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Mostrando entradas de mayo, 2010

EL COLOR DE LA DEMOCRACIA

Encuestas van y encuestas vienen y aunque hasta la última semana de mayo ningún sondeo saca del pozo al candidato que, dice Quique el Gavilán, representa al crimen organizado, los criminales se pasean por el municipio en patrullas con el logotipo del Ayuntamiento, en camionetas lujosas del partido y visten uniformes "camuflados" de los cuerpos de seguridad. Son delincuentes que instalan sus propios retenes en los que realizan detenciones arbitrarias, que amagan a ciudadanos con armas de alto poder, con la avenencia, según esto, de la autoridades del municipio; delincuentes que desvalijan a los que se cruzan en su camino, aunque no portan equipo de radiocomunicación sino móviles Nextel, detalle que evidencia que vehículos, uniformes y armamento son ajenos a las autoridades municipales. Malandrines además, afirma Quique, que por el tono del habla y corte de pelo exhiben su origen norteño, ya Nuevo León, ya Sinaloa. Así de genéricas y ambiguas son las dudosas impresiones que tie...

EUGENIO MONTALE

Poema 5 de "Xenia" II traducción: Horacio Armani Del brazo tuyo he bajado por lo menos un millón de escaleras y ahora que no estás cada escalón es un vacío. También así de breve fue nuestro largo viaje. El mío aún continúa, mas ya no necesito los trasbordos, los asientos reservados, las trampas, los oprobios de quien cree que lo que vemos es la realidad. He bajado millones de escaleras dándote el brazo y no porque cuatro ojos puedan ver más que dos. Contigo las bajé porque sabía que de ambos las únicas pupilas verdaderas, aunque muy empañadas, eran las tuyas. (poema tomado de "E.M., antología", Compañía General Fabril Editora, Buenos Aires, 1971, Col. los Poetas)

EL DESVÁN DE LA MEMORIA

El escritor Severino Salazar murió intestado, agosto de 1985, pues omitió nombrar a los herederos de sus bienes materiales -cuentas de ahorros, pensiones, propiedades y biblioteca, pero no de sus bienes intangibles, ya que nombró a su hermana menor albacea de sus obras intelectuales: libros de cuentos, novelas y noveletas (obras que también dejó de registrar), sus apuntes de viajes de sus años sábaticos en el extranjero y una novela, al parecer concluida, acerca de un cantante de música vernácula. Obra que Severino rumió y masticó durante, no sé, tres o más lustros, además de un tríptico que confió a leer a amigos para conocer su opinión, con un título y subtítulo, "Paisajes imposibles (o La danza de los ciervos)", acerca, claro,de la religiosidad del hombre, como su demás obra publicada en vida. Gracias al autor de "Llorar frente al espejo", encontré un garbanzo de a libra en la obra completa del compositor y cantante Juan Gabriel, de quien Severino afirmaba que su...

AGOSTO

Louise Glûck Traducción: UM Mi hermana se pintó las uñas fucsia, un color nombrado después de una fruta. Todos los colores fueron nombrados después que los alimentos: café helado, sorbete mandarina. Estamos sentadas en el traspatio, aguardando resumir nuestras vidas en la cuesta del verano interrumpido: triunfos, victorias, por los que la escuela fue una especie de adiestramiento. Las maestras nos sonrieron al prendernos las cintas azules. Y en nuestras mentes les sonerímos a las maestras. Nuestras vidas fueron conservadas en nuestras mentes. Ellas no habían comenzado; ambas estaríamos seguras que lo sabríamos cuando sucediera. Ellas ciertamente no eran así. Estamos sentadas en el traspatio, revisamos los cambios en nuestros cuerpos: primero el broche brillante, luego el bronceado. Yo unté aceite para niño en mis piernas; mi hermana aplicó acetona en su mano izquierda, probó otro color. Leímos, escuchamos la radio de pilas. Evidentemente esto no fue la vida, esta sensación en torno de ...

EXTRAÑA

Pattiann Rogers Traducción: UM Permití que la gata perdida de un desconocido entrara en casa. Llevaba un cascabel y cargaba consigo el extraño sentido de sí misma, investigaba las premisas, la intención, la inquietud, vagando debajo de fregaderos y agujeros de ratón con telarañas en armarios de escaleras, en ocultos escondrijos del sótano, saltaba a la salvaje luz solar del cedro y al movimiento del roble desde el umbral de la cocina, ella y su cascabel, al volcarse a lo largo de pretiles y orillas del trinchador, al deslizarse suave por las jarras de jengibre en el mosaico sobre la chimenea, alrededor de la exquisita cerámica de Pierrot, el San Francisco tallado en piedra. El sonido de su cascabel, de ruido suave, suave como su movimiento, se convirtió en el primer cascabel vivo del colchón, el único conjunto de cascabeles entre el arcón y el cofre moldeados en la atmósfera estática del desván, el único matiz del tañido que se introdujo en las silenciosas alacenas, en los pilares de b...

SUPONGAMOS

Supongamos que ni los reyes magos se acuerdan de tu cumpleaños; que ni la navidad advirtió tus poros cerrados... Imaginemos que el frío sopla sobre tu pelo, mueve tus párpados inertes y desprende la cutícula de manos y pies... En silencio, como una coartada perfecta, la noche invade tus mañanas como el alcohol las heridas permanentes... Despacio, como los decesos sin importancia, la noticia como el gas de uso doméstico se esparce, se expande y satura pulmones y tráqueas... Mientras desciendes a la fosa común de las últimas planas de los diarios, alguien se percata que el crematorio guarda tu resuello último.

LA VIDA SIN CABLENET

Como un acto simbólico, el pasado 31 de diciembre cancelaste el servicio de televisión por cable (Megacable) para, de esta manera, iniciar el año nuevo sin tanta programación de basura y sin demasiada información oficial, que de todos modos se te cuela por la chimenea, los visillos de la cerradura, la radio y en la calle todo el año y toda la vida. Claro, el enemigo ya lo sacaste de casa, crees de una forma ingenua. Antes de tomar nota de la cancelación, la empleada te solicitó anotar en una hoja membretada los motivos de tamaña decisión; y anotaste: me purga el menú con demasiados predicadores en pantalla; me repatea que a las dos de la mañana encienda la caja y sólo aparezcan puntitos blancos y negros en la ventana; me pudren los canales con comerciales las 24 horas del día; me ofende la cancelación -sin previo aviso- de estaciones dedicadas al arte y la cultura y la multiplicación de aquellos dedicados al fútbol, béisbol, box, lucha libre, telenovelas, videorrolas y los malditos pay...

SIRENA

Louise Glûck traducción:UM Me convertí en un criminal cuando me enamoré. Antes de eso yo era una camarera. No quise acompañarte a Chicago. Me quería casar contigo, quería Ser tu mujer para sufrir. Quería tu vida para ser como un juego En el que las piezas fueran piezas deplorables. ¿Se comporta una buena persona Al pensar así? Merezco Fe por mi valentía- Me senté en la oscuridad en tu porche delantero. Para mí todo estaba claro: Si tu esposa no te permitía ir Eso probaba que te amaba. Si ella te amó ¿No querría que fueras feliz? Ahora pienso que Si ella se sintió menos yo sería Una persona mejor. Yo era Una buena camarera. Podía llevar ocho bebidas. Me acostumbré a contarte mis sueños. Anoche vi a una mujer sentada en un camión oscuro- En el sueño ella lloraba, el camión en que se iba Arrancaba. Con una mano Hacía señales; con la otra remaba En una caja de cartón llena de niños. El sueño no rescata a la soltera.

EL HOMBRE MÁS RICO DEL MUNDO

Cada mes el hombre más rico del mundo viene a casa a tocarme en la ventana con sus nudillos seguros y varoniles, son tres golpes discretos pero firmes como corresponden a su importancia de clase mundial. Cuando me asomo para corroborar su presencia esperada, él ya se ha ido aunque lo adivino por la estela que deja su loción inconfundible y la cantidad a pagar por el contrato que firmamos por el servicio telefónico y de internet con tarifa fija y número de llamadas preestablecidas. Aunque invariablemente el recibo expira los días 25 de cada mes, el exitoso hombre de negocios me entrega el documento que avala nuestro convenio a principios de mayo, en este caso, o en junio, el mes entrante y así sucesivamente. Él quiere asegurarse que jamás será desplazado del primer puesto a escala mundial ni por el mítico Tío Rico Mac Pato, ni por Bill Gates ni por cualquier otro potentado de primer mundo y de riqueza dudosa. Gracias al contrato que mantengo con él, he recibido llamadas de mujeres venci...

Uriel Martínez (1950 )

Ecos Me coloco los anteojos para ver la ciudad a la distancia, la noche y el viento crepitante. Me retiro los catalejos del tabique nasal para reflexionar en nada, en nadie. Me inserto pupilentes debajo de cada párpado para escuchar los secretos revelados muy noche. Me despojo los oídos para oír el silencio de cobijas y sudarios que cubren cuerpos yertos. Me acomodo y afino el olfato para respirar la tierra que aún gira sobre su eje ebrio. Taciturno agarro la tinta por las axilas y la arrojo a las paredes. Así descifro, de nuevo, el silencio. [Inédito]

LA MASCOTA DE SEVERINO

para Antonio Marquet Bluish fue un gato que acompañó a su dueño hasta sus últimos días. Mejor dicho, uno y otro vivieron y envejecieron juntos, aunque el ciclo vital del felino sea más breve y discreto. Creo que en 1985 el que sería su amo vivía en la Unidad Habitacional Aragón, en la ciudad de México y el gato aún no llegaba a su vida. Tampoco cuando vivió cerca del Parque Hundido ni en la temporada que estuvo en Santa María la Ribera, en un departamento con poca iluminación y deficiente ventilación. Ese felino, Bluish , existió para mí cuando su propietario ya vivía en la unidad El Rosario. Cada vez que yo llegaba de visita, procedente del norte, me topaba en la puerta del departamento 302 con Severino y a un lado la mascota. Como todos los felinos de su especie, Bluish se daba a entender con su presencia: con las garras limaba el tejido de tule de la mecedora ("¡Cabrón gato que no entiende!", expresaba su dueño), o arañaba por ocio la cubierta de piel del sofá, antes de ...

CANCIONES

Cathal O'Searcaigh Traducción: UM (i) Sus brazos fuertes, su cuerpo adolescente vinieron a mí en un destello de la memoria y como una hoja de diamante, que cortó mi frente de arriba a abajo. Y quizá yo habría cumplido mi deseo, si hubiese abierto la boca, desnudado mis intenciones, contado mi secreto cuando tuve la oportunidad... Todo lo que ahora puedo hacer es sólo tenerme a mí mismo en mi recámara. Sueño con tus manos lejanas más valiosas que diamantes. (ii) Él no me ama y nunca lo hará, el muchacho maravilloso que sólo quiere muchachas. Él se acostaría conmigo, hombre con hombre, y más tarde se comportaría como si nada hubiese ocurrido. Esta noche hay un anillo de lluvia alrededor de la luna. Ningún anillo en el mundo puede casarme contigo.

SÁBANAS PARES

El frío viene del norte con una cauda que guarda púas para torso y espalda, lumbago para ancianos y tos de fuego para gargantas tiernas. El sol desciende a plomo en escalera improvisada de yute, ixtle y vellos intangibles de un adolescente vencido por su propia soberbia. Con dificultad para su pausada respiración las calles y avenidas pasan inertes y maquilladas con un esplendor de petróleo en aliento, párpados y boca. Desde el ángulo que se observe, callado el tren desciende la cordillera de la ciudad y recorre moroso la pelvis, el ombligo, los duros pechos y labios crueles. Mientras esto sucede en callada sucesión de postales, calendarios y naipes poseídos por la sed de tinta, mudo de dos en dos las sábanas de algodón y poliéster- sólo por si vuelves.

LA VIDA CON ALFILERES

Rogelio Luévano tenía un coche al que llamaba Palomo y al que, cuando empezaba a fallarle, le hablaba en voz alta y con un tono amable, para que el otro atendiese. Al igual que los hombres de campo a sus caballos, él le decía piropos a su VW para que éste no lo dejara atascado a medio camino, cuando iba a los ensayos de La noche de los asesinos , ya en la Casa del Lago en Chapultepec, donde hizo los trazos iniciales y, junto con el elenco, el trabajo de mesa, ya en Coyoacán, donde se hizo temporada. No era la primera vez que Rogelio llevaba a escena la obra del cubano José Triana, ya anteriormente la había montado en el lejano Torreón, en sus inicios en el quehacer escénico. Pero las obsesiones del hombre, le digo bajo la higuera, son a veces fijaciones de toda la vida, escenas que se repiten una y otra vez en el recuerdo; repetición que a veces adquiere dimensión de pesadilla, recurrente como una enfermedad que periódicamente se manifiesta; o una depresión; o un amor loco, sin atadur...

SIN AMARRAS

De noche, como un mar presentido, mi cuerpo se desgaja en olas que tenues acarician indiferentes peñascos, húmeda arena. En el sueño, mi organismo recobra su temperatura ambiente, la humedad original, la sangre propicia de mi especie. De madrugada, uñas adentro mi sed deja el espanto, sin amarras las aristas de mis poros asumen la quietud primigenia. Antes del alba la cárcel que me contiene es un cristal moldeado con la armonía del caracol y una concha cóncava, sucesiva. En la palma de mi mano, al despertar, conservo rastros de tus belfos sedientos, temblorosos de nuevo, como mis poros.

DANGER, EL NOBLE

Era un perro pastor alemán de porte distinguido y, como animal noble, tenía un sexto sentido para olfatear a los seres humanos como acaso sólo lo tienen los animales que se han criado al lado del homo erectus. A diferencia de otros seres de su condición de domésticos, este perro era escandaloso como su nombre, pero su porte le exentaba de reproches pues fue guardián de su amo y los dominios de éste. Danger vivió en la cabecera municipal de Valparaíso -hablamos de un lugar cuna de artistas y ganado de lidia; de un sitio con vocación exportadora o expulsora de mano de obra-, donde murió envenenado como han muerto a lo largo de la historia familias ilustres en los albores de la filosofía, la Rusia zarista y otros personajes cercanos a Medea, la que sacrificó a sus hijos. Como animal de origen noble, los antepasados de nuestro protagonista han sido motivo de relatos de autores brasileños, Machado de Asís, norteamericanos, Patricia Highsmith, colombianos y peruanos, o paisanos como Juan Ru...

DEJÉ EL CIGARRO

Dejé el cigarro encendido sobre la colcha oscurecida donde reposaste tu cansancio de medio siglo. Derramé el vaso precioso del silencio en la almohada donde se levantaron caracoles de humo, sofocados y silencios. Corrí el zipper que unió los labios como voto obligado a tu ausencia. Donde el ombigo se vuelve precipicio sediento, coloqué brasas de hielo para no olvidarme. Donde el insomnio reclama tu cuerpo, arrojé baldes de tequila, agua, café y mezcal, pero ni así.

EL PODER DE LA PALABRA

Aquel domingo hice un viaje relámpago a Fresnillo, distante una hora de camino, donde compré una boina para el invierno venidero y un regalo que llevaré a una amiga de México en los primeros días del año, cuya madre es devota de la Virgen de San Juan de los Lagos, a la que año con año visita en su santuario. De regreso y por decisión propia hice una escala en Calera, población ubicada a medio camino entre Fresnillo y mi casa. Ahí comí y al abordar el camión de regreso, vi en los asientos contiguos a Sarah, casada con el hijo sordomudo de un conocido -en el pueblo todos nos conocemos- que viajaba, supongo, con su querido, que la traía abrazada como sólo se entrelaza una pareja de distinto sexo en un sitio expuesto. Como no la reconocí de inmediato pues sólo la he tratado superficialmente cuando paso a recoger algún diario o revista publicados en la capital, le fijé la vista más de lo usual. Cuando me contestó el breve saludo de cejas, al tiempo que nos reconocíamos, desvié la vista de e...

ROGELIO LUÉVANO

Para mí, el verano pasado se dividió en antes y después de asistir a un encuentro de escritores en un punto del norte del país. Con excepción de la ceremonia inaugural, que se efectuó en un teatro del centro, el resto se realizó en los patios de un museo. Como nunca en varios meses, quizá en sesenta o más, disfruté el corte de higos antes de lavarlos y pelarlos para llevarlos a la boca. Fueron días de lluvia y sol: al mismo tiempo o escalonados, como se prefiera. Recuerdo el penúltimo día, sentado al lado de Esther, participante en el suceso cultural, bajo la sombra de una higuera. Sostiene la sabiduría popular que cuando un guerrero reposa al pie de este árbol, llega una tranquilidad interior que induce al sueño. Así como hay árboles, le explico a Esther, que llevan a la locura o al enhechizamiento, digamos la mandrágora, otros conducen a una paz beatífica, como la higuera, cuya leche aleja las nubes indeseables de mosquitos. Aquí cabe un paréntesis pues el libro en verso , Martín Fi...