Uriel Martínez (1950 )
El necio A veces quisiera no tener oídos para atender a los difuntos que tocan a la puerta. Otras deseara no tener ojos para aquellos que entran a guarecerse en páginas no leídas. Por momentos pierde el sentido del equilibrio si le murmuran versos ilegibles u oscuros en camino. Gustoso a veces daría vuelta a la página para atenderlos la víspera la hora y el día. Pero otras, otras más, se plegaría a los dictados de una voluntad plural reñida con horas. Obcecado les dice que no, les dice que sí, que luego, que otra noche.