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Mostrando entradas de febrero, 2014

Darío Jaramillo (1947 )

Poema de amor 6 Tu lengua, tu sabia lengua que inventa mi piel, tu lengua de fuego que me incendia, tu lengua que crea el instante de demencia, el delirio del cuerpo      enamorado tu lengua, látigo sagrado, brasa dulce, invocación de los incendios que me saca de mí, que me transforma, tu lengua de carnes sin pudores, tu lengua de entrega que me demanda todo, tu lengua muy mía lengua, tu bella lengua que electriza mis labios, que vuelve tuyo mi cuerpo      por ti purificado, tu lengua que me explora y me descubre, tu hermosa lengua que también sabe decir que me ama. (fuente: Cuánto silencio debajo de esta Luna, Ed. UNAM, México, 1992, Col. El Ala del Tigre)

Blanca Varela (1926/ 2009 )

Nadie te va a abrir la puerta... Nadie te va a abrir la puerta. Sigue golpeando. Insiste. Al otro lado se oye música. No. Es la campanilla del teléfono. Te equivocas. Es un ruido de máquinas, un jadeo eléctrico, chirridos, latigazos. No. Es música. No. Alguien llora muy despacio. No. Es un alarido agudo, una enorme, altísima lengua que lame el cielo pálido y vacío. No. Es un incendio. Todas las riquezas, todas las miserias, todos los hombres, todas las cosas desaparecen en esa melodía ardiente. Tú estás solo, al otro lado. No te quieren dejar entrar. Busca, rebusca, trepa, chilla. Es inútil. Sé el gusanito transparente, enroscado, insignificante. Con tus ojillos mortales dale la vuelta a la manzana, mide con tu vientre turbio y caliente su inexpugnable redondez. Tú, gusanito, gusaboca, gusaoído, dueño de la muerte y de la vida. No puedes entrar. Dicen. (fuente: "rua das petras")

Paco de Lucía, en Cancún

Paco de Lucía, guitarrista flamenco, Premio Príncipe de Asturias de las Artes y emblema, junto con Camarón de la Isla, de la renovación y difusión mundial del flamenco, ha fallecido hoy en Cancún, México, a los 66 años de edad. El guitarrista se sintió mal cuando estaba jugando al fútbol con su hijo Diego, de diez años, en la playa, según fuentes próximas a su familia. Su actual mujer le trasladó al hospital, donde al llegar se sentó en una camilla y falleció, posiblemente a causa de un infarto masivo, según las mismas fuentes. El representante del cantante, que casualmente está en México con otro de sus representados, Joan Manuel Serrat, ha confirmado a Efe que De Lucía, el cual tenía pasaporte mexicano, estaba jugando en la playa con su hijo y que se sintió indispuesto, pero que no conocía más detalles, dado que en el país hispanoamericano aún es primera hora de la mañana. Paco de Lucía estaba, desde hacía muchos años, vinculado a esa zona del C...

Álvaro Bisama (1975 )

Death Metal A él lo conocíamos de esa época, de cuando escuchábamos a Kreator. Era más bien pavo, huevoncito. Pendejo. En la universidad cambió. Eso pasa cuando algunos se van del pueblo. Se convierten en otras personas. Yo creo que él no era demasiado inteligente. Por eso le pasó lo que le pasó. Yo no sé mucho. Me sé la parte de acá. A veces se juntaba con nosotros. Ibamos a esa botillería que quedaba cerca del cerro y comprábamos una garrafa y nos pasábamos la noche en la línea del tren. Una vez una locomotora que venía con las luces apagadas casi nos mata. Llevaba fierros para esas fundiciones que hay cerca de San Felipe. Fue una sombra que nos curó la resaca y nos llenó de espanto. Fue una ballena negra atravesando el pueblo de noche como una pesadilla concreta. Otra vez nos llevaron presos unos pacos de civil. Sonamos. Nos pasamos la noche en el calabozo. El era chico. Tenía a lo más quince. Siempre andaba con una polera de Iron Maiden. Hablaba de los cuentos de Lovecraft. Yo l...

Hamutal Bar-Yosef (1940 )

 Si logras recordar Si logras recordar cómo me dabas de comer cerezas partidas boca a boca con la habilidad de un actor de cine y cómo al cabo de un año te propuse probar la tibia leche que manaba de mis duros pechos y cuál fue la expresión de tu rostro cuando lo hiciste ... y cómo comiste y elogiaste el primer arroz mal cocido y el pollo que guisé con sus vísceras el primer otoño para nuestra cena antes del Yom Kipur y cómo me compraste con tu primer sueldo un vestido de gamuza gris y guantes de gamuza violeta y cómo a escondidas y a plazos te compré la bata de lana con el cuello chino y si logras recordar mi chaqueta de cuero y tu pantalón pijama celeste que tendimos en el jardín del hospital entre los arbustos la noche que te visité a escondidas porque me llamaste para decir que me necesitabas y yo ya era madre de cuatro hijos y cómo volviste a casa del cuartel en plena noche y qué feliz y orgullosa estaba yo de que fueses mío y si logras recordar cómo ...

Rubén Bonifaz Nuño (1923/ 2013 )

Para los que llegan a las fiestas  Para los que llegan a las fiestas ávidos de tiernas compañías, y encuentran parejas impenetrables y hermosas muchachas solas que dan miedo - pues uno no sabe bailar, y es triste; los que se arrinconan con un vaso de aguardiente oscuro y melancólico, y odian hasta el fondo su miseria, la envidia que sienten, los deseos; para los que saben con amargura que de la mujer que quieren les queda nada más que un clavo fijo en la espalda y algo tenue y acre, como el aroma que guarda el revés de un guante olvidado; para los que fueron invitados una vez; aquéllos que se pusieron el menos gastado de sus dos trajes y fueron puntuales; y en una puerta ya mucho después de entrados todos supieron que no se cumpliría la cita, y volvieron despreciándose; para los que miran desde afuera, de noche, las casas iluminadas, y a veces quisieran estar adentro: compartir con alguien mesa y cobijas, vivir con hijos dichosos; y luego comprende...

Eduardo Errasti (1960 )

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Radiografía La tarjeta de un videoclub y la de la Seguridad Social. Dos entradas (siempre me ha gustado la última fila de los cines). Un carnet de identidad con la foto borrosa de alguien a quien me cuesta reconocer a veces. Mi Número de Identificación Fiscal. Trozos de papel con frases que pudieron haberme llevado a la gloria aunque ya no me importe (he perdido demasiados trenes). Teléfonos de amigos a los que no llamaré nunca, estoy seguro. Direcciones. Un par de calendarios atrasados. Mi cartilla del paro (he de ir cada tres meses al mercado de esclavos. Algún día nos pedirán que enseñemos los dientes). Cuatro décimos de lotería que no me sacarán de la miseria (la estadística casi siempre ha jugado en mi contra). Ni un céntimo. Muchas noches, cuando estás dormida, me pregunto ¿Por qué sigues conmigo...? (fuente: "rua das petras")

Chantal Maillard (1951 )

He seguido las huellas de los lobos He seguido las huellas de los lobos hasta donde se trenzan las ramas de los árboles. Les he visto clavar sus dientes en el cuello de un corzo acorralado, y la luz era verde y el viento acariciaba sus vientres jadeantes. He visto debatirse una liebre en las garras de un águila, y el sol, ese gran ojo ciego que se nutre de los cuerpos inertes, resplandecía en la montaña. He hurgado en las entrañas de un pájaro nocturno y en mis manos bebieron los chacales. Sé cómo besan las serpientes: su beso es el reflejo de la luna sobre el agua fría. Por todas partes, en todas las cuevas donde he velado el fuego que me consume y me alimenta te he vuelto a conocer,       y te he amado en los ojos que besan las serpientes, en la humedad del viento, en el sol que calcina los huesos de los lobos. Te he amado y te amo en todo lo que muere y en todo lo que mata y en la raíz que corre a ras de suelo como una comadreja....

Octavio Paz, cien años

El aniversario del nacimiento del Nobel mexicano de Literatura se cumplirá el próximo 31 de marzo, mes en el que se abrirá la agenda  de homenajes, entre los que destacan publicaciones, lecturas, conferencias, mesas redondas y otras celebraciones que se prolongarán a lo largo de este año. Las actividades para recordar al poeta, ensayista y diplomático, nacido en 1914 en Ciudad de México, también se extenderán a Madrid, Buenos Aires, Tokio, París y Río de Janeiro, indicó DPA. El secretario (ministro) de Educación de México, Emilio Chuayffet, dijo durante el anuncio de las festividades que el homenaje nacional e internacional "no sólo será una fiesta del pensamiento, sino que incitará a seguir leyendo a Paz". En el Palacio de Bellas Artes de la capital mexicana se alojará desde el 1 de septiembre la muestra "Un soplo de luz: Octavio Paz y el mundo del arte", en la que se expondrán piezas de arte, provenientes de unos 50 museos, sobre las que el autor escribió. La ...

John Malcom Brinnin (1916/ 1998 )

La oscuridad marginal La lluvia, como un viajero, camina sobre la noche. Los rascacielos hacen sus gestos cubistas allí donde El alcance del hombre excede su estatura mortal; Las intermitentes multitudes están aquí, Reunidas por la lluvia bajo los portales, detenidas en su fuga Entre las casas de comercio y la noche. Camino entre ellas puesto que es necesario, trasformado Sobre las aceras, me apropio de sus ojos Y voy con ellas, deformado, a sus encantadas Lizas, sus inventadas realidades De cinematógrafo y canciones; nos retiramos ilesos Aunque la muerte, con su rostro transformado, está próxima. Reunidos en el subterráneo, esperamos trenes Que corren en la oscuridad como por los rieles del tiempo; Nosotros, lisiados negativos de promesas, apoyamos Nuestra muleta de huesos en una garabateada viga; Mientras el ruidoso año golpea imparcialmente, como la lluvia Sobre elocuente mármol, aguardamos nuestros trenes. Noche de esta noche; hay una plegaria en mí Que lee ...

Edgar Lee Masters (1868/ 1950 )

  Roscoe Purkapile Ella me amaba. ¡Oh!, ¡cómo me amaba! No logré nunca esquivarla desde el día en que me vio por vez primera. Pero después, cuando nos casamos, pensé que podría demostrar su mortalidad y dejarme libre, o que podría divorciarse de mí. Pero pocas mueren, ninguna renuncia. Entonces me escapé y anduve un año de parranda. Sin embargo nunca se lamentó. Decía que todo saldría bien, que yo volvería. Y volví. Le dije que mientras remaba en un bote había sido capturado cerca de la calle Van Buren por piratas del lago Michigan, y atado con cadenas, así que no pude escribirle. ¡Ella lloró y me besó, y dijo que eso era cruel, ultrajante, inhumano! Comprendí entonces que nuestro matrimonio era un designio divino y no podía ser disuelto sino por la muerte. Tuve razón. (fuente: blog "palabras mal dichas", traductor: Josep Limona.)

Sergio Loo (1982/ 2014 )

Para ser... Para ser tu doliente he tenido que sacarte de la carnicería donde te tenían empaquetado y con la vehemencia de quien vende ungüentos prodigiosos he hablado de ti lo que antes ni atreverme -sí cobarde sí arrepentido- y he prendido listones rojos a tu playera y fotografías de niños extraviados con alfileres a tu pantalón He rellenado tu boca con fotocopias de salmos para que todos sepan Luis lo bondadoso que fuiste te he colocado en un altar para que me encuentres vestido de negro arrojándote piedras En un pedestal te puse mártir vuelto de cabeza para que me arranques de este espanto y me regales San Valentín de Porres un milagrito Amén Amén Hazlo ya (fuente: Sus brazos labios en mi boca rodando, editorial Tierra Adentro, México, 2007)

LA SED

Te uniste a la manada una noche de luna nueva como un acto de piedad hacia ti. Te hicieron espacio merced a un gesto que no sabes de qué soledad oculta vieron en tus espejos. Famélico bebiste con numerosos animales llegados a abrevar de un cauce intuido, de ciegas vetas. Quizá al fondo del pozo haya un ojo de agua que resurge en callados manantiales. Quizá Llegaste con la crin alazana, sediento como bestia silvestre que eres, sin adivinar umbrales. Habías trotado parte de tu vida en espera de astros y vientos propicios. No esperabas otra cosa. Fuiste parte del hato cuando en el agua que bebías encontraste alivio momentáneo a tu sed.

Cernuda, el nómada irredento

Tal vez no sea casual el que los tiempos más felices que Cernuda pasara en México fuesen los primeros, los que viviera antes de establecerse en la capital mexicana en noviembre de 1952. Su primer viaje data del verano de 1949. El poeta entonces vivía y trabajaba en Mount Holyoke, un colegio para mujeres en Massachusetts, Nueva Inglaterra. Hastiado de la vida norteamericana, de la falta de estímulo intelectual y humano (su única interlocutora en Mount Holyoke era su gran amiga Concha de Albornoz), de los largos y gélidos inviernos, por no decir nada de sus clases sobre teatro español de los siglos de oro, Cernuda decidió viajar hacia el sur, en busca de una tregua. Y la experiencia colmó sus expectativas. No sólo volvió a reunirse con amigos como Manuel Altolaguirre, Concha Méndez, José Moreno Villa, Ramón Gaya y Emilio Prados, a quienes no había visto desde su salida de España, en plena guerra civil, en febrero de 1938, sino que incluso hizo amistades nuevas con algunos mexicanos, como...

Jane Kenyon (1947/ 1995 )

  La esposa enferma La esposa enferma permaneció en el coche mientras él hacía la compra. Sin tener aún cincuenta años ha aprendido lo que es no poder abotonar un botón. Era mediodía, así que sólo madres con niños pequeños y parejas jubiladas caminaban por el enlodado aparcamiento. Ropa de la tintorería colgaba en perchas en los coches de los acomodados. Con qué facilidad se movían, con cuánta libertad, incluso los ancianos y los relativamente débiles. Las ventanas empezaron a empañarse. Los coches aparcados a su lado salieron tan deprisa que entristecieron su corazón. (fuente: blog "palabras mal dichas", traductor: sin crédito)

Gombrowicz, antes y después

Cuando un escritor muere, lo que queda es su obra. Y sus herederos: los legítimos, burocracia mediante, y los imaginarios, que son los que siguen o intentan seguir su camino. Los que lo toman como referencia, como punto de partida o faro, como ariete, como talismán. Los herederos imaginarios son quienes resignifican la obra de un autor y quienes, probablemente, la reinventen, le otorguen un nuevo lugar en el panteón de literatos consagrados, algo que no es nuevo en absoluto, desde Platón y Sócrates, desde Borges y Macedonio. Con Witold Gombrowicz ocurre algo similar. Hace cuarenta y cinco años que murió, pero su nombre y su obra siguen expandiéndose, en parte por el trabajo de su viuda, Rita, y en parte por la filiación de un grupo de gombrowiczianos que, en el último tiempo, parece haberse acrecentado. ¿Será que, por los motivos que sea, Gombrowicz se puso de moda? ¿Será que después de tantos años se le van autorizando los pergaminos para ser parte del selecto club de los grandes? ¿S...

Enriqueta Ochoa (1928/ 2008 )

Asaltos a la memoria IV Las lilas perfuman el primer viento de abril. El árbol de la noche florece y la tía Vense trenza mis cabellos. Me hundo en el sueño. Tía Vense, te amo.                     Estalactita de cristal. Tu pelo se precipitaba en relámpagos miel y caoba                   sobre mi cara cuando el beso de buenas noches. El ruido de voces en el cuarto contiguo me despierta. La muerte desangra el vientre de mi madre, las sábanas esponjadas de blancura se incendian. Apenas clarea, ponen sobre mis manos un cesto; al vaciarlo, un feto se despeña. La vida se encoge dentro de mí. Tengo nueve años. Es mi primer contacto con la muerte. (en Asaltos a la memoria, edición Universidad Autónoma del Estado de México [UAEM], Toluca, 2004.)

Félix Grande (1937/ 1914 )

Donde fuiste feliz alguna vez Donde fuiste feliz alguna vez no debieras volver jamás: el tiempo habrá hecho sus destrozos, levantando su muro fronterizo contra el que la ilusión chocará estupefacta. El tiempo habrá labrado, paciente, tu fracaso mientras faltabas, mientras ibas ingenuamente por el mundo conservando como recuerdo lo que era destrucción subterránea, ruina. Si la felicidad te la dio una mujer ahora habrá envejecido u olvidado y sólo sentirás asombro -el anticipo de las maldiciones-. Si una taberna fue, habrá cambiado de dueño o de clientes y tu rincón se habrá ocupado con intrusos fantasmagóricos que con su ajeneidad, te empujan a la calle, al vacío. Si fue un barrio, hallarás entre los cambios del urbano progreso tu cadáver diseminado. No debieras volver jamás a nada, a nadie, pues toda historia interrumpida tan sólo sobrevive para vengarse en la ilusión, clavarle su cuchillo desesperado, morir asesinando. Mas sabes que la dicha es como un criminal que seduce ...

Clarice Lispector (1920/ 1977 )

Felicidad clandestina E lla era gorda, baja, pecosa y de pelo excesivamente crespo, medio amarillento. Tenía un busto enorme, mientras que todas nosotras todavía eramos chatas. Como si no fuese suficiente, por encima del pecho se llenaba de caramelos los dos bolsillos de la blusa. Pero poseía lo que a cualquier niña devoradora de historietas le habría gustado tener: un padre dueño de una librería. No lo aprovechaba mucho. Y nosotras todavía menos: incluso para los cumpleaños, en vez de un librito barato por lo menos, nos entregaba una postal de la tienda del padre. Encima siempre era un paisaje de Recife, la ciudad donde vivíamos, con sus puentes más que vistos. Detrás escribía con letra elaboradísima palabras como "fecha natalicio" y "recuerdos". Pero qué talento tenía para la crueldad. Mientras haciendo barullo chupaba caramelos, toda ella era pura venganza. Cómo nos debía odiar esa niña a nosotras, que éramos imperdonablemente monas, altas, de cabello ...

Samuel Noyola (1965- ?)

Abuelo Las espuelas de plata que arrastrabas por el barro de las calles de tu pueblo se quedaron constelando el fondo del ropero de mi abuela y su memoria, junto al brillo de tu navaja de rasurar y el rizo cortado de cuando ella era tu novia. A veces las reconozco en las fotografías donde los zapatistas las encajaban a la oscura piel de sus caballos abriendo bajo las enconadas pezuñas una dirección de pólvora: que casi roce de avispas, chispas del fósforo contra la suela gastada del zapato, sangre de la mano que al tocar la blancura de unas nalgas vuela. (fuente: Nadar sabe mi llama (1980-1985), edición SEP-CREA, México, 1986.)

Miyó Vestrini (1938/ 1991 )

Zanahoria rallada  El primer suicidio es único. Siempre te preguntan si fue un accidente o un firme propósito de morir. Te pasan un tubo por la nariz, con fuerza, para que duela y aprendas a no perturbar al prójimo. Cuando comienzas a explicar que la-muerte-en-realidad-te parecía-la-única-salida o que lo haces para-joder-a-tu-marido-y-a-tu-familia, ya te han dado la espalda y están mirando el tubo transparente por el que desfila tu última cena. Apuestan si son fideos o arroz chino. El médico de guardia se muestra intransigente: es zanahoria rallada. Asco, dice la enfermera bembona Me despacharon furiosos, porque ninguno ganó la apuesta. El suero bajó aprisa y en diez minutos, ya estaba de vuelta a casa. No hubo espacio donde llorar, ni tiempo para sentir frío y temor. La gente no se ocupa de la muerte por exceso de amor. Cosas de niños, dicen, como si los niños se suicidaran a diario. Busqué a Hammett en la página precisa: nunca diré una palabra sobr...

Luz Pichel (1947 )

Subí a la higuera Subí a la higuera antes de dejar definitivamente la casa. Ya no había allí ni higos, ni mirlos, ni espantapájaros, ni carracas. Yo sola, en la copa del árbol,  la cabeza saliendo por encima de las hojas mirando alrededor a ver que se veía. Se perdió un malvís, se me metió entre el pelo y paró un poco. Después, silbó algo y huyó. Me quedé allá arriba, accurrucada, bastante tiempo contemplando las cosas: ¿Quién le echó veneno a la hiedra que abrazaba un poste? ¿Quién le rompió la lona a la hamaca vacía de papá? (fuente: "la mirada del lobo")

James Wright (1927 )

Deprimido por un libro de mala poesía, echo a andar hacia un prado silvestre e invito a los insectos a reunirse conmigo Aliviado, dejo caer el libro tras una roca. Asciendo una ligera cuesta de hierba. No quiero molestar a las hormigas que recorren en fila india el poste del cercado, portando pequeños pétalos blancos, lanzando sombras tan precarias que puedo ver por ellas. Cierro los ojos un instante y escucho. Los viejos saltamontes están cansados, saltan pesadamente, tienen sobrecarga en los muslos. Me gustaría oírlos, los sonidos que emiten son claros. Se han ido a dormir. Delicioso y lejano, entonces, un oscuro grillo les releva en los castillos de arce. (fuente: "perros en la playa", traductor: Jordi Doce)

Ana Merino (1971 )

          Preparativos para un viaje Todo se hará tarde, como el temor a un equívoco que esconde razones para acusar al otro. De noche, todo se deshace en tardanzas que se aglutinan en frascos de tomillo y orégano. Se hará tarde porque toca no poder dormir y refugiarse en el sabor de los grifos que gotean como un pis infantil que humedece las sábanas y se disfraza de llanto sonámbulo a medio despertar. Todo estará recogido en los bolsillos o en una caja de guardar botones; y yo negaré la sospecha de una gripe como en época de exámenes. Y se hará tarde en los últimos minutos como el engaño, para que pese poco y se evapore. Y dejaré tras de mí olor a naftalina en cada armario y morirán las polillas en los libros y guardaré sus alas cuando vuelva.           (fuente: "rima interna", El Cultural)

Casa Xochiquetzal, el refugio

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Maria Consuelo Mora. Una de las residentes de Casa X. Cuando Carmen Muñóz tenía 11 años un psicópata la secuestró y la violó. Sus padres, para compensar el daño irreparable de que su hija hubiera “perdido el honor”, la casaron con su violador. La prostitución fue la salida que Carmen encontró para darle de comer a sus hijos y dejar atrás las golpizas de su marido. Desde entonces, Carmen es prostituta en Tepito, unos de los barrios más peligrosos de México. Hace diez años, mientras caminaba en busca de clientes, se topó con otras colegas: eran señoras mayores, que estaban durmiendo en la calle. Se dio cuenta como nunca antes de lo que les esperaba a las mujeres de su profesión cuando llegaban a cierta edad y decidió hacer algo. Así nació la Casa Xochiquetzal, el primer refugio para pro...

Sergio Solmi (1899/ 1981 )

Canto de mujer Voz de mujer que se sabe no vista tras cerrados postigos, canto ronco agitado por lánguidos desmayos y escalofríos bruscos, hecho de vacías palabras que yo no comprendo. Oh voz absorta, tempestuosa y dulce, llena de sueños, la que un tiempo raptaba navegantes sobre los mares, canto de sirena. Voz del deseo que no sabe si quiere o teme, y jamás dice otra cosa sino su oscuridad, su tembloroso amor. Acaso la encendida carne habla como tú, y, asombrada, se escucha existir. (fuente: "otra iglesia es imposible", trad. Vintila Horia y Jesús López Pacheco.)

EL PUERTO

a José Emilio Emprenderás un viaje a la noche, Ulises, el último sin cura para tu incontinencia. Sabes que llevarás contigo antibióticos contra la lucidez la oscuridad y el dolor. Además de jeringas hipodérmicas algodón y alcoholes cargarás un atado con apuntes y bosquejos de cuerpos. Querrás viajar en el estribo de esa tarde, la única, la irrepetible, la ensayada a solas. Cabalgarás alrededor del escritorio, la mesa, el techo de tu celda, los barrotes de los años idos. Antes de anotar en la libreta el orden de goteros, yerbas y analgésicos habrás llegado a buen puerto.