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Mostrando entradas de 2015

Cristina Falcón Maldonado (1963 )

XVI Uno aprende a estar solo como el perro que aprende a no pasar a quedarse afuera. Bueno, uno aprende porque no le queda remedio Uno se sienta con su plato su cuchillo su tenedor todo en orden todo limpio demasiado todo. Ya uno no sabe qué hacer uno con uno mismo uno con su plato y su vaso con su silla más tarde con su almohada con su frío su miedo. Uno sin embargo aprende a estar solo como el perro que mira desde la intemperie y araña la puerta y no le abren y no le oyen. Uno aprende a estar solo o lo que es peor aún a creer que ha aprendido. ("emma gunst")

Arseni Tarkovski (1907/1989 )

La casa de enfrente Demolieron la casa de enfrente. Los inquilinos se fueron contentos Llevando consigo sofás, ollas, flores, Espejos torcidos y gatos. El viejo miró la casa desde el camión, Y sintió que el tiempo lo atrapaba, Todo se quedó así para siempre. Entonces surgió el descontento, Un polvo seco comenzó a brillar Lento mientras caía la noche. En la casa quedaron sueños, recuerdos, Esperanzas perdidas y deseos. Demolieron todo, se llevaron los troncos. Pero los fantasmas del pasado De ahí no se alejaron ni un paso Y le cantaron de nuevo al cerezo. Bebieron vino blanco en las bodas, Iban al  trabajo y al cine. Trasladaban ataúdes en toallas, Se prestaban, unos a otros, dinero, Dormían en colchones de bruma Y arrullaban a sus primogénitos, Mientras la áspera encía de la máquina Lamía sus arcillas roñosas, Y en una pata, como sobre una "T", la grúa giraba y giraba.                     ...

Ángel Campos Pámpano (1957/2008 )

(interior) Entrar en casa como animal que acude a su refugio. Y buscar en la sombra otra sombra que duerme. ("la mirada del lobo")

Jorge Eduardo Eielson (1924/2006 )

guardo de Lima una botella  Llena de lluvia Y  un puñado de arena En el pañuelo. A veces recuerdo La luz de su nublado cielo Y la acaricio Como se acaricia una perla En el bolsillo. ("memoria" en línea)

Maximiliam Voloshin (1877/1932 )

Es tan ávido tu amor Que solloza, ruega, implora... Ámalo en silencio, con rigor Ámalo aunque se extinga. Ilumínalo con límpidas llamas Sin humo, al azar, sin tristeza. Ámalo alegre con el cuerpo Y con dolor ámalo en el corazón. Que el espectro por el amor creado No cubra otro rostro: Ama tu amor en carne y hueso Sencillamente, vivamente. Guarda su señal supersticiosamente No temas al enemigo incrédulo... Ama tu amor justa y fielmente ¡Ámalo con el corazón!                                        8 de junio 1914 ("el instante maravilloso, posía rusa del siglo xx, unam, méxico, 2004, tr. jorge bustamante garcía.)

Raymond Carver (1938/1988 )

Domingo por la noche Utiliza las cosas que te rodean. Esta ligera lluvia Tras las ventana, por ejemplo. Este cigarrillo entre los dedos, Estos pies en el sofá. El débil sonido del rock and roll, El ferrari rojo en el interior de la cabeza. La mujer que anda a trompicones Borracha por la cocina… Coge todo eso, Utilízalo. ("life vest under your seat", sin cr. al traductor)

Uriel Martínez (1950 )

Dos poemas 1. No abandono la ciudad, no abandono el barco, la montaña de reposo y salud me indica que me vaya. Ningún comunicado lo expresa, son documentos blancos que sin decirlo ni precisarlo me solicitan. Puntualmente atiendo ese silencio: no quepo en ningún hospital, ni leprosario ni casa  de reposo para esteparios. Aunque no tengo pensión ni auxilio del Estado me internaré en la noche, una vez más. 2. La noche tiene andenes, el día tiene corredores, como tu cuerpo tiene lluvias, aguas, otros cuerpos guardan tu cuerpo, otros ojos, otros silencios.

José Luis Parra (1944/2012 )

El aprendiz del fuego ¿Dónde está aquella lumbre que tenía la casa caldeada? ¿Eras tú, madre? ¿Eras tú la cocina, el comedor, la sala? ¿Era tan sólo tu alegría lo que hacía habitable el mundo? ¿Dónde está aquella alfombra, ese calor, esa limpieza? ¿No los tuve también en otra casa, en aquella mujer que era un Paseo de acacias florecidas? De poco me sirvieron mis estudios y los trabajos que emprendí. Como Gogol repito: "tengo frío". Pero aún no aprendí a conservar el fuego. ("la mirada del lobo.blogspot")

Jotamario Arbeláez (1942 )

Dos poemas 1 Poema de invierno Llovió toda mi infancia. Las mujeres altas de la familia aleteaban entre los alambres descolgando la ropa. Y achicando hacia el patio el agua que oleaba a los cuartos. Aparábamos las goteras del techo colocando platones y bacinillas que vaciábamos al sifón cuando desbordaban. Andábamos descalzos remangados los pantalones, los zapatos de todos amparados en la repisa. Madre volaba con un plástico hacia la sala para cubrir la enciclopedia. Atravesaba los tejados la luz de los rayos. A la sombra del palo de agua colocaba mi abuela un cabo de vela y sus rezos no dejaban que se apagara. Se iba la luz toda la noche. Tuve la dicha de un impermeable de hule que me cosió mi padre para poder ir a la escuela sin mojar los cuadernos. Acababa zapatos con sólo ponérmelos. Un día salió el sol. Ya mi padre había muerto.  2 La lectura en tinieblas Mi padre no me dejaba leer la Biblia ni el Manifiesto Comunista para que no gastara ...

Ángel González (1925/2008 )

Por aquí pasa un río Por aquí pasa un río. Por aquí tus pisadas fueron embelleciendo las arenas, aclarando las aguas, puliendo los guijarros, perdonando a las embelesadas azucenas… No vas tú por el río: es el río el que anda detrás de ti, buscando en ti el reflejo, mirándose en tu espalda. Si vas de prisa, el río se apresura. Si vas despacio, el agua se remansa. ("crepusculario siglo 21")

Gustavo de la Rosa Muruato (1955 )

Mujer alquimista Dices que la luz es la mirada del fuego, que el oro se esconde en los insectos y la plata en las abadesas; que las mejores aleaciones están hechas de mujeres y polvo rojo y que los velos de la noche encubren el pudor de las estrellas. Para mí, tu lengua de espejismos sólo pronuncia las sílabas de mi deseo. ("el país de las maravillas de noche", ed. uaz, zacatecas, méxico, 2015)

Uriel Martínez (1950 )

Paraísos Nada fue cierto: ni las galletas betunadas que comías con café de niño. Tampoco las semillas que arrojabas a las brasas y a la chimenea para que estallaran. Ni era verdad que acostado esperabas despierto la llegada de presentes. Siempre te ganaba el sueño, el té de hojas de naranjo, el atole enfriado lento, la cáscara de mandarina humeante. Abrías conchas de trigo, obturabas con cuchillo caparazones de tortuga, envoltura de calamares: pero no hallabas perlas. Las gotas de ámbar vistas a contraluz no contenían joyas embalsamadas. Entonces, sólo entonces, dejaste de sembrar monedas de oro en las macetas de zaguán.

Boris Pasternak (1890/1960 )

Nadie va a estar en casa, Sólo el crepúsculo. El Día invernal en el ralo alféizar De cortinas abiertas. Sólo el paso veloz de los Blancos y húmedos copos. Sólo los techos, la nieve, Y salvo ellos, nada más. Se dibuja la escarcha Y de nuevo me envuelve La tristeza de antaño, La de aquel otro invierno. Me mortifica hasta hoy Una culpa imperdonable, La ventana en el cruce Y la falta de leña. De pronto por la antepuerta Irrumpe un nuevo temblor. Midiendo el sonido con pasos Como el futuro, entras tú. Te apareces en la puerta De blanco y sin caprichos, Llegas vestida con telas Con las que bordan copos.                                               1931 ("el instante maravilloso, poesía rusa del siglo xx", unam, méxico, 2004, trad. jorge bustamante garcía.)

Luis Armenta Malpica (1961 )

Gerundio en pareja y no (fragmento) A cada hombre le hablamos en un amor distinto con un olor que viene de la tierra y en el respiro es una exclamación de yerba primeriza. ("envés del agua", ed. sría. de cultura, gobierno de jal., méxico, 2012)

Mark Strand (1934/2014 )

Muriendo Nada pudo detenerte. Ni tu mejor día. Ni el reposo. Ni el movimiento del mar. Tú continuaste muriendo. Ni los árboles que abrigaron tus pasos, ni los árboles que te ensombrecieron. Ni el doctor que te advirtió, el canoso y joven doctor que te salvó una vez. Tú continuaste muriendo. Nada pudo detenerte. Ni tu hijo. Ni tu hija que te alimentó y te hizo un niño nuevamente. Ni tu hijo, que creyó que vivirías para siempre. Ni el viento que agitó tus solapas. Ni la quietud que se ofreció a tu movimiento. Ni tus zapatos que se hicieron cada vez más pesados. Ni tus ojos que rehusaron mirar hacia adelante. Nada pudo detenerte. Te sentaste en tu cuarto y miraste fijamente la ciudad y continuaste muriendo. Ibas a trabajar y dejabas que el frío entrara en tus ropas. Que la sangre chorreara en tus medias. Que tu rostro se volviera blanco. Que la voz se te quebrara. Te apoyabas en el bastón. Pero nada pudo detenerte. Ni los amigos a quienes aconsejaste. Ni tu hi...

Leopold Staff (1878/1957 )

Cimientos Construí sobre la arena y se vino abajo; construí sobre una roca y se vino abajo. Ahora, cuando construya, empezaré por el humo de la chimenea. ("otra iglesia es imposible", versión del inglés al español, jonio gonzález)

Luis Armenta Malpica (1961 )

Anexo II: W Como nos dijo Shakespeare el nombre nunca importa si hay amor en el cuerpo. Y tampoco el destino porque no es el café las esmeraldas o el sueño lo que buscan mis manos. No lo soñaste: soy una realidad que está cerca de ti detrás de ti adentro de tus nalgas. En la vía láctea que escurre por tus muslos existen otros mundos planetas y asteroides y en ellos podemos ocultarnos. Alzar al mismo tiempo esa verga que ronda tu garganta y aprisiona la lengua y moja igual que tú las sábanas del frío. No menciones mi nombre aunque lo sepas. Despertarlo sería una maldición. Rézalo así de hinojos. Murmúralo cuando estás boca abajo y hambriento de saber que no hay nombres destino ni es un sueño lo que te parte el alma. Esto mi gentil corifeo es un amor tan duro que sólo tú lo ablandas. Hablo y ando para venir a ti. Me vengo sin existir reproche. Todo esto da la vida. ("envés del agua", ed. secretaría de cultura, gobierno de jalisco, méxico...

Gabriel Ferrater (1922/1972 )

Amanecer Noche que se me va, otra noche, y el ala de un inmenso avión se ha interpuesto entre el azul espeso y la ventana, y dudo si es un verde tenuísimo o si es plata, fría cual finura insistente del bisturí que rasga el útero, o también la luz misma, cuando agrieta la mano del chiquillo cansado de hacer fuerza para irritar a sus hermanos, simulando que oculta quién sabe qué tesoro, y va aflojando la presa, y sé que nada ha de salir que ayer no estuviera ya en mí desconsoladamente, y me da frío mirarme un día más, chupado hueso frutal, sin pulpa, a la intemperie. ( "javier días gil", versión de josé agustín goytisolo)

Alfonso Brezmes (1966 )

Ars Botánica Hay algo épico en las flores. Algo hermoso y terrible ocurre entre sus pétalos en el breve intervalo en que despiertan. Un drama silencioso. Como si la vida ensayase en ellas, antes de hacerlo en nuestros cuerpos. ("crepusculario siglo 21")

Uberto Stabile (1959 )

Exigencias de la edad Dicen que lo último que se pierde es la esperanza, pero si ya has perdido el sentido del humor, ¿de qué te sirve la esperanza? Te doblo la edad duermo la mitad de horas que tu fumo tres veces más gano cada día la paciencia que tu pierdes a diario, y aún piensas que somos almas gemelas. Después del amor siempre llega el sueño y mientras tu roncas yo devoro cigarrillos, tu ansiedad tiene un límite la mía un final. Cuando pierdas el sueño descubrirás que el amor es siempre otra cosa, lo que para ti es un mito para mi es sólo una leyenda. Es la edad la que no perdona no admite créditos, devoluciones ni transferencias, podemos compartir una vida pero de la muerte nos tendremos que reír a solas. ("mi manera de estar solo", fb)

Christian Peña (1985 )

Apuntes en la Quinta del Sordo Señora Weiss, ayer desperté con las manos en su pecho, amasando la carne de sus treinta y dos años. Mi señora con nombre de león, la prefiero así, sin su mari- do; cerca de la noche anciana de mi cuerpo. Permítame morder sus uñas después de la merienda. Déjeme oler su ropa sucia mientras rezo un rosario. Concédame prenderle fuego a su vestido de novia. Mi señora casada por la iglesia, no encuentro cómo agrade- cerle que haya dado la espalda a Dios, y que me concediera llevarla de la mano hacia el altar de mi agonía, donde nadie dio fe de nuestros votos, y un cortejo de brujas se disputó el ramo de violetas que arrojó de espaldas. ("janto", ed. fondo editorial tierra adentro, méxico, 2010.)

Chantal Maillard (1951 )

No pondrás nombre al fuego No medirás la llama con palabras dictadas por la tribu, no pondrás nombre al fuego, no medirás su alcance. Todas las llamas son el mismo fuego. Mi cuerpo es una antorcha que alumbra los espantos que la razón constituye en sus tinieblas. Hay que mirar al cuerpo, muy adentro, tocar el centro ardiente, abrirlo y propagar el gozo de la lava. No importa en qué caderas, en qué pecho resbale, no importa la estatura, el sexo o la materia pues todos caminamos sobre la misma pira. No medirás la llama con palabras que encubren los viejos sentimientos de los hombres. ("life vest under your seat.blogspot")

Osip Mandelstam (1891/1938 )

La tristeza inexpresiva La tristeza inexpresiva Abrió sus dos ojos enormes, El florero al despertar Del cristal arrojó las flores. Todo el cuarto se invadió De una lánguida ¡dulce medicina! Este reino tan pequeño Tanto sueño ha devorado. Un poco de vino rojo -Otro poco del sol de mayo- Y rompiendo un delgado bizcocho La blancura de dedos finos.                                                                                                      1909 ("el instante maravilloso, poesía rusa del siglo xx", unam, méxico, 2004, trad. jorge bustamante garcía)

Sophia de Mello Breyner Andresen (1919/2004 )

Poema Poema de geometria e de silêncio Ângulos agudos e lisos Entre duas linhas vive o branco. ("canal de poesia")

Rafael Cadenas (1930 )

Derrota Yo que no he tenido nunca un oficio que ante todo competidor me he sentido débil que perdí los mejores títulos para la vida que apenas llego a un sitio ya quiero irme (creyendo que mudarme es una solución) que he sido negado anticipadamente y escarnecido por los más aptos que me arrimo a las paredes para no caer del todo que soy objeto de risa para mí mismo que creí que mi padre era eterno que he sido humillado por profesores de literatura que un día pregunté en qué podía ayudar y la respuesta fue una risotada que no podré nunca formar un hogar, ni ser brillante, ni triunfar en la vida que he sido abandonado por muchas personas porque casi no hablo que tengo vergüenza por actos que no he cometido que poco me ha faltado para echar a correr por la calle que he perdido un centro que nunca tuve que me he vuelto el hazmerreír de mucha gente por vivir en el limbo que no encontraré nunca quién me soporte que fui preterido en aras de personas más miserables que yo ...

Uriel Martínez (1950 )

Profecías 1. Por razones de vagancia y por el gusto de viajar periódicamente el mico culto (MC), emprende salidas de Dogville. Le asombra 1) entrar en otro ciudad a la sala de proyecciones Lumière y encontrarse que sobre la pared blanca: un santa claus de  fines de siglo desholline con el cepillo el chacuaco por donde se exhala el vapor del organismo y, al hacerlo, muestre las esferas que lucen en esta temporada. 2. También le sorprende que otra chica, en otro lugar y otra hora, le traiga el desayuno a la mesa y le sirva café de grano recién preparado. La observa que al levantar un pedido, entregue a su jefe inmediato la comanda y, para preparar el pedido siguiente, saque el papel carbón, previo humedecido de dedos índice y pulgar, antes de colocarlo en las siguientes hojas -original y copia -casi en cámara lenta- del santa claus que se demora en meter y sacar el cepillo largo de la tronera o chacuaco de fin de siglo. 3. En fin, que antes que antes de ingresar a la sala de...

Eloy Sánchez Rosillo (1948 )

Antes de que se fuera Gracias por estos días que ya acaban y que en nosotros quedan, en tu ser y en el mío, como señal muy viva de la vida. Nadie podrá borrarlos, decir que no existieron. Verdad más honda que cualquier dolor, más extensa que toda la alegría. Días hechos de luz, aun en sus noches, llenas de estellas grandes y de luna; días en que el amor habitó en esta casa, en ti y en mí, y en que por ello fuimos criaturas hermosas y sin muerte. ("la mirada del lobo.blogspot")

Idea Vilariño (1920/2009 )

Si no quiero Si no quiero si no estoy esperando si es mentira si lo hago por vivir por ir pasando si estoy aquí sin sueños sin esperanzas y sin nada que me sirva ni le sirva a la vida y los miro sin asco con paciencia y me digo se creen todo se dedican la vida sufren no dudan nunca miran besan se ríen y sin sospechar nada aseguran que aman. ("revista ñ", clarín)

Blanca Varela (1926/2009 )

Mediodía Todo está preparado para el sacrificio. La res muge en el templo de adobe. Lágrima dura y roja, canchales de fuego, silencio y olor fuerte de girasol, de gallos coronados. Ni una hoja caerá, sólo la especie cae, y el fruto cae envenenado por el aire. No hay centro, son flores terribles todos estos rostros clavados en la piedra, astros revueltos, sin voluntad. Ni una hora de paz en este inmenso día. La luz crudelísima devora su ración. El mar está lejano y solo, la tierra impura y vasta. ("es puerto existe", uv-xalapa, veracruz, 2003, 2a. ed.)

Elisa Bonato (1977 )

Dos poemas 8 De cuando era gorrión y no te conocía, recuerdo haber visto las mejores mañanas. De cuando era gorrión y vivía en primavera, recuerdo que solía jugar con mis amigas y reír a los trinos. Recuerdo que una vez, también vos reías, pero eras árbol. Y ahora que sujetas con tus ramas mis sueños, me he ido secando. 21 Hay dos momentos de pleno movimiento en los que me noto más humana, más lenta. Cuando siento unas manos invisibles que me empujan y cuando siento las cadenas pesadas con que atan mis bestias. ("marcelo leites.blogspot")

Laura López Morales (1976 )

Anotan... Anotan los días del agua y los días del trueno pero no ven los caballos en las laderas del sur cuando la noche entra en los corrales de nada sirve contar las faltas las desperdigadas minucias todo está aquí junto al caliente asedio del miedo. ("el poeta ocasional.blogspot")

Miguel Ángel Petrecca (1979 )

La indiferencia Ya sabés: lo que no se rinde nunca a un largo cortejo cede de golpe a un comentario o un gesto distraídos. Es hora entonces de que, sin proponértelo, te dediques a recrear las condiciones de absoluta indiferencia en las que estuviste sumergido un día en que sucedió todo eso: y no estabas, precisamente, frente al espejo, como esta mañana, luego de un desayuno ordinario (sin naranjas!), de una ducha caliente y un vistazo a los mensajes que en la bandeja de entrada dejó la noche igual que el mar en una playa. Absoluta indiferencia, sí, parado debajo de un tilo encendido al mediodía, vibrando. Y pasó el afilador por la cuadra en ese momento. Sonó la armónica del afilador con su piedra dulce girando sobre el manubrio de una bicicleta inglesa. ("el poeta ocasional.blogspot")

Pablo García Casado (1972 )

Ford como un oso que despierta del letargo nuestro ford va derritiendo la nieve del parabrisas pongo las maletas en el asiento trasero repaso el mapa de carreteras ahora llegas tú medio dormida sin pintar sin arreglar rota por la noche pasada una noche de preguntas de miedo de ropa que entra y sale de los armarios una noche de nevera desconectada pero hoy es distinto y te sientas a mi lado como antes cuando viajábamos sin prisa a través de bosques y maizales en esas noches de faros encendidos en busca del océano el ford asciende lento por la colina quiero viajar al sur al sur de todos los proyectos ("rua das petras.blogspot")

Li Po (701/762 )

Canción Siempre me decías: "Envejeceremos juntos. Mis cabellos y los tuyos se iluminarán de nieve y de luna» Pero hoy amas a otra, y hoy vengo a ti, vengo dolorida a darte mi ultimo adiós. Llena por última vez nuestras tazas con el zumo que brinda el olvido y canta la canción que habla de aquella ave muerta bajo la nieve. Me iré luego a embarcar en las turbias aguas del Yu-Keú, allí donde ellas se dividen y, siguiendo rumbo contrario, unas van hacia el este y otras hacia el oeste» ¿Por qué lloran, al oírme, jóvenes amadas? Acaso den con el hombre del corazón fiel que, sinceramente, les diga» "Envejeceremos juntos..." ("marcelo leites.blogspot", trad. álvaro yunque)

Roberto Juarroz (1925/1955 )

Así como no podemos Así como no podemos sostener mucho tiempo una mirada, tampoco podemos sostener mucho tiempo la alegría, la espiral del amor, la gratuidad del pensamiento, la tierra en suspensión del cántico. No podemos ni siquiera sostener mucho tiempo las proporciones del silencio cuando algo lo visita. Y menos todavía cuando nada lo visita. El hombre no puede sostener mucho tiempo al hombre, ni tampoco a lo que no es el hombre. Y sin embargo puede soportar el peso inexorable de lo que no existe. ("cómo cantaba mayo en la noche.blogspot")

Carilda Oliver Labra (1924 )

Discurso de Eva Hoy te saludo brutalmente: con un golpe de tos o una patada. ¿Dónde te metes, a dónde huyes con tu caja loca de corazones, con el reguero de pólvora que tienes? ¿Dónde vives: en la fosa en que caen todos los sueños o en esa telaraña donde cuelgan los huérfanos de padre? Te extraño ¿sabes? como a mí misma o a los milagros que no pasan. Te extraño, ¿sabes? Quisiera persuadirte no sé de qué alegría, de qué cosa imprudente. ¿Cuándo vas a venir? Tengo una prisa por jugar a nada, por decirte: "mi vida" y que los truenos nos humillen y las naranjas palidezcan en tu mano. Tengo unas ganas de mirarte al fondo y hallar velos y humo, que, al fin, perece en llama. De verdad que te quiero, pero inocentemente, como la bruja clara donde pienso. De verdad que no te quiero, pero inocentemente, como el ángel embaucado que soy. Te quiero, no te quiero. Sortearemos estas palabras y una que triunfe será la mentirosa. Amor... (¿Qué digo? e...

Rubén Bonifaz Nuño (1923-2013 )

Fuego de pobres 26 Vengo a mirar aquí la madrugada; a las fauces de humo, donde el fuego se tuerce; al horno que se abre, no edificio para el trigo, sí puerta al resplandor del sacramento inicial que me desnuda el rostro. ¿Quién, pues, el adversario; el que dialoga conmigo? ¿A quién la tierra pertenece? Mi mujer una sólo; una sólo mi nieta, una mi hermana; una, mi casa en donde vivo; en mi contra y siempre de mi parte. Y aunque no se me diera el regocijo de sábanas ilustres, ni la mesa de un existir tranquilamente, ni el atributo cálido de hablarle de la lluvia exterior, disimulada por cerrojos y puertas. Almohada, creciente de latidos en la oreja sin sueño, lo que oía; reloj de ciego, desangrándose gota por gota; vértigo, aleteo tenaz de mariposa traspasada, de mariposa negra contra el muro. Y mi alma y mi lengua. Mal agüero la noche, mala el agua en los huesos metida, su ponzoña como niebla en los huesos. Espero la salida en donde miro; en dond...

Claudia Magliano (1957 )

El aljibe escupe... El aljibe escupe el agua esa que hemos de beber dijiste no otra de río o estanque porque la noche trae muertos a la superficie y en la mañana parece que ya no quedará nada sin embargo hay restos de piernas y brazos flotando allá más lejos cerca del molino y no los vemos la vida comienza justo en la puerta de tu casa en el galpón donde se alinea la lana del rabo de las ovejas que cortaste a fuego chilla y aúlla el ganado res cabeza molida a golpes o de un solo tiro pac seca es la muerte de los animales es seca y muda muda muda no dicen nada los animales no cuando los matan se dejan ser presa sabrosa ah hoy también comeremos tierna carne de oveja y mañana la alfombra de cuero acariciará mi piel delante de la estufa y haremos leños con el monte y haremos el milagro de la noche sin muertos flotando en el río porque no los vemos la vida comienza en la puerta de tu casa comienza sí así dulce es la tarde cayendo sobre los campos. ("el poeta ocas...

Ana Blandiana (1942 )

Sin saber Evidentemente no me parezco a ninguno de esos hilanderos de palabras que se hacen los trajes y las carreras de ganchillo, las glorias, los orgullos, aunque me muevo entre ellos y ellos miran mis palabras como si fueran jerseis, "-¡Qué bien vestida vas!", me dicen. "-¡Qué bien te queda el poema!", sin saber que los poemas no son mis vestidos, sino el esqueleto extraído con dolor y colocado encima de la carne como un caparazón, siguiendo el ejemplo de las tortugas que así sobreviven largos e infelices siglos. ("emma gunst", trad. de r. pisot y j.v. piqueras)

Uriel Martínez (1950 )

Tareas Te vi en la fila del banco, sección Jubilados y Pensionados, donde me apartaría espacio. De lejos te vi en Catedral, esperabas la bendición ingenuamente. Te vi en la subasta de strippers, habías reservado habitación por 3 días y 2 noches en Acapulco. Te encontré en lista de espera de Cubana de Aviación, para ese 26 de julio. En el pizarrón de Jardines del Olvido encontré tu nombre y el horario de misas.

Samuel Vásquez (1949 )

 Viejo, uno regala tiempo todo el tiempo. Uno sale a encontrarse con nadie a desmentir el espejo que otro habita a farfullar una canción borroneada a luchar contra el ángel del olvido a andar sobre esta sombra que conduce a                                                          nada La boca, una herida en mitad del rostro Los oídos, potes donde otro arroja sus babas Las piernas, dos grilletes cosidos hacia atrás El corazón, leño que no recibe fuego Los ojos, dos ratones que van por los rincones Es preciso regresar antes de que la propia sombra se hunda en la                                                               noche ahora que toda orilla ha naufragado cuando...

Raquel Lanseros (1973 )

A las órdenes del viento Para todos los que sienten que no están al mando Me habría gustado ser hija de Ícaro. Hubiera sido hermoso festejar las bodas de Calixto y Melibea. Me habría gustado ser un hitita ante la reina Nefertari  el joven Werther en Río de Janeiro la deslumbrante dama sevillana por la que Don José rechazó a Carmen. Yo quisiera haber sido el huerto del poeta con su verde árbol y su pozo blanco el inspector fiscal con el que conversara Maiakovski. Me habría gustado amarte. Te lo juro. Sólo que muchas veces la voluntad no basta. ("emma gunst")

Gloria Trinidad (1968 )

Dos cartas a Lucio 1 Ten en cuenta esto, Lucio. Tus obras huérfanas de ti habrán de defenderse solas. La muerte es un mecenas que sólo acepta la excelencia: desprecia las causas, sólo atiende a los efectos. Un mal verso es inmortal por abrasadora que fuera la dicha que envolvía. Sucederá que escribas nocturnos resplandecientes de verdad y amanezcan convertidos en garabatos. No te apene tirarlos; desprecia el frufrú de las palabras. No seas oscuro. Lo oculto y lo abstracto son atajos hacia una representación del mundo sin necesidad del mundo. Es preferible la palabra justa para designar las cosas que son como son. Agua debe querer decir agua no la líquida disonancia de un pensamiento. Prefiere lo menos. Rehúye la tentación de hacer explícito el daemon. ("la mirada del lobo", blog de andrés vara)

Macky Corbalán (1963/2014 )

Las moscas Las moscas, inevitables en el verano, como el calor que sofoca al envolvernos en su membrana sudorosa y anodina, los frutos henchidos y rojos, descomponiéndose en la acera, y —enlazados por el talle— las parejas de enamorados que habrán de odiarse el próximo invierno. ("el placard", blogspot de sandra toro)

César Fernández Moreno (1919/1985 )

Marche un poema al mostrador viejo si me vieras ahora estoy parado contra el mostrador mis pantorrillas tensas me soportan un rato cada una vos te hubieras sentado en una mesa tus hombros los hubiera soportado un respaldo hubieras perdido tu mirada en la vereda de enfrente qué fabulosa lejanía yo he venido a quedar un poco más arriba veo un poco más cerca alcanzo a leer las letras de la vidriera al revés pero es lo mismo la misma breve lucha con el paquetito de azúcar el mismo sabor aceitoso del café suburbano cambio propina por comentario sobre lluvia inminente saco mi libretita con disimulo para escribir este primer poema al mostrador pero el patrón me enciende una luz solícitamente y lo escribimos a medias entre mi mano y su mirada ("otra iglesia es imposible")

Susana Tosso (1946 )

Cuando abras... Cuando abras la puerta vas a verlo todo: la mesa en el lugar de siempre, los anteojos guardados en su estuche, la escalera desafiando al espacio o al tiempo (da lo mismo), la lámpara apagada. Me llamarás; te amordazará el silencio. En un día de locuras pensé en las palabras que dirás mañana. Mi nombre no estará entre tus palabras. (en muro fb marcelo leites)

Uriel Martínez (1950 )

El amado VIII señor, por qué no fui estúpido como aquel que desea el nuevo día; por qué no fui imbécil como ese que va por la orilla del miedo; por qué no tuve el don de rasguear una música que aplaque animales; por qué me mantuve en la sombra de la sombra, en los quicios del silencio; señor, por último, déjame golpear la aldaba por vez última; pero no respondas a mi llamada necia.

César Moro (1903/1956 )

Amo el amor 3 Amo la rabia de perderte Tu ausencia en el caballo de los días Tu sombra y la idea de tu sombra Que se recorta sobre un campo de agua Tus ojos de cernícalo en las manos del tiempo Que me deshace y te recrea El tiempo que amanece dejándome más solo Al salir de mi sueño que un animal antediluviano perdido en     la sombra de los días Como una bestia desdentada que persigue su presa Como el milano sobre el cielo evolucionando con una     precisión de relojería Te veo en una selva fragorosa y yo cerniéndome sobre ti Con una fatalidad de bomba de dinamita Repartiéndome tus venas y bebiendo tu sangre Luchando con el día lacerando el alba Zafando el cuerpo de la muerte Y al fin es mío el tiempo Y la noche me alcanza Y el sueño que me anula te devora Y puedo asimilarte como un fruto maduro Como una piedra sobre una isla que se hunde ("material de poesía", unam)

Hugo Vera Miranda (1951 )

A divinis Dios vagaba a través del espacio sin hacer una mierda. Un día se le ocurrió la brillante idea de ponerse a trabajar. Creó los cielos y la tierra y muchas cosas más. Luego fruto de su esquizofrenia veloz, tomó del barro más nauseabundo diciendo: ¡Hágase un Hugo Vera Miranda! Más tarde en un acto de infinita crueldad y sin mediar consulta alguna, me saca una costilla y crea a esa perra. ("inmaculada decepción" y "rua das petras", blogs)

Edward Hirsch (1950 )

Pobres ángeles A estas horas el alma vaga ingrávida por las calles de la ciudad, invisible y muda, estupefacta ante la humeante mezcla de oros y grises que al aire rezuma, los sombríos medios tonos de polvo ocupando ya el cielo nublado mientras el cuerpo yace desganado a la ventana indolente y pesado, exhausto para mover un dedo, hastiado para levantarse o acostarse. A esta hora el alma es como una ala amarilla que escapa entre las frondas, una pequeña nube estática cerniéndose sobre las aceras, apelando a la noche que se aproxima: "azórame, azórame", mientras el cuerpo yace displicente a la ventana escuchando los claros reclamos de los muertos transparentes como vidrio, clarividentes como cristal... Algunas noches casi está listo para irse con ellos. Ah, esta es una tensa, insólita atadura, un injerto rabioso de lo rápido y lo lento: cuando el alma vuela, el cuerpo se hunde y toda la noche -encerrados en el mismo espacio atestado- se la pasan...

Francisco Hernández (1946 )

Alto contraste 1 de tus axilas brotan poemas ciegos como murciélagos de una cueva en el fondo del mar ("rua das petras")

Óscar Hahn (1938 )

Enemigos Si se muriera mi peor enemigo ay si se muriera el escas poder que tiene ahora se volvería fuerza sobrenatural Tengo miedo de que regrese a torturarme convertido en tenebroso fantasma Él nunca sabrá que el enfermero que lo cuidaba cuando estaba en la clínica era yo: su viejo adversario con anteojos oscuros y mascarilla blanca Si se vuelve a enfermar el insensato y fallece antes que yo debe saber que un día también voy a morirme y que iré a desafiarlo al más allá Ignoro con qué armas combaten los espectros pero sé que nuestro campo de batalla será el espacio de la muerte Dicen que el perdedor tendrá un castigo: reencarnarse en el cuerpo futuro de su eterno rival Tengo miedo de haber perdido ese combate y de estar cumpliendo la pena en esta vida ("la primera oscuridad", ed, fce, 2011, santiago de chile)

Saúl Ordoñez (1981 )

petite maman mamá te nací               en la estación de la muerte el inicio de los días azules y de los días negros mi vida una sucesión de días azules y días negros blues y melancolía mamá por qué no morimos con nuestros muertos ("petite maman", ed. mirabilis, toluca, méxico, abril 2015)

Vicente Aleixandre (1898/1984 )

Ven, siempre ven No te acerques. Tu frente, tu ardiente frente, tu encendida frente,  las huellas de unos besos, ese resplandor que aún me da se siente si te acercas, ese resplandor contagioso que me queda en las manos, ese río luminoso en que hundo mis brazos, en el que casi no me atrevo a beber, por temor después a ya una dura vida de lucero. No quiero que vivas en mí como vive la luz, con ese aislamiento de estrella que se une con su luz, a quien el amor se niega a través del espacio duro y azul que separa y no une, donde cada lucero inaccesible es una soledad que, gemebunda, envía su tristeza. La soledad destella en el mundo sin amor. La vida es una vívida corteza, una rugosa piel inmóvil donde el hombre no puede encontrar su descanso, por más que aplique su sueño contra un astro apagado. Pero tú no te acerques. Tu frente destellante, carbón encendido que me arrebata a la  propia conciencia duelo fulgúreo en que de pronto siento la tentación de mo...

Nuno Júdice (1949 )

La casa vacía Los pies desnudos en una alfombra de estopa sobre el suelo de piedra, el cuerpo recostado en la ventana abierta hacia el campo, de modo que no se vea el busto hasta el inicio de los senos, el pelo aún pegajoso del sudor de la noche, espera a que el día llegue. Si viese sus ojos, tal vez supiese hacia dónde partirá: el camino del mar o el camino de la ciudad se abren a su frente. Pero lo más seguro es quedarse en la casa de puertas de madera donde el sol desgastó la pintura, y de viejas sillas de paja, junto a la pared amontonadas, como si nadie más necesitase usarlas. Y comienza a vestirse con la lentitud de quien sabe que nadie la espera. No obstante, sus manos se conducen con agilidad, como si estuviesen en contradicción con el cuerpo; y sus hombros brillan con la luz que despunta por entre los árboles. La dejo quedarse en esa pose, escondiendo el manojo de flores recogidas en la víspera y que, después de que ella salga de la casa que abrigó c...

Jeymer Gamboa (1980 )

Gillettes usadas La puerta está abierta para que la canción de la radio llegue hasta el baño. Ella está depilándose las piernas y pensando en que esto va mejor. Su momento cumbre de reflexión se interrumpe justo con ese corte cerca del tobillo. ("el poeta ocasional")

Blanca Varela (1926/2009 )

Destiempo II Estréchame las manos, la única luz que nos queda, no me dejes olvidada en la cima de una ola. Aléjate. Aparten ese frío paisaje de cipreses, escombren esos náufragos que ocultan el horizonte. La vida es una noticia conmovedora. Atravieso el desierto, la terrible fiesta en el centro de un cielo derribado. Estoy casi olvidando. ("ese puerto existe", uv, xalapa, méxico, 2003, segunda edición)

Elena Annibali (1978 )

Los trenes a las dos, a las cinco, los trenes cruzan el pueblo vacíos, fantasmales su vapor se confunde con la niebla que ciega a los caballos con el humo de neón de las cafeterías públicas con el tabaco amargo de los suicidas que a esa hora en grupos van a mirar los rieles a oler el perfume del aceite ardido una noche recordé a la mujer etrusca que sacó un pañuelo blanco por la ventanilla y me hizo la seña del adiós así de antigua es la felicidad así de inexacta las máquinas no hallan las salidas su timbre de soledad nos hace doler el corazón ("marcelo leites")

Mario Montalbetti (1953 )

Objeto y fin del poema Es de noche y tiene que aterrizar antes de que se acabe el combustible, Así terminan todos sus poemas, tratando de expresar con un lenguaje público un sentimiento privado. Su ambición es el lenguaje del piloto hablándole a los pasajeros en medio de una situación desesperada: parte engaño, parte esperanza, parte verdad. Todos los poemas terminan igual. Hechos pedazos contra un cerro oscuro que no estaba en las cartas. Luego hallan los restos: el fuselaje, la cola como siempre, intacta, el olor a cosa quemada consumida por el fuego. Pero ninguna palabra sobrevive. ("nueva provenza")

Jaime Gil de Biedma (1929/1990 )

Desembarco en Citerea                                                           a Elaine y Tony Como la luz, la música tiene una calidad fosforescente y suave de sueño recordado. Cerca el mar y la noche tranquila sobre el gran paseo le esperan, avivándole la rara y tenue sensación de estar que se siente en las islas y en los bares. De vivir en la arena, bajo el sol, son nobles esos cuerpos y capaces de hacer llorar de amor a una nube sin agua, en los que el beso deja un sabor de sal en la saliva, gusto de libertad que hace soñar y sobrexcita al extranjero. Cuando vaya a dormir, a solas y muy tarde, la nostalgia sucederá a la envidia y al deseo. Nostalgia de una edad del corazón, y de otra edad del cuerpo, para de noche inventar en las playas el mundo, de dos en dos. No sólo desear, pero sentirse deseado él también....

Uriel Martínez (1950 )

El amado vii señor, tú que no tuviste descendencia, acógeme en tu vientre, en la uretra, en cada uno de tus espejos en que te acicalas señor, tú que no tienes ojos, ni voz, ni sentimientos, hazme a tu imagen y semejanza como el agua duplica al Enamorado señor, tú que habitas las tinieblas, no me sueltes de la mano cuando esta mañana tropiece con aquellos ojos que me siguen sin saberlo y si espero demasiado de ti, permite que el agua resbale por mi dermis antes que me veas vencido como un día el viento subyugó la nuca del árbol sin raíces.

Rafael Cadenas (1930 )

Derrota Yo que no he tenido nunca un oficio que ante todo competidor me he sentido débil que perdí los mejores títulos para la vida que apenas llego a un sitio ya quiero irme (creyendo que mudarme es una solución) que he sido negado anticipadamente y escarnecido por los más aptos que me arrimo a las paredes para no caer del todo que soy objeto de risa para mí mismo que creí que mi padre era eterno que he sido humillado por profesores de literatura que un día pregunté en qué podía ayudar y la respuesta fue una risotada que no podré nunca formar un hogar, ni ser brillante, ni triunfar en la vida que he sido abandonado por muchas personas porque casi no hablo que tengo vergüenza por actos que no he cometido que poco me ha faltado para echar a correr por la calle que he perdido un centro que nunca tuve que me he vuelto el hazmerreír de mucha gente por vivir en el limbo que no encontraré nunca quién me soporte que fui preterido en aras de personas más miserables que y...

Jorge Teillier (1935/1996 )

El pasajero del Hotel Usher Las escaleras se disuelven como el humo de las tazas de té. El pasajero sueña con Annabel, en las oscuras riberas de ríos donde nunca estuvo. El llamado del teléfono es el perforante guijarro de las garzas en la laguna el oleaje de los autos acuna sus pesadillas. El cuarto está lleno de gaviotas que en vano intentan revivir sobre un césped, que en vano se estrellan contra vidrios empañados. Sus alas serán cortadas, sometidas a la misma condena a la que se somete el pasajero. Los pantanos de la memoria absorben al Hotel, absorben al pasajero que no se levanta del lecho, no recorre las galerías donde las arañas tejen sus mensajes, no mira las mesas del comedor donde dialogan, para no morir de tedio, las alcuzas con el mantel de hule. No contempla las desteñidas reproducciones de Doré en los muros. No ve el polvillo de las demoliciones en los primeros rayos matutinos. Ya se fue Ariadna de la ciudad y el laberinto de los pasadizo...

Carlos Marzal (1961 )

El animal dormido                                          a Luis García Montero Has llegado en la noche, como otras tantas noches, hasta la casa apuntalada en sombras. La puerta ha clausurado el alba amenazante, y, tú mismo una sombra, te desvistes por el pasillo a tientas, con las voces aún y el sabor de esa noche hurgando en la memoria. La habitación todavía es más ciega, y la invade, corpórea, la familiar tibieza de una niebla invisible. Has tumbado tu noche, tu cansancio y tu cuerpo, junto al cansado cuerpo de su noche. Quién sabe qué fantasmas la estarán visitando, con quién departirá en la hora puntual de los demonios, por qué tierras salvajes de los sueños andará extraviada y sin echarte en falta. Toda la suma de casualidades, de planes no cumplidos, de rutas postergadas, de incertezas, y que llevan por fin hasta esta noche, resulta un laberinto in...

Joan Margarit (1938 )

Ella Es tiempo ya de no esperar a nadie. Pasa el amor, fugaz y silencioso como en la lejanía un tren nocturno. No queda nadie, es hora de volver al desolado reino del absurdo, a sentirse culpable, al vulgar miedo de perder lo que estaba ya perdido. A la inútil y sórdida moral. Es hora ya de darse por vencido en el trabajo, a solas, otro invierno. ¿Cuántos quedan aún, y qué sentido tiene esta vida donde te he buscado, si ya llegó la hora tan temida de comprobar que nunca has existido? ("rua das petras")

Max Rojas (1940/2015 )

El turno del aullante I Lo furioso, lo verdaderamente animal que me sostiene, lo que me guarda en pie con el rencor crecido, esto como de hueso, como de dientes que se muerden después de haber mascado el polvo, esto de sangre, esto de grito ahorcado como un aullido en la garganta, esto como un muro, como un sollozo largo de noche sin hogueras, lo animal, lo verdaderamente huraño que me duele en los ojos. Dije que el mar es algo así como esa diaria muerte de mi cuerpo. Hoy me sale lo bronco y me revuelvo, hoy me sale lo herido y me desgarro —perdón por esta forma de amargura, pero es que hoy de muy dentro me sale lo animal desbocado, la verdadera furia que me empuja: esto de maldecir espinas por la boca lo formalmente triste, lo exactamente amargo como el llanto. Ahora me vuelvo y me despido y me regreso. Voy a buscar mi sombra entre la sombra, porque mordí sin tiempo un corazón de niebla, y lo bronco, lo verdaderamente animal que me sostiene está dolido. ...

Alejandra Correa (1965 )

Sostiene mi mano... Sostiene mi mano derecha en su mano derecha la contiene en el hueco y aprieta mi puño en su puño pulgar e índice apuntalan esta pluma dibujamos unos signos antiguos me lleva desde fuera de mi trazo él es mi trazo él se aventura yo lo sigo pero ya no es a él es al movimiento y su música su mano apretando la mía su movimiento en el mío mojamos juntos la pluma en el tintero mínimo el olor agrio de la tinta negra en mi pequeña nariz volvemos al trazo interrumpido se elevan nuestras manos se acortan se ciñen se controlan dibujamos el idioma respira tan cerca su profunda voz emite algún sonido como dictando más corto más largo más reunido y entonces me dice: - Ahora, vos sola y me abre en un abismo ("el poeta ocasional")

Truman Capote (1924/1984 )

El regalo  Empecé a escribir a los ocho años – de la nada, sin ningún ejemplo que me inspirara. No había conocido a nadie que escribiera; en verdad conocía bastante poca que leyera. Pero el hecho fue que las únicas cuatro cosas que me interesaban eran: leer libros, ir al cine, el tap y dibujar. Después un día empecé a escribir sin saber que me encadenaba de por vida a un noble pero impiadoso amo. Cuando Dios te da un regalo también te entrega un látigo, y la sola función de ese látigo es la autoflagelación. ("hasta donde llega la voz", versión de tom maver)

Pedro Mairal (1970 )

Por eso porque yo me desierto y tú me lluvias porque me océano y me balsas porque me otoño y tú me hojas porque me sótano y me alas por eso yo te músico y me músicas por eso yo te potro y tú me frutas y yo te marinero y me tabernas y yo te remolino y me lagunas por eso yo te circo y tú me infancias por eso te amarillo y me amarillas y te barco y me arenas y te astro y me noches y te buzo y me perlas y te campo y me flores por eso yo te viento y tú me crines por eso te crepúsculo y me auroras por eso yo te cielo y tú me golondrinas ("apología de la luz")

Linda Pastan (1932 )

Viento frío La puerta del invierno está cerrada y congelada, y como los cuerpos de animales extinguidos hace mucho, los coches yacen abandonados allí donde la fría carretera los haya llevado. Qué ceremoniosa es la nieve, con qué callada gravedad convierte aun la muerte en una disposición formal. Sola ante mi ventana, escucho el viento, las pequeñas hojas que golpean suavemente sus ataúdes de hielo. ("otra iglesia es imposible", versión de jonio gonzález)

Marino Muñoz Lagos (1925 )

Primeras noticias de mi muerte El día que me muera, estoy pensando, será un día de lluvia. El día menos rebelde que yo tenga. Desde el bosque traerán la madera con que sueño. Desde un bosque cercano donde el agua sigue su cristalino derrotero. Y unos árboles breves, como nidos, servirán de ataúd para mi cuerpo. Los clavarán cantando, es muy seguro, entre veinte o cuarenta carpinteros: los clavarán cantando sin pensar que la muerte camina por sus dedos. nadie vendrá desde mi casa porque nadie sabrá que yo me muero: mi madre y mis hermanos continuarán mirando el mar desde los cerros, caminando sus calles, sus jardines, donde la rosa quiebra sus espejos. Mi delgado país, lo que conozco desde el fruto quemante hasta el invierno se irá conmigo, lo tendré golpe a golpe en mis entrañas, en lo más ciego del ciego corazón como si fuera la raíz principal de mis secretos. Lo soñado: los trenes de mi patria que atraviesan sus ríos sempiternos, noche a noche, aullando t...

Cristina Peri Rossi (1941 )

Los exiliados II Hablamos lenguas que no son las nuestras andamos sin pasaporte ni documento de identidad escribimos cartas desesperadas que no enviamos somos intrusos numerosos desgraciados sobrevivientes supervivientes y a veces eso nos hace sentir culpables. ("runas del deseo, antología poética, 1971-2004", ed. universidad autónoma de la ciudad de méxico, 2008)

Blanca Varela (1926/2009 )

Alba Al despertar me sorprendió la imagen que perdí ayer. El mismo árbol en la mañana y en la acequia el pájaro que bebe todo el oro del día. Estamos vivos, quién lo duda, el laurel, el ave, el agua y yo, que miro y tengo sed. ("blog del amasijo")

Alejandra Pizarnik (1936/1972 )

La enamorada esta lúgubre manía de vivir esta recóndita humorada de vivir te arrastra alejandra no lo niegues. hoy te miraste en el espejo y te fue triste estabas sola la luz rugía el aire cantaba pero tu amado no volvió enviarás mensajes sonreirás tremolarás tus manos así volverá tu amado tan amado oyes la demente sirena que lo robó el barco con barbas de espuma donde murieron las risas recuerdas el último abrazo oh nada de angustias ríe en el pañuelo llora a carcajadas pero cierra las puertas de tu rostro para que no digan luego que aquella mujer enamorada fuiste tú te remuerden los días te culpan las noches te duele la vida tanto tanto desesperada ¿adónde vas? desesperada ¡nada más! ("poetas del mundo", fb)

Uriel Martínez (1950 )

Los farsantes "Fumando me procuro una muerte lenta y dolorosa" como algunos atardeceres y otoños. "El alcohol me acerca al precipicio y daña mi sobriedad", como algunos labios que pronuncian sin decirlo tu nombre. "Algunas puertas permanecen entornadas para que alguien salga o entre", según, como los ladrones y el humo, sin sentirlos. "Dormir en demasía te acerca a la noche aguardada, deseada"; no conciliar el sueño también, andarás como es tu costumbre, espectral, desaseado. "Cuídate de los farsantes que llegan desde las orillas del silencio"; cuídate de los irritantes del mercado; de los que pasan ofreciendo cualquier bagatela como la última escala al paraíso.

Christian Peña (1985 )

                       para alfredo lèal La puerta del infierno es de aluminio y tiene incrustaciones de diamante. Pequeña como la puerta del perro, debes arrodillarte para entrar. Tiene tu nombre y tu rostro grabados. Es una puerta fiel a tu deseo y se abre cada que cierras los párpados. ("de todos lados las voces", ed. uacm, méxico, 2010)

Abigael Bohórquez (1937/1995 )

Diluvio nada por aquí, nada por allá; nada en esta mano, nada en esta otra; un ojo, dos cabezas, tres brazos, cuatro pies; los ahogados, al alba, todavía querían tragar más; y la paloma de noé ni con las mañanitas. ("digo lo que amo", ed. uacm, méxico, d.f., 2015)

Jacobo Regen (1935 )

Elegía III Envuelta en una música doliente llegas a mí, de lejos, madre mía. Y aunque no cantes tú, la melodía vibra en mi corazón, llora en mi frente. Pueblas mi sangre silenciosamente y, al prolongarte en mí, soy tu agonía: raído azogue, remembranza fría de tanto amor y tanta luz ausente. Madre, mi soledad a tí se aferra. Nada me habita como tu recuerdo por la infinita sombra iluminado. Protégeme en las lindes de la tierra donde sin causa ni razón me pierdo, donde ya ni conmigo me he quedado. ("marcelo leites")

José Antonio Ramos Sucre (1890/1930 )

 El castigo     El visionario me enseñaba la numeración valiéndose de un árbol de hojas incalculables. Pasó a iniciarme en las figuras y volúmenes señalándome el ejemplo del cristal y la proporción guardada entre las piezas de una flor. Descubría en el cuerpo más oscuro un átomo de la luz insinuante.     El visionario desaparecía al caer la tarde en un esquife de cabida superficial. Creaba la ilusión de zozobrar en una lejanía ambigua, en medio de un tumulto de olas. Yo miraba flotar las reliquias de su veste y de su corona de ciprés.     Volvía el día siguiente a escondidas de mí, usando el mismo vestido solemne de un sacerdote hebreo, conforme el ritual de Moisés.     Comentaba en ese momento el pasaje de un rollo de pergamino, escrito sin vocales. La portada mostraba la imagen del licaón, el lobo del África. Terminaba citando el nombre de los profetas vengativos y soltaba a la faz de la mañana un himno grandioso donde se agotaba el...

Philip Larkin (1922/1985 )

Canciones de amor en la vejez   Guardaba sus canciones, ocupaban tan poco espacio, le gustaban las tapas: una descolorida de estar al sol, una con los círculos de un jarrón con agua, una pegada, de cuando le dio por poner orden, y coloreada, por su hija; y así esperaron, hasta que ya viuda las encontró, buscando otra cosa, y se puso a redescubrir cómo esos acordes francos y sumisos habían dado paso a esas palabras que los guiones prolongan, y la infalible sensación de ser joven se extendió como un árbol que despierta en primavera, en el que cantaba esa fresca lozanía, esa certeza de tener tiempo por delante como cuando las tocó por primera vez. Pero más aún, el refulgir de ese tan mencionado brillo, el amor, estalló para mostrar el vuelo de su luminosa insipiencia, que aún prometía solventar, y satisfacer, e imponer un orden inmutable. Por ello, esconderlas otra vez, llorar, fue duro, sin admitir en parte que no lo había conseguido entonces, y no lo haría a...

Jotaele Andrade (1974 )

El universo y todos al fin y al cabo podría decirse que una vida es con mucho un grave accidente o un accidente y uno asume gravedad en esa cuestión o lo toma a la ligera y se permite cierta liviandad con los hechos de todos modos una bomba cayendo allí o acá la pandemia del hambre y los círculos selectos no durarán por siempre y con mucho digamos con muchísimo optimismo este planeta continuará algunos miles de años y luego ya se sabe será residuos y polvo por lo que convengamos el universo no se habrá alterado un ápice ("rua das petras")

Raúl Gustavo Aguirre (1927/1983 )

Pembroke Bay Allá quedó: recóndita entre el cielo y el mar y las colinas, con sus arenas lúcidas, su propia eternidad, en el azul fosforecente, sola entre los élitros de la tormenta y el galeón estallado, entre la piedra del coleóptero y el áspero versículo del caracol, y el viento que vomita la nieve y el cormorán que eleva sus ojos hechizados en un edén de espumas y asfodelos donde secretamente avanza el leviatán hacia el fin de la noche, dios lejano, hacia los grandes témpanos que han roído las olas y la aurora boreal. Reina de callados pensamientos entre los horizontes y las rocas de Príapo, oh, blanca tumba mía, preferida entre todas.                           Port Stanley, Islas Malvinas, 1980 ("otra iglesia es imposible")

Silvina López Medin (1976 )

Poema Al sacar la cabeza del agua recobrás aire y recobrás parte de lo que suena afuera: viento, el golpe de unos postigos que se cierran. Al sacar el cuerpo del agua ves en el verano en el centro mismo del verano bajo los árboles hojas secas. ("otra iglesia es imposible")

Blas de Otero (1916/1979 )

En el principio  Si he perdido la vida, el tiempo, todo lo que tiré, como un anillo, al agua, si he perdido la voz en la maleza, me queda la palabra. Si he sufrido la sed, el hambre, todo lo que era mío y resultó ser nada, si he segado las sombras en silencio, me queda la palabra. Si abrí los labios para ver el rostro puro y terrible de mi patria, si abrí los labios hasta desgarrármelos, me queda la palabra. (muro fb de daniel montoly)

María Sanz (1956 )

Nadie te ha dado nada Nadie te ha dado nada, tú lo sabes. Y lo entiendes mejor cada mañana cuando abres tu vacío a los primeros rayos del sol. Entonces agradeces tener por toda herencia tus sentidos para ese instante alado de gorriones que te hace despertar, para ese aroma florido de la brisa más temprana. Y lo entiendes mejor. Sabes que el tiempo acabará con toda pertenencia, con todo lo que aún no se posee, y hasta con esas luces que te inundan de su clara verdad. Nadie te ha dado más que órdenes, leyes y consejos a seguir, por las buenas o las malas; tristezas en la noche, frases hechas, remedios inservibles contra el frío y un poco de otras muchas vanidades. Pero tú lo agradeces. Así nunca tendrás que devolver ciento por uno de tales donaciones. Y lo entiendes mejor cuando te acuerdas de ese día en que habrás de partir, dejando sólo unos versos escritos como ejemplo de tu digna pobreza. Nadie cumple más deseos por ir con su abundancia sobre los hombros,...

Saúl Ordoñez (1981 )

petite maman                                   mamá tu boca es el cristal                tras el que arde la llama -cornucopia o caja de pandora pero cristal no: vidrio volcánico obsidiana tu lengua -como los aztecas representaban a los muertos y a los dioses de los muertos sólo tu palabra podrá devolverme a la vida ("petite maman", ed. mirabilis, toluca, méxico, 2015)

Cintio Vitier (1921/2009 )

Ese niño ardiendo (Viet Nam) Ese niño que lentísimo corre ardiendo en busca de la gota de vida que le niegan, la bocanada de aire que lo inflama, el pecho imposible de su madre, y que tropieza y cae, y que ya muerto sigue ardiendo, arrastrándose inmóvil, no hay palabras, las palabras tendrían  que ser carne, huesos, ojos, y arder y arrastrase por la tierra, tendríamos que arder con las palabras quemadas como él, y aún así no sabríamos qué decirle. ("premio de liteartura latinoamericana y del caribe juan rulfo 2002")

Olga Orozco (1920/1999 )

Ésa es tu pena Ésa es tu pena. Tiene la forma de un cristal de nieve que no podría existir                  si no existieras y el perfume del viento que acarició el plumaje de los amaneceres                 que no vuelven. Colócala a la altura de tus ojos y mira cómo irradia con un fulgor azul de fondo de leyenda o rojizo, como vitral de insomnio ensangrentado por                el adiós de los amantes, o dorado, semejante a un letárgico brebaje que sorbieron los ángeles. Si observas al trasluz verás pasar el mundo rodando en una lágrima. Al respirar exhala la preciosa nostalgia que te envuelve, un vaho entretejido de perdón y lamentos que te convierte en reina                     del reverso del cielo. Cuando la soplas crece como si devorara la íntima sustancia de una llama y se retrae como ciert...

Uriel Martínez (1950 )

Tres primates 1. Ese día el mico culto regresaba a Dogville de un pueblo distante cinco horas . A medio camino el camión de Tercera Plus hizo escala en un punto reputado de quesero y lechero. El MC observó las puertas abatibles levantadas cuando el chico maletero las bajó una por una -eran cuatro- y, para asegurarse del cierre en firme, las empujó, también de una en una, con ambas nalgas. "Bendita sabiduría", dijo mentalmente, y subió a ocupar su butaca. 2. Lo primero que le llamó la atención al mico culto fue que, antes de entrar en la ducha, no hubiese vapor saturando el baño. Comenzaba el mes y se había agotado el cilindro. Se lavó el pelambre, se enjabonó las extremidades -"el agua está tibia, eso me favorece", pensó mientras se restregaba con el zacate-; tomó la pieza de Palmolive y se enjabonó el ano. Tocó un promontorio de grumos. "He bebido mucho café", pensó antes de comenzar a desprenderlos. Creyó que eran residuos del aromático de Chia...

Begoña Abad (1952 )

Poema La vida es un espacio en el que perdonar y en el que conseguir ser perdonados. Todo lo que ocurre en medio carece de importancia pero nos hace muy infelices. ("rua das petras")

Joaquín Giannuzzi (1924/2004 )

Poniéndome la corbata Cuando J. O. G. se pone la corbata su mueca ante el espejo no interpreta el mundo. Más bien es una distorsión desesperada de un rostro que está allí sin saber cómo. Ojos espantados que preguntan cuándo acabará todo. Piedad para todos aquellos que como J. O. G. aprietan el nudo de la corbata cada mañana y nunca terminan por ahorcarse. Sentimentales y astutos como moribundos que olfatean el límite y retroceden a tiempo. ("emma gunst")