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Mostrando las entradas etiquetadas como prosa poética

José Luis García Martín (1950 )

Oración Cada vez anochece más temprano y ese simple hecho, al que debería uno estar acostumbrado, me llena de melancolía. Camino por calles apartadas, al margen de la rutina, me cruzo con desconocidos, me vuelven de nuevo los fantasmas de la adolescencia. Uno de esos fantasmas me saluda con tímida cortesía y me sugiere que le acompañe. Lo que ocurrió después ya lo he contado muchas veces, demasiadas, y resulta fácil de adivinar.             De camino a casa, recordé un poema de Carver: “A la edad que tú tienes, / casi toda la gente que admiras ya había muerto; / a la edad que tú tienes / ser un superviviente es un milagro / (como a cualquier edad, por otra parte) / y dormir como tú duermes, / de un tirón la noche entera /  casi todas las noches, un milagro aún mayor. / Agradéceselo a un Dios desconocido / y que tal vez no existe, / pero que siempre te ha mirado con amor, / pídele que siga sosteniéndote, / alto sobre el abismo, / por algún tiempo ...

Eugénio de Andrade (1923/2005 )

Rostro precario (fragmento) Si hay en la tierra un reino que nos sea familiar y, al mismo tiempo, extraño, cerrado en sus límites y, simultáneamente, sin fronteras, ese reino es el de la infancia. A ese país inocente, de donde se es expulsado demasiado pronto, apenas se regresa en momentos privilegiados -a tales regresos se llama, a veces, poesía. La seducción de los niños proviene más que nada de su proximidad con los animales. Su relación con el mundo no es de utilidad sino de placer. Los niños no conocen aún los dos grandes enemigos del alma, que son, como dice Saint-Exupéry, el dinero y la vanidad. Estas frágiles criaturas, las únicas que desde el origen están destinadas a la inmortalidad, son también las más vulnerables: tienen el pecho abierto a las maravillas del mundo pero están indefensos ante la bestialidad humana, que, a pesar de tanta tecnología punta, no disminuye ni se extingue. La infancia en el poeta jamás se extingue. Tal vez por eso sean tan vulnerables los ...

Uriel Martínez (1950 )

Semana negra en Dogville                          (fragmento) 1. a qué edad ayudaste en casa a doblar las sábanas soleadas, no lo recuerdas; basta juntar las esquinas procurando que la "caída" empareje; luego hacen -tú y el otro-, un segundo doblez, a un tiempo como un dúo de guitarra; juntan de nuevo las puntas y repiten el orden; como en una vals ensayado con antelación; uno al otro le entrega la prenda; y listo. Esto lo recordaste al comenzar el día en Dogville. 2. empecé a dibujar una cascada de agua blanca, todavía no decido si será de coco, cebada o pulque; voy a colocar en su cauda una pequeña sirena, aún no decido si será de latón, madera o corcho; es un ser mitológico la sirenita y canta mientras cae. estoy por decidir si ella entona una balada, un bolero o un himno; estoy por asignarle la voz de amalia rodrigues, o la de irene papas o la de raquel olmedo, cuando un cliente me pide le alcance la novela "se...

Claudia Tejeda (1969 )

Ella se peina Va de la raíz a la punta desenredándose la memoria. El tiempo le ha crecido en la melena. El peine agita los nudos y abre laberintos ondulados, mellas agridulces, rastros de tijera, íntimos calendarios. Se acaricia el cabello y se pregunta si algún tramo guarda el recuerdo de los dedos de su madre, el vértice de alguna caricia o la palma de su padre coronando su cabeza de nena definitiva. Qué queda del mechón en su nuca donde él trazaba resortes con el dedo índice. La vida que le cae hasta los hombros la va dejando calva de nombres y vivencias y sin embargo, se arremolina en los olvidos pendientes que ha cortado y recortado sin disimulo. Ella se peina intuitivamente, no necesita espejo para mirarse el alma. Y se recoge las canas en un rodete tieso y disciplinado aunque ampare una nostalgia antojadiza y despeinada. ("emma gunst")