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Mostrando entradas de marzo, 2019

Alfredo Fressia (1948 )

Liturgia Meticulosamente deshice el cordón de los tobillos, abrí el cinto del vientre y bajé con cuidado las caderas. Me desabrocho con minucia el pecho, me quito la máscara facial desde el mentón hasta la nuca y si un escalofrío dorsal me delata la columna la pliego como un feto cada madrugada. El miedo, padre Padre, yo me espanto de estar preso en mi cuerpo, el condenado umbral, perfecto, este retorno, padre, eternamente en viaje y muerto, por las cuatro estaciones y la suerte echada de los hombres, los hijos obedientes de la especie, padre, los muertos venideros. ¿Quién es este huésped en mi cuerpo? Estos años, ¿de quién son prisioneros en las venas? ¿Qué hago, padre, con mi espanto a cuestas, y mis días en los días implacables de los hombres? ("la libélula vaga")

Ana Merino (1971 )

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  Vida de lagartija Yo quise ser animal casero con vistas a la playa pero soy lagartija y habito entre las grietas de una roca volcánica en medio del desierto. A veces alguien corta el final de mi cola y allí quedan mis sueños moviéndose nerviosos creyendo que están vivos. Yo soy como las horas que pierden los domingos acaricio el descanso metido entre las sábanas y espero a que amanezcan los días de diario. La vida es un enigma del que sólo descifro un trozo de esperanza lo miro de reojo y nunca me detengo porque temo al acecho de los tirachinas o la sombra de un gato. ("rua das pretas")

Rubem Fonseca (1925 )

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Puta "Éramos seis, cinco mujeres y un hombre. Yo, la única blanca, de cabello liso, claro. Pero ser guapa y blanca s´lo me ayudó a ser puta. Es decir, no sé si ser una puta blanca es mejor que ser una puta mulata, comercialmente hablando. Me dijeron que me metí a puta porque quise, . Tenía entonces doce años." ("el gran arte", ed. cal y arena, méxico, 2011, trad. miriam lópes moura)

Álvaro Valverde (1959 )

Aquí                                                            para vicente valero Estás sentado solo frente al valle con un libro en las manos que abandonas a ratos para poder mirar, con la calma debida, cuanto la vista alcanza. Suena el silencio. A veces, el rumor de las ramas o el canto intermitente de algún pájaro. Respiras hondo. Ves. Aprecias uno a uno los momentos que te concede este vivir al margen. No haces tuya la queja de los que quieren irse pero que aplazan siempre la ocasión de su huida. Permaneces aquí por propia voluntad: es éste tu lugar. Tú eres de él. ("no me quites paz")

Rafaela de Buen (1921/2016 )

Primer llanto Apenas naciste ya eras rehén tu primer grito horadó los muros quedó enredado entre los disparos sentiste el olor de la pólvora y el humo del incendio nubló tu mirada en ese hospital de Stavropol donde te recibió la locura humana. Rehenes, la sangre secándose en los escombros las llamas, los gritos, cañones hablando el lenguaje triste del odio entre hermanos. Un cordón cortado, mientras tu madre llora al verte nacer, rehén, a su lado. ("eg")

Aurora Luque (1962 )

Interior A menudo converso con mis sueños. Los invito a salirse de la noche y se sientan, con trajes neblinosos, junto a mi mesa sucia de papeles. y les pregunto sobre su sintaxis porque se ofenden si hablo de semántica. Hoy he recuperado de sus manos un fragmento de ti tan exquisito . como una noche de junio en Gil de Biedma, un otoño de Keats o aquel sabor a polo de naranja de las viejas mañanas de domingo. Carpe noctem Carpe noctem, amor. Coge el brusco deseo ciego como adivino, los racimos del pubis y las constelaciones, el romper y romper de besos con dibujos de olas y espirales. Miles de arterias fluyen mecidas como algas. Carpe mare. Seducción de la luz, de los sexos abiertos como tersas actinias, de la espuma en las ingles y las olas y el vello en las orillas, salpicado de sed. Desear es llevar el destino del mar dentro del cuerpo. ("poesía cuatro")

Uriel Martínez (1950 )

Alguien Alguien nos busca al amparo de la oscuridad previa a la madrugada; alguien deja gotas de sangre en la alcoba, los espejos, los silencios, en el sueño ligero; alguien dormido nos chista, nos bisbisea, nos infunde alarmas sordas; alguien con linterna en mano aluza párpados, aluza labios, miedos; alguien nos toma de la mano porque un hilo de sangre mana y mana incesante; su rostro es una máscara y detrás de ese escudo alguien nos llama con voz triste, con un vos eres el siguiente, con un vosotros; tímidos entonces, casi sin parpadeo descendemos peldaños y permanecemos en vigilia. [Inédito ]

Leopoldo Lugones (1874/1938 )

Olas grises Llueve en el mar con un murmullo lento. La brisa gime tanto que da pena. El día es largo y triste. El elemento duerme el sueño pesado de la arena. Llueve. La lluvia lánguida trasciende su olor de flor helada y desabrida. El día es largo y triste. Uno comprende que la muerte es así..., que así es la vida. Sigue lloviendo. El día es triste y largo. En el remoto gris se abisma el ser. Llueve... Y uno quisiera, sin embargo, que no acabara nunca de llover. ("no me quites paz")

Luis Cernuda (1902/1963 )

Los fantasmas del deseo                                                                  a bernabé fernández-canivell Yo no te conocía, tierra; Con los ojos inertes, la mano aleteante, Lloré todo ciego bajo tu verde sonrisa, Aunque, alentar juvenil, sintiera a veces Un tumulto sediento de postrarse, Como huracán henchido aquí en el pecho; Ignorándote, tierra mía, Ignorando tu alentar, huracán o tumulto, Idénticos en esta melancólica burbuja que yo soy A quien tu voz de acero inspirara un menudo vivir. Bien sé ahora que tú eres Quien me dicta esta forma y este ansia; Sé al fin que el mar esbelto, La enamorada luz, los niños sonrientes, No son sino tú misma; Que los vivos, los muertos, El placer y la pena, La soledad, la amistad, La miseria, el poderoso estúpido, El hombre enamorado, el canalla, Son ta...

Agustín García Calvo (1926/2012 )

Libre te quiero Libre te quiero, como arroyo que brinca de peña en peña. Pero no mía. Grande te quiero, como monte preñado de primavera. Pero no mía. Buena te quiero, como pan que no sabe su masa buena. Pero no mía. Alta te quiero, como chopo que al cielo se despereza. Pero no mía. Blanca te quiero, como flor de azahares sobre la tierra. Pero no mía. Pero no mía ni de Dios ni de nadie ni tuya siquiera. ("rua das pretas")

Horacio Castillo (1934/2010 )

Tren de ganado Somos inocentes, gritábamos desde los trenes. ¿Era de noche o de día? ¿Estábamos vivos o muertos? Asomados por el tragaluz mirábamos la inmensa llanura. De pronto un mugido nos traía el recuerdo de Ifigenia y volviéndonos hacia nuestros hijos los apretábamos contra el pecho. ¿Qué es aquello? El sol. ¿Qué es aquello? Una nube. Habíamos olvidado el color del mar, el olor de la lluvia. Los que sabían de estrellas habían olvidado sus nombres y les dábamos los nombres de nuestros hijos para orientarnos al regreso. ¿Qué es aquello? Un árbol. ¿Qué es aquello? Un río. Y un canto gregoriano se elevaba a nuestro alrededor, hablaba por todos los destinados al sacrificio. Somos inocentes, gritábamos desde los trenes. ¿Era de noche o de día? ¿Estábamos vivos o muertos? La leche se había agriado en los pechos de las madres, peinábamos nuestro cabello y se convertía en ceniza. ¿Qué es aquello? Un pájaro. ¿Qué es aquello? Una piedra. Y bajando la cabeza ocultábamos ...

César Moro (1903/1956 )

La leve pisada del demonio  En el gran contacto del olvido A ciencia cierta muerto Tratando de robarte a la realidad Al ensordecedor rumor de lo real Levanto una estatua de fango purísimo De barro de mi sangre De sombra lúcida de hambre intacto De jadear interminable Y te levantas como un astro desconocido Con tu cabellera de centellas negras Con tu cuerpo rabioso e indomable Con tu aliento de piedra húmeda Con tu cabeza de cristal Con tus orejas de adormidera Con tus labios de fanal Con tu lengua de helecho Con tu saliva de fluido magnético Con tus narices de ritmo Con tus pies de lengua de fuego Con tus piernas de millares de lágrimas petrificadas Con tus ojos de salto nocturno Con tus dientes de tigre Con tus venas de arco de violín Con tus dedos de orquesta Con tus uñas para abrir las entrañas del mundo Y vaticinar la pérdida del mundo En las entrañas del alba Con tus axilas de bosque tibio Bajo la lluvia de tu sangre Con tus labios elásticos de...

Fabio Morábito (1955 )

En la playa Los caminantes dejan líneas de pisadas, cientos de líneas que se mezclan, rivalizan, y quien camina por la orilla solo no puede despegar los ojos de las huellas que lo precedieron. Busca una afinidad, un alma que se le parezca, que no encuentra. Los huellas le muestran cuán distinto es. Todas, menos las suyas, le parecen pulcras y lozanas. Se siente defectuoso. Olvida que no ve personas, sino pies, y ni siquiera pies, sino pisadas. ("alguien de lava", ed. era, méxico, 2002)

Javier Báez Zacarías (1958 )

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Los silencios en Los cuervos (y otras historias de horror)  de Uriel Martínez Los cuervos (y otras historias de horror) puede ser un libro de cuentos, con un hilo narrativo en cada texto, con un solo asunto a tratar; o tal vez sería más acertado decir que estamos frente a un libro de relatos, con situaciones que no precisamente estén estructuradas de manera ascendente; o de un cuaderno de notas, en el que el autor redacta sus ideas a propósito de lo que piensa o lo que ve; o, quizá, de un libro de memorias, con las experiencias vividas por el autor; aunque podría verse, también, como una novela, con personajes y espacios que se repiten de un texto a otro, en la que varios hilos o puntos de vista pudieran cruzarse. Tal variedad de posibilidades se debe a que sus setenta y cinco páginas están escritas con silencios. Uriel Martínez lleva la narración, en este libro, a un extremo de sugerencia, es más lo que calla que lo que cuenta, y es el lector el que supone, el que d...

Joan Margarit (1938 )

La espera Te están echando en falta tantas cosas. Así llenan los días instantes hechos de esperar tus manos, de echar de menos tus pequeñas manos, que cogieron las mías tantas veces. Hemos de acostumbramos a tu ausencia. Ya ha pasado un verano sin tus ojos y el mar también habrá de acostumbrarse. Tu calle, aún durante mucho tiempo, esperará, delante de tu puerta, con paciencia, tus pasos. No se cansará nunca de esperar: nadie sabe esperar como una calle. Y a mí me colma esta voluntad de que me toques y de que me mires, de que me digas qué hago con mi vida, mientras los días van, con lluvia o cielo azul, organizando ya la soledad. ("trianarts")

José María Cumbreño (1972 )

Condición necesaria del equilibrio Que lo que se diga sea tanto como lo que se calle. Que, si un poema se escribe con la mano derecha,         el siguiente haya por fuerza de escribirse con la         izquierda. Que las palabras que rimen signifiquen lo contrario. Que deje de verte cuando cierre los ojos. Que vengas y que yo no vaya. Que el narrador odie a los personajes y que estos no sepan    que están dentro de una novela. Que por una vez seas tú quien tiene celos. Que también por una vez te dé motivos para que los         tengas. Que al final me perdones. Que el aceite acceda a mezclarse con el agua. Que se mienta tantas veces como se dice la verdad. Y que no se note. ("la mirada del lobo")

Manuel Rico (1952 )

Madrid: 11 de marzo Marzo desnivelado por las cifras del desaliento. Marzo de muerte, triste marzo de trenes y extrarradios marchitos, marzo de sueños rotos y niños deshabitados, de pronombres sin nombre, de apellidos quebrados y relojes sin hora, marzo de los teléfonos enmudecidos. Mi ciudad asolada. Mis tierras y mis trenes, asolados, mis ojos y mis manos y mis brazos, asolados. Muerte sembrada bajo la luz de un Madrid lateral hecho de andenes periféricos, de seres menesterosos, de mujeres crecidas en la sombra diaria del tiempo inabarcable del trabajo, de hombres cultivados en el silencio anónimo de las factorías, de humildes bachilleres y de párvulos, de viejos azorados por noticias de muerte, de bares conmovidos por la niebla y la sangre, de juguetes sin niño, de huérfanos sin ira, de vacías acequias, de fogatas sin lumbre. Madrid de hospitales, de lutos y de marzo. Capital de la niebla y del dolor. Ciudad de los estanques del silencio. Madrid desbar...

José Emilio Pacheco (1939/2014 )

Memoria No tomes muy en serio lo que te dice la memoria. A lo mejor no hubo esa tarde. Quizá todo fue autoengaño. La gran pasión sólo existió en tu deseo. Quién te dice que no te está contando ficciones para alargar la prórroga del fin y sugerir que todo esto tuvo al menos algún sentido. ("life vest under your seat")

Ricardo Molinari (1898/1966 )

Una rosa para Stefan George                                                                                                      Il va parmi ses fleurs;                                                                                                      et les souffles de l’air                                                           ...

Berta Piñán (1966 )

Estaciones Salgo sola a caminar sobre la nieve. Como quien se hubiera olvidado de vivir por un instante -después del amor, tú aún duermes. Son los últimos fríos y ya siento, bajo la piel tan blanca de este invierno que acaba, generaciones de raíces, bulbos y semillas, multitudes hambrientas de sol bajo la tierra. Camino sola sobre la piel tan blanca de este final de invierno y en cada paso adelanto, sin querer, la primavera. ("rua das pretas")

Elvio Romero (1926/2004 )

Cintura El arco en desazón de tu cintura cimbreó su tallo en fresco movimiento, como si todo el soplo de tu aliento no cupiese en la red de su envoltura. La quemazón del lecho y su blancura, sintió agitarse ese temblor violento de tu cuerpo sembrado por el viento con que ensayé sellar mi quemadura. ¡Oh, firmamento abrasador, sencilla- mente ofrecer y asir soles profundos al frutecer la sangre en el relente! ¡Y dar y recibir dones fecundos, como un surco acogiendo la semilla feraz y fértil en su mes ferviente! ("poesía cuatro")

Kostís Palamás (1859/1943 )

La tumba Durante el viaje al que te lleva el negro caballero, cuídate de no coger nada que provenga de su mano. Y si tienes sed en el mundo subterráneo no bebas del agua de la negación, pobre hierbabuena cortada. No la bebas, o nos olvidarás por siempre, por toda la eternidad; esparce señales para no perder el camino, y como eres pequeño y liviano como un golondrina, y no resuenan armas en tu cinturón de bizarro, mira y búrlate del sultán de la noche, huye lenta, furtivamente y regresa aquí arriba, y en tu hogar abandonado, a tu regreso, querido nuestro, ¡hazte soplo de aire y bésanos con dulzura! ("tianarts", trad. josé a. moreno jurado)

Idea Vilariño (1920/2009 )

Después Es otra acaso es otra la que va recobrando su pelo su vestido su manera la que ahora retoma su vertical su peso y después de sesiones lujuriosas y tiernas se sale por la puerta entera y pura y no busca saber no necesita y no quiere saber nada de nadie. El olvido Cuando una boca suave boca dormida besa como muriendo entonces, a veces, cuando llega más allá de los labios y los párpados caen colmados de deseo tan silenciosamente como consiente el aire, la piel con su sedosa tibieza pide noches y la boca besada en su inefable goce pide noches, también. Ah, noches silenciosas, de oscuras lunas suaves, noches largas, suntuosas, cruzadas de palomas, en un aire hecho manos, amor, ternura dada, noches como navíos... Es entonces, en la alta pasión, cuando el que besa sabe ah, demasiado, sin tregua, y ve que ahora el mundo le deviene un milagro lejano, que le abren los labios aún hondos estíos, que su conciencia abdica, que está por fin él mismo ...

Golgona Anghel (1979 )

Subíamos a la altura del grito y nos tirábamos de la mano hacia adentro de un sueño. Querían analizar los símbolos de nuestro viaje onírico y nos invadían el consciente con el inconsciente colectivo de ellos. Intentábamos entonces poseer cuerpos fáciles y callados: yo — el cajero brasileño del Lidl, tú — la mujer del profesor de derecho civil. A veces te ibas de mi imaginación REM, por cosas pendientes y para cada uno de estos finales yo tenía una continuación a medida. Una vez saltaste sobre el camello que acababa de nacer en mi espalda; y cruzaste entonces la frontera sin mirar atrás. Convertí ese sueño en el Lisboa-Dakar de nuestras noches y anduve persiguiéndote como un coyote hambriento en las arenas que me arañaban la vista. Teníamos la edad de nuestros hijos y estábamos contentos con aparecer en los extras de las vidas ajenas. Ese era nuestro campo de concentración de la felicidad. ("la libélula vaga", trad. aníbal cristobo)

Mireia Companys (1975 )

Canción de hielo Ahora que ya no nos queda ni una brizna del fuego que portábamos por las simas del abismo; ahora que las manecillas se han vuelto orugas enloquecidas, y devoran los rastros de las vías muertas, con riesgo de indigestión. Ahora que los ojos se nos hielan de estalactitas y los pies nos hierven en zapatos holgados de frío y de silencio. Abrázame mientras el mundo se incendia de nieve y vibremos al tragar la fiebre. La intemperie se escurre por la garganta y el viento sopla, cansado, por las galerías del alma. ("la libélula vaga")

Kostas Karyotakis (1896/1928 )

Domingo El sol a lo más alto ascenderá hoy que es domingo. Sopla el aire y mueve un almiar en aquella colina. Pondrán lo de las fiestas, y todos tendrán un corazón ligero: mira a los niños en la calle, fíjate en las flores en el huerto. Ahora campanas que tocan, son Dios en verdad. Más allá, las nubes se desvanecen y crece el cielo. Deja al mundo en su dicha y ven, mi alma, para que te cante, como una cancioncita alegre, una canción de la muerte. Tumbas Eleni S. Lamari. 1878-1912 Poeta y músico. Murió con el más horrible dolor en su cuerpo y la paz más grande en su alma. Cementerio de Atenas ¡Cuánto sosiego reina en este sitio! Como si ellas, las tumbas, también sonrieran mientras los muertos hablan con mayúsculas calladamente, profundos en lo oscuro. De allí quieren subir a nuestro corazón y aplacarlo con palabras simples. Pero su queja, o cuanto ellos digan ─tan lejos se marcharon─, ya es inútil. Eso es todo, dos tablones cruzados para ...

Carlos Montemayor (1947/2010 )

Arte poética Cuando mi hijo come fruta, o bebe agua, o se baña en un río, sólo dice que come fruta, o bebe agua, o que se baña en el río. Por eso ríe cuando leo mis poemas. No comprende aún tantas palabras. No comprende aún que las palabras no son las cosas. Que en un poema quiero decir lo que nos rebasa a cada paso: la ira entre quincenas y casas prestadas y ropas que envejecen; la esperanza entre deudas y calles compartidas con días monótonos y con mañanas cuya única dulzura es el agua que nos baña; la honra entre empleos temporales y amigos deshonrados; la rapiña entre diarios y oficinas públicas; la vida que nos abre los brazos para tomar a un lado la noche de las lluvias y en otro los días de las desdichas. Mas cierta vez, comiendo un persimonio de mi pueblo dijo sin darse cuenta que sabía como a durazno y ciruela. Porque desconocía esa fruta no dijo lo que era, sino cómo era. No comprende aún que así hablo yo, que trato de comprender lo que desconozco y q...

Uriel Martínez (1950 )

Avant-hier 1 El mes pasado vinieron y se llevaron mi tele, la que me regalaste Cuauhtémoc, la que me quedó como recuerdo de ti, desaparecido en alguna tumba desconocida de Coahuila. Una tumba que no se localiza como se ubican tesoros por exhumar los días últimos de semana santa. Era una tele, hoy un modelo antiguo digno de permanecer en algún museo de antigüedades.  2. Los días posteriores al cambio de domicilio de ese armatoste con perfil de camello sentí un vacío en mí que no se llenaba con pases siniestros de escoba, de agua bendita, de franelas empolvadas en el polvo, el pasado, el ayer, el Torreón de todas mis madrugadas. Era un extrañar los cables sueltos, las antenas abiertas como alas de libélula gigantesca, la necesidad de sintonizar contigo para avisarte que -ese día-, morirías un poco más. 3. El espacio que ocupó ese mueble vetusto lo llenó una mesita, un modular y dos bocinas y un altero de discos que ahora me llenan la cabeza de humo, de polvo, de tierra removida ...

Manolis Anagnostakis (1924/2005 )

Epílogo Estos versos puede que sean los últimos Los últimos entre los últimos que se escriban Porque los poetas venideros no viven ya Los que hablarían murieron todos jóvenes Sus entristecedoras canciones se hicieron pájaros En algún otro cielo en donde brilla un sol ajeno Se hicieron ríos montaraces que corren hacia la mar Y sus aguas no las puedes distinguir En sus entristecedoras canciones brotó una flor de loto Para que nazcamos en su savia nosotros más jóvenes. ("trianarts", trad. alfonso silván)

Lupe Gómez (1972 )

El amor fue El amor fue un trallazo muy fuerte que rompió la ventana. Y se quedó rota para siempre. Yo limpié del suelo los cristales. Me corté con ellos en todos los dedos. ("eg")