Lou Reed, sus ojos y boca
En pleno auge del hippismo, las flores coloridas y las ropas brillantes, Lou vestía siempre de negro. Siempre; y cuando no, se lo veía travestido. Hermoso. Así, patrocinado por Andy Warhol –la madrina del arte pop– y en compañía de otros inadaptados de entonces, a mediados de los ’60 fundó la Velvet Underground: un sensual experimento musical de corta duración, pero de enorme influencia para la posteridad rockera y la sensibilidad poética que la música venía pidiendo a gritos. La banda tomó su nombre del homónimo libro del autor norteamericano Michael Leigh, que investigaba la cultura del sadomasoquismo, la prostitución, el travestismo, la homosexualidad y los clubes sexuales clandestinos en los Estados Unidos de la época. A partir de su estadía en la Velvet, Lou quedó marcado por las inquietudes y las curiosidades propias de esos ámbitos desconocidos para la mayoría, que de inmediato supo adoptar como su hogar preferido, y que fueron retratados en obras maestras como “I’m Waiting for ...