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Mostrando entradas de septiembre, 2015

Eliseo Diego (1920/1994 )

El payaso Allá el payaso por el aire viene no se sabe de dónde ni se sabe cómo; precédelo su roja, planetaria nariz; siguen los ojos que han visto el fin de la función y pueden aún sonreír; luego la boca que no le sirve, no, para comer; los pantalones hecho de pompa y de mohín; las botas buenas para no estar;                 pero así viene a empellones de gloria,               a puntapiés, trastabillando de aire en casi nada, de tumbo en vuelo, de milagro desde la sombra hasta el candil, desde el silencio al ser. ("premio de literatura latinoamericana y del caribe juan rulfo," 1993)

Marcelo Díaz (1981 )

Newton y yo La manzana que cayó durante la siesta de Newton descansa en mis manos como un agujero negro hambriento de sentidos. La muerte de los cometas cabe en su núcleo. Escribo el poema con lo que tarda un rayo de luz en aparecer en el mundo. Newton sabía que los árboles trabajan a la inversa de la gravedad, lo leyó debajo de sus píes: en cada hombre, comprimida, hay una descarga universal del tamaño de un planeta. ("marcelo leites")

Cecilia Romana (1975 )

Maldonado A veces la vida toma la forma de un pez o la de un bastidor sin tela. Cada cual lleva en sí mismo el molde de la suya. Nadie escapa a ese plan. Con el tiempo el presagio se hace carne. ("marcelo leites")

Miguel Torga (1907/1996 )

Ejercicio espiritual Horas finales de la vida. Cuántas, no lo sé. Pero las que fueren, sean de poesía. Nimbadas por la gracia Del claro entendimiento Y de la pura emoción. Horas de exaltación Serena. De tal modo pensadas y sentidas Que, después de vividas, Nada más valga la pena. ("cara lusitania, poetas portugueses contemporáneos", ed. aldvs, méxico, 2010, tr. f. cervantes)

Juan Bonilla (1966 )

El viajero Allí de donde vengo nadie me retenía. Sé que nadie me espera donde voy. Por la ventana inmóviles desfilan los paisajes. Sería hermoso no llegar a ningún sitio. Permanecer así: viajando de un lugar que ya no existe a otro que jamás existirá. ("rua das petras")

Fernando del Paso (1935 )

Que te acaricie yo, tus pechos, ave... Que te acaricie yo, tus pechos, ave, como rezar las cuentas de un rosario. Y que mi amor badajo y campanario te lo repique yo, que yo te clave. Que sean mis manos, de tus muslos, llave. Tu rosa, de mis dedos, relicario, y en su fronda la lengua de un canario con mi lengua, la sal, que yo te lave. Nada más eso pido, quiero, ruego. A eso me dedico y adorarte a quererte, y a eso me consagro. Y te juro, las manos sobre el fuego, que volveré otra vez a codiciarte cada vez que cumplas el milagro. ("premio fil de literatura 2007")

Héctor Viel Temperley (1933/1987 )

Hay unos sauces... Hay unos sauces quietos como yo, desde hace horas. Pero las hojas de un olmo —como por un hilo unidas al olmo y, sin embargo, toda la luz del olmo— se conmueven y brillan en cuanto sopla el aire. Sin tocar con sus hojas ni molestar a nadie, un único olmo se estremece y baila por el hombre y los sauces, quietos desde hace horas. ("la biblioteca de marcelo leites")

Norah Lange (1905/1972 )

Tarde a solas Vacía la casa donde tantas veces las palabras incendiaron los rincones. La noche se anticipa en el plano mudo que nadie toca. Voy a solas desde un recuerdo a otro abriendo las ventanas para que tu nombre pueble la mísera quietud de esta tarde a solas. Ya nadie inmoviliza las horas largas y cerradas tanto pudor de niña. Y tu recuerdo es otra casa Y mis latidos forman una hilera de pisadas grande y quieta por donde yo tropiezo sola. que van desde su puerta hacia el olvido. ("emma gunst")

Natalia Ginzburg (1916/1991 )

No podemos saberlo No podemos saberlo. Nadie lo ha contado. Tal vez allí no haya más que una red desfondada, cuatro sillas despanzurradas y una vieja zapatilla roída por los ratones. Puede ser que Dios sea un ratón y que corra a esconderse cuando lleguemos. O tal vez sea también la vieja zapatilla roída y destrozada. No podemos saberlo. Tal vez Dios tenga miedo de nosotros y huya, y durante mucho tiempo tengamos que llamarle una y otra vez con los nombres más dulces para que vuelva. Desde un punto lejano de la habitación. Él nos observará inmovil. Tal vez Dios sea pequeño como una mota de polvo, y solo podamos verlo en el microscopio, minúscula sombra azul en el portaobjetos, minúscula ala negra perdida en la noche del microscopio, y nosotros ahí de pie, mudos, mirando ansiosos. Tal vez Dios sea grande como el mar, y espumee y truene. Tal vez Dios sea frío como el viento invernal, tal vez aúlle y retumbe como un ruido ensordecedor, y debamos llevarnos las mano...

Juan Vicente Piqueras (1960 )

Yo que tú Yo que tú me amaría, llamaría, no perdería tiempo, me diría que sí. No dudaría más, escaparía. daría lo que tienes, lo que tengo, por tener lo que das, lo que me dieras. Me soltaría el pelo, lloraría de gozo, cantaría descalza, bailaría, le pondría a febrero un sol de agosto, moriría de gusto, no pondría ningún pero a este amor, inventaría nombres y verbos nuevos, temblaría de miedo ante la duda de que fuese sólo un sueño, me iría para siempre de ti, de allí, conmigo. Yo que tú me amaría. Me diría que sí, me faltaría tiempo para correr hasta mis brazos, o al menos, qué sé yo, respondería a mis mensajes, a mis tentativas de saber qué es de ti, me llamaría, qué va a ser de nosotros, me daría una señal de vida, yo que tú. ("life vest under your seat")

Uriel Martínez (1950 )

El amado VI señor, luego de años reanudo las noches de incienso y sosiego; sé que las resinas provocan alergias en vías respiratorias tiernas; que despiertan erupciones en dermis infantas, de criaturas como islas; pero no importa si para rendirme a vos trastorno branquias y pleuras; no te invoco, no te llamo, no pido nada para mí ni hablo a nombre de nadie; esta oración, este conjuro sólo persigue ondas concéntricas que apaguen una sed en llamas.

Constantino Cavafis (1863/1933 )

En los peldaños Mientras bajaba por la infame escalera, tú salías por la puerta, y por un momento vi tu rostro nada familiar y tú me viste. Luego me escondí donde no me vieses de nuevo, y tú pasaste rápido ocultando tu rostro, y te metiste a la casa infame donde no podrías encontrar placer, como yo no lo había encontrado. Y aún así, el amor que buscabas, yo lo tenía para dártelo; el amor que yo quería– tus ojos me lo dijeron tus cansados y desconfiados ojos– tú lo tenías para dármelo. Nuestros cuerpos se sintieron y se buscaron; nuestra sangre y nuestra piel entendieron. Pero ambos nos ocultamos turbados. ("el poeta ocasional", s/c al traductor)

Niels Frank (1963 )

Retrato con una pizca de verdad Él es un mal poeta: no  sabe  leerse a  sí mismo; está ciegamente enamorado  de  sus  propios  poemas.  Se  siente  agradecido  ante la menor  señal  de  que  también  ellos  están  enamorados  de  él. Él es un mal poeta: todos sus poemas confirman hasta el extremo las expectativas que ha puesto en ellos. Él es un mal poeta: la poesía no ha llegado a serle comprensible, conceptual; no tiene frialdad ni cinismo. Es miope. Él es un mal poeta: es pedante con las palabras, las acomoda, las peina, para que ninguna se le erice. Él es un mal poeta: todos sus poemas son solicitudes para alcanzar la inmortalidad instantánea. ("la biblioteca de marcelo leites",traducción de thomas boberg y renato sandoval)

Raymond Carver poeta

Al menos Quiero levantarme temprano una vez más, antes de que salga el sol. Antes que los pájaros, incluso. Quiero echarme agua fría a la cara y sentarme a mi mesa de trabajo cuando el cielo empieza a iluminarse y aparece el humo en las chimeneas de las casas vecinas. Quiero ver cómo rompen las olas entre las rocas, no sólo oírlas como por la noche mientras duermo. Quiero ver de nuevo los barcos que llegan de cualquier parte del mundo y cruzan el Estrecho, los cargueros viejos y sucios que apenas se mueven, los nuevos buques de carga pintados de todos los colores bajo el sol tan rápidos que cortan el agua a su paso. No quiero perderlos de vista, ni tampoco la pequeña barca que avanza entre ellos o la estación del práctico al lado del faro. Quiero ver cómo bajan a un hombre del barco y suben a otro a bordo. Quiero pasarme el día viendo estas cosas y sacar mis propias conclusiones. Detesto parecer egoísta -tengo muchos motivos para estar agradecido- pero quie...

Zbigniew Herbert (1924/1988 )

La gallina La gallina es el mejor ejemplo de a qué conduce la íntima convivencia con la gente. Perdió por completo su ligereza y gracia de ave. La cola resalta encima de su prominente trasero como un sombrero demasiado grande de mal gusto. Sus raros momentos de éxtasis cuando se para en un pie y pega sus redondos ojos con membranosos párpados son impresionantemente asquerosos. Y además esa parodia del canto, degolladas súplicas sobre una cosa inefablemente ridícula: un redondo, blanco y sucio huevo. La gallina recuerda a algunos poetas. ("la biblioteca de marcelo leites", trad. de jan herbert)

Frederick Seidel (1936 )

Homenaje a Pessoa Una vez amé, Pensé que podría ser amado, Pero no fui amado. No fui amado por la única razón que importa - No podía ser. Me desabotoné los guantes blancos y me los saqué. Dejé de lado mi bastón con empuñadura de oro. Levanté esta pluma... Y pensé cuántos otros hombres Habían olido la rosa en el florero Y alzaron una pluma fuente, Y alzaron una montaña... Y pusieron la escopeta en su boca, Y observaron que su perro de caza señalaba la presa. ("caina bella", s/c al traductor)

Óscar Hahn (1938 )

Movimiento sísmico Tuve una vez un gran amor que derribó mi casa agrietó mis puentes y me hizo perder el equilibrio Después vinieron las réplicas: amoríos de baja intensidad que ni siquiera me hicieron temblar En cuanto al gran amor ay mísero de mí todavía respira debajo de las ruinas ("la primera oscuridad", fce, santiago de chile, 2011)

Cristina Peri Rossi (1941 )

Escoriación Herida que queda, luego del amor, al costado del cuerpo. Tajo profundo, lleno de peces y bocas rojas, donde la sal duele y arde el yodo, que corre todo a lo largo del buque, que deja pasar la espuma, que tiene un ojo triste en el centro. En la actividad de navegar, como en el ejercicio del amor, ningún marino, ningún capitán, ningún armador, ningún amante, han podido evitar esta suerte de heridas, escoriaciones profundas, que tienen el largo del cuerpo y la profundidad del mar, cuya cicatriz no desaparece nunca, y llevamos como estigmas de pasadas navegaciones, de otras travesías. Por el número de escoriaciones del buque, conocemos la cantidad de sus viajes; por las escoriaciones de nuestra piel, cuántas veces hemos amado. ("rua das petras")

Vitorino Nemésio (1901/1978 )

Retrato Cruel como los asirios, Lánguido como los persas Entre estrellas y cirios Cristiano sólo en las conversas. Árabe en el sosiego, Africano en el ardor, En el cuerpo, ¡griego, griego! Hombre, sea donde fuere. Romano en la ambición, Oriental en el ardid, Latino en la pasión, Europeo por sutil. Hombre soy, hombre solamente (Pascal: "ni ángel ni bruto") Cristianamente, del polvo Me levante impoluto. ("cara lusitania", ed. aldvs, trad. fco. cervantes, méxico, 2010)

Javier Galarza (1968 )

Efecto Pigmalión Como el rey Pigmalión, que abjuró del mundo y solo de lecho, se dedicó a esculpir en marfil estatuas de mujeres a las que amar. Como ese mismo rey, que un día logró la escultura más hermosa que mortal alguno haya soñado. Y se enamoró de su creación y durmió junto a ella y vistió a la efigie y la adornó y la besó con pudor y palpó las formas frías de su Galatea. Y no siendo suficiente ese sueño, ese mismo sueño, pidió a la diosa Venus que le diera vida y Galatea cobró temperatura y humedad y habló y dijo: estoy viva porque creíste en mí, porque me amaste hasta darme realidad, pero como los poemas, lo creado no nos pertenece, y debo partir y hacer mi camino y aprender a crear belleza por mí misma y a ser un poco de este mundo que me espera. Así como Pigmalión o los poemas, lo solo y desprovisto debe seguir probando formas, posando las yemas de los dedos en la belleza, para aprender a perderla. ("griselda garcía")

Charles Simic (1938 )

Descripción de una cosa perdida Nunca tuvo un nombre Ni me acuerdo cómo lo encontré. Lo llevé en mi bolsillo Como un botón salido, Sólo que no era un botón. Películas de terror, Cafés abiertos toda la noche, Baños oscuros Y salones de pool En calles resbalosas por la lluvia. Tuvo una vida tranquila y sin tacha Como una sombra en un sueño, Un ángel en la pared, Y luego desapareció. Los años pasaron con su fila de estaciones sin nombre. Hasta que alguien me dijo ¡esto es! Y como el tonto que soy, Me bajé en un andén vacío Sin ningún pueblo a la vista. ("hasta donde llega la voz", versión tom maver)

Christian Peña (1985 )

Perder un padre Perder un padre como se pierde una pierna o una mano. Perder un padre es quedarse sin ojos para su paisaje. Escucho las oraciones de  mi mujer, pidiendo para su padre; la voz con la que nunca me ha llamado, los secretos que jamás me ha com partido, el lenguaje a señas de la ausencia. Una voz más oscura y apartada que el eco. Una voz concebida para llamar fantasmas. En la noche oigo sonidos en la cocina. Escucho cómo los trastes se acomodan en la alacena; el rojo ruido del comal sobre la lumbre,  la puerta del refrigerador cerrándose de golpe, las cucharas y su con- cierto de metales dormidos, el cuchillo rebanando una cebolla. Mi mujer se ha quedado dormida después del rezo. En su cabello recostado la noche enciende su misterio. Desde su muerte, cuando menos una noche por semana, mi suegro se instala en la cocina; guisa viejos hábitos para la cena. Mi suegro es el único fantasma que he visto; la última vez que lo visité en vida, me preparó ch...

Arnaldo Antunes (1960 )

Después del cielo... El cielo. Queda encima. El cielo queda encima del suelo. Desde adentro del avión el cielo queda en los alrededores, el cielo. Del suelo no pasa. Más allá del campo gravitacional de la tierra ya pasa a ser el espacio. El cielo. Está desde el inicio del comienzo del principio. El cielo continúa. Encima del cielo hay más cielo. Y después del cielo del cielo hay más cielo. Y después del después del cielo del cielo ningún planeta, ningún cometa, ningún meteorito. Sólo cielo y cielo y cielo sin fin ni infinito. ("la biblioteca de marcelo", trad. martín palacio gamboa)

Eugénio de Andrade (1923/2005 )

Arte de navegar Ve cómo el verano súbitamente se hace agua en tu pecho, y la noche se hace barco, y mi mano marinero. ("cara lusitania, poetas portugueses contemporáneos", trad. fco. cervantes, ed. aldvs, méxico, 2010)

Uriel Martínez (1950 )

El amado V Señor, dichoso de mí que es lunes, un lunes sin conflictos que enciendo un tabaco mientras escucho a Los Beatles en la noche que repaso poemas ya escritos mientras pasa velozmente el tren el tren de la vida el tren de la muerte el tren de nada señor, dichoso tú que nada esperas ni a nadie que te acicalas eternamente ciego la cabellera en llamas.

Piedad Bonnett (1951 )

Oración Para mis días pido, Señor de los naufragios, no agua para la sed, sino la sed, no sueños sino ganas de soñar. Para las noches, Toda la oscuridad que sea necesaria para ahogar mi propia oscuridad. ("life vest under your seat")

Amy Lowell (1874/1925 )

 Pasa un año Más allá de la cerca de porcelana del jardín público, Oigo las ranas en los arrozales verdeazulados; Pero la afilada espada de la luna Ha cortado mi corazón en dos. ("otra iglesia es imposible",versión de jonio gonzález)

John Better (1978 )

Diez minutos Tres minutos conmigo mismo Cuatro minutos conmigo mismo Yo desde un piso quince Seis minutos conmigo mismo Siete minutos conmigo mismo Yo desde un piso quince Nueve minutos conmigo mismo Ya son las diez de la noche Ya es un pedazo de cielo ("china white, los cantos oscuros de sioux vidal", ed. pluma de mompox, sa, cartagena de indias, 2011)

Geraldino Brasil (1926/1996 )

Materia prima Si escribo esta palabra, Tierra, sudo como un labriego con su arado. Tengo agua y un pedazo de pan en mi cuarto, algunos libros que guardan los padecimientos humanos, la ventana, el enorme dolor de las calles, mi lecho, el deseo de tu cuerpo, y el recuerdo de mi madre, convencida de que escucho sus consejos. Si escribo esta palabra, Tierra, empiezo a parir un poema y eso me extenúa, pues el problema es que la palabra tierra no me deja descansar, y como el cuarto del poeta no se hizo para dormir he de escribir esta palabra –Tierra, por todo el resto de la noche. Si escribo la palabra Cielo para confortar mi espíritu, si escribo la palabra Cielo, el verso ocupas, una honra, Señor, pero tengo que salirme del cuarto y mirar el verso desde lejos, como un tejedor de pantuflas que termina su trabajo. ("apología de la luz", s/c al traductor)

Joan Margarit (1938 )

Pareja Por el camino que vemos desde casa ya nunca viene nadie. Lo ha cubierto la hierba: sólo se ven los mirlos nerviosos picoteando en la tranquila ausencia. Es un camino sin retorno, y la casa perdura lentamente envuelta con frecuencia por la niebla. Aquí dentro el recuerdo se hace acogedor. Acogedor y triste, porque nada ampara como lo hace la tristeza. El amor es ahora mirar por las ventanas porque el pasado es una fiesta para nosotros solos. ("Instantes")