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Mostrando entradas de enero, 2017

Erika Martínez (1979 )

La casa encima Tantos siglos removiendo esta tierra que ha pisado el ganado y alimentado al ganado y a los hombres que regaron esta tierra con el cauce negro de su sangre -la sangre cambia de color fuera del cuerpo-. Tantos siglos alineando ladrillos, aquí hubo un establo sobre el que se construyó una iglesia sobre la que se construyó una fábrica sobre la que se construyó un cementerio sobre el que se construyó un edificio de protección oficial. Tantas mujeres fregando sus baldosas, pariendo en sus baldosas, escondiendo la mierda debajo de las baldosas que pisaron sus hijos ebrios y sus santos maridos que trabajaron y fornicaron para bien de un país en el que no creían. Tantos siglos para que yo, miembro de una generación prescindible, pierda la fe en la emancipación, mire el techo de mi dormitorio y se me venga la casa encima. ("otra iglesia es imposible") Mujer mirando a hombre que limpia coche Mujer en restaurante que no puede permitir...

Anne Carson (1950 )

Pueblo de Pushkin Tiene reglas. Y amor. Y la primera regla es. El amor a lo imprevisto. Muy probablemente algunas de tus palabras sean mineral. O lo serán antes de que nuestros ojos sean brasas. ("otra iglesia es imposible", ver. jonio gonzález)

Isla Correyero (1957 )

Terminal Sé que voy a morir antes del próximo invierno. Pero he sembrado las patatas, el trigo y las cebollas. Sigo dando de comer a las gallinas y a los cerdos, aunque sé que voy a morir antes de las heladas. Limpio meticulosamente la casa y los corrales. Me levanto y me acuesto cada día a mi hora. Sigo haciendo la comida y el café. Me limpio los dientes después de las comidas. Sigo leyendo el periódico y cosiendo la ropa. He comenzado una bufanda y unos calcetines para el próximo otoño. Salgo a la calle a hablar con los vecinos. Estoy pintando la fachada de la casa y las paredes de la casa. Me tomo las medicinas que me ha mandado el médico. Persevero en el rezo de mis oraciones. He reanudado una amistad que tenía perdida. Canto de vez en cuando. Lloro de vez en cuando. He plantado las flores de mi tumba. Todavía me enfado con mis hijos si no han hecho los deberes. De vez en cuando voy a la peluquería y una vez al mes voy a mirar zapatos. He contratado un viaje a la ciuda...

Aldo Luis Novelli (1957 )

La amante más fiel he recorrido bares y bodegones buscando a la hembra más puta del mundo y terminé borracho y derrotado sobre pringosas mesas de madera (creo que esto ya lo había escrito) hasta que algún dueño gordo y sucio o un imbécil matón de barrio me echaba a empujones y patadas a la calle. a veces me quedaba durmiendo en la vereda con mis amigos cirujas, lustrabotas y borrachos que me invitaban sus diarios como frazadas y algún bulto de almohada. otras/ golpeando las paredes regresaba a mi buhardilla y entre los pocos objetos de la pieza iba directo a la pecera la sacaba con esfuerzo la cargaba al hombro y me la llevaba a la cama/ para dormir el resto del día abrazado a sus plateadas escamas. nada como tener una sirena de amante para que siempre te espere por las noches. ("medusaria")

Elmer Calderón Jaramillo (1962 )

La maestra La maestra informa... que el niño por fin atiende más a las lecciones que al aleteo incierto de los pájaros en el abrevadero; que ya no salta los barrancos y las tapias ni corretea mariposas en el patio. La maestra informa… que ya no se asoma a las ventanas, que empieza a seguir las normas de la escuela, que ya no se distrae con el canto de las aves ni corre al encuentro del aguacero. La maestra informa… que si acaso volviera a sus andanzas ya vendrá la orientadora; ya está listo el plan de mejoramiento; que pronto entenderá el sacrificio y la importancia de la escuela. La maestra informa… ("revista corónica")

Cesare Pavese (1908/1950 )

El paraíso sobre los tejados Será un día tranquilo, con una luz fría como el sol que levanta o que muere, y el cristal cerrará el aire sucio del cielo exterior. Nos despertarán un día, de una vez para siempre, en la tibieza del último sueño: la sombra será tal la tibieza. Llenará la habitación, por el gran ventanal, un cielo aún más grande. Desde la escalera que se subió un día para siempre no llegarán más voces ni más rostros muertos. No será necesario abandonar el lecho. Sólo el alba entrará en la estancia vacía. Bastará la ventana para vestirlo todo de una tranquila claridad, casi como una luz. Pondrá una sombra pálida sobre el rostro supino. Los recuerdos serán como grumos de sombra aplastados igual que vieja brasa en el camino. El recuerdo será como una llama que aun hasta ayer mordía los apagados ojos. ("el poeta ocasional", trad. guillermo fernández)

Aurora Luque (1962 )

La muerte al otro lado de la cámara Acodada en la barra o la terraza me miro desde lejos como dicen que se miran los que han estado muertos: un fulgor en el vaso me resume lo helado de los años. Vértigo de un rodaje discontinuo, fotogramas vacíos que huyen. Eso sí, gastó el maquillador tiempo y pericia. Desde esta muerte actriz y fingidora, la vida es un depósito en penumbra de máscaras usadas hacia dentro. ("no me quites paz")

Wislawa Szymborska (1923/2012 )

Si Si las cosas hablaran – pero si hablaran, también podrían mentir. Sobre todo las más corrientes y poco apreciadas, para llamar finalmente la atención. Da pánico pensar qué me diría tu botón descosido, y a ti, la llave de mi puerta, esa vieja mitómana. ("emma gunst", s/c al trad.)

Salvador Díaz Mirón (1853/1928 )

Música fúnebre Mi corazón percibe, sueña y presume. Y como envuelta en oro tejido en gasa, la tristeza de Verdi suspira y pasa en la cadencia fina como un perfume. Y frío de alta zona hiela y entume; y luz de sol poniente colora y rasa: y fe de gloria empírea pugna y fracasa, ¡como en ensayos torpes un ala implume! El sublime concierto llena la casa; y en medio de la sorda y estulta masa, mi corazón percibe, suena y presume. Y como envuelta en oro tejido en gasa, la tristeza de Verdi suspira y pasa en la cadencia fina como un perfume. ("a media voz")

Uriel Martínez (1950 )

abro el cuaderno... abro el cuaderno de música y escucho el silencio como el vaho en la superficie abro el libro de notas sin encontrar sueño ni reposo ni tu sien abro el estante previo al fin y busco ilegible voz en cueva oscura cierro los labios que dijeron ven, temblorosos como gotas que no caen cierro ciclos, cierro ojos, cierro dedos, hojas y escucho, sí, escucho. [Inédito]

Abelardo Linares (1952 )

El café con espejos Era un café y estábamos charlando. Un extraño café de gigantescas sillas con unos veladores diminutos. A nuestro alrededor rostros borrosos o, más exactamente, unos hombres sin rostro; y así no me extrañó todo el silencio de aquel local de espejos infinitos. No puedo recordar de qué charlaba, pero sí mi alegría y la viveza, sin duda exagerada, de mis gestos. Él me dejaba hablar, indiferente a toda la pasión que había en mis palabras. De repente me dijo con voz bronca: ¿Y tú que harás ahora que estás muerto? Al principio no supe comprenderle, tan estúpido aquello, tan falto de sentido, y volví la cabeza. En los espejos quise mirar mi rostro, pero era el de mi padre el que veía en ellos. ¿Al fin te has dado cuenta? ¿De qué? , le pregunté. De que eres un sueño, hijo mío. ("a media voz")

Alfredo Pérez Alencart (1962 )

Las monedas Se han puesto a contar las monedas que cobraron tras el desahucio. Así es la servidumbre, sin pudores, pura erosión de aquella algarabía de unos pocos cuidando de muchos. Llegaron los mercaderes y el ladrón presta al prestamista, y el pordiosero increpa al pobre de nueva credencial tras el eclipse. Las monedas. Se van. Vuelven. Defecan su óxido sobre los peces y los panes. Incitan al simplísimo crimen del hambre. Ni dos peras ni dos manzanas te dan sin ellas. ("no me quites paz")

Juan Carlos Mestre (1957 )

El poder del viento El viento de otoño el viento que arrastra restos de espino y lágrimas desnudas hasta detrás de los vagones donde los machos manosean prostitutas jóvenes mientras las madrinas cosen botones sin saber qué astro ha caído del cielo y a nadie le corresponde el encargo de embellecer la tierra y considerarse en algo semejante a los pájaros. El viento que toca con dedos de bakelita las cosas que dejaron de ser santas que dejan de preguntarse para qué sirven y tras la amputación y la farsa y todo eso del reparto las entregas al coleccionista. Es el viento el que vuelve histéricos a los ángeles y a las hermanas que recogen bajo la banqueta el carbón quemado de sus hijas. El viento malintencionado con su olor a jarabe y a vergüenza cuando golpea las cancelas y los malandros regresan a la propiedad con los puños ensangrentados. Es el viento sin nombre sobre las colchas negras y la médula de los carneros el viento de otoño sobre las agriculturas de la muerte. ("triana...

José Ignacio Montoto (1979/2017 )

Sangra el mar... Sangra el mar en tus ojos como los pájaros derraman primavera por sus picos. El pecho abierto como el pozo que se tragó el sueño de los niños. [Sed extinguida.] El pecho abierto como un nido de polillas bajo la luz.  [Polvo y vacío.] Tiembla el búho en duermevela y su miedo nos reúne. Aquí, bajo tierra, donde nos besa el abandono. Aquí, bajo tierra, donde la raíz nos abraza. Aquí, bajo tierra, donde el amor brota del tuétano. Aquí, bajo tierra, donde nacen nuestros ojos opacos. Es curioso, sólo en vida el olor se hace más fuerte. La sombra de esta flor nos pertenece. ("no me quites paz")

Jotamario Arbeláez (1940 )

Proceso de un apretón de manos Quien da la mano da lo mejor de sí Señor mendigo reciba usted esta bella sentencia La mano que se estrecha vale su peso en oro La mano que se estrecha no oprimida por un guante No oprimida por la estrechez de la boca del jarro Donde antes hubo flores No la mano atrapada en la puerta Despachando dolor en los cinco sentidos La mano lavada la mano sin pedantería Con la que se levanta una hostia o se compra un helado La mano derecha de la amistad es fuerte como la trompa de un elefante Y se usa para bendecir a las gentes que oran Se usa para levantar las valijas Se usa para llevarse el pan a la boca Se usa también a veces para quitarse el sombrero de la vida con un arma de fuego La mano izquierda es una mano de pocos amigos La mano izquierda es una mano llena de ostentación Por eso la mano derecha no conoce la hora Que está sonando en la mano contraria Por eso la mano derecha es el lugar que ocupa tu mujer e...

Amy Lowell (1874/1925 )

Con un mensajero Una noche cuando había luna clara me senté a escribir un poema sobre los arces. Pero el destello de luz de luna sobre la tinta me cegó y solo pude escribir lo que recordaba. Por eso en la envoltura de mi poema he inscrito tu nombre. ("no me quites paz", s/c al traductor)

Uriel Martínez (1950 )

cruzo la frontera... cruzo la frontera del sueño como quien abre puertas a presagios atravieso límites como quien va por la vida en espera de la noche traspaso paredes como quien ya no es más femenino que tus labios, ojos, deseos donde acaba la noche, donde el amanecer es hielo y quema, ahí. [Inédito]

Leonard Cohen (1934/2016 )

Canción Casi me acuesto sin recordar las cuatro violetas blancas que puse en el ojal de tu suéter verde y cómo te besé entonces y tú me besaste tímida como si nunca hubiera sido tu amante. ("periódico de poesía", trad. lucrecia arcos alcaraz)

Czeslaw Milosz (1911/2004 )

Río Wilia El río, que viene de los bosques, gira aquí. Es domingo, las campanas de las iglesias del pueblo repican. Las nubes se acumulan, se dispersan, y de nuevo el cielo es azul. A lo lejos, ellos, diminutos, corren a lo largo de la orilla. Prueban el agua, se sumergen, el río los lleva. En medio de la corriente sus cabezas, tres, cuatro, siete, echan una carrera, sus voces se llaman, y retornan como eco. Mi mano lo describe en tierra ajena. Quién sabe por qué lo hace. Quizá porque ocurrió tal y como lo recuerda. ("laura giordani", versión de sergio trigán)

Wole Soyinka (1934 )

Viaje Aunque llegué al final del viaje, Jamás sentí que hubiera llegado. Tomé la carretera Que sube despacio la cuesta de las preguntas, y que me lleva Incluso a descender a la tierra que conduce a casa. Yo sé Que mi carne está limpiamente mordisqueada, perdida Para el perturbado pez entre las vainas susurrantes- Yo los dejé atrás en mi ruta Y así también con el pan y el vino Necesito la repartición de derrota y carestía Yo los dejé atrás en mi ruta Jamás sentí que hubiera llegado Aunque amor y bienvenida me atrapan en casa Los usurpadores pasan mi copa en cada Banquete como en una última cena. ("no me quites paz", trad. rafael patiño)

César Cantoni (1951 )

Mi perro me habla Mi perro me habla y yo lo escucho. Es ordinario y callejero, como los perros de Diógenes. De ahí, tal vez, proceda su sabiduría. No fue a la escuela, no tuvo guías que lo guiaran ni consejeros que lo aconsejaran. Ergo, puede pensar libremente (éste es su mérito más grande) y, además, con alegría (algo poco habitual en el que piensa). En su filosofía, no cabe el platonismo; tampoco hay margen para ídolos ni mitos traídos de los pelos. Como no recibió bendiciones, nadie lo tiene en cuenta en el debate: “No es más que un perro indigno”, aseguran, y le arrojan un hueso con desprecio. Sí, mi perro me habla y yo lo escucho. A veces, yo también le hablo a mi perro, pero, ¿qué puedo explicarle? Él ve claramente el horizonte donde mis ojos sólo ven la bruma del discurrir civilizado. ("estación quilmes")

Óscar Hahn (1938 )

Pena de muerte Lo peor es despertarse por la mañana pensando que ahora nada puede ser igual y hay que levantarse y ducharse y preparar el café como siempre y partir al trabajo como siempre como si no hubiera pasado nada aunque ha pasado todo pasó se acabó llegó a su fin «es mejor así» y caminas por la calle como un sonámbulo chocando con los transeúntes con los vendedores de diarios y te sientas en un banco de piedra sin saber si estás vivo o muerto da lo mismo porque la muerte también puede ser una mesa en un bar dos martinis secos y un par de labios rojos pronunciando palabras que caen como guillotinas. ("rua das petras")

Frank Stanford (1948/1978 )

La luz que ven los muertos Son muchos los que vuelven después de que alisó el doc­tor la sábana en torno de su cuerpo y dejó el cuarto para hacer su llamada. Han muerto pero viven. Se les conoce como los muer­tos que vivieron a través de sus muertes, y en mi familia se les tiene por sabios y honestos. Flotan fuera de sus cuerpos y se pren­den del techo como una palomilla, sigu­iendo los afanes de todos los demás en torno suyo. Las voces e imá­genes de los vivos se van desdibujando. Un bramido los traga bajo las ruedas de una tiniebla sin dolor. En la distancia hay alguien pare­cido a un guar­davía que agita una linterna. La luz aumenta, crece una flor blanca. Se vuelve muy intensa, como música. Ven los ros­tros de gente a la que amaron, los que en ver­dad murieron y hablan dulcemente. Ven en un sem­bradío a su padre, sentado. Ter­minó la cosecha, y su silla de mim­bre quedó lista. Lleva una toalla alrede­dor del cuello que huele a tónico de ron. Luego ven a...

Alejandro Romualdo (1926/2008 )

El cuerpo que tú iluminas Porque eres como el sol de los ciegos, Poesía, profunda y terrible luz que adoro diariamente. Mis ojos se queman como los ojos de las estatuas mi corazón padece como una vaso de vino un armario. Tú eres un puente de agonía, un mar animado de agua viva y palpitante. Tú te alzas y brillas: yo giro alrededor de ti; alta y pura te miro como los perros a la luna, como un semáforo para morir. ¡Oh Poesía incesante, mi buitre cotidiano, me tocó servirte en el reparto de sufrimientos: como un niño exploraba las tierras pálidas del sol. ¡Oh Poderosa! Yo soy para ti uno de los miembros de esta numerosa familia sideral compuesta de padres e hijos milenarios. Yo soy para ti la noche: Tú me enciendes, ardo en el vientre universal, rabio con las olas y las nubes, escribo al girasol que me ama diariamente deslumbrado. Yo te devuelvo, amor mío, como un espejo desierto en cuyas entrañas están las cenizas de donde Tú renaces. Y...

Elvio Romero (1926/2004 )

Así es ella, me dije... Así es ella, me dije; es la alegría Remota y honda que de pronto llega A despejar el nudo que se debe Desanudar en la penumbra inquieta. Noche y albor, me dije, Todo llegó a mi corazón por ella; Llegó el sabor oculto del deseo, El presagio de ardor que en mí resuena. Es mi cuerpo, me dije, Reconociendo su esplendor en ella, El bosque entero de mi sangre, el pulso Y el latido secreto de su fuerza. La imagen que conservo De las verdes raíces de mi tierra; Ella es el tiempo mío, el del verano En el regazo inmóvil de la siesta. Así mismo, me dije, Es su fulgor herido en la belleza, Ella es el largo trecho recorrido Surtiéndose de entraña y sementera. Ella es así, me dije, Callado abrigo que abrigó mis huellas, El justo sueño que escogí en la lucha, La libertad por la que canto es ella. ("no me quites paz")

Conceição Lima (1961 )

Residencia Regresarás por el viejo sendero Sin aviso. Será como ayer, al atardecer: Remoto, repentino, el silbido. Y en el camino, un sollozo de fiesta Esparcido. La luz será húmeda La lluvia íntima Sobre la marca de tus pies. Dedo a dedo, hoja a hoja Tocarás los olores Los sortilegios del solar: El limonar enano de la abuela El decrépito izaquenteiro El ocá, tan sombreado, El kimi retorcido Y a la entrada, en el barro grabado El fantasma del chivo blanco. El escalón habrá de crujir a tu primer paso. Subirás lento, concreto Sin pisar la tabla suelta del suelo. La puerta estará abierta, la vela encendida. ("no me quites paz", s/c al traductor)

Marosa di Giorgio (1932/2004 )

Este melón es una rosa Este melón es una rosa, este perfuma como una rosa, adentro debe tener un ángel con el corazón y la cintura siempre en llamas. Este es un santo, vuelve de oro y de perfume todo lo que toca; posee todas las virtudes, ningún defecto, Yo le rezo, después lo voy a festejar en un poema. ahora, sólo digo lo que él es: un relámpago, un perfume, el hijo varón de las rosas. ("no me quites paz")

William Ospina (1954 )

Ciego Como las sensitivas antenas del insecto el báculo del ciego va explorando el espacio. Es un rumor la tarde, honduras y declives, peligros que previene un cauteloso oído. Para él está en las voces la belleza que hallamos en los rostros, la rosa está en el viento, y en la alegría de los vendedores la bruma roja que flota al oeste. ("un libro por centavo", no.28, pdf) El geólogo Aquí hubo un mar hace un millón de años. El hombre no lo sabe, mas la piedra se acuerda. Pártela: hay un cangrejo en sus entrañas, todo de piedra ya, forma magnífica que se negó a ser polvo. Ante el peñasco y el guijarro, piensa que acaso fueron seres dolorosos, sangre y pulmones palpitantes. Entre la ciega roca y el trémolo extasiado de la salamandra tan sólo hay tiempo. (ibid)

Gonzalo Rojas (1917/2011 )

Carbón Veo un río veloz brillar como un cuchillo, partir mi Lebu en dos mitades de fragancia, lo escucho, lo huelo, lo acaricio, lo recorro en un beso de niño                como entonces, cuando el viento y la lluvia me mecían, lo siento como una arteria más entre mis sienes y mi almohada. Es él. Está lloviendo. Es él. Mi padre viene mojado. Es un olor a caballo mojado. Es Juan Antonio Rojas sobre un caballo atravesando un río. No hay novedad. La noche torrencial se derrumba como mina inundada, y un rayo la estremece. Madre, ya va a llegar: abramos el portón, dame esa luz, yo quiero recibirlo antes que mis hermanos. Déjame que le lleve un buen                vaso de vino para que se reponga, y me estreche en un beso, y me clave las púas de su barba. Ahí viene el hombre, ahí viene embarrado, enrabiado contra la desventura, furioso contra la explotación, muerto de hambre, allí viene ...

Ruy Belo (1933/1978 )

Elogio de la amada Miradla ubérrima numerosa escogida secreta llena de pensamientos exenta de cuidados Viene sentada en la nueva primavera Cercada de sonrisas en el regazo lirios ojos hechos de sombra de viento y de momento ajena a estos días que yo nunca consigo Le muerde el tiempo en la faz las raíces de la risa comienza más allá de ella a ser lejos La amada es la infancia que viene a mí Hay pájaros antiguos en los límpidos caminos y muertos como antes nunca más Miradla cómo se extiende amplia como una patria en el umbral de nuestra indiferencia Nuestros atrios son para sus pies solitarios todos nosotros olvidamos la casa de los padres ella llena de días nuestras manos vacías El dolor está en ella hasta que dios comienza yo bien le siento el talón del amor ¿Qué importa ser de una sola mañana y no haber en cambio árbol más azotado por los diversos vientos? ¿Qué importa dividirnos en un desmoronamiento de ponientes? Más triste incluso es la vida donde otros pas...

Uriel Martínez (1950 )

 La miel con miel derretida a fuego lento endulzo el último café del día por descuido la dulce escurre fuera de taza cuchara y sed, callada con la lengua la recojo, la subo al paladar tembloroso y ahí en la bóveda palatina aparece, callado, tu nombre, junto al mío. [Inédito]