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Mostrando entradas de abril, 2018

Giovanna Pollarolo (1952 )

Segunda declaración de rodillas No quiero santificar Tu nombre pero lo santifico y musito: Estira Tu mano y llévame contigo a Tu reino aunque no sea Tu voluntad. Eres mi señor y debes cuidar de esta sierva ante Ti hincada mira mi abatimiento, sácame de mis angustias de este valle de lágrimas en el que vivo mis días están en Tus manos mis manos alzadas sólo ansían Tu benevolencia llévame contigo como si fuera Tu hija como si fueras Mi Padre presta oídos a mi ruego como Dios, a Sus Bienamadas criaturas. ("poemas poetas")

Mauricio Álvarez (1976 )

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                                                      foto alejandro ortega neri Lubricantes Primero que nada agradezco la oportunidad y la invitación para hablar de Lubricantes , el último libro de uno de mis poetas favoritos. Conocí la poesía de Uriel Martínez hace un par de años en la feria del libro del zócalo. En el stand de la librería "Voces en tinta" encontré el libro “La noche de Hugo y otros poemas” , me llamó la atención su tamaño y su color, lo abrí y encontré este verso: Boca de cristal de dura roca, voz que escurre lava, que incendia y apaga tallos; hilo de agua que baja a la fuente del ombligo. Al leerlo, ahí, en ese momento, se desataron los mecanismos de amor hacia la poesía de Uriel. Devoré el libro y luego fui descubriendo los otros libros, al poeta que publica inéditos en su blog, que comparte y difun...

Diane di Prima (1934 )

Sueño: la loba se revela ella vino a cazarme; a ella también la arrastraron acá abajo atada como una presa. Y después la soltaron, la cazada se volvió cazadora. Vino por laberintos de piedra gastados por sus pasos, vino al trueno asombroso & al tambor de su Nombre, el MANTRA DE LA LOBA, resonando entre los muros planos de laja las huellas los pasos de la Loba  la Loba tamborilearon. Vino a cazar, pero no me quedé a que me cazara. En lugar de eso me fui.                          en silencio con los chicos a la rastra. ella vino, me siguió, no me persiguió. Caminó con paciencia detrás de mí como un perro de la calle. Vino a cazar, anduvo por ese piso de piedra gastada siguiéndome de cerca, uno o dos pasos atrás. Me di vuelta para enfrentarme para enfrentarla a Ella: la del aro de piel que acentúa lo puro de su cabeza. ella-la-que-debió-haberme-devorado se...

Giovanna Pollarolo (1952 )

Aparta de mí este cáliz Caminando llego al río. Me gusta el olor. Las hierbas, los matorrales raquíticos, ese verde medio seco que tal vez el agua de este año hará retoñar.           Bendigo el silencio, la soledad de esta mañana de vera- no. No es un río caudaloso este tímido Sama de aguas co- lor marrón que sólo de cuando en cuando llegan hasta el mar y empañan el azul transparente. Se cruza de lado a la- do, el agua apenas a los tobillos. No canta ni susurra ni suena. Me siento y miro. Cojo una piedra y la lanzo con rabia. Pienso: si alcanza la otra orilla, él y yo contempla- remos juntos este río Sama una mañana de verano. Pero cae en el agua, cerca. No vale, digo. fue sólo un ensayo. Y sigo ensayando, aprendiendo el tamaño de cada piedra, su peso, la fuerza de mi brazo. Hasta que lo consigo. Vendrá uno de estos días, ahora lo sé. Y entonces me atrevo, sin pensar. Cojo al azar una piedra y digo en voz alta: si llega donde debe llegar él me...

A. E. Quintero (1969 )

Hoy muy temprano Hoy muy temprano llegaron los trabajadores de la vidriería. Traían una tremenda caja de herramientas y olían a jóvenes sin sueño. Una enorme caja y solo sacaron algo como un cúter. Y fueron cediendo los vidrios. Tan rápido como lo escribo los muchachos quitaron y pusieron. Era de aterrarse. Toda la seguridad que uno apuesta en un vidrio en cinco minutos cambió de claridad. Los muchachos reían de mi asombro con sus brazos etiquetados con cicatrices pequeñas. -Es como todo- dijeron. Y sí, creo que de alguna forma es cierto. Todo cambio de claridad es cosa de un segundo. ("200 gramos de almendras", andraval ediciones, culiacán, sin., méx., 2013)

José Kozer (1940 )

Te acuerdas, Sylvia Te acuerdas, Sylvia, cómo trabajaban las mujeres en casa. Parecía que papá no hacía nada. Llevaba las manos a la espalda inclinándose como un rabino fumando una cachimba corta de abedul, las volutas de humo le daban un aire misterioso, comienzo a sospechar que papá tendría algo de asiático. Quizás fuera un señor de Besarabia que redimió a sus siervos en épocas del Zar, o quizás acostumbrara a reposar en los campos de avena y somnoliento a la hora de la criba se sentara encorvado bondadosamente en un sitio húmedo entre los helechos con su antigua casaca algo deshilachada. Es probable que quedara absorto al descubrir en la estepa una manzana. Nada sabía del mar. Seguro se afanaba con la imagen de la espuma y confundía las anémonas y el cielo. Creo que la llorosa muchedumbre de las hojas de los eucaliptos lo asustaba. Figúrate qué sintió cuando Rosa Luxemburgo se presentó con un opúsculo entre las manos ante los jueces del Zar. Tendría que e...

José Villa (1966 )

Grandes esperanzas ¿qué espero ya de la vida? en realidad no gran cosa que no me caiga un puto cáncer, digamos en el transcurso de los diez o doce próximos años poder seguir teniendo alguna esporádica erección y al masturbarme todavía arrojar un puto chorro aunque sea de meados encontrar un último amor y, suponiendo que esto ocurra no parecer demasiado patético cuando tenga que decirle a la afortunada "eres hermosa como la mariposa que vuela de rosa en rosa, tu sonrisa es el sol que ilumina mi vida" y de pronto caiga en la cuenta de que la tipa tiene una verruga con pelos en la barbilla y los dientes torcidos encontrar un último amor y tener quizá la suerte de que no le apeste demasiado la boca ni tenga las piernas tachonadas de celulitis y las tetas no le lleguen al ombligo y el coño todavía le apriete lo suficiente para no sentir que estoy follándome al aire cuando me la coja encontrar un último amor y poder creerle cuando me asegure que me ama co...

Berna Wang (1957 )

Del invierno Vida de asceta la que llevo últimamente: ayuno porque no tengo hambre, hago abstinencia porque no tengo con quién; y rezo para que este tiempo acabe de una vez. Van a pasar tantas cosas De aquí a un año pueden pasar tantas cosas: Que encontremos el amor de nuestra vida, que lo perdamos (acaso una vez más), que descubramos que, con todo, no nos hacía tanta falta. De aquí a un año pasarán tantas cosas: Que las pesadillas dejarán de serlo de pronto, que nos asustarán pesadillas nuevas, que descubriremos que, con todo, es nuestro miedo (y no las pesadillas). De aquí a un año es tanto tiempo. ("rua das pretas")

Uriel Martínez (1950 )

Intolerablemente Inesperadamente me encuentro solo en el café, como un guante caído al piso, caído con un golpe silencioso; me quedo de pronto como el chicle pegado en el envés de la mesa, como cajetilla de tabacos vacía; me quedo intolerablemente solo como celular sin batería, como una cifra anotada en un papelito llevado por el viento; al azar, a la deriva; y todo esto me deja sin aliento, como el infante que, cansado de llorar de sed y sin teta, suspira y duerme luego, en paz. [Inédito]

Melissa Bendersky (1975 )

Por la rebelión No te depiles. No te afeites. Sé una mujer peluda, suave. No te tiñas el pelo, no tapes tus canas. No te pases la planchita,  no temas al frizz, no hace nada. Sé una persona con cabeza. No escondas tus tetas, no las encorsetes, no las encorpiñes salvo por prevención a la violencia o el dolor. Sé mamífera, de tus tetas viene el alimento que perpetuará a la especie. No uses zapatos con los que no puedas correr el colectivo o que te lastimen, te cansen, te incomoden. Sé una mujer descalza antes que engrillada por tu propio calzado. No te calles. Si a la audiencia no le gusta saberte crítica, divertida, cuestionadora, locuaz, buscá otros interlocutores. Sé una mujer que piensa. Y no tengas reparos en mostrarlo. No te maquilles. Distorsionar tus rasgos verdaderos de acuerdo a pautas fijas de belleza no te hace hermosa. Un clown también usa maquillaje. Sé una mujer con cara de mujer. ("marcelo leites")

George Bacovia (1881/1957 )

Escena Árboles blancos, árboles negros, desnudos en el parque solitario: una escena de luto, desolada... Árboles blancos, árboles negros. Otra vez los dolidos van al parque a llorar... Con alas blancas, alas negras, vaga un ave con voz angustiada a través del parque milenario... Con plumas blancas, con plumas negras. Fantasmas aparecen en el parque solitario... Y hojas blancas, hojas negras; árboles negros, árboles negros; y plumas blancas, plumas negras. Una escena de luto, desolada... Una gradual nevada el parque solitario... ("revista la palabra y el hombre", no. 43, ene-mar. 2018, uv, xalapa, veracruz, méx.; trad. aleqs garrigóz)

María Mercedes Carranza (1945/2003 )

Maldición Te perseguiré por los siglos de los siglos. No dejaré piedra sin remover Ni mis ojos horizonte sin mirar. Dondequiera que mi voz hable Llegará sin perdón a tu oído Y mis pasos estarán siempre Dentro del laberinto que tracen los tuyos. Se sucederán millones de amaneceres y de ocasos, Resucitarán los muertos y volverán a morir Y allí donde tú estés: Polvo, luna, nada, te he de encontrar. ("poemas del alma")

A. E. Quintero (1969 )

El niño intercambia ojos... El niño intercambia ojos con su perro. Ladran porque el amor tiene muchas formas de ladrarle a un niño. Y subir un perro a la cama cuando los padres cierran su luz oscura es una manera de salvarse. De día el niño aprende a beber del plato como el perro, a contraer las fosas nasales y bajar del miedo hacia el más seguro de los ladridos. Bajar sin importar otros niños, otras niñas en la ventana. Ese puede ser un buen modo de socializar: llegar de a poco, creer en los puentes, confiar. Mirar la correa en la pared y al perro que alguna vez estuvo vivo. ("200 gramos de almendras", andraval ediciones, culiacán 2013)

Seamus Heaney (1939/2013 )

Día de boda Tengo miedo. El sonido se ha parado en el día y las imágenes se repiten sin cesar. ¿Por qué esas lágrimas, el pesar salvaje en su rostro fuera del taxi? Crece el jugo del lamento en nuestros invitados que saludan. Tras la gran tarta estás cantando como una novia abandonada que persiste, demente, y que atraviesa el ritual. Cuando fui a los lavabos había un corazón con una flecha y palabras de amor. Deja que duerma recostado en tu pecho, camino al aeropuerto. ("zenda", s/c traductor)

Wislawa Szymborska (1923/2012 )

Las cuatro de la madrugada Hora de la noche al día. Hora de un costado al otro. Hora para treintañeros. Hora acicalada para el canto del gallo. Hora en que la tierra niega nuestros nombres. Hora en que el viento sopla desde los astros extintos. Hora y-si-tras-de-nosotros-no-quedara-nada. Hora vacía. Sorda, estéril. Fondo de todas las horas. Nadie se siente bien a las cuatro de la madrugada. Si las hormigas se sienten bien a las cuatro de la madrugada, habrá que felicitarlas. Y que lleguen las cinco, si es que tenemos que seguir viviendo. ("zenda", versión gerardo beltrán)

Uriel Martínez (1950 )

Sin saberlo a ciencia cierta... (2) B se desprendió de A porque el tiempo y el viaje y la vida y la noche apremian. A sabe que no volverán a coincidir en el sube y baja de la tarde. B sabe que hay amores inmortales que duran igual que nada, una brizna llevada por nadie. "Todo se reduce a un preservativo tirado al cesto, a residuos de un tubo de gel olvidado en la hamaca del verano", dice A para esquematizar. El adiós es duro y las promesas se guardan en la garganta como un gargajo en medio de la fiesta. [Inédito]

Daniel Martínez (1963 )

Los marineros de Quing Dao Jardín de las mariposas enamoradas 2 Los marineros de Quing-Dao por cada mujer que conocen se tatúan una estrella en lo que llaman el cielo del amor nadie puede mentir ya que la mentira los condena a la soledad eterna después de muertos algunos tienen los brazos llenos de estrellas otros la espalda o el pecho por cada hijo que tienen se tatúan un sol por cada hija una luna así es como se reconoce a simple vista a cualquier marinero de Quing-Dao ("otra iglesia es imposible")

Ana Belén López (1961 )

La ballena La ballena enredada en un chinchorro arrojada por las olas a las piedras, pestilente, humillada y sin vida es una imagen enredada. Uno no se levanta todos los días con una ballena muerta a su costado, o una foca asesinada a balazos, tampoco se levanta de la mesa, ni de la siesta, con gente viendo ballenas muertas. La ballena muerta no aparece en la nota roja. Como cada día aparecen otros cuerpos. Aparece en la local o en la primera. ¿Qué se hace? La viera Melville. Expulsada del Paraíso. La arrastran hasta el fondo y la dejan ir. Ahí vuelve a descansar. Inesperadamente Inesperadamente aparecen tumbando puertas, persianas y ventanas van al centro hasta el centro con furia, rabia yagua aturden luego calman yse van se van desapareciendo a la sierra más lejos a veces lo único que queda es el nombre ("letras libres" y "revista de la universidad")

Alda Merini (1931/2009 )

Jesús Jesús, por los que han perdido la mente y los principios de la razón, por los oprimidos bajo el duro silencio de los mártires, por los que no saben gritar porque nadie los escucha, por los que no encuentran otra solución al grito sino la palabra, por los que suplican al mundo que no los devaste más, por los que aguardan una señal de amor que nunca llega, por los que erróneamente dejan que muera la carne para ya no sentir esa alma. En suma, por los que mueren en tu nombre, abre las anchas puertas del Paraíso y muéstrales que tu mano era fresca y tersa, tersa y fresca como la flor, y que quizá por ser demasiado audaces nunca entendieron que el silencio era Dios y sintieron el peso opresor de esta silencio que era una nube de canto. ("cuerpo de amor, un encuentro con jesús", ed. vaso roto, barcelona, 2008; trad. jeannette l. clariond)

Horacio Castillo (1934/2010 )

El pecho blanco, el pecho negro Mi madre tenía un pecho blanco y un pecho negro. Al despertar tomaba el pecho blanco en su mano y acercándolo a mis labios decía: Bebe, hijo mío, y yo bebía una leche blanca, espesa, dulcísima. Luego apretaba entre sus dedos el pezón negro y colocándolo en mi boca repetía: Bebe, hijo mío, y yo bebía una leche oscura, infinitamente agria. Mi madre tenía un pecho blanco y un pecho negro. De día, sosteniendo el pecho blanco en su mano como una paloma, susurraba: Es la luz del mundo; y a la noche, mientras exprimía suspirando el pecho negro, prorrumpía: Es la oscuridad. Mi madre tenía un pecho blanco y un pecho negro. A veces exponía el pecho blanco al sol y escondiendo bajo su ropa el pecho negro canturreaba: Esta es la leche que sacia toda hambre, y su rostro se iluminaba con una sonrisa inmortal. Pero mi boca buscaba otra vez el pecho negro y tomándolo en su mano con piadosa resignación lo ponía en mis labios diciendo: Bebe, hijo mí...

César Cantoni (1951 )

Ayer vino mi madre Ayer vino mi madre muerta a visitarme. Vino vestida de entrecasa, con su gastado delantal a cuadros, que colgaba de un gancho en la cocina. No preguntó por nada ni por nadie. Simplemente, quería saber si todo se encontraba en orden: las camas tendidas, los cuartos ventilados, las plantas podadas y con agua... De paso, me recordó que la felicidad no dura, que el amor es triste y duele demasiado y que, al final, sólo queda arreglárselas como se puede. También me dijo que no comiera dulces y, sobre todo, que me cuidara del invierno, que, en invierno, el viento suele ser traicionero en las esquinas. Después, cuando la tarde agonizaba, salió a la calle, saludó a los vecinos como de costumbre y se fue con su escolta de ángeles indulgentes. Sí, ayer vino mi madre muerta a visitarme. ("estación quilmes")

Adam Zagajewski (1934 )

Habla más suave Habla más suave: eres mayor que aquel que fuiste tanto tiempo; eres mayor que tú mismo y sigues sin saber qué es la ausencia, el oro, la poesía. El agua sucia anegó la calle; una tormenta breve sacudió esta ciudad plana, adormecida. Cada tormenta es un adiós, cientos de fotógrafos parecen sobrevolarnos, inmortalizar con flash segundos de miedo y pánico. Sabes qué es el duelo, la desesperación violenta que ahoga el ritmo cardiaco y el futuro. Entre extraños llorabas, en un moderno almacén donde el dinero, ágil, sin cesar, circulaba. Has visto Venecia, y Siena, y en los lienzos, en la calle, jovencísimas, tristes Madonnas que ansiaban ser muchachas normales y bailar en carnaval. Has visto incluso pequeñas urbes, nada bonitas, gente vieja extenuada por el sufrimiento y el tiempo. Ojos de santos morenos brillando en iconos medievales, ojos ardientes de bestias salvajes. Entre los dedos cogías guijarros de la playa La Galere, y de pronto sentía...

Fernando Pessoa (1888/1935 )

El guardador de rebaños XXXIII Pobres de las flores en los arriates de los jardines simétricos. Parecen tener miedo de la policía... Pero tan ciertas que florecen del mismo modo y tienen el mismo colorido antiguo que tuvieron para la mirada primera del primer hombre que las vio recién aparecidas y las rozó levemente para verlas con los dedos... ("un corazón de nadie, antología poética 1913/1935", ed. galaxia gutenber, barcelona, 2017, trad., sel. y prólogo de ángel campos pámpano)

Rosario Castellanos (1925/1974 )

La despedida Déjame hablar, mordaza, una palabra para decir adiós a lo que amo. Huye la tierra, vuela como un pájaro. Su fuga traza estelas redondas en el aire, frescas huellas de aromas y señales de trinos. Todo viaja en el viento, arrebatado. ¡Ay, quién fuera un pañuelo, sólo un pañuelo blanco! ("mujeres que escriben")

María Rosa Lojo (1954 )

Maquillaje Ella se dibuja los ojos con líneas oblicuas y flexibles para que esquiven la saña de los inquisidores y resistan las indagaciones inconvenientes. Ella se ensombrece los párpados con una tierra de seda para que tapen y resguarden, para que protejan y acaricien a la niña sentada frente a la luz que denuncia los males de los hombres y las disoluciones de la muerte. Ella se unta los pómulos con una crema suave para que no los quemen las lágrimas del duelo, se empolva las mejillas para que no las dañen los rayos de las fotografías y el hueco luminoso de los ausentes. Ella se mira al espejo cuando todo ha terminado y a través del espejo mira al hombre que ama porque sus ojos ven más allá de las copias y se abren en la verdad del tacto y en las insurrecciones de la noche que vuelve. ("mujeres que escriben")

George Bacovia (1881/1957 )

Melancolía ¡Qué gritos, qué gemidos de otoño; y cómo salvajemente el campo está zumbando! Un cuerno suena huecamente y lamentos cada vez más tristes hacen aparición. Escucha atentamente, amada, no te alarmes, no tiembles de miedo. Escucha cómo la cruel naturaleza nos llama, desde adentro... ("revista la palabra y el hombre", no. 43, enero-marzo, uv-xalapa, méx., trad. aleqs garrigóz)

Jorge Posada (1980 )

ostře sledované vlaky trenes rigurosamente vigilados milos adolescente checo narra cómo llegar a ser operario de ferrocarril su abuelo es hipnotizador su acto más grande fue casi detener a los tanques alemanes en praga checoslovaquia se convirtió en un país de paso los trenes alemanes transportan reses muertas milos recuerda a un ternero que arrastraba el cadáver de su madre con el cordón umbilical milos hace un chiste un polaco contrabandea carne oculta ubres en su pantalón una mujer le dice que tiene una tripita saliéndosele de la bragueta él le pide que no se preocupe que ahora lo soluciona saca unas tijeras y corta las ubres pero le sale otra tripita el polaco corta y recorta hasta que se queda sin tripitas y sin pitito milos antes de unirse a la rebeldes checos intenta suicidarse debido a un problema de eyaculación precoz se hospeda en una fonda entra a la tina se abre las venas luego de meses de recuperación milos se presenta con los...

Mario Luzi (1914/2005 )

Via Crucis Padre mío, me he aficionado a la tierra más de lo que hubiera creído. Es bella y terrible la tierra. Nací casi escondido, crecido y madurado en un lugar tranquilo entre gente pobre, amable y execrable. Me acostumbré a sus calles, me encariñé con sus lugares, sus olivares, las viñas, hasta el desierto. La tierra es sólo una estación para Tu hijo, pero ahora me duele dejarla, y hasta estos hombres y sus ocupaciones, sus casas y sus refugios, me da pena tener que abandonarlos. El corazón humano está lleno de contradicciones pero ni por un instante me he alejado de ti. Te llevé incluso hasta donde parecía que no estabas o habías olvidado estar. La vida en la tierra es dolorosa, pero también dichosa: recuerdo los niños, los árboles y los animales. Falta poco para ese lugar que llaman Calvario. Despedirme me angustia más de lo debido. ¿He estado mucho entre los hombres o demasiado poco? ¿Hice muy mío lo terreno o lo he evitado? La nostalgia de ti ha si...

Fernando Pessoa (1888/1935 )

El guardador de rebaños XVIII Ojalá fuera el polvo del camino y que los pies de los pobres me estuvieran pisando... Ojalá fuera los ríos que corren y que las lavanderas estuvieran en mi orilla... Ojalá fuera los chopos en las márgenes del río y sólo tuviera el cielo por encima y el agua por debajo... Ojalá fuera el burro del molinero y que él me golpeara y me quisiera... Antes eso que ser el que va por la vida mirando tras de sí y sintiendo pena... ("un corazón de nadie, antología poética 1913-1935"; trad., sel. y pról. ángel campos pámpano; galaxia gutemberg, barcelona, 2017))

Uriel Martínez (1950 )

El tedio De esas tardes tediosas de domingo en que: 1. Quiebras un vaso de cristal de un codazo involuntario 2. Coges el cuchillo y abres la panza de la papaya, le quitas los granos negros, la piel y la partes en cuadritos. 3. Divides un limón en cuatro partes, le quitas las semillas con la punta del cuchillo. 4. Echas papaya y limón a la licuadora, agregas agua, dejas que se haga una mezcla homogénea. Te sirves luego un vaso y bebes hasta ver el fondo. 5. Eliminas de tus contactos a los ególatras e inútiles. 6. Vuelves a respirar tranquilo porque ya levantaste los vidrios y esquirlas del vaso roto. [Inédito]