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Mostrando entradas de febrero, 2015

Bruno Montané (1957 )

Escritos 12 En el centro del más confuso de nuestros sueño aparece un ángel. Es un animal de ojos dorados, y a lo que más se parece es a un insecto. Sus ojos facetados emiten una vibración semejante a la dulzura, un latido que llena todo el sentido del sueño. El ángel no vuela, este ángel hunde la cabeza, cava túneles y, no sabemos cómo, no para de mirarnos. El animal se mueve con un tranquilo ademán de lejanía, no sé cómo explicarlo. El insecto es puro como un cristal invertido en el líquido centro del sueño, el insecto-ángel muda su corazón y, lo sabemos, no habla, nada dice; no obstante, nosotros nos mantenemos comunicados con su deriva, con su increíble y definitivo silencio. ("Mapas y escritos", ed. La ratona cartonera, Cuernavaca, Morelos, México, 2009)

Eugénio de Andrade (1923/2005 )

Adiós Como si hubiese una tempestad oscureciendo tus cabellos, o si prefieres, mi boca en tus ojos, cargada de flor y de tus dedos; Como si hubiese un niño ciego tropezando dentro de ti, yo hablé de nieve, y tú callabas la voz donde contigo me perdí. Como si la noche viniese y te llevase, era sólo hambre lo que sentía; te digo adiós como si no volviese, al país donde tu cuerpo principia. Como si hubiese nubes sobre nubes, y sobre las nubes mar perfecto, o si prefieres, tu boca clara navegando largamente en mi pecho. (revista "La palabra y el hombre", no. 26, otoño 2013, UV, Xalapa, Ver., México, traducción: jorge lobillo.)

Alex Fleites (1954 )

Tres uno. Al amanecer encontramos agua empozada en las huellas del elefante Bebimos y ofrecimos nuestras danzas por el claro gesto de hermandad Después seguimos el rastro y le dimos muerte dos. ¿No oyes ese canto de alabanza? Es la brizna que el bisonte no segó en su estampida tres. No rechaces, Atis, con violencia la mano del viejo que, como al descuido, roza tu cuerpo de muchacha Finge no sentir Anticípale su condición de fantasma ("Alguien enciende las luces del planeta", ed. UV, Xalapa, México, 2014)

Claudia Tejeda (1969 )

Ella se peina Va de la raíz a la punta desenredándose la memoria. El tiempo le ha crecido en la melena. El peine agita los nudos y abre laberintos ondulados, mellas agridulces, rastros de tijera, íntimos calendarios. Se acaricia el cabello y se pregunta si algún tramo guarda el recuerdo de los dedos de su madre, el vértice de alguna caricia o la palma de su padre coronando su cabeza de nena definitiva. Qué queda del mechón en su nuca donde él trazaba resortes con el dedo índice. La vida que le cae hasta los hombros la va dejando calva de nombres y vivencias y sin embargo, se arremolina en los olvidos pendientes que ha cortado y recortado sin disimulo. Ella se peina intuitivamente, no necesita espejo para mirarse el alma. Y se recoge las canas en un rodete tieso y disciplinado aunque ampare una nostalgia antojadiza y despeinada. ("emma gunst")

Philip Levine (1928/2015 )

Puedes conseguirlo Mi hermano llega a casa desde el trabajo y sube las escaleras hasta nuestra habitación. Oigo la cama quejarse y sus zapatos caer uno a uno. Puedes conseguirlo, dice. La luz de la luna se derrama sobre la ventana y su rostro sin afeitar palidece como la cara de la luna. Dormirá hasta después del mediodía y despertará para descubrir que me he ido. Treinta años pasarán hasta que yo recuerde ese momento en que de pronto supe que cada hombre tiene un hermano que muere cuando él duerme y duerme cuando se alza para enfrentarse a esta vida, y ambos, juntos, son solo un hombre compartiendo un corazón que siempre trabaja, manos amarillentas y cuarteadas, una boca que boquea en busca de aliento y pregunta:, ¿lo conseguiré? Toda la noche en la fábrica de hielo había alimentado la rampa con sus bloques plateados, y después yo apilé cajas de naranjada para los niños de Kentucky, un gris furgón por vez y siempre otros dos esperando. Tuvimos veinte años...

Ciaran Carson (1948 )

Belfast confetti De repente, mientras la manifestación avanzaba, llovían signos de exclamación, Tuercas, cerrojos, clavos, llaves de coche. Una fuente de símbolos /rotos. Y la explosión Misma -un asterisco en el mapa. Esta línea separada por guiones, /un estallido de fuego rápido... Estaba intentando completar una frase en mi cabeza, /pero seguía tartamudeando, Todos los callejones y calles secundarias bloqueadas /con puntos y puntos y comas. Conozco este laberinto tan bien -las calles Balaclava, Raglan, Inkerman, Odessa- ¿Por qué no puedo escapar? Cada movimiento tiene su puntuación. La calle Crimea. Sin salida otra vez. Armas, verjas. Máscaras anti-disturbios. Walkie-talkies. ¿Cómo Me llamo? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? Una Descarga de signos de interrogación ("otra iglesia es imposible", traducción: josé maría del águila gómez.)

Uriel Martínez (1950 )

El equinoccio quisiera cambiar la disposición de muebles ahora que llega el equinoccio, mantenerlos a salvo del sol. quisiera también redistribuir el paquidermo de cocina, que la hielera esté retirada del fuego. quisiera acercar los enseres de madera a la sombra, las sillas al borde del precipicio del día. quisiera que las camas el guardarropa los amuletos las ventanas y floreros bebieran luz a menudo. quisiera que las hileras de poemas las plumas Bic el tintero los mapas de tinta china salieran de mis dedos. quisiera reordenar el diagnóstico, las recetas sombrías, los goteros, el régimen alimenticio, la noche. casi todo.

Felipe Benítez Reyes (1960 )

En voz baja Cuando alguien te obligue a leer sus poemas si son malos elógialos, pues tú sabes de sobra que nadie hace el ridículo por propia voluntad y que ser mal poeta no implica una gran tara. Ten algo de piedad con el idiota y procura olvidar sus versos más infames –esos tan celebrados en tertulias–, ya que pierdes muy poco si le halagas. En esta profesión nadie está exento de ser –y tú lo sabes– un cualquiera: a fin de cuentas somos engolados bufones de las musas y a una mayor pericia, mayor monstruosidad. ("otra iglesia es imposible")

Ramón Rodríguez (1925/2014 )

El viento y el ardor                  in ehecatl in chichinztli La nostalgia gotea su largo aceite pálida gemebunda detrás de tus ojeras en la noche del gato ¿por qué curva del aire nieve líquenes polen o misterio me encajas aún y me despiertas a distancia? Camino por las calles mojadas de tu barrio elegante disfrazado de solitario desciendo al corazón de la noche en busca de tu imagen y hallo puertas cerradas y miro estrellas altas y al viento galopando como potro salvaje dos veces dos veces dos pasos me invento y te descubro dos veces dos veces dos pasos te invento y me aniquilo y en un recodo oscuro me pierdo de vista de mí mismo definitivamente. (revista "La palabra y el hombre", no. 31, enero-marzo 2015, UV, Xalapa, México)

Beatriz Viol (1983 )

Tú, yo, el mundo Después de cruzar puentes, atravesar bosques, nadar ríos, salvar barrancos y subir montañas, llegamos a este páramo donde no había nada geográficamente destacable, salvo un pino. Y bajo su sombra pasamos la tarde recostados. ("emma gunst")

Joaquín Giannuzzi (1924/2004 )

Cumpleaños He cerrado la puerta de mi padre. Finalmente lo supe, al amanecer de este cumpleaños en que te sobrevivo. Pero aún con la difícil respiración al borde de la cama y sombrías opciones por delante, puedo entender que tú y todos los muertos han perdido y que vivir es el único prestigio que cubre la tierra. Entonces, todo lo que es está bien. Por alguna razón me incorporo; jadeando, vacío tu rostro hacia la pesada oscuridad y tengo tu misma manera de torcer la boca al paso de la puntada por el pecho anginoso. ("rua das petras")

Jorge Pimentel (1944 )

Rimbaud en polvos azules                                       a Charo Arroyo Rimbaud apareció en Lima un 18 de julio de mil             novecientos setenta  y dos. Venía calle abajo con un sobretodo negro y un par de              botines marrones. se le vio por la Colmena repartiendo volantes de apoyo a              la huelga de los maestros y en una penosa marcha de los obreros              trabajadores de calzado El Diamante y Moraveco S.A., reapareciendo en              la plazuela San Francisco dándole de comer a las palomas y en un              cafetín donde rociaba migajas de pan en un café con leche mientras entre atónito           ...

Bruno Montané (1957 )

Mapa 4 Te damos la mano para que sepas lo que es un gesto. Te mostraremos el corazón cuando acabe de llover. Te abrazamos en medio del charco, te recordamos de dónde has salido. Volvemos a decirte la misma línea y te hablamos del mismo dolor. Caminamos juntos durante unos segundos y comprobamos que nos cubre la misma sombra, el error que repetimos en la caída, el mismo sueño. Te hablamos en la oreja, equívoco que siempre imaginamos, suave pesadilla una y otra vez nombrada. Al fin nos reímos de ti, único revés, hasta reírnos de nosotros mismos. Mapa 5 Pavesas que el viento esparce, señales que dispersa un lento sol. Cenizas de un acto rápido, secas huellas que vi en el barro. Plumas e insectos en un cauce vacío, ánades y escarabajos que huyen del fuego. Pavesas que lentamente caen al agua, un agua lechosa, un agua casi saliva. Huellas una y otra vez repetidas, huellas de cangrejos y ratas, huellas que el aire hunde y hace durar. Suaves bajorrelieves, i...

Uriel Martínez (1950 )

El estómago A veces platico con mi estómago para pedirle no me haga una revuelta fuera de lugar. Otras hablo con mis dientes y no me abandonen a mi suerte cuando tengo manteles largos. Más tarde, me refiero al día, me abro de capa con puertas y no encierren ecos ni silencios. Pero después de las seis cuando el café borbotea en recipientes, cuido el fuego. Entonces las voces, la lengua, la boca, las sillas, el sofá, el polvo, la nube, el humo, la noche, el sueño, el deseo se levantan contra mí, y aunque nadie quiera, me tiendo cuan desmoronado a veces soy; y sueño deveras.

Manoel de Barros (1916/2014 )

El proveedor Andar a tontas y a locas es cosa de ave. Mi abuelo andaba a tontas y a locas. No servía para casi nunca. Pero sabía el nombre de los vientos y todos los silbidos para llamar a los pájaros. Ciertas palomas lo tomaban por techo y pasaban las tardes frecuentando su hombro. Mi abuelo decía cosas poco sesudas:            que lo habían elegido para ser árbol. Lirios lo meditaban. A mi abuelo lo tomaban por tonto porque cada mañana daba los buenos días a los sapos, al sol, al agua. Pienso que era proveedor de poesía como las aves y los lirios del campo. ("otra iglesia es imposible", traducción de teresa arijón)

Marco Antonio Montes de Oca (1932/2009 )

De ahora para nunca Aquí en mi morada cada rama es una aguja de música. El huracán fatigado revolotea en la divinidad inmóvil, todo se llama amapola aunque no se mezcla ni sea roja; pero el diamante ya no tiene ganas de llorar y el fuego se despluma. Dios quiera que nadie descomponga esta relojería de cien mil almas. ¡Yo solito he sobrevivido con el soberano latido de mis puños! Yo sólo he dicho lo que sabe solamente el aire. Yo conozco la carne viva de la muerte. ¡Por eso lloro tanto granizo! Por eso habitas tanto con un suspiro. NADIE RECONOCE NUESTRAS NEBULOSAS DE RESINA y llegaremos despacio, pero cantando a más no poder. Llegaremos cantando sin saber de qué color es nuestro país, ni nuestro dolor, ni el tamaño de las discordias y reconciliaciones         de la carne. ("al pial de la palabra")

Julio Rodríguez (1971 )

Hospital Me miraba en silencio, recostado en la cama extraña donde yacía, sin moverse apenas, sobre el duro colchón de aquella vida que le había tocado en suerte. Me miraba sin rabia ni ternura, con lentitud (¿qué prisa ha de tener quien sabe que la muerte le ha echado el guante y no se piensa ir sola?). Su cuerpo era un saco de cemento que los años habían dejado caer sobre aquella cama de hospital. Tendría unos ochenta años, con cierto parecido a Anthony Quinn en sus últimas películas, un campesino rudo de los Abruzos, tal vez un albañil, un hombre de esos capaces de construir su casa con sus propias manos. Me miraba esperando que le dijera algo, cualquier cosa; no en vano, ningún extraño se acerca a un moribundo sin una buena razón. Pero no dije nada: no sabía su idioma ni sabía entonces que el dolor habla la misma lengua en todas partes. Sólo supe quedarme allí plantado, aguantándole la mirada, mientras en la cama de al lado la enfermera extendía una ...

Arnaldo Calveyra (1929/2015 )

Canción del fumigador de guardia Años de ningún poema. Para mí la línea tachada del verso, arcoiris en blanco y negro de las comas, la plaza castellana de la palabra, solitaria plaza. Para otros las veredas que se alargan a medida que las veredas del cielo se despliegan, vamos entrando en el Decanato de la Rata y de nuestro oscuro origen subsistirán algunos nombres empotrados en los muros. ¿Y dónde quedó el paisaje que la mañana vuelve sin tan siquiera un árbol? Lo que usted está mirando es una bandera amarilla. Para mí la línea frágil del verso, la alegría oscilante de la página. Aquí empieza mi canción. ("otra iglesia es imposible")

Gerardo Deniz (1934/2014 )

Desde la torre En los países donde el efecto antecede a la causa, todo es como armar rompecabezas: un pedazo con media boca trae algo de papel tapiz al fondo, permite empezarlo a completar; también la jeta cunde y ahí se pasa al cuerpo, hasta la rosa lancastriana sujeta entre los dedos del pie insultante. Afuera gime el viento, desciende la neblina o vuelve a escampar. Dan a los cuervos de comer. Hay decapitaciones a todas horas, mientras cultivo este hábito, más bien italiano, de escribir en la cárcel. ("otro iglesia es imposible")

Felipe Benítez Reyes (1960 )

El ignorado He cometido crímenes pasionales en Rusia, en los días de la Revolución, confundido con la canalla. He ofrecido mi copa con veneno a reyes destronados y a piratas mordidos por la gangrena. He tenido en mis manos el talle de Eurídice y en Estambul la rosa que nunca se corrompe. He escuchado el dolor de la música en teatros vacíos y arrojado al Mar Muerto candelabros en llamas. Nunca ciñó mi corazón ese anillo quemante –amor lo llaman unos, poder otros– que hace tremar y ciega y funde en una el alma de los seres. Luché con marineros que antes de morir cantaban como niños y hablaban de mujeres de piel hecha de noche, silenciosas como el desierto. Un día de primavera vi morir un caballo blanco que huía de los lobos, y acogí un lobo en mi alma a modo de amuleto. Me confundieron por igual el placer y el dolor y el tiempo ya ha extendido su capa de emperador altivo sobre mí. Inscribid en mi tumba este alejandrino: Son páginas los días de un libro mi...

Alda Merini (1931/2009 )

Pensamiento, yo no tengo... Pensamiento, yo no tengo más palabras. Pero ¿tú qué eres en sustancia? Algo que a veces llora, y a veces da luz. Pensamiento ¿dónde tienes las raíces? ¿En mi alma loca o en mi regazo destruido? Eres tan valiente, voraz, consumes cada distancia; dime para que yo me retuerza como ya hizo Orfeo mirando a su Eurídice, y de este modo pueda perderte en el antro de la locura. ("life vest under your seat", sin c. traducción)

Louise Glück (1943 )

El iris salvaje Al final del sufrimiento me esperaba una puerta. Escúchame bien: lo que llamas muerte lo recuerdo. Allá arriba, ruidos, ramas de un pino vacilante. Y luego nada. El débil sol temblando sobre la seca superficie. Terrible sobrevivir como conciencia, sepultada en tierra oscura. Luego todo se acaba: aquello que temías, ser un alma y no poder hablar, termina abruptamente. La tierra rígida se inclina un poco, y lo que tomé por aves se hunde como flechas en bajos arbustos. Tú que no recuerdas el paso de otro mundo, te digo podría volver a hablar: lo que vuelve del olvido vuelve para encontrar una voz: del centro de mi vida brotó un fresco manantial, sombras azules y profundas en celeste aguamarina. ("life vest under your seat", sin traductor)

Roberto Juarroz (1925/1995 )

17 Detener la palabra un segundo antes del labio, un segundo antes de la voracidad compartida, un segundo antes del corazón del otro, para que haya por lo menos un pájaro que pueda prescindir de todo nido. El destino es de aire. Las brújulas señalan uno solo de sus hilos, pero la ausencia necesita otros para que las cosas sean su destino de aire. La palabra es el único pájaro que puede ser igual a su ausencia. ("life vest under your seat")

Lêdo Ivo (1924/2012 )

Tres 1 "El tránsito" De tu tránsito en la tierra ninguna señal quedará. El viento de la noche arrastra las hojas que pisaste. 2 "La nube y la fuente" 'No llores', dice la nube errante a la fuente. 'Aprende a ser feliz.´ Y, como un poeta, la fuente ríe y llora de felicidad. 3 "El plagiario" El espejo plagia el paisaje que entra por la ventana abierta. ( El soldado raso, fondo editorial fundarte, alcaldía de caracas, traductor: josé carlos de nóbrega, 2014.)

Gloria Fuertes (1917/1998 )

Ya ves qué tontería Ya ves qué tontería, me gusta escribir tu nombre, llenar papeles con tu nombre, llenar el aire con tu nombre; decir a los niños tu nombre escribir a mi padre muerto y contarle que te llamas así. Me creo que siempre que lo digo me oyes. Me creo que da buena suerte: Voy por las calles tan contenta y no llevo encima nada más que tu nombre. ("emma gunst")

Estela Figueroa (1946 )

Mi cuerpo Hay momentos en que mi cuerpo me parece como una casa abandonada. Y no sé si soy yo o es mi fantasma que ha entrado en él por error. ("emma gunst")

Sara Uribe (1978 )

En mi sueño tengo la certeza... En mi sueño tengo la certeza de que una de esas maletas es la de Tadeo. Mamá le puso ese nom- bre porque fue con el que más batalló al nacer. Le ofreció noventa novenas a San Judas si le salvaba al niño. Las rezó y lo bautizó en su honor para que siempre lo alumbrara la esperanza de los desespe- rados. Para que al más pequeño de sus hijos nunca se le olvidara que desde su nacimiento había venci- do la adversidad. ( antígona gonzález, surplus ediciones, Oaxaca de Juárez, 2014)

Uriel Martínez (1950 )

Los frutos Si lo conoces, díselo: que estuve los últimos días del año en otra parte. Si sabes de él, cuéntale: que me fui para no estar esos días fríos en casa. Si te lo encuentras en la calle, en cualquier cantina, en algún templo, dile que el último no vi a nadie. Infórmale que la víspera de año nuevo murieron algunos conocidos, lejanos pero entrañables. No olvides precisarle que los fallecidos fueron incinerados; que las cenizas permanecerán a salvo del viento. Dile por último que un día, en cualquier sitio, en un punto impreciso, caerán frutos; rendidos.