Lemebel en un mall burgués, la FIL
“Yo muerdo la mano”, dice Pedro Lemebel con ese hilo de voz que le dejó el cáncer. “Una voz como la del Doctor Mortis”, precisa. Las luces están apagadas y él de negro entero sobre una pantalla con imágenes del Santiago y el mar, pone en escena la lectura dramatizada de Susurrucucu Paloma. Su show en la Feria del Libro de Guadalajara. Un acto de provocación y circo que llenó la sala. “Uno puedo andar toda Lady, abre la boca y sale este rugido”, insiste. Y vaya qué ruge: del Presidente Sebastián Piñera hasta la misma feria, el cronista les disparó a todos. “Vengo gratis a entretenerlos, pero digo lo que quiero”, lanzó. Lemebel llegó el martes a Guadalajara y por la tarde se apareció por el pabellón chileno, como una sombra oscura, silenciosa, perturbadora. En algún momento, un fotógrafo del Consejo de la Cultura le pidió un retrato, él tomó un poco de agua de la que bebía y le tiró un chorro de vuelta. Nada de fotos. Ya se sabe: la fiesta no empieza sin Lemebel. La cordialidad imperant...