Bryce E., "un premio vergonzante"
Un escritor famoso, un gran escritor, recibe un premio. Su última novela es elegida la mejor del año y el Estado le otorga el Premio Nacional de Narrativa. Pero el escritor, cuya obra no ha hecho sino crecer con el tiempo y ya tiene cara de clásico vivo, se disculpa. No puede recibirlo. Se prometió no aceptar condecoraciones oficiales y quiere ser consecuente. Que nadie se ofenda. “El Estado no tiene por qué pagarme por mis tareas de escritor”, dice. Otro autor, tan famoso como aquel, también recibe un premio. Es un galardón internacional. Lo entregan la Feria del Libro y la Universidad de Guadalajara. El escritor, cuya obra no ha hecho sino decaer con el tiempo, se siente feliz. Pero lo cuestionan. Le sacan unas viejas acusaciones de plagio. El escritor dice que eso ya está resuelto. Lo desmienten. Circula entonces una carta de apoyo, breve pero larga: tiene más firmas que ideas. El premiado no quiere renunciar. Para evitarse problemas, los organizadores le piden que mejor no va...