Celso Piña, el chido
Sus comienzos fueron un tremendo pecado original por el que lo condenaron a la sospecha, la mofa y la desconfianza: era un mexicano empecinado en tocar música colombiana. Pero treinta años después, no sólo los convenció, sino que los tiene rendidos a sus pies. Toca con todos, de Café Tacuba y Lila Downs a Gloria Trevi y el Kronos Quartet, rebasó todas las fronteras y se ha convertido en un emblema de la fusión de la música latinoamericana. Acá, Celso Piña habla antes de tocar en Buenos Aires esta semana. Aún hoy, a más de tres décadas de sus comienzos, Celso Piña asegura que sigue teniendo que aclarar que él no es colombiano, sino que es “regio hasta las cachas”. Es el precio a pagar, después de todo, por haberse decidido a tocar cumbia colombiana en Monterrey, “la capital mundial del cabrismo y la machaca, y del chorizo con huevo y huevo con chorizo”, bromea Celso del otro lado de la línea telefónica, exagerando su tonada mexicana con el correr de la frase. En territorio regiomonta...