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RB sin anteojos

“¿Ya viste lo que más me impresionó?” La voz de Gustavo Nielsen surge desde atrás como suele irrumpir la voz del escritor Nielsen, con gestualidad exuberante, mientras uno intenta analizar los cambios que Roberto Bolaño hizo a las versiones de sus manuscritos en la muestra Archivo Bolaño que se inauguró en el C.C. Recoleta. Impresionan varias cosas de la exposición: la cantidad de obras que todavía quedan inéditas según la cronología creativa de 1979 a 2003; la letra aniñada, prolija, imperturbable, en los cuadernos donde escribió sus obras; las fotografías de diferentes épocas donde se lo puede ver –siempre– con el perfil salvaje de poeta infrarrealista. Pero el tema aquí no es lo que impresiona al visitante, sino lo que le impresiona a él. A Nielsen. Y entonces me conduce hasta el final de la última sala, donde ubicaron, a lo lejos, su máquina de escribir. “Eso es lo que me impresiona, ¿ves? Eso es lo que está mal, eso es lo que me dejó temblando”, dice Nielsen, y no s...

Insaciable Bolaño

Como colofón al año que acaba, en el que se conmemora el décimo aniversario de la muerte del narrador y poeta chileno Roberto Bolaño, la Biblioteca Nacional de España le rindió hoy un homenaje en el que se destacó su faceta de lector: “Soy más feliz leyendo que escribiendo”, decía el autor de “2666″. “El bibliotecario valiente” fue el título del homenaje, un nombre que utilizó Bolaño en un artículo dedicado en 1999 a Borges, uno de los escritores que más influyó en su obra junto con Balzac, Melville, Baudelaire, Rimbaud o Sebald, indicó Rubén Aria. Aria participó con una conferencia sobre el mapa de la biblioteca de Bolaño junto a Ignacio Echevarría, albacea literario del escritor y coordinador del acto, y al también escritor y amigo del homenajeado Rodrigo Fresán. Para acotar algo tan difícil de limitar como las lecturas e influencias de Bolaño (Santiago de Chile, 1953-Barcelona,2003), escritor convertido ya en mito desde su muerte, un autor prolífico, de culto; uno de los gran...

Bolaño en Argentina

“Bolaño es un maestro de la pasión y de la intensidad, un maestro que como todo maestro verdadero es también un amigo para sus lectores. Un amigo que narra y poetiza como pocos los sueños rotos de toda una generación y que, al mismo tiempo, nos enseña a seguir buscando incansablemente ‘lo nuevo, lo que siempre estuvo ahí’. Nos enseña a no repetirnos, a no claudicar, nos incita a crear y a vivir con amor, aunque sepamos que el desamor puede ser torrencial y que la batalla está perdida de antemano.” Con esas palabras el argentino Juan Insua, curador de la muestra Archivo Bolaño, ha definido al autor de Estrella distante en una entrevista publicada en la revista Terminal . Ha llegado a ellas tras escarbar en sus papeles, libretas, notas y fotografías, tras recorrer con la vista y las manos sus textos inéditos y reconstruir sus procesos creativos siguiendo los apuntes, destacados y referencias, recortes y hasta dibujos que utilizó el escritor chileno. Archivo Bolaño, que inaugura en el...

Carla Rippey habla

Una de las participantes en el reciente congreso literario “Estrella distante”, organizado en julio a propósito de los diez años de la muerte del escritor  Roberto Bolaño, fue la artista plástica estadounidense Carla Rippey, quien lo conoció en México en 1974 y aparece como “Catalina O’Hara” en la novela “Los detectives salvajes”. Bolaño “vivió una vida que se presta para el mito”, fue una de las cosas de Rippey señaló en su ponencia “El Bolaño perdido y fragmentariamente recuperado”, donde evocó la amistad que la unió con el autor chileno, con quien mantuvo un intermitente contacto epistolar hasta su muerte en 2003. La artista ilustró su primer poemario, “Reinventar el amor” (1976), y además participó en 2011 en un homenaje de artistas visuales a Bolaño con la obra “Mujeres pensando en meteoritos”. “Mi personaje (Catalina O’Hara) es menor y salí bien liberada, comparada con muchos”, señala Rippey, que asegura que “al menos en parte” la obra surgió como una espe...

El Bolaño disecado en un Archivo RB

No es difícil imaginar el desconcierto que habrán sufrido los fans norteamericanos al ver Archivo Bolaño, la muestra que el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona organizó entre mayo y junio en homenaje a los diez años de la muerte del escritor. Atraídos por el aura dark que lo hizo célebre en Estados Unidos, se habrán topado con esas salas a media luz, esa sobria colección de manuscritos mudos, ese silencio de abadía climatizada, y se habrán mirado estupefactos: ¿Qué es este chiste? ¿Qué tienen que ver estos modales de convento, esta cautela refinada, todo este derroche de devoción y recogimiento con el rock’n roll, la sordidez, los sopapos de romanticismo salvaje que nos prometía nuestro escritor heroinómano venido del sur? Naturalmente, los curadores de la muestra no tenían por qué responder a las expectativas más o menos descabelladas que despertó en los norteamericanos –los pocos norteamericanos que aún leen literaturas extranjeras– el abuso de interpretación extraordinari...

RB, la mística del kamikaze

Entre 1973 y 1976, en las mesas del café La Habana de la calle Bucareli, en México, un grupo de estudiantes de Filosofía y Letras de la UNAM quiso fundar un movimiento literario. Fue un grupo de acción radical más conocido por sus molestas irrupciones en eventos literarios que por el par de antologías que publicaron ( Pájaros de calor , 1976, Muchachos desnudos bajo el arcoiris de fuego , 1979) o por una revista efímera (de sólo un número) que salió entre octubre y noviembre de 1977. Estaban inspirados por el espíritu del estridentismo de los años veinte y proponían un retorno a una poesía lumpen, que reinvidicaba la autodestrucción, la libertad sexual y la vanguardia. Hubieran quedado en el olvido de no ser por uno de ellos: Roberto Bolaño, fumador militante, poeta mediocre y agitador insolvente, que transformó esa prehistoria en mito en su novela Los detectives salvajes , publicada en 1998. En los diez años que pasaron desde su muerte el 15 de julio de 2003, este chileno exiliado en...

RB, puerta tras puerta

En la prospección de los infinitos estratos que conforman la obra de Bolaño es posible que estemos todavía excavando en la superficie. Así lo cree, por ejemplo, Alejandro Zambra: “Bolaño es casi infinito; estamos muy lejos de agotarlo”. El escritor chileno habla en una mesa redonda organizada por ElCultural.es para diseccionar la figura del inabarcable autor de 2666 . La ocasión la brinda la Semana de Autor, celebrada durante esta semana en la Casa de América (lugar también de esta charla a muchas bandas), y que este año se centra en exclusiva en él. Junto a Zambra toman asiento también el editor Jorge Herralde, el crítico Ignacio Echevarría, el poeta y profesor mexicano Rubén Medina y el escritor argentino Patricio Pron. Para radiografiar a Bolaño no está de más empezar por la persona, más allá del escritor, aunque, como advierte de entrada Pron, “es la parte menos interesante de Bolaño”. No es cuestión de ponerlo en duda, sobre todo porque no le falta razón: lo más interesante de l...

RB o los primeros años

El Café la Habana está situado en la esquina de la calle Morelos con Bucarelli, en Ciudad de México. Allí, según la leyenda, se reunían en los años 50 Fidel Castro y el Che Guevara a planear su desembarco en Cuba. En la década de los años 70, otro tipo de revolucionarios -más jóvenes, igual de beligerantes- también se encontraban ahí para complotar: los infrarrealistas, encabezados por un joven chileno de gafas, pelo largo y un eterno vaso de café con leche en las manos. Roberto Bolaño. "Era donde nos reuníamos y bebíamos. Llegaban los infrarrealistas, los amigos del infrarrealismo, los medio infrarrealistas... A veces de ahí se partía en vagancia, en los recorridos por las calles de México que era la otra parte: café y la cosa deambulatoria". Así lo recuerda el poeta peruano José Rosas Ribeyro, integrante de los infras , un movimiento furiosamente contestatario y marginal. Rubén Medina, Verónica Volkow y José Rosas Ribeyro aparecen (con nombres distintos...

Mario Santiago se fue de aquí

Uno se imagina la calle y la carretera, las noches de Jack el destripador y los días de Jack Kerouac. Uno se imagina que Mario Santiago Papasquiaro y Roberto Bolaño hicieron del Café la Habana un Manhattan providencial, una sucursal de la gran fábrica de la poesía. Bolaño es Kerouac (él hubiera querido ser Allen Ginsberg), Neal Cassady es Mario Santiago. Uno piensa que quizá Bucareli de noche se transforma en el Rothschild Boulevard de Tel Aviv, en la Diagonal terrible de Barcelona que se cruza con la Javier Prado en Lima. Quién sabe. Se fueron por el mundo pero aquellos años juveniles se les quedaron grabados a fuego. Toda literatura surge de la infancia y se completa en la adolescencia: no se deja nunca de narrar la adolescencia. A estas alturas del poema es hasta ingenuo descubrir a Roberto Bolaño, convertido en un santón contemporáneo. Escritores y escribidores, todos han leído a Bolaño y los que no lo han hecho de todos modos tienen una opinión sobre él. Una opinió...

Los Infrarrealistas y el odio

En agosto de 1976, un grupo de escritores latinoamericanos, comandados por el chileno Roberto Bolaño y el mexicano Mario Santiago Papasquiaro, fundaron el movimiento infrarrealista. A más de 35 años de distancia, esos escritores “infras” viven más en la leyenda edificada por Bolaño en su novela Los detectives salvajes -donde los llama “realvisceralistas”- que en la realidad; casi como en la novela, en la vida real ese grupo de poetas no dejó textos escritos ni documentación poética por ninguna parte. Fuera de Bolaño y Bruno Montané -considerados sus guías y teóricos-, de Mario Santiago Papasquiaro y acaso de Pedro Damián Bautista, el infrarrealismo es más un momento que un movimiento literario. Para algunos estudiosos, ensayistas y poetas, ellos fueron un pequeño grupo de amigos pero no un movimiento; para otros, fue una rebelión vitalista. En este 2013, cuando se cumplen 15 años de la muerte de Papasquiaro, ocurrida en la ciudad de México el 10 de enero de 1998, y una década del fal...

Bolaño me tomó el pelo

Pese a lo aparente, aproximarse a la figura de Roberto Bolaño no es una tarea que haya concluido. Pareciera lo contrario, por las exhaustivas lecturas que de su obra se han desprendido. Sin embargo, el acercamiento hacia su producción se ha visto eclipsado por la fama suscitada por su persona. El escritor como la estrella de pop. Existen análisis presurosos que se han dedicado a exaltarlo hasta la incongruencia. Son contados aquellos que han tenido la suficiencia de acercarse a su obra, que no es poca, con el objeto de alejarse del mito. Bolaño fue un pésimo escritor (lean Los detectives salvajes con atención). Pero no es su peor cualidad. Su mayor defecto fue siempre su incapacidad para concluir sus libros. Y aquellos que finalizó no se encuentran dentro de lo mejor de su biobibliografía. Títulos blandos, endebles, badulaques, que sólo nutren un catálogo. Algunos ejemplos de su poca habilidad para terminar sus libros: la póstuma 2666 , se presume que se trata de una obra concluida, ...

Todas las calles llevan tu nombre, Mario Santiago

Venía de México. Era 1977 y Roberto Bolaño aterrizaba en Barcelona. Tenía 24 años y se instalaba en una pieza de un viejo edificio en la calle Tallers. "El piso era tan precario que no tenía ni ducha", recordaría su amigo Antoni García Porta. En Barcelona, Bolaño hizo sus primeras amistades literarias tras dejar en el DF al grupo de poetas "infrarrealistas". Sin embargo, pronto escapó otra vez. "Necesitaba irme a algún sitio donde no conociera a nadie", diría el escritor nacido en Santiago en 1953. Así llegó a Gerona, donde arrendó una pieza en el barrio Las Pedreras. Con el permiso de residencia vencido, vendía por las tardes artesanía en la calle. En las mañanas escribía. Con los años, otro escritor desconocido por entonces, Javier Cercas, diría: "Tenía un aire de hippie, de esos que andan vendiendo baratijas". Era un futuro incierto, pero Bolaño vivía con una certeza: sería escritor. El autor de Los detectives salvajes se c...

Mario Santiago entre nosotros

La incesante proliferación, a una y otra orilla del Atlántico, de pequeños sellos editoriales, animados por un espíritu más o menos empresarial, constituye un fenómeno notable que ha dado lugar a toda suerte de especulaciones, casi todas plausibles. A la hora de explicárselo, sin embargo, conviene subrayar convenientemente un dato fundamental: publicar libros no es un empeño que reclame, de partida, un capital demasiado importante. Cuenta más tener convicciones claras, cierta capacidad de entusiasmo (pero también de sacrificio), y esa tendencia a la divulgación de las propias querencias que algunas veces admite ser confundida con la generosidad. No pocos sellos editoriales son fruto, antes que nada, de una exaltada complicidad, de devociones compartidas, de apasionadas conversaciones que terminan convirtiéndose en conspiraciones para ver publicados determinados libros que de otro modo podrían tener dificultades para existir finalmente. Así parece haber ocurrido con Ediciones Sin Fin...

Bolaño, Casanova siglo XX

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Había que cruzar Barcelona para llegar al teléfono, pero valía la pena: si movías los cables indicados, podías llamar fuera de España y no pagar un peso. Roberto Bolaño sabía hacerlo y caminó una hora para dar con la cabina. Lo acompañó Antoni García Porta y durante el trayecto echaron a andar el plan de una novela que años después publicarían bajo el nombre de Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce. Corría 1979, el chileno llevaba dos años en España, apenas tenía para comer, sabía que su destino era ser un escritor, trabajaba como nochero de un camping y había sido flechado por una mexicana. A eso iba Bolaño al teléfono: a llamar a Edna Lieberman a México y pedirle que regresara a Barcelona. Edna regresó a los pocos días, directamente a vivir con Bolaño en la calle Tallers. Meses después, la relación era un infierno. Un día ella se fue. Bolaño la lloró un rato. Nunca la olvidó: Edna Lieberman, a veces con su nombre, otras bajo uno similar, aparece en casi toda...