Entradas

Mostrando entradas de mayo, 2017

Ana Luísa Amaral (1956 )

Las más perfecta imagen Si yo barriese todas las mañanas las pequeñas agujas que caen de este arbusto y que el suelo les da casa, tendría una metáfora perfecta de lo que me llevó a dejar de  amarte. Si todas las mañanas limpiase esta ventana y, en el fulgor del vidrio, más allá de mi reflejo, sintiese distraerse la la transparencia que la nada representa, vería que el arbusto no pasa de un infierno, ausente el decasílabo de la llama. Si todas las mañanas mirase la tela adornarle las ramas, también la entendía, a esa imperfección de mayo a agosto que le corrompe los hilos y le desarma la geometría. Y el color. Aun si ahora viese este poema en tono conclusivo, notaría cómo su verso crece, sin rimar, en una prosodia incierta y discontinua que huye a mi entender. La lentitud del viento, la erosión. Vería que la nostalgia pertenece a otra tela de otro tiempo, no es de aquí, pero se incrustó a una neurona mía, una memoria que aún insiste en cualquier belleza: el fueg...

Luís Filipe Castro Mendes (1950 )

Una ciudad en Escocia, desenfocada en el poema Ahí nadie me esperaba. Tampoco dije que quería ir. Una cena solitaria, la lluvia doliendo en los cristales, un cuarto sencillo y hecho a la carrera. A la mañana siguiente el aire estaba limpio como las    las palabras en un buen poema y las calles y las casas, libres de retórica, nos dibujaban el día, simplemente. Me siento tan bien en los lugares que no fingen querernos, que no nos imponen recuerdos ni legados, que simplemente son y nos permiten ¡no pertenecer! (¿Por qué escribimos siempre contra alguna cosa, aun cuando hablemos de felicidad?) ["nueve poetas portugueses para un nuevo siglo, antología", ed. unam, méxico, 2016, traducción de josé javier villarreal; sel., prólogo y notas de nuno júdice]

Gastón Baquero (1914/1997 )

Jamás con ese final Si tomas entre los dedos la palabra amor, y la contemplas de derecho a revés, y de arriba abajo, verás que está hecha de algodón, de niebla, y de dulzura.             Si después aprisionas la palabra música, sentirás entre tus dedos el crujir de una frágil lámina de arena.             Si cae entre tus manos la palabra jamás, la terrible palabra que pone punto final a la pasión y al destino, sentirás que está lleno de infinito, y que la serpiente inmóvil de la S es un eslabón entre el fuego y la nieve, entre el infierno y el cielo, entre el amor y la música.             La palabra jamás con ese al final no termina nunca; rodea la tierra y salta luego, perdiéndose en el océano de las estrellas. ("no me quites paz")

Uriel Martínez (1950 )

El médico El médico me habla de enfermedades hospedadas en cuerpos que ignoran el mal; luego me enumera el sida, la diabetes, la presión arterial, entre otras; pero veo que calla el dolor de mutilados, del suicida, del paciente preso en un vasto vergel de medicinas, horarios, dosis; dosis reguladas por enfermos, él incluido, de alcohol, aspirinas, plegarias, familia, gimnasio, compromisos, corbatas, modas, tarjetas de visita, honorarios, mentiras. Todo eso juntos, él y yo. [Inédito]

Beatriz Vignoli (1965 )

Surf Te has sentado en la esquina donde alguien puso mesas, sillas de plástico. Necesitabas ver toda esta luz. Hubieras sido un pintor impresionista de nacer en otro siglo, en otra clase. Te gusta mirar a los skaters, esos surfistas de tierra que pasan con luz verde y logran que parezca un océano el asfalto. Estás solo. Desde que viniste de allá, andás solo. Vas por fuera del mundo como un ángel, vos, que mataste. ("el placard")

Diana Azcona Trejo (1982 )

Crónicas de hospital VIII Salgo de la sala de urgencias al amanecer, luego del informe médico: dicen que no has despertado. Prendo un cigarro   o dos y leo un poema      o dos. Hago lo mismo desde hace muchos días, no sé exactamente cuántos: he perdido la capacidad de medir el tiempo. Siento como si llevara años viviendo aquí, como si la entrada del hospital fuera el comedor de nuestra casa, como si los parientes de los otros enfermos fueran de nuestra familia; los observo y padezco con ellos: el padre de Alfonso luce abatido esta mañana el pulmón de su hijo colapsó; la hermana de Silvia , paciente de cáncer, llora tranquila y come tamales mientras espera a que le entreguen a la muerta radiada; la casi viuda del hombre comatoso bebe café, lee un poema   o dos, prende un cigarro y no sabe qué hacer ante el esplendor de la despedida. ("caína bella")

Eugénio de Andrade (1923/2005 )

Primavera en Oxford La floración: el cuerpo magnífico del viento nos trae el aroma de la floración de las lilas en las calles más íntimas de Oxford, coronando de alegría a los muchachos que huyen en bicicleta bajo la lluvia menuda y clara, como si la luz corriese con ellos hacia un encuentro nupcial conmigo o con la vida. Las nubes A  veces bailan en las colinas o en los ojos de las tórtolas: van hacia el sur, buscan la luz fresca de las islas, los pies diminutos de la lluvia, el estallido del mar, el olor juvenil de la leña todavía verde y con resina, el alma de las placitas, los gorriones, el susurro del alba. (tomado de la web, trad. iván garcía)

Xavier Villaurrutia (1903/1950 )

Cementerio en la nieve A nada puede compararse un cementerio en la nieve. ¿Qué nombre dar a la blancura sobre lo blanco? El cielo ha dejado caer insensibles piedras de nieve sobre las tumbas, y yo no queda sino la nieve sobre la nieve como la mano sobre sí misma eternamente posada. Los pájaros prefieren atravesar el cielo, herir los invisibles corredores del aire para dejar sola la nieve, que es como dejarla intacta, que es como dejarla nieve. Porque no basta decir que un cementerio en la nieve es como un sueño sin sueños ni como unos ojos en blanco. Si algo tiene de un cuerpo insensible y dormido, de la caída de un silencio sobre otro y de la blanca persistencia del olvido, ¡a nada puede compararse un cementerio de nieve! Porque la nieve es sobre todo silenciosa, más silenciosa aún sobre las losas exangües labios que ya no pueden decir una palabra. ("nostalgia de la muerte", editorial sur, buenos aires, 1938)

Norah Lange (1905/1972 )

Amanecer En el corazón de cada árbol se ha estremecido la medianoche. La noche se desmenuza en lenta procesión de niebla. Todas las tardes terminan su cansancio. Los letreros luminosos duermen el asombro de sus colores y anticipan la contemplación de cada pobre. En toda esquina vigila el sueño y es tu recuerdo la única pena que humilla la altivez de las aceras. Lejos, el primer mendigo, traiciona el portal donde ha dormido. Y la ciudad se abre como una carta para decirnos la sorpresa de sus calles. ("no me quites paz")

Manuel Moya (1960 )

Tienen Tienen sed los campos. Ha llovido poco últimamente. Pasaron las tormentas y no dejaron nada. Sacaron a los ídolos y no vino la lluvia. La lluvia viene cuando quiere. No tiene su sazón hora fijada. Mucha o poca, la lluvia jamás mide cuanto otorga, ni prevé dónde será bien recibida. Llueve con simpleza, simplemente. Se deja llover por puro gusto. No castiga la lluvia, no condena. Es un don la lluvia, y no lo sabe. No los hombres A mi padre, a quien tanto esperaba cada tarde de mi infancia.  No los hombres que vuelven de Hispania o de Cartago cegados por el mirto o por el oro, no aquéllos, cuyos torsos perturban los jardines, no los estrelleros, los escribas ni el vencedor de Farsalia; desde luego no los príncipes ni el gladiador que volvíó a eludir la muerte, no el impúdico tribuno, ni el hebreo tonante, inexpresivo, al que temí menos por su sangre que por su misterio, no ninguno de los dioses que dicen verdaderos a quienes en su te...

Constantino Cavafis (1863/1933 )

Anduve Querían atarme. Me solté y anduve. Anduve por la noche constelada. Encontré goces que eran mitad reales; la otra mitad, denuedos de mi alma. Bebí el áspero vino que reservan, para el placer, los bravos. ("otra iglesia es imposible", ver. josé emilio pacheco)

Gloria Fuertes (1917/1998 )

Al borde Soy alta; en la guerra llegué a pesar cuarenta kilos. He estado al borde de la tuberculosis, al borde de la cárcel, al borde de la amistad, al borde del arte, al borde del suicidio, al borde de la misericordia, al borde de la envidia, al borde de la fama, al borde del amor, al borde de la playa, y, poco a poco, me fue dando sueño, y aquí estoy durmiendo al borde, al borde de despertar. ("emma gunst")

Antonio Colinas (1946 )

Canto X Mientras Virgilio muere en Bríndisi no sabe que en el norte de Hispania alguien manda grabar en piedra un verso suyo esperando la muerte. Este es un legionario que, en un alba nevada, ve alzarse un sol de hierro entre los encinares. Sopla un cierzo que apesta a carne corrompida, a cuerno requemado, a humeantes escorias de oro en las que escarban con sus lanzas los [bárbaros, Un silencio más blanco que la nieve, el aliento helado de las bocas de los caballos muertos, caen sobre su esqueleto como petrificado. Oh dioses, qué locura me trajo hasta estos montes a morir y qué inútil mi escudo y mi espada contra este amanecer de hogueras y de lobos. En la villa de Cumas un aroma de azahar madurará en la boca de una noche azulada y mis seres queridos pisarán ya la yerba segada o nadarán en playas con estrellas. Sueña el sur el soldado y, en el sur, el poeta sueña un sur más lejano; mas ambos sólo sueñan en brazos de la muerte la vida que soñ...

Eleonora González Capria (1983 )

Este pan A los pies de la cama hay un pájaro tibio todavía latiendo. No me muevo por miedo. Está a mitad de sangre y de saliva las alas y las plumas y el pico apenas. Es frágil el corazón de los pájaros, pero trata de no morirse mientras miro. Las alas y las plumas y el pico apenas y después además un ojo. Sé bien que es una ofrenda esa vida que duda ahí tirada, que solamente para mí mordieron esa carne antes entera. Mi gata al fondo de la escena en el pasillo se lava clara igual que siempre. ("periódico de poesía")

Alda Merini (1931/2009 )

Sé que un amor... Sé que un amor puede volverse blanco como cuando se ve un alba que se creía perdida. ("la ficción del olvido", trad. delfina muschietti)

Billy Collins (1941 )

Olvido El nombre del autor es lo primero que se va seguido obedientemente por el título, la trama, la conclusión desgarradora, la novela entera que de pronto se vuelve una que no has leído nunca, de la que ni siquiera has oído. Como si, uno por uno, los recuerdos los que solías aferrarte decidieran retirarse al hemisferio sur del cerebro, a una pequeña villa pesquera donde no hay teléfonos. Hace tiempo besaste por última vez los nombres de las nueve Musas y viste a las ecuaciones cuadráticas empacar y ahora aún cuando memorizas el orden de los planetas, algo más se te está escapando, la flor de un estado, quizás la dirección de un tío, la capital de Paraguay. Lo que sea que estás tratando de recordar no está en la punta de tu lengua tampoco merodeando en una esquina recóndita de tu bazo, se ha desvanecido en un oscuro río mitológico cuyo nombre empieza con una L, es lo que recuerdas, en tu propio camino hacia el olvido donde te reunirás con los que ya no sabe...

Manuel Ponce (1913/1994 )

Carpe Diem Antes de que la vida se consuma sumando en islas de verdor los años, contad uno por uno sus escaños: porque el tiempo nomás es una suma. Antes de que la rosa infiel asuma descoloridos síntomas extraños, lo efímero gozad de sus engaños: porque la rosa es nada más espuma. Gozad el curso de la edad ligera: porque la juventud es una ola que nos induce a la glacial ribera. Y antes de que marchite su corola, con risas acatad la primavera: porque la primavera es una y sola. ("el jardín increíble", ed. jus, méx., 1999)

Uriel Martínez (1950 )

Algunas tardes Algunas tardes, previo al atardecer, doy de beber a las plantas agua de mi agua y pan de mi sed. Otras, rodeado del halo que brota una y otra vez de la música, amanso hasta donde es posible mis bestias. A veces alcanzo a ver lenguas de fuego, resplandores que sólo se adivinan en las tumbas, la distancia, el silencio de ciertas noches. Si es una tarde de domingo la caída de la noche es más lenta, el silencio más dilatado, los poros más ciertos. Son horas en que los peces se revuelcan en la arena, buscan por instinto el oxígeno que beben en el agua. Los veo agitarse en lucha por recuperar la ondulación primigenia, las eses que sus branquias trazan por instinto, como el instinto de la escritura. [Inédito]

Alberto Vega (1956/2006 )

Economía de medios (mejor: de miedos) A veces suena el timbre del teléfono y entra en casa el cartero, disfrazado de fax. No le presto atención, mas algo en mi interior me dice que una noche vendrá Dios a cobrar la demora en la hipoteca de mi vida simulando que me trae la cerveza y las pizzas o un recibo impagado de la empresa del gas. Entonces hará frío, será tarde y en toda la ciudad no habrá un maldito Banco de Horas abierto que me avale. Buenas noches, amigos Te aguardaba en estos versos. Entre la niebla cotidiana y unos granos de opio elegí este horizonte de noches y fonemas para mirar tus ojos frontalmente. Ahora soy un príncipe encantado bajo este aspecto de sapo un tanto lírico que deberás besar si quieres que este cuento acabe bien para nosotros. Créeme: Crée Créeme: no hay orgullo ni bajeza en mis palabras. Yo te aguardaba en estos versos desde siempre. ("rua das pretas")

Alejandro Nicotra (1931 )

Última cita Ella está ahí, esperándome, a pocas cuadras, en la plaza final: yo camino, despacio, atento al mundo de la acera ─sus árboles, sus pájaros─ por si aún me entregase una palabra, ya última, que darle: ofrenda, sí, de reconciliación. (muro fb pablo anadón)

Anna Ajmátova (1889/1966 )

La mujer de Lot                                   Pero la mujer de Lot miró                                   Hacia atrás y se convirtió en una                                   Columna de sal.                                                              Génesis Y el hombre justo acompañó al luminoso agente de Dios por una montaña negra, siguiendo su huella, mientras una voz incansable acosaba a la mujer: —No es demasiado tarde, aun puedes mirar hacia atrás. Hacia las torres rojas de tu Sodoma nativa, al patio donde una vez cantaste, al pabellón para hilar, a las ventan...

Isaac Esau Carrillo Can (1983 )

Cuando era niño (fragmento) II Ka’ach tin paalile’ kin chukik kóokay, kin ji’ik u jojopsáasilo’ob tin wíinkilal utia’al in júult’abtik in piixan ich u jobnel áak’ab. Juntéenake’ in chiiche’ tu puk’aj u t’aan ich ja’e’ ka tu ts’áaj ten in wuk’ ich ch’ench’enkilil. Bejla’ kéen in wu’uy u wo’oltiken éek’joch’e’enile’, juntúul kóokayen ku k’a’ajsik u chiich. II Cuando era niño atrapaba luciérnagas, sacrificaba sus cuerpos en mi piel para iluminar mi espíritu en las entrañas de la noche. Un día mi abuela diluyó sus palabras en agua y me las dio a beber en silencio. Ahora cuando la oscuridad me envuelve, soy una luciérnaga que recuerda a su abuela. ("círculo de poesía")

Raquel Lanseros (1973 )

El mar y la playa Me pregunto por qué desde la tierra la masa de las aguas parece un solo bloque. Un único sustento incontrastado una roca que es toda la roqueda un avenir de lejos uniforme un alarido llano de membranas sin desgaste ni lámina ni grieta. Me pregunto por qué, cuando me acerco, las aguas se dividen, se complacen en enseñar sus rostros diferentes en cada espuma cresta de rocío en las calzadas líquidas que rugen. Bajo este mismo efecto, en la distancia la muerte es toda una un símbolo cohesivo un monolito. Sin embargo de cerca, qué deprisa se aprende a distinguir sus dimensiones sus fúnebres volúmenes su rutina su querencia en lo ajeno y lo propio hasta ver nuestra imagen en sus aguas. ("círculo de poesía")

Raymond Carver (1938/1988 )

Buscando trabajo Siempre he deseado truchas frescas para el desayuno. Repentinamente descubro un nuevo sendero que me conduce a la pequeña cascada, apuro el paso. Mi mujer me despierta. "Estás soñando." Murmura. Intento levantarme, la casa se inclina. ¿Quién está soñando? "Es mediodía." Dice ella. Mis zapatos nuevos me esperan cerca de la puerta, brillan intensamente. ("el poeta ocasional", versión patricia ogan rivadavia y esteban moore)

Fernando Pessoa (1888/1935 )

Pierrot borracho En las calles de la feria de la feria desierta sólo la luna llena blanquea y clarea las noches de la feria en la noche entreabierta. Sólo la luna alba blanquea y clarea la tierra calva de abandono y alba alegría ajena. Ebria blanquea como por la arena en las calles de feria, de la feria desierta en la noche ya llena de sombra entreabierta. La luna boquea en las calles de feria desierta e incierta. ("a media voz", versión rafael díaz borbón)

Ted Hughes (1930/1998 )

Cardos Contra las lenguas de las vacas y las manos de los hombres los cardos alancean el aire de verano o crujen y se abren, obedientes a una fuerza azuloscura. Cada uno rencorosa llamarada de resurrección, firme puñado de guerreras astillas, filos de escarcha islándica que brotan del cuerpo descompuesto de un vikingo, ya mancha                                                                     subterránea. Son como pálidos cabellos o guturales de un dialecto. Cada uno aventura un crespón de sangre. Luego encanecen, como hombres. Y en guerra hereditaria con la hoz que los siega, no ceden terreno: de armas erizados, sus hijos contraatacan. ("poemas/poems", ed. el tucán de virginia, méx., 1984, trad. ulalume gonzález de león)

José Luis García Martín (1950 )

Calles Calles de una ciudad que desconozco con poca gente y viento y lluvia gris. Espero a quien no llega mientras altas se encienden luces en ventanas solas y una mujer pasea en una esquina. Hay ojos que me miran un instante y no saben leer palabras que no digo: "Dame otro nombre, cambia mi destino". (ruadaspretas.blogspot.com/)

Fernando del Paso (1935 )

Amor a Mamá-Mar Mamá: Soy tu poema sobre la nada y el nadir. Soy tu rapsodia sobre el cenote y el cenit. Soy astrolabio y luna de tus labios. Mi frente ha sido campo de acicalados, bellísimos combates entre buenos pensamientos y las alas de diablo. Contigo aprendí a vestir de tinta las palabras, y tú de boca a boca me diste la saliva destinada a preñar mi intemperie y a poblarla de alabanzas. Es por eso que navego por la vida con bandera de poeta. ("de aquí, allá y acullá", ed. asoc. nal. del libro, méx., 2016)

Estela Figueroa (1946 )

Esta noche                         a josé luis pagés Esta noche va a helar -pensé- con una inexplicable congoja. Miré las plantas del patio que amagaron con florecer después del “veranillo de San Juan”. Esta noche va a helar. Sí. Pero ya heló sobre los que fueron nuestros sentimientos de antaño aquellas pasiones. Va a helar. Ya heló -me dije. Quisiera extender al menos mi mirada aún tibia como una manta sobre las plantas del patio y protegerlas. Comienzo a envejecer. ("rua das pretas")

Javier Heraud (1942/1963 )

Un eucalipto, alto Un eucalipto alto, espigado, contiene para siempre mi corazón. Eucalipto, alto germen de la tierra, espiga y piedra de ríos, fruto eterno y sagrado de los hombres. Bosques, valles, campos y quebradas, quebradas que bajan como un hombre, quebradas que bajan en los pechos, sombras que descienden como cuerpos, sombras que descienden como sombras. ("poesía reunida", ed. peisa, lima, 2010)

Javier Heraud (1942/1963 )

Dos poemas Lentamente caminé por la ciudad y por sus calles. Cálidas piedras sostenían mis zapatos, sostenían mi cuerpo tiernas manos anochecidas como estrellas. Mil países que yo no conozco mil estrellas y túneles, mil países y pueblos, mil y un puentes incontables. Desconocido país: en tus puertas ya me siento torturado, en tu boca ya me siento masticado, en tus ríos ya me siento ahora y siempre y nunca ahogado. ("poesía reunida", ed. peisa, lima, 2010)