí mismo lo que ha visto. Entonces vuelve la cabeza: un gato, encaramado en el sofá, le mira como ella antaño con sus ojos verdes. ("trianarts")

Joan Margarit (1938 )

Imagen
Casa de Misericordia El padre fusilado. O, como dice el juez, ejecutado. La madre, ahora, la miseria, el hambre, la instancia que le escribe alguien a máquina: Saludo al Vencedor, Segundo Año Triunfal, Solicito a Vuecencia poder dejar mis hijos en esta Casa de Misericòrdia. El frío del mañana está en la instancia. Hospicios y orfanatos fueron duros, pero más dura era la intemperie. La verdadera caridad da miedo. Como la poesía: un buen poema, por más bello que sea, será cruel. No hay nada más. La poesía es hoy la última casa de misericordia. ("trianarts")

Yves Bonnefoy (1923/2016 )

El adiós Hemos vuelto a nuestro origen. Fue el lugar de la evidencia, aunque desgarrada. Las ventanas mezclaban demasiadas luces, Las escaleras trepaban demasiadas estrellas Que son arcos que se hunden, escombros, El fuego parecía arder en otro mundo. Y ahora hay pájaros que vuelan de una habitación a la otra, Los postigos se cayeron, la cama está cubierta de piedras, La chimenea llena de restos del cielo que van a apagarse. Allí, por las tardes, hablábamos casi en voz baja Debido a los rumores de las bóvedas, allí, sin embargo, Formábamos nuestros proyectos: pero una barca, Cargada con piedras rojas, se alejaba Irresistiblemente de una orilla, y el olvido Depositaba ya su ceniza en los sueños Que sin fin recomenzábamos, poblando con imágenes El fuego que ardió hasta el último día. ¿Es cierto, amiga mía, Que no hay más que una palabra para nombrar En la lengua que llamamos poesía El sol de la mañana y el de la tarde, Una para el grito d...

María Lorente Becerra (1993 )

Es magia lo que ves I He pensado en ti y aún lo sigo haciendo y seguiré haciéndolo aun cuando sea de noche y vuelvan a ser las ocho de la mañana y pueda volver a verte. Porque pensarte es inventarte, es crear sobre ti un país de sombras que lentamente se entretejen hasta llegar a ser tú. Te pensaré para concebirte cada vez nueva diferente. Y habrá un día cuando finalmente de tanto pensarte será en mí en quien piense. Y desfigurada ya por los espejismos del tiempo me transformaré sin saberlo en algo que pensé de ti. De mí. ("zenda libros")

Mary Oliver (1935/2019 )

Los gansos salvajes No tienes que ser bueno. No tienes que recorrer el desierto arrodillado, arrepintiéndote. Sólo tienes que dejar que el animal suave de tu cuerpo ame lo que ama. Cuéntame de tu dolor, yo te contaré del mío. Mientras tanto, el mundo sigue. Mientras tanto, el sol y los guijarros claros de la lluvia se desparraman sobre los paisajes, sobre las praderas y los árboles profundos, las montañas y los ríos. Mientras tanto, los gansos salvajes, allá arriba en el límpido aire azul, están volviendo a casa. Quienquiera que seas, no importa cuán solo te sientas, el mundo se ofrece a tu imaginación, te llama como la voz de los gansos salvajes, áspera y excitante, anunciando, una y otra vez, tu lugar en la familia de las cosas. ("life vest under your seat")

Karmelo C. Iribarren (1959 )

Tu nombre Te quiero desaforada, torrencialmente, igual que si lloviese en todas las ciudades del mundo a la vez, y cada gota llevase escrito tu nombre. ("life vest under your seat")

Uriel Martínez (1950 )

Las muñecas De un tiempo a esta parte Voy y vengo con mi caja De muñecas dóciles, calladas, Discretas. No usan rulos ni caireles, Son de pelo largo, de chongo, De peinado alto que les da Un porte distinguido. Me acompañan en compartimento Especial de valijas, petacas Y maletas imitación Piel. Van conmigo y son mi Auxilio, mi tanque De oxígeno, mi respirador Branquial. Son más hermosas que cualquier Barbie importada de Japón, Australia, de Países Bajos Y de Bali. Las procuro en cualquier Farmacia de equivalentes A precios razonables En caja, frasco o en tiras de colores. [Inédito]

María Martínez Bautista (1990 )

Dos manzanas Los regalos más caros lo son por el valor de sus deseos. El oro que ilumina los cauces de los ríos donde viajan promesas de riqueza, y el oro de las casas subterráneas, debajo de los pies de los avaros, tienen menos valor que dos manzanas que me da mi abuela. Dos deseos callados: salud para poder vivir en vida y que no llegue nunca hasta mi casa la cólera que enfrenta a los iguales. Pobres y efímeras, brillan felices estas dos manzanas, porque siempre es feliz lo generoso. ("la mirada del lobo")

W. H. Auden (1907/1973 )

Q uien ame más Cuando miro hacia arriba los astros, sé de cierto que les daría igual si me fuera al infierno. Pero no deberíamos temer la indiferencia por encima de otros hombres u otras bestias. ¿Nos gustaría, acaso, ser la estrella que ardía con pasión por nosotros jamás correspondida? Si aquel afecto no ha de ser igual, que sea siempre yo quien ame más. Siendo un admirador —así lo creo— de astros que todo les importa un bledo, jamás lamentaré, ahora que asoman, el no haber visto alguno ayer y ahora. Si los astros llegaran a esfumarse, perdidos, aprendería a ver un cielo ya vacío y a percibir sublime su oscuridad total, aunque esto me tome más tiempo, un poco más. ("periódico de poesía", versión hernán bravo varela)