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Mostrando entradas de agosto, 2020

Uriel Martínez (1950 )

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                                                                            seresmitológicos                                                                          Andanzas 1 Cierras los ojos antes de trepar en el potro alado que te llevará con los tuyos, con la respiración pausada y los pies descalzos. Mientras el animal cobra altura tus manos tus dedos y el plexo solar sueltan amarras al zambullirte una vez y otra. Tarde o temprano saldrás a flote con el rostro mojado, con sendas perlas en las orejas que escurrirán a la piscina para cerrar otro ciclo. Mientras el potro dice sí repetidas v...

Eugénio de Andrade (1923/2005 )

En un lugar al sur... Es un lugar al sur, un lugar donde la cal amotinada desafía el mirar. Donde viviste. Donde a veces en sueños vives aún. El nombre empapado de agua te escurre de la boca. Por caminos de cabras descendías a la playa, el mar batía en aquellas piedras, en estas sílabas. Los ojos se perdían ahogados en el fulgor del último o del primer día. Era la perfección. ("trianarts", trad. ángel campos pámpano)

Rosario Castellanos (1925/1974 )

Tercera elegía del amado fantasma I Como la cera blanda, consumida por una llama pálida, mis días se consumen ardiendo en tu recuerdo. Apenas iluminas el túnel de silencio y el espanto impreciso hacia el que paso a paso voy entrando. Algo vibra en mi ser que aún protesta contra el alud de olvido que arrastra en pos de sí a todas las cosas. ¡Ah, si pudiera entonces crecer y levantarme, alumbrar como lámpara alimentada de tu vivo aceite en una hoguera poderosa y clara! Pero ya nada alcanza a rescatarme de la tristeza inerte que me apaga. Grandes espacios ciernen finas nieblas entre tu rostro y los que aquí te borran. Tu voz es casi un eco y lejos resplandece tu mirada. Agonìa fuera del mundo Miro las herramientas, el mundo que los hombres hacen, donde se afanan, sudan, paren, cohabitan. El cuerpo de los hombres, prensado por los días, su noche de ronquido y de zarpazo y las encrucijadas en que se reconocen. Hay ceguera y el hambre los alumbra y l...

Edgar Lee Masters (1868/1950 )

Bert Kessler Herí a un ave en el ala aunque volaba contra el sol poniente. Pero nada más sonar el disparo, remontó el vuelo más y más alto entre las astillas de luz dorada, hasta que, vuelta panza arriba, con las plumas revueltas y un poco de plumón flotando en torno, cayó como una plomada sobre la hierba. Fui hacía ella pisando entre la maleza hasta que vi una salpicadura de sangre en un tronco cortado y luego la codorniz, que yacía junto a las raíces podridas. Alargué la mano y sin que viera zarza alguna, algo me la pinchó como un aguijón y me la adormeció. Entonces, en un segundo, vi a la serpiente de cascabel, abiertos los pliegues de sus ojos amarillos, la cabeza arqueada, echada hacia atrás sobre los anillos de la piel, círculos de fango color ceniza o de hojas de roble que se volvieron blanquecinas bajo capas de otras hojas. Me quedé de pie como de piedra, como de piedra, mientras ella se encogía y desenroscaba y cuando comenzó a arrastrarse por detrás d...

Eduardo Casar (1952 )

Referencia              para andrea Te hablo desde la noche. Desde la lluvia que sé que te hace crecer porque mañana serás más profunda. Y aludo a las piedras. A las blancas de Vallejo y a las secas de León Felipe que perforarán -decía él- el firmamento, y a la que Drummond tenía en el medio del camino. Piedras que son referencias frente a otras piedras. Hija: te regalaré una honda. ("algún día en cualquier parte, bicentenario de chile y méxico", ed. uv, xalapa, méx. 2011)

Macky Corbalán (1963/2014 )

Regalos 1 Te di una piedra, fantástica combinación de brisa, sol marino, arena y tiempo. Y creíste que te daba el corazón. 2 De apuro, con las ruedas de la bicicleta apenas detenidas, trajiste manzanas. Y seguiste, rauda, el camino que no has de cambiar. Pero, pequeña, las manzanas eran rojas, brillantes, abrían su corazón dulce al mordisco, al ansia, a la sed de mi urgencia. ("estación quilmes")

Jorge Brash (1949 )

Soneto              para aurelio asiain,              sobre un tema suyo. En cuánta espera se desnuda el viento mientras la pura desnudez espera. Desnuda por el viento va la pera y en su fragancia nuda toma asiento. Posa desnudo el aire del aliento y su tersura, hábito de espera, tras el olvido de la noche entera deriva hacia feliz descubrimiento. Hay en los trazos del silencio abierto una suerte de luz, un dejo ingrato de la embriaguez primera y el innato deseo de ser tocado por lo incierto. Así, redondo y a mitad del huerto el fruto se desnuda en el olfato. ("la jornada semanal", nueva época, no. 11, 20 agosto 1989)

Tomás Segovia (1927/2011 )

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                                                                               bing Modesto desahogo Estoy más triste que un zapato ahogado estoy más triste que el polvo bajo los petates estoy más triste que el sudor de los enfermos estoy triste como un niño de visita como una puta desmaquillada como el primer autobús al alba como los calzoncillos de los notarios triste triste triste de sonreír como un bobo desde los rincones de ver tallar las cartas en redondo saltándome siempre a mí de todo lo que se dicen y se dan y se mordisquean en mis narices estoy harto de quedarme con el saludo en la boca de salir bien dibujado entre la muchedumbre para que me borre siempre el estropajo de su roce de no estar nunca en foco para ningunos ojos de tener tan desdentada la mirada ...

Eugenio Montejo (1938/2008 )

La Tierra giró para acercarnos La tierra giró para acercarnos, giró sobre sí misma y en nosotros, hasta juntarnos por fin en este sueño, como fue escrito en el Simposio. Pasaron noches, nieves y solsticios; pasó el tiempo en minutos y milenios. Una carreta que iba para Nínive llegó a Nebraska. Un gallo cantó lejos del mundo, en la previda a menos mil de nuestros padres. La tierra giró musicalmente llevándonos a bordo; no cesó de girar un solo instante, como si tanto amor, tanto milagro sólo fuera un adagio hace mucho ya escrito entre las partituras del Simposio. ("revista altazor")

Dimitris Angelis (1973 )

Esperanza Toda la noche en tu azulada alcoba, buscando un pretexto en los libros empolvados para que me traigas un vaso de agua, en miles de frases los improvisados crepúsculos, ramas que reúnen tu última tristeza, nubes de telarañas y un perro que sacude el mar de su pelaje, más allá no miré sin embargo, se encontraba allí tumbado esta noche en la orilla del río un hombre las raíces de una planta marchita que con palabras cifradas recoge en pedazos el viento –llegan días, dijo, que no puedes ya vivir susurran sobre ti las voces lejanas, en tus ojos navegan aguas que queman, tú lees ahora las marcas en las paredes, alguien escribió: María, te quiero; otro a su equipo de fútbol, otro un insulto un cuarto grabó en la raíz de su corazón un grito -¡socorro!-; llegan días en que aprietas los puños porque sientes más profunda la cuchillada del tiempo y pides: ven, barco borracho, a mis letras condimentadas y hazte consuelo en mi primera heri...

Ahmed Al-Mulla (1960 )

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Tómate tu tiempo Tómate algo de tiempo y no te detengas, deja que tu sombra se te adelante en tiempos pavorosos y síguete a ti mismo camino a la nostalgia. Tómate tu tiempo...no te derrumbes tómate tu tiempo...desata la crin de tu caballo tómate tu tiempo...deja que el barco te lleve ebriamente y no saltes a ninguna costa de sobriedad. Esconde las palabras apretujadas haz chirriar los dientes al componerlas, Tómate algo de tiempo tu rabia es un tesoro así que no la gastes en lo indigno. Si no fuera por la rabia no habrías andado descalzo no habrías llegado hasta aquí, la rabia te hizo maduro y te moldeó así que tómate tu tiempo. ("festivaldepoesiademedellin", traductor omar pérez)

Antonio Deltoro (1947 )

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Los días descalzos En las antenas de televisión palomas, sobre las azoteas, entre tinacos, colgados de cuerdas de colores, calcetines, camisas y calzones; en el cielo las nubes y en el oído los pájaros. Me voy por la ventana con mis ojos por la luz de este martes. Hoy es medio día por la calle tranquila, la campana anuncia el camión de la basura, ocultos por la barda juegan los niños, los miro en el balón que sube y baja; pronto saldrán de la escuela vecina y se llenará la acera de jícamas y chicharrones. En mis ojos que viven el presente, esta mañana es un solo país: amanecí con su luz en los párpados y desperté desde sueños lejanos como quien llega del sueño iluminado de las primeras horas. Lentamente descenderé por los peldaños de luz. No he de llorar lo que se fue o que vio: en esta claridad, con este clima, han transcurrido ya cuarenta años. ("la jornada semanal", nueva época, no.12, 3 sept.1989)

D.H. Lawrence (1885/1930 )

Por qué ella se lamenta Calla y dime ¿Por qué lloras? Somos tu y yo Los mismos de antes. Si oyes un lamento Es sólo un conejo Volviendo a su agujero, En un momento. Si algo se agita en las ramas, Es el paseo inquieto de las ardillas, Abrumadas por nosotros, debajo, Amándonos. ¿Por qué lloras entonces? ¿Le temes a Dios En la oscuridad? Yo no le temo. Deja que venga. Si se oculta entre las hojas, Deja que venga. Ahora, en el día fresco, somos nosotros Los que andamos entre los árboles Llamando a Dios: ¿dónde estás? Y es él quien se oculta. ¿Por qué lloras? Mi corazón es amargo. Deja que venga a justificar Sus actos, ahora. ¿Por qué lloras? Pero si puedes sufrir Entonces llora, por la memoria De nuestra vieja justicia. Nos hemos equivocado Muchas veces; Pero esta vez comenzamos A hacerlo bien. Llora, entonces, llora Por la abominación de nuestra justicia. Dios seguirá oculto. Él nunca vendrá. ("faustomarcelo", s/c traductor)

Enrique Solinas (1969 )

Bucólica El olor de tu cuerpo, amigo mío, me recuerda al color de la infancia. Una pradera con demasiado sol cuando no estoy triste, cerca del río en donde alguien dibuja mi ciudad. Nada es tan importante ni inocente como pensar en un día perfecto: vaca y pasto, los pájaros que nos sobrevuelan como a San Francisco; algunas flores,  sendero de amapolas; el cielo quieto y azul, como de utilería. Sé que pronto ya no estarás aquí. Todo es inmediato. Sé que pronto  te ocultarás detrás del sol. Disfrutemos ahora de este día, que el mañana no es cierto. Brillemos como el agua en la noche, tan sólo para la memoria. Las tumbas Titila la oscuridad como una lámpara en mi cara dormida. Pronto, pronto se abrirán las puertas para que huyan las palomas del centro de mi cuerpo. Tiembla todo y en su temblor el viento negro...

Carson McCullers (1917/1967 )

El amor y la corteza del tiempo Cuál es el momento en que el hombre debería ser tan consciente: La Tierra tiene 500 mil millones de años, permitiendo cientos de miles de millones de margen de error y el hombre evolucionado apenas medio millón de años de consciencia penumbra y terror. Sólo una pizca de eternidad nos separa de la bestia ignorante y ¿cuán lejos estamos del helecho, la rosa, levadura esencial? Incluso en estos eones luz ¿Hasta qué punto del animal a la vespertina estrella? Me salto el tiempo por ahora y fijo la mirada sobre la eternidad La vista mirando hacia atrás o hacia adelante es la misma ya sea Mozart o un plato sencillo cocinado con una dolencia salvo las iluminaciones, cambian sus ejes pero preferiríamos ser Mozart, querríamos que durase tanto tiempo como fuese posible, irradiar, cantar aunque en la eternidad quizás sea lo mismo. En el cosmos de Dios según los informes nada decae, no se pierde el gen después de siglos puede el bullicio en e...

Claudio Rodríguez (1934/1999 )

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zenda libros Gestos Una mirada, un gesto,              cambiarán nuestra raza. Cuando actúa mi mano, tan sin entendimiento y sin gobierno,              pero con errabunda resonancia, y sondea, buscando calor y compañía en este espacio              en donde tantas otras han vibrado, ¿qué quiere decir? Cuántos y cuántos gestos como              un sueño mañanero, pasaron. Como esa casera mueca de las figurillas              de la baraja: aunque dejando herida o beso, sólo azar entrañable.              Más luminoso aún que la palabra, nuestro ademán, como ella              roído por el tiempo, viejo como la orilla del río, ¿qué significa?              ¿Por qué desplaza el mi...

Diego Medina (1992 )

Ventanas abiertas No estoy, vivo ausente, Bajo balcones de estrellas iracundas Que en las horas más oscuras Llenan de golpes las avenidas De esta ciudad insomne, No estoy, vivo afuera, Iluminado por el rayo de farolas girasoles, No estoy, me dan vértigo los adioses, Las ventanas abiertas cuando el viento no se oye, Los trenes vacíos de la noche, No me busques, vivo lejos, En las azoteas de un café Que me hacen sentir en casa, No me toques, no estoy, Vivo en mi sombra, no en mi cuerpo, No estoy, no persigas el rastro que dejan las ambulancias, Que he desaparecido en el horizonte Siglos antes de que amaneciera, No me despiertes, Quema toda evidencia de mi nombre, Que me dan miedo las ventanas abiertas cuando el viento no se oye. (texto inèdito cedido por el autor)

Antonio Deltoro (1947 )

Los días descalzos II He mentido para acercarme a los otros. Traicioné mi alegría; Mi alegría idiota y porque sí porque los pájaros, porque el aire y las ramas. Ahora, de regreso, puedo alegrarme; porque sí, porque los pájaros, porque el aire y las ramas. Todavía existe el calor, la luz de esta mañana, el agua que sale de los grifos. Los días descalzos son fragmentos de Cuernavaca. Dentro de mí, sobre la acera, toman el sol un nieto y el abuelo, apenas hablan; miran los árboles, las sombras. El nieto en el rayo de luz se pasma, el abuelo apura con deleite el olvido que un poco de sol le otorga. Mis pasos me llevan a mis ojos y esta luz  a esos árboles, voy por la calle siguiendo los letreros, los rostros, mis corazonadas; agradezco las pausas en las bancas y la prolongación en las banquetas; ¿la acera que se pierde en la distancia, es la misma que se dobla en la esquina? La fascinación por este muro me hace repetir la misma cuadra, hoy es enero y mayo se...

Juan Carlos Bautista (1964 )

(Diabla la Grande) No era bonita Diabla la Grande, había en su cara bestialidad y la recorría ponzoñoso un viento sin recodos. Y, sin embargo, era un caballo-lirio vestido de mujer, un montón de rosas oscuras          reclamando caricia en las espinas. Diabla reía y su risa era un ensimismamiento de piedra viva, un relámpago en la noche inútil del Marrakech. Larga, como una serpiente su cuello,                   tumbada en camastros de hotel,                desatada del mástil del día,                            entre risitas roncas y colores a punto de pudrirse, amando su perdición,    ...

Pablo Antonio Cuadra (1912/2002 )

El nacimiento del sol He inventado mundos nuevos. He soñado noches construidas con sustancias inefables. He fabricado astros radiantes, estrellas sutiles en la proximidad de unos ojos entrecerrados. Nunca, sin embargo, repetiré aquel primer día cuando nuestros padres salieron con sus tribus de la húmeda selva y miraron al oriente. Escucharon el rugido del jaguar. El canto de los pájaros. Y vieron levantarse un hombre cuya faz ardía. Un mancebo de faz resplandeciente, cuyas miradas luminosas secaban los pantanos. Un joven alto y encendido cuyo rostro ardía. Cuya faz iluminaba el mundo. El cementerio de los pàjaros Arribé al islote Enfermo fatigado el remo buscando el descanso de un árbol. No vi tierra sino huesos. De orilla a orilla huesos y esqueletos de aves, plumas calcinadas, hedor de muerte, moribundos pájaros marinos, graznidos de agonía, trinos tristes y alguna trémula osamenta aún erguida con el pico abierto al viento. Con d...

Eugenio Montale (1896/1981 )

Pequeño testamento Esto que de noche fulgura en el casco de mi pensamiento, huella nacarada de babosa o esmeriles de vidrio pisoteado, no es lámpara de iglesia o de taller que alimente clérigo rojo o negro. Sólo este arco iris puedo dejarte como testimonio de una fe que fue combatida de una esperanza que ardiera más lenta que un duro leño en la chimenea. Conserva su ceniza en el espejito cuando, extintas las lámparas, la sardana se vuelva infernal y un sombrío Lucifer baje sobre una proa del Támesis, del Hudson o del Sena sacudiendo sus alas de betún semitruncadas de cansancio a decirte: es la hora. No es una herencia, no es un amuleto que ampare del golpear de los monzones sobre la telaraña de la memoria, pero una historia dura tan sólo en la ceniza y persistencia es sólo la extinción. Exacto era el indicio: quien lo ha reconocido no puede fracasar al encontrarte. Cada uno reconoce a los suyos: el orgullo no era huida, la hum...

Joan Margarit (1938 )

Aquel niño Aquel niño callado. Juega solo Permanece detrás de estos ojos de viejo, resiste la embestida brutal del mediodía oyendo los confusos versículos del mar y el grito de los cuerpos desnudos y oxidados al entrar en las aguas transparentes y frías de la playa de piedras. Avergonzado, corre de un escondite a otro de los cuentos. Duerme dentro de mí, desvalida criatura: duerme dentro de mí, una noche de reyes, donde en silencio vuelan las escobas y los lobos dejaron sus huellas en la nieve. Afuera brilla un cielo lleno de albaricoques, y el mar azul oscuro de ciruelas se deshace en los negros cuchillos de las rocas. El verano de alcohol frío en los ojos me hace sentir mi vida como la pulpa oscura y dorada de un fruto que se pudre alrededor del hueso del recuerdo. Dentro de mí ocúltate, desvalida criatura. Dentro de mí protégete de la cruel claridad. Recita la leyenda que habla del niño gris y de la miserable bicicleta montada por el triste ciclista d...