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Mostrando entradas de diciembre, 2016

Mahmud Darwish (1941/2008 )

En esta tierra En esta tierra hay algo que merece vivir: la indecisión de abril, el olor del pan al alba, las opiniones de una mujer sobre los hombres, los escritos de Esquilo, las primicias del amor, la hierba sobre las piedras, las madres erguidas sobre un hilo de flauta y el miedo que los recuerdos inspiran a los invasores. En esta tierra hay algo que merece vivir: el fin de septiembre, una dama que entra, con toda su lozanía, en la cuarentena, la hora del sol en la cárcel, nubes que imitan a un grupo de seres, las aclamaciones de un pueblo a quienes ascienden, sonrientes, hacia su muerte y el miedo que las canciones inspiran a los tiranos. En esta tierra hay algo que merece vivir: en esta tierra está la señora de la tierra, la madre de los preludios y de los epílogos. Se llamaba Palestina. Se sigue llamando Palestina. Señora: yo merezco, porque tú eres mi dama, yo merezco vivir. ("neorrabioso", trad. maría luisa prieto)

Eduardo Errasti (1960 )

Andas diciendo... Andas diciendo por ahí que exijo cierto nivel intelectual a las mujeres para salir conmigo. Por lo visto has olvidado que hubo un tiempo en el que hubiera dado todo por ti. Lo cual demuestra claramente que mientes. ("rua das pretas")

Enriqueta Ochoa (1928/2008 )

El deshollinador En mi centro amanecía Dios con su diamante de agua ensimismada, derramándola allí donde la yerba azul del verbo sin cercos corría limpia escalando hasta el borde de los labios. Pero redonda es la vida y en sus ruedas sorpresivas llegó de improviso el mediodía. El verano golpeó hasta quemar la luz tierna del valle. Anhelante se hizo el aliento, confuso el horizonte. El centro conmovido era un cristal vibrante. La luz se fue cayendo a pedazos. Aturdidas, las palabras subieron desde el fondo de la sangre. Jamás las recibió el papel. Más tarde, el deshollinador las encontró atascadas en la boca del tiro. ("bajo el oro pequeño de los trigos", ed. universidad autónoma de chapingo, méx., 1984)

Alfonsina Storni (1892/1938 )

Tú me quieres blanca Tú me quieres alba, me quieres de espumas, me quieres de nácar. Que sea azucena sobre todas, casta. De perfume tenue. Corola cerrada. Ni un rayo de luna filtrado me haya. Ni una margarita se diga mi hermana. Tú me quieres blanca, tú me quieres nívea, tú me quieres casta. Tú que hubiste todas las copas a mano, de frutos y mieles los labios morados. Tú que en el banquete cubierto de pámpanos dejaste las carnes festejando a Baco. Tú que en los jardines negros del Engaño vestido de rojo corriste al Estrago. Tú, que el esqueleto conservas intacto no sé todavía por cuáles milagros, me pretendes blanca (Dios te lo perdone) me pretendes casta (Dios te lo perdone) me pretendes alba! Huye hacia los bosques; vete a la montaña; límpiate la boca; vive en las cabañas; toca con las manos la tierra mojada; alimenta el cuerpo con raíz amarga; bebe de las rocas; duerme sobre escarcha; renueva tejidos con salitre y agua; habla con lo...

Elsa López (1943 )

Recuerdo el amor que me nacía al tiempo que la lluvia Recuerdo el amor que me nacía al tiempo de la lluvia. Recuerdo los baúles y las colchas de hilo, las flores de lavanda volando por espacios abiertos y felices, aquella despiadada multitud de grillos debajo de las lápidas, y tus besos, pan y aceite, detrás de los postigos. Recuerdo aquellos días cuando tú me besabas tras las torres caídas del castillo y las olas. Y recuerdo las noches naufragando tu cuerpo en aquella penumbra universal del hambre. Yo entonces era otra. Pero no he renunciado ni al amor ni a la herida. ("no me quites paz" blogspot)

Elynor Wylie (1885/1928 )

Huida Cuando los zorros coman las últimas uvas doradas y se mate al último antílope blanco, dejaré de luchar y huiré hacia una casa pequeña que voy a construir. Pero antes me encogeré hasta el tamaño de un hada, con un susurro que nadie entienda haciendo lunas ciegas de todos vuestros ojos y caminos embarrados de todas vuestras manos. Y en vano me buscaréis a tientas en agujeros bajo las raíces del mangle o donde, entre la lluvia que huele a manzanas, los plateados nidos de las avispas cuelgan como frutos. ("otra iglesia es imposible", trad. jonio gonzález)

Wislawa Szymborska (1923/2012 )

Una del montón Soy la que soy. Casualidad inconcebible como todas las casualidades. Otros antepasados podrían haber sido los míos y yo habría abandonado otro nido, o me habría arrastrado cubierta de escamas de debajo de algún árbol. En el vestuario de la naturaleza hay muchos trajes. Traje de araña, de gaviota, de ratón de monte. Cada uno, como hecho a la medida, se lleva dócilmente hasta que se hace tiras. Yo tampoco he elegido, pero no me quejo. Pude haber sido alguien mucho menos individuo. Parte de un banco de peces, de un hormiguero, de un enjambre, partícula del paisaje sacudida por el viento. Alguien mucho menos feliz, criado para un abrigo de pieles o para una mesa navideña, algo que se mueve bajo un cristal de microscopio. Árbol clavado en la tierra, al que se aproxima un incendio. Hierba arrollada por el correr de incomprensibles sucesos. Un tipo de mala estrella que para algunos brilla. ¿Y si despertara miedo en la gente, o sólo asc...

Harold Alvarado Tenorio (1945 )

La poesía ¿Qué eres sino la visión de la noche? Todo lo nocturno te pertenece. Invitas a los espléndidos banquetes de los sueños y a las no menos espléndidas vigilias de la realidad. Viajas con el hombre y la mujer como si fueras la llama de sus ojos, el bordón de su felicidad o el humo espeso de los amaneceres. Para ti, madre del dolor, sólo hay gloria y pesar, el mediodía no está escrito en tus agendas. Ninguna otra cosa eres, poesía, que la más alta sima donde el loco, los mortales, los desheredados de la suerte y la fortuna, encuentran cobijo. Tú, la detestada, la leprosa, la purulenta, eres la mejor de las hembras la mejor madre. la mejor esposa la mejor hermana y la más larga y gozosa de las noches. ("no me quites paz")

Carlos Pellicer (1897/1977 )

Si junto a ti las horas... Si junto a ti las horas se apresuran a quedarse en nosotros para siempre, hoy que tu dulce ausencia me encarcela, la dispersión del tiempo en mis talones y en mis oídos y en mis ojos siento. Yo no sé caminar sino hacia ti, ni escuchar otra voz que aquella noble voz que del vaho borde de la dicha vuela para decirme las palabras que aguzaron el agua del poema. ¡Decir tu nombre entre palabras vivas sin que nadie lo escuche! Y escucharlo yo solo desde el fino silencio del papel, en la penumbra que va dejando el lápiz, en las últimas presencias silenciosas del poema. ("no me quites paz")

Michael O'Loughlin (1958 )

Parnell Street                                         Vendrá la muerte y tendrá tus ojos                     Cesare Pavese Ésta es mi primera dirección: aquí es donde Se abrió mi boca por primera vez. Después de medio siglo Vuelvo a estar aquí, como si la partera del Rotunda Nunca hubiese cortado el cordón. Bellas sombras, mis primeros amores Erguidas en las paradas de bus de Finglas O protegidas en las puertas de entrada de pubs extintos. Aquí está el sótano donde jóvenes poetas Se abofeteaban unos a otros con las zarpas guardadas, Los altillos donde ensayábamos nuestras vidas Como Songs de Leonard Cohen. En los sorprendentemente bellos departamentos de los cincuenta Detrás de las fachadas georgianas, He vuelto a filmar niños Que vieron moverse estatuas religiosas: La última interpretación de los viejos dioses. A...

Chantal Maillard (1951 )

Anduve por el dorso... Anduve por el dorso de tu mano, confiada, como quien anda en las colinas seguro de que el viento existe, de que la tierra es firme, de la repetición eterna de las cosas. Mas de repente tembló el universo: llevaste la mano a tus labios y bostezando abriste la noche como una gruta cálida. Llevabas diez mil siglos despertando y el fuego ardía impaciente en tu boca. ("rua das pretas")

Amalia Bautista (1962 )

Si ya Si ya sé que me quieres, si ya sé que me extrañas. Si ya sabes que vivo secuestrada del recuerdo de ti. Si ya sabes que tengo varias velas encendidas al dios de la esperanza. Si llamas y tu voz me hace temblar lo mismo que una hoja. Si llamo y tu respuesta al otro lado me hace temblar lo mismo que una hoja. Si ya sabemos ambos que ni puedo ni puedes hacer nada. Si ya es mucho cualquier cosa que hacemos, si ya es un mundo entero el montón de las cosas que no hicimos. ("emma gunst")

Hugo Gola (1927/2015 )

¿Ves esa niebla...? ¿Ves esa niebla que anda como desprendiéndose del río, la ves ahora, casi rozando el suelo, acariciante y huidiza sobre los pajonales secos, amarilleados por la escarcha de un otoño desmedido? Son nubes, nubes que han bajado, cansadas de tanto movimiento puro, sin apoyo, deseosas de sentir la solidez tozuda de la tierra, su beso opaco. ("vallejo & co.")

Uriel Martínez (1950 )

La primera helada Sé que de un momento a otro caerá la noche, se irá la luz las reservas de gas LP se habrán agotado. Aunque he consultado mapas de masas polares entiendo que tienen caminos trazados por la errancia. Los pronósticos del clima sólo son eso, buenos propósitos para salvar el día, para no morir después de medianoche. Sé que de un instante a otro caerá la primera helada del año, del mes, de la semana, no de nuestra vida. Sé que los tiestos a modo de bienvenida a casa amanecerán quemados por el frío intenso. Adivino incluso que en el balcón pueden aparecer tiesas de hielo parvadas que perdieron el camino al sur, a donde llamó el verano. No haré nada por las plantas que hasta la semana pasada florecían, pedían más agua y se bebían el sol. Nada haré por mí, ni por ti ni por nosotros; el mapa del mal tiempo nunca nos consideró salvables. [Inédito]

Margaret Atwood (1939 )

Esta es una fotografía mía Fue tomada hace poco. Al principio parece una impresión difuminada: líneas borrosas y manchas grises mezcladas con el papel; luego, mientras la examinas, disciernes algo en una esquina a la izquierda algo así como una rama: parte de un árbol (bálsamo o abeto) que emerge y luego, a la derecha, subiendo a la mitad del cuadro lo que podría ser una leve pendiente, una choza pequeña. Al fondo hay un lago, y más allá, algunas colinas bajas. (La fotografía fue tomada un día después de haberme ahogado. Yo estoy en el lago, al centro de la imagen, justo bajo la superficie. Es difícil decir en dónde exactamente, o decir cuán grande o pequeña soy: el efecto del agua a la luz es una distorsión. pero si observas lo suficiente tarde o temprano me podrás ver). ("periódico de poesía", trad. sergio eduardo cuevas rodríguez)

Sherko Bikas (1940/2013 )

Semillas Éramos millones, éramos viejos árboles, recientes brotes de plantas y semillas. Desde el casco de Ankara llegaron al amanecer ellos nos desarraigaron nos mandaron lejos, muy lejos. En el camino, las cabezas de muchos árboles viejos cayeron, muchas plantas nuevas murieron en el frío, muchas semillas fueron pisoteadas, perdidas y olvidadas. Crecimos delgados como el río en verano Hemos disminuido como bandadas de pájaros hacia la época del otoño Nos hemos reducido a unos cuantos miles Tuvimos las semillas arrastradas por el viento, llegaron a las montañas sedientas otra vez se escondieron dentro de las hendiduras de la roca la primera lluvia la segunda lluvia la tercera lluvia crecieron otra vez Ahora somos de nuevo un bosque Somos millones Somos las semillas, plantas y árboles centenarios ¡El casco antiguo ha muerto! Y ahora tú, el nuevo casco ¿por qué has puesto la cabeza de la lanza debajo de tu mentón? ¿Puedes terminar con nosotros? Pero y...

Meira Delmar (1922/2009 )

El llamado Tú estarás lejos. Yo dejaré la vida como un ramo de rosas que se abandona para proseguir el camino, y emprenderé la muerte. Detrás de mí, siguiéndome, irán todas las cosas amadas, el silencio que nos uniera, el arduo amor que nunca pudo vencer el tiempo, el roce de tus manos, las tardes junto al mar, tus palabras. Si donde estés tú oyes que alguna voz te nombra, seré yo que en el viaje te recuerdo. ("rua das pretas)

Ulrike Draesner (1962 )

loba una chica gris cabello largo oscuro el rostro moreno embadurnado de blanco pequeño, delicada con ropa amplia polar gris pantalón gris zapatos resistentes una niña loba, a su manera de hombros anchos bajando el par de escalones del autobús todavía pequeño ser después de tres días de campamento oliendo a oveja tierra burro como sin palabras ensimismada con una mirada salvaje acosante vino por segundos segundos extraña hacia mí por los escalones del bus un par de escalones un mundo después de tres días tan extraña. teníamos primero que buscar de nuevo dónde nosotros éramos nosotros para empalmar las ideas pegajosas o rejuntadas visibles como manos pobres entre nosotros cuando la, la cargué en los brazos y la toqué más dijo “ay” como si yo tuviera barba en la cara como si mi barba lobezca la hubiera rozado mi mirada lobezca yo había esperado tanto y acaricié ("periódico de poesía", trad. emma julieta barreiro)

Joan Margarit (1938 )

Ser viejo Entre las sombras de los gallos y los perros de patios y corrales de Sanaüja, se abre un agujero que se llena con tiempo perdido y lluvia sucia cuando los niños van hacia la muerte. Ser viejo es una especie de posguerra. Sentados a la mesa en la cocina, limpiando las lentejas en los anocheceres de brasero, veo a los que me amaron. Tan pobres que al final de aquella guerra tuvieron que vender el miserable viñedo y aquel frío caserón. Ser viejo es que la guerra ha terminado. Es saber dónde están los refugios, hoy inútiles. ("página oficial")

Enrique Solinas (1969 )

En la zarza ardiente Desde esta absoluta oscuridad veo a mi padre despedirse con esa dignidad propia de quien conoció el mundo y lo habitó. Acompaño a mi padre en el gesto de su despedida, en esta vida de hospitales donde todo pasado es presente y el futuro es nada más que una conversación. Atrás quedan los días de la noche, las palabras que debían madurar para ser ciertas; queda en el camino la expectativa de lo que no sucedió, la verdad de la belleza, su cuerpo inaccesible. Pero ahora es el silencio, el silencio que grita el silencio en la voz del bosque. Pero ahora es el deseo, el deseo de que el tiempo vuelva hacia atrás, cuando el invierno todavía joven encendía su lámpara mágica y alumbraba el camino de nuestro alegre porvenir. ("otra iglesia es imposible")

José Hierro (1922/2002 )

Con las piedras, con el viento Con las piedras, con el viento hablo de mi reino. Mi reino vivirá mientras estén verdes mis recuerdos. Cómo se pueden venir nuestras murallas al suelo. Cómo se puede no hablar de todo aquello. El viento no escucha. No escuchan las piedras, pero hay que hablar, comunicar, con las piedras, con el viento. Hay que no sentirse solo. Compañía presta el eco. El atormentado grita su amargura en el desierto. Hay que desendemoniarse, liberarse de su peso. Quien no responde, parece que nos entiende, con las piedras, con el viento. Se exprime así el alma. Así se libra de su veneno. Descansa, comunicando con las piedras, con el viento. ("ni un día sin poesía")

Luis Feria (1927/1998 )

Poema Llamadlo sólo agua libre de todo inútil nombre pasajero. Dejad luego que siga su lento respirar ensimismado. ("rua das pretas")

Efraín Barquero (1931 )

La herramienta que hace a los hombres Al encontrarlo después de mucho tiempo lo miré sin verlo porque pensé en la herramienta que hace a los hombres. Lo miré sin verlo lo vi sin ella en las manos y me pareció que las piernas ya no lo sostenían como antes. Había cambiado como todos vamos cambiando. Había cambiado para bien porque sonrió abrio grandes los brazos dio unos pasos en torno como mostrándome que los hombres aunque estén vacíos guardan en el fondo unos granos de esa materia preciosa. Y en los ojos una chispa de ese metal resplandeciente que arrancaron sus manos a los días opacos. ("otra iglesia es imposible")

Marianne Moore (1887/1972 )

El espíritu es una cosa encantadora es una cosa encantada al igual que el lustre en un ala de chicharra subdividida por el sol hastas que las redes son legión. Al igual que Gieseking tocando Scarlatti; al igual que la lezna del ápterix como un pico o el chal para la lluvia de kiwi con sus plumas peludas, el espíritu avanza tanteando como un ciego, sigue su marcha con los ojos fijos en el suelo. Tiene el oído de la memoria que puede escuchar sin tener que escuchar. Al igual que la caída del giróscopo, realmente inequívoca porque la certifica una certeza reinante, es un poder de enérgico hechizo. Es como el cuello de la paloma animado por el sol; es el ojo de la memoria. Es una concienzuda inconsistencia. Arranca el velo; rasga la tentación, la bruma que lleva el corazón, en sus ojos; siempre que el corazón tenga cara; desarma el abatimiento. Es fuego en el cuello irisdicente de la paloma; en las inconsecuencias de Scarlatti. La no-confusión pone a ...

Fabio Morábito (1955 )

En el pasillo... En el pasillo, mientras leo, se abre una puerta y se cierra, se abre y se cierra, y yo espero que acabe su agonía. Dicen que cuando el aire abre y cierra una puerta,, alguien muy cerca está en peligro. Hay que prestar oído, cerrar el libro que leíamos y unirnos a ese rezo; no levantarnos a cerrar la puerta, sino quedarnos quietos y oír, oír hasta sacarle alguna música al crujido. ("alguien de lava", coed. conaculta-era, méx., 2002)

Attilio Bertolucci (1911/2000 )

Retrato de hombre enfermo Éste que ven aquí pintado a la sanguina y en negro y ocupa enteramente el espacioso cuadro soy yo cuando tenía cuarenta y nueve años, envuelto en una bata amplia que cubre la mitad de las manos como si fuesen flores, no deja ver si el cuerpo está sentado o acostado: como el enfermo crónico que es puesto ante ventanas donde se enmarca el día, un día más otorgado a los ojos que se fatigan pronto. Si pregunto al artista, mi hijo quinceañero, a quién quiso pintar, me dice de inmediato: “a uno de esos poetas chinos que tú me hiciste leer, mientras mira hacia fuera, en sus horas finales”. Es verdad, recuerdo ahora haberle regalado ese libro que alegra el corazón de riberas celestes y pardas hojas otoñales; en él sabios, o falsos sabios, poetas graciosamente dejan la vida levantando la copa. Y yo, perteneciente a un siglo que cree no mentir, me reconozco en aquel hombre enfermo mintiéndome a mí mismo: y de él escribo para exorcizar un mal...

Ángel González (1922/2008 )

Dato biográfico Cuando estoy en Madrid, las cucarachas de mi casa protestan porque leo por las noches. La luz no las anima a salir de sus escondrijos, y pierden de ese modo la oportunidad de pasearse por mi dormitorio, lugar hacia el que —por oscuras razones— se sienten irresistiblemente atraídas. Ahora hablan de presentar un escrito de queja al presidente de la República y yo me pregunto: ¿en qué país se creerán que viven?; estas cucarachas no leen los periódicos. Lo que a ellas les gusta es que yo me emborrache y baile tangos hasta la madrugada, para así practicar sin riesgo alguno su merodeo incesante y sin sentido, a ciegas por las anchas baldosas de mi alcoba. A veces las complazco, no porque tenga en cuenta sus deseos, sino porque me siento irresistiblemente atraído, por oscuras razones, hacia ciertos lugares muy mal iluminados en los que me demoro sin plan preconcebido hasta que el sol naciente anuncia un nuevo día. Ya de regreso a casa, cuando me cr...

Uriel Martínez (1950 )

AIDS Arrojé a la corriente de aguas negras la colilla del último Marlboro. Cuando vi que iba aguas abajo alcancé a ver que se abría. Al abrirse, el carmín de mis labios se fundió con las heces fecales, etc. Así pasó con mi saliva, con mis noches, con tu boca, tu sangre y su cauce. Como un bolero de 78 RPM te fuiste en escenas b/n con un traspié de fox-trot. Sin que nada ni nadie te detuviera, ni el otoño, ni las estrellas, ni el rojo Aids que vi llegar a tu vida. ("la biblioteca de marcelo leites", 14. V. 2015)

Philippe Jaccottet (1925 )

El ignorante Cuanto más envejezco, más crezco en ignorancia, cuanto más he vivido, menos poseo y menos reino. Todo lo que tengo es un espacio alternativamente nevado o brillante, pero nunca habitado. ¿Dónde está el dador, el guía, el guardián? Permanezco en mi cuarto y de momento me callo (el silencio, como un sirviente, viene a poner un poco de orden), y espero a que las mentiras se aparten una a una: ¿qué queda? ¿Qué le queda a quien muere que le impide morir? ¿Qué fuerza le hace hablar aún entre sus cuatro paredes? ("el poeta ocasional", trad. rafael-josé díaz)

Raymond Carver (1938/1988 )

En Suiza Lo primero que hay que hacer en Zurich es tomar el trolebús No. 5 al zoológico hasta el fin  del recorrido y bajarse. Ir sabiendo lo de los leones. Cómo  sus rugidos pasan desde el complejo del zoológico al cementerio de Flutern. Allí camino por el hermosísimo sendero que lleva a la tumba de James Joyce. Siempre fue un hombre de familia, está aquí con Nora, su mujer, por supuesto. Y su hijo, Giorgio, que murió hace unos años. Lucía, su hija, el gran dolor de su vida, aún vive, aún confinada en un sanatorio psiquiátrico. Cuando le trajeron la noticia de la muerte de su padre, dijo: ¿Qué está haciendo ese idiota  bajo tierra? ¿Cuándo le va a dar por salir? Nunca nos quita el ojo de encima. Me quedé un rato. Creo que le dije al señor Joyce alguna cosa en voz alta. Debo haberlo hecho. Sé que debí hacerlo. Pero ahora no recuerdo qué y tengo que dejar las cosas así. Una semana después de aquel día, partimos de Zurich en tren a Lucerna....

Zbigniew Herbert (1924/1998 )

Un país En la misma esquina de este viejo mapa hay un país que añoro. Es la patria de las manzanas, las colinas, los ríos perezosos, del vino agrio y el amor. Por desgracia una gran araña tejió sobre él su tela y con su viscosa saliva cerró las puertas del sueño. Y es siempre así: el ángel con la espada de fuego, la araña y la conciencia. ("marcelo leites", trad. xaviero ballester)