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Mostrando entradas de abril, 2015

María Teresa Andruetto (1954 )

Visita Hoy vino mi madre a visitarme y caminamos las dos por estas calles. Hablamos de mi hermano, de los hijos, de las chicas del Sur, de mi cuñado. Otra vez yo critiqué al gobierno y ella dijo otra vez "¡Es un país tan grande!". No quiere que me queje: "¡Este país generoso recibió a tu padre!" y rodamos las dos hacia una zona de tristeza, en silencio, hasta que se detiene y dice: "Ayer hice dulce de duraznos" y yo digo que hablaron de mi libro en el diario. ("emma gunst")

Enzia Verduchi (1967 )

Geografía familiar             La familia sólo coincide en bodas o entierros, los parientes se reparten estrechos abrazos, retoman una conversación nunca concluida: las mismas preguntas, las mismas respuestas; como si el domingo hubieran compartido la mesa o el miércoles se prestaran el hilo dental. Nos hemos convertido en una tribu aburrida que se escandaliza cuando alguno decide ser alpinista o bailarina de cabaret. Pero siempre tenemos presente a nuestros muertos, aquellos que no harán las mismas preguntas, quizá porque no tendremos que dar las mismas respuestas. ("emma gunst")

Luis Miguel Aguilar (1956 )

Gálvez, melancólico No cualquier hombre abre la puerta de su casa Cualquier mañana turbia de febrero A una mujer amarga como tú, triste Rose-Helen. Las que han salido de la calle a ella vuelven. Cuando te fuiste dejaste intactos los retratos, Tu florero, tus peinetas, las marinas. Me dolió La cabeza hasta mi muerte -por cierto, más sencilla Que la tuya. Aunque no cualquier hombre muere Bocabajo, sobre una cama gris, triste Rose-Helen. ("el minuto difícil, poemas reunidos 1979/2007", unam, méxico, 2009)

Alejandro Romualdo (1926/2008 )

Cosa corriente Si me volteo para ver qué pasa, pasa un río de sangre bajo el puente. De arriba a abajo. Rasa la corriente, bramadora de sangre y de sanguaza. Y si salgo a la calle, con la masa hambreada, aprendo al tiro, mortalmente, que la sangre es igual: cosa corriente, arriba, bajo el puente y en la plaza. Igual. Cosa corriente, en este valle de sangre, en donde un hombre tira al blanco, al negro, al rojo, y barre de la calle al mendigo sentado junto a un Banco de sangre y soledad. Y es un detalle que quien no queda cojo quede manco. ("otra iglesia es imposible")

Carlos Marzal (1961 )

Metal pesado Igual que sucedía, siendo niños, con las  magníficas gotas de mercurio, que se multiplicaban imposibles en una perturbada geometría, al romperse el termómetro, y daban a la fiebre una pátina más de irrealidad, el clima incomprensible de los relojes blandos. Algo de ese fenómeno concierne a nuestra alma. En un sentido estricto, cada cual es obra de un sinfín de multiplicaciones, de errores de la especie, de conquistas contra la oscuridad. Un individuo es en su anonimato una obra de arte, un atávico mapa del tesoro tatuado en la piel de las genealogías y que lleva hasta él mismo a sangre y fuego.      No hay nada que no hayamos recibido ni nada que no demos en herencia.      Existe una razón para sentir orgullo en mitad de esta fiebre que no acaba. Somos custodios de un metal pesado, lujosas gotas de metal amante. ("poética y poesía", fundación juan march, madrid, mmv)

Estela Figueroa (1946 )

Principios de febrero No. El hermoso verano no ha terminado aún. Nos queda un mes para estarse en los patios y descalzarnos mientras charlamos de esto y aquello sin ton ni son. Todavía habrá hombres de brazos tostados en las calles de la ciudad envuelta por la noche brotada toda como un lazo de amor. No. No me sostengas que no voy a caerme. Sólo se caen las estrellas fugaces y yo -te dije- quiero permanecer. Un hombre es bueno para una noche. Cuando amanece es un reflejo dorado sobre la cama donde se toma café. Y es agradable el olor que deja. Dura todo un día. Pero no toda la vida. Luego hay que descansar. El libro de Kavafis y el de Pavese sobre la mesa de luz. Hay que aminorar la marcha. Sentarse un rato a solas en el sillón del patio. Mujeres: tendríamos que aprender de los gatos. ¡Cómo agradecen el tazón que rebosa de leche! Falta para el otoño. Que nos encuentre intactas. Sin habernos negado a estas pasiones que cada tanto asaltan. ...

Gloria Fuertes (1917/1998 )

Advertencia Cuando estés recién muerto, aún con la tibia tibia, aún con las uñas cortas, querrás hacer algo -lo que podías hacer ahora-; y ya habrán cerrado las tiendas y portales; y ya será muy tarde para llegar a tiempo a los que hoy te aman. ("emma gunst")

Patrizia Cavalli (1947 )

Poema ¿Y creías que yo no te había visto morir en un rincón con el vaso que se te caía de las manos el cuello rojo e hinchado avergonzándote un poco por haber sido sorprendida una vez más después de tanto tiempo en la misma posición en la misma condición pálida temblorosa llena de excusas? ("otra iglesia es imposible", trad. jorge aulicino)

Yusef Komunyakaa (1947 )

Los muertos de Quang Tri Esto es peor que contar piedras en caminos que no llevan a ninguna parte, como cuando un tigre intenta cazar y retrocede al oler su propia sangre en el suelo. El que se arrodillaba junto a la pagoda, ¿te acuerdas? Capitán, no vamos a hablar de eso. El niño budista que se ponía en la puerta y a quien le frotábamos la cabeza afeitada para que nos trajera suerte brilla ahora como una luna blanca. ¡Está muerto para siempre, maldita sea! La hierba que pisamos se levanta; cuchillos amenazando nuestras partes más preciadas. ("círculo de poesía", traductor: juan josé vélez)

Giuseppe Ungaretti (1888/1970 )

Vigilia Una entera velada tendido al costado de un compañero masacrado con su boca desencajada vuelta al plenilunio con la congestión de sus manos penetrada en mi silencio he escrito cartas llenas de amor. No me he sentido nunca tan aferrado a la vida. ("blog del amasijo", sin cr. al traductor/a)

Yannis Ritsos (1909/1990 )

El tercero Estaban los tres sentados a la ventana, mirando el mar. El primero hablaba sobre el mar. El segundo escuchaba.                                                                             El tercero ni hablaba ni escuchaba; se encontraba en el fondo del                                                                     mar, navegaba. Tras los vidrios se veían sus movimientos retardados,                                                                   ...

Constantino Cavafis (1863/1933 )

En la mesa de junto Debe tener apenas veintidós años; y sin embargo, estoy seguro que hace los mismos años gocé ese cuerpo. No es una ilusión; hace un momento llegué al casino, no he tenido tiempo de beber. He gozado el mismo cuerpo. Mas no recuerdo dónde -un lapso de memoria                                                           no es nada-. Vean, está sentado en la mesa de junto, conozco cada movimiento, y bajo sus ropas de nuevo veo el amado cuerpo desnudo                                                                    1918 ("poesía erótica", trad. cayetano cantú, ivec, veracruz, méxico, 1997)

Eloy Sánchez Rosillo (1948 )

La voz de aquella flauta Me acuerdo de haber visto en la estación de una pequeña ciudad del sur de Yugoslavia a un viejo campesino de ojos tristes que allí aguardaba el tren, como  y mis amigos y otras gentes. Era en la fresca madrugada de un día de verano que había sido hermoso.                                          Casi todos estaban durmiendo o dormitando en la alta noche para abreviar el tiempo de espera y aliviar su cansancio. Mas el anciano no dormía; y yo, también sin sueño, lo miraba: se había sentado sobre su maleta, en un rincón en sombra, y apoyaba la espalda en un muro manchado por la humedad y el tiempo. A su lado, en el suelo, acompañándole, brillaba la botella de vino en la que ardía un dios rjo y alegre. Entonces vi cómo sacaba de su bolsa de viaje una rústica flauta de madera que con amor se aproximó a los labios. Y se llenó la no...

Valeria Meiller (1985 )

De una evolución Yo te amé desde antes, ahora existe el rayo, tijera de luz cortando el aire de la noche. Los grillos se quedaron sordos y se frotan las patas con arritmia, una canción disonante, interpretada por tres cuerdas. Las ranas croan porque temen al agua y las asusta, nadie lo entiende, la tormenta. Yo te amé desde antes: desde el filo almidonado, en las enaguas, cuando las horas eran blancas porque eran puras y no porque eran, nada más, blancas. Te amé cuando el gallo supo la hora exacta, mientras el día se dividía del tiempo. En esa división, te amé sin saber. En el norte riguroso de las cosas, en los naturales regresos de los ciclos y sus correspondencias, te amé, con y sin sosiego, en el ojo burgués de la tormenta, con el parte doméstico del aburrimiento de los otros. Te amé con la certeza de que al año siguiente, no importaban los muertos, volverían a caer las nueces de sus cáscaras y los hombres arrastrarían el hierro de los días para mantener e...

Griselda García (1979 )

Pa usabas camisas color café jeans gastados mocasines negros. me llevabas en el falcon verde del '65, viejito, con la chapa picada, ese que dejaba ver el asfalto pasando rápido bajo mis pies. a veces lo que te crecía adentro hacía que te pusieras nervioso y me pegabas cachetazos yo te odiaba. pero ahora te quiero, papá ahora que no estás. y olvidé olvidé olvidé para hacer de cuenta que podía seguir adelante, tener la vida normal de una niña de diez años. entonces ocurre que volvés una tarde y me esperás al salir del trabajo fumando un cigarrillo largo, apoyado contra un pared con tu camisa color café, marcando en el diario resultados de viejas loterías y películas de polanski estrenadas hace años. me besás, te ofrecés a llevar mi bolso, pesado y nos vamos tomados del brazo, caminando despacito sin que nadie pueda decir que vos estás muerto y que soy la misma que escribe cada día un poema a cuchilladas sobre el vestido de la muerte. (...

Carlos Marzal (1961 )

Meditación abstrusa Es extraño. Si trato de recordar el fuego de las noches sagradas, un verano violento -como cualquier verano-, con su luna de sangre y crepitar de brasas, recuerdo esa violencia y la felicidad, recuerdo el fuego, pero aquí no está el fuego, aunque yo sé que ardía en esas noches. Resulta sorprendente. Si vuelvo atrás la vista, hacia nuestras reuniones, sé lo que confesamos, rememoro el ingenio de los viejos amigos, puedo escuchar la risa, y esa desesperanza de la que se alimenta cualquier joven, porque se sabe fuerte, invulnerable. Y, sin embargo, aquí, en la presente noche, nadie se ríe ya, y la desesperanza no es siempre un alimento adolescente. Es curioso. Si miro las páginas de un libro, o esos rostros que hablan en la pantalla y nos conmueven, yo sé que nunca fueron, como sí sé que fueron mi fuego y mis amigos, son palabras que nadie ha pronunciado al margen de esos libros, son los rostros de quien prestó su rostro a quien no existe, ...

Alí Chumacero (1918/2010 )

La forma del vacío Pienso que el sueño existe porque existo; pero si contra el mundo cruzo rostros y de ligeros vientos alzo vuelos, túnicas que no han de vestir estatuas, y con palabras que después desaparecen, violadas de improviso, evoco su mirada y sus palabras: “cielo”, “vida” que eran como un andar a oscuras, tan tristes como yo y como mi alma, como cuando la noche se derrumba y viene hasta mis manos decaída, pienso que existo porque el sueño existe. Puedo encontrar las huellas que abandono: la mujer que una vez amaba, sus brazos, sus cansancios, su mirada y su visible pensamiento, olvidada columna en mi memoria, y todo lo que puedo enumerar: la tarde que a su lado había, la noche de su voz y la desierta despedida de entonces. Pienso también: “La tierra es mi enemiga”, mas los seres que habitan su amargura defienden mi existencia, luchan con mi tristeza y cada día presiento que he de hallar diversas tierras, otras miradas, nuevas formas hacia mi su...

Juan Carlos Ramiro Quiroga (1962 )

Animal Planet No sé a qué sabrá un mono pero en la alta espesura de su memoria trepa a un árbol caza un mono y se lo devora hace cuánto tiempo ha olvidado esa ceremonia qué ha hecho para convertirse en "esto" un ser inmóvil pegado a la pantalla emocionado con la caza de gorilas en otra parte sangre aquí y allá en Animal Planet un grupo de negros corona su fuerza con una estupidez los valientes viven un poco y los cautelosos toda la vida alguna vez comió iguana a la vera de los duraznillos una bandada de loros alertaba de su presencia su pecho cantaba al sol de la mañana se rascaba la panza y seguía teniendo hambre millones de mariposas se mudaban en los pantanales estas imágenes vuelven cuando no aparta los ojos del cable (estoy a miles de kilómetros de la selva tal vez a millones pero mi memoria me traiciona a cada instante en vez de cazar monos ahora cazo palabras una a una de los hilos dentales de la muerte el pensamiento salvaje del ...

Uriel Martínez (1950 )

Manos libres Me senté cerca del cementerio de pilas alcalinas y celulares a la hora en que todos regresan al parque. Mientras los atletas trotan escucho las llamadas perdidas que entran a ese depósito de desechos químicos. Oigo también los mensajes cifrados que ya no tendrán eco ni en ojos ni oídos, ni en corazones agitados. Cualquier intento de reconciliación, de encuentro, de sorpresa, de calor o de riña, no hallará respuesta. Quién sabe los motivos o razones que los amantes encontraron para irse cada uno por su lado. Quién sabe cuánto uno o ambos tensó los hilos que un día creyó de acero, de cemento o tripas. Quién sabe si el plazo auto- impuesto se apagó, o un extravío, robo u olvido de una cifra llevó a lo otro.

José Lezama Lima (1910/1976 )

La casualidad Pregunta un estudiante a José Lezama Lima: –¿Qué cosa es el azar, maestro? –Tú te subes a una guagua y al lado del asiento que eliges va sentada la mujer que será tu esposa... –¿Y ése es el azar, maestro? –Espérate a que termine, chico. El azar es la mujer que iba en la guagua a la que no te subiste. Contado por el poeta Eliseo Alberto ["cómo cantaba mayo en la noche" )

Linda Gregg (1942 )

Dejá a los pájaros Ocho venados en la ladera entre el rocío de una mañana de verano. El cielo de noche azul. Yo como una yegua que han dejado pastando. El Tao no me consuela. El Camino me fue dado en la leche de la infancia. Respirándolo despertando y durmiendo. Pero ya no queda más del olor sorprendente de la esperma en mis muslos, ya no la unto en mi estómago para mostrar placer. Ya nunca dejaré el anhelo. Dejaré que mi cabello siga largo. La lluvia proclama estos árboles, los árboles hablan del sol. Dejá a los pájaros, dejá a los pájaros. Dejá que la hoja sea pasión. Dejá a la quijada, a los dientes, a la lengua entre nosotros. Dejá al gozo. Dejá entrar. Dejá que se junten la furia y la calma. Dejá que vengan las codornices. Dejá que el invierno te impresione. Dejá a la primavera. Permitile al océano despertar en vos. Dejá que la yegua en el campo entre el rocío de una mañana de verano te haga relinchar. Te haga venir a la cerca a relinchar. Dejá a los...

Gina Saraceni (1966 )

Las casas mueren Las casas mueren cuando se vuelven árboles, cuando una mancha vegetal las recubre y convierte en jardines verticales. De sus ventanas brotan raíces que rozan el filo de las nubes. La casa muere con el verano en la garganta. Hubo luz, un tiempo, en esa casa. Hubo vidrios limpios que acogían una mano temerosa de que el viento los quebrara. Hubo niños oliendo a pinos y olivares y una puerta grande donde entraba todo el pasado y su memoria. Los muertos regresan a la casa, hablan una lengua incomprensible y levantan el polvo acumulado de los años. Puede que aquí el tiempo se detenga y sólo exista el instante en que la casa se torna un paisaje fugitivo. Todo se mueve en su cuerpo de piedra, hasta la hoja más pequeña que se asoma a la intemperie y se abandona. No hay dónde agarrarse para seguir de pie ante la casa; para no caer delante de sus ruinas y volverse una planta más que la recorre. No se puede mirar tanto pasado sin perder la ...

Juan Manuel Roca (1946 )

Diario de viaje A la hora en que el sueño se desliza Como un ladrón por senderos de fieltro Los poetas beben aguas rumorosas Mientras hablan de la oscuridad, De la oscura edad que nos circunda. A la hora en que el tren tizna la luna Y el ángel del burdel se abandona a su suerte, La orquesta toca un aire lastimero. Una yegua del color de los espejos Se hunde en la noche agitando su cola de cometa. ¿Qué invisible jinete la galopa? ("rua das petras")

Wislawa Szymborska (1923/2012 )

Elogio de la mala conciencia de uno mismo El ratonero no tiene nada que reprocharse. Los escrúpulos le son ajenos a la pantera negra. No dudan de lo apropiado de sus actos las pirañas. El crótalo se acepta sin complejos a sí mismo. No existe un chacal autocrítico. El tábano, la langosta, la tenia y el caimán viven como viven y así están satisfechos. De cien kilos es el corazón de la orca, pero no le pesa. Nada más animal que una conciencia limpia en el tercer planeta del Sol. ("life vest under your seat", s/c traductora/r)

Gabriel Celaya (1911/1991 )

  Biografía No cojas la cuchara con la mano izquierda. No pongas los codos en la mesa. Dobla bien la servilleta. Eso, para empezar. Extraiga la raíz cuadrada de tres mil trescientos trece. ¿Dónde está Tanganika? ¿Qué año nació Cervantes? Le pondré un cero en conducta si habla con su compañero. Eso, para seguir. ¿Le parece a usted correcto que un ingeniero haga versos? La cultura es un adorno y el negocio es el negocio. Si sigues con esa chica te cerraremos las puertas. Eso, para vivir. No seas tan loco. Sé educado. Sé correcto. No bebas. No fumes. No tosas. No respires. ¡Ay, sí, no respirar! Dar el no a todos los nos. Y descansar: morir. ("cómo cantaba mayo en la noche")

Uriel Martínez (1950 )

El domingo Como muchos desconocidos este domingo me levanté oscura la mañana; puse la cafetera. Como cientos de seres hice a un lado la cortina: vi la mañana brumosa, hostil y compacta. Al igual que miles de hombres solos, me até la boina luego de apelmazarme el pelo. Lo mismo que docenas de docenas de mortales, evité el espejo antes de colocarme el puente. Al igual que mis antepasados, pedí a la vida, pedí a nadie que terminara el día temprano.

Paul Claudel (1868/1955 )

San Pablo Cordero de Dios que prometiste tu reino a los violentos, acoge a Pablo tu siervo que te trae diez talentos. Cinco que Tú le diste a guardar y cinco que él ganó por su cuenta. Austero para todos los que te aman, eres un Amo que ve por su renta. ¡Puesto que dio el pobre corazón por Ti, haz que su dios le sea dado! ¡Padre Abraham, aplaca para siempre la sed de este hombre fulminado! A la sombra sola de Tu presencia, el viejo Moisés tuvo miedo al decir: ¡Apártate de mí, aunque sólo sea por el miedo que tengo de verte y morir! Mas Pablo, como un Tabernáculo sin fisura y como una lámpara propiciatoria, aceptó en vida la cercanía de Vuestra Gloria, y fue el hombre que al profeta maravilla diciendo: ¿Quién es aquel de entre vosotros que puede vivir ardiendo? ¡Oh Dios, para todos nosotros es  insufrible el aguijón de Tu verdad! ¡Pero aquel que Te abraza, se une a la terrible simplicidad! Mirando a Dios, mira el mundo ingrato y cruel, y asume en su corazón human...

Alejandra Correa (1965 )

Mi vecina es sorda... Mi vecina es sorda hoy apagó su audífono y se echó en la cama Decidió desconectarse Adentro de ella en su útero encarnada anda hace horas a la deriva sin oir el tiempo nada la perturba teléfonos, golpes o timbres ni siquiera la desesperada secuencia morse de su marido que lo intenta todo para ahorrarse el cerrajero él ha ideado un cartel que baja desde mi ventana a la de su dormitorio y dice: "Amalia, prendé el audífono" Ella navega su cama ya se hizo barco Afuera los mares afuera los muelles la oigo rezar ("blog del amasijo")

Juan Rodolfo Wilcock (1919/1978 )

Me rindo, soy tuyo, puedes tasarme Me rindo, soy tuyo, puedes tasarme y venderme en el mercado en un canasto si quieres, de todas formas de la cesta volveré a tí como un perrito a hacerme vender de nuevo, pintado a rayas o a cuadros, una cosa es segura: este perro no cambia más de dueño. ¡Cómo es que yo que gozaba al poseer gozo ahora siendo poseído? ¡Patas arriba, perro, panza al aire, cola movida en tu paraíso? ¡La divinidad ha dicho tu nombre y su voz te ha alcanzado la médula! Ladra, corre, baila: ¡qué victoria absoluta esta rendición incondicional!. ("intercuerpos", trad: guillermo piro)

Enrique Lihn (1929/1988 )

Piedra sacrificial No me quiero hacer víctima A lo sumo estoy cómodamente tendido sobre la piedra de los sacrificios y un tipo que se limpia las uñas con un cuchillo me dice ¿Qué es de tu vida? ¿No te parece que sobra? ("ómnibus")