Uriel Martínez (1950 )
Ecos
Me coloco los anteojos
para ver la ciudad
a la distancia, la noche
y el viento crepitante.
Me retiro los catalejos
del tabique nasal
para reflexionar en nada,
en nadie.
Me inserto pupilentes
debajo de cada párpado
para escuchar los secretos
revelados muy noche.
Me despojo los oídos
para oír el silencio
de cobijas y sudarios
que cubren cuerpos yertos.
Me acomodo y afino el olfato
para respirar la tierra
que aún gira sobre
su eje ebrio.
Taciturno agarro la tinta
por las axilas y la arrojo
a las paredes. Así
descifro, de nuevo, el silencio.
[Inédito]
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