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Mostrando entradas de octubre, 2015

Rafael Cadenas (1930 )

Derrota Yo que no he tenido nunca un oficio que ante todo competidor me he sentido débil que perdí los mejores títulos para la vida que apenas llego a un sitio ya quiero irme (creyendo que mudarme es una solución) que he sido negado anticipadamente y escarnecido por los más aptos que me arrimo a las paredes para no caer del todo que soy objeto de risa para mí mismo que creí que mi padre era eterno que he sido humillado por profesores de literatura que un día pregunté en qué podía ayudar y la respuesta fue una risotada que no podré nunca formar un hogar, ni ser brillante, ni triunfar en la vida que he sido abandonado por muchas personas porque casi no hablo que tengo vergüenza por actos que no he cometido que poco me ha faltado para echar a correr por la calle que he perdido un centro que nunca tuve que me he vuelto el hazmerreír de mucha gente por vivir en el limbo que no encontraré nunca quién me soporte que fui preterido en aras de personas más miserables que y...

Jorge Teillier (1935/1996 )

El pasajero del Hotel Usher Las escaleras se disuelven como el humo de las tazas de té. El pasajero sueña con Annabel, en las oscuras riberas de ríos donde nunca estuvo. El llamado del teléfono es el perforante guijarro de las garzas en la laguna el oleaje de los autos acuna sus pesadillas. El cuarto está lleno de gaviotas que en vano intentan revivir sobre un césped, que en vano se estrellan contra vidrios empañados. Sus alas serán cortadas, sometidas a la misma condena a la que se somete el pasajero. Los pantanos de la memoria absorben al Hotel, absorben al pasajero que no se levanta del lecho, no recorre las galerías donde las arañas tejen sus mensajes, no mira las mesas del comedor donde dialogan, para no morir de tedio, las alcuzas con el mantel de hule. No contempla las desteñidas reproducciones de Doré en los muros. No ve el polvillo de las demoliciones en los primeros rayos matutinos. Ya se fue Ariadna de la ciudad y el laberinto de los pasadizo...

Carlos Marzal (1961 )

El animal dormido                                          a Luis García Montero Has llegado en la noche, como otras tantas noches, hasta la casa apuntalada en sombras. La puerta ha clausurado el alba amenazante, y, tú mismo una sombra, te desvistes por el pasillo a tientas, con las voces aún y el sabor de esa noche hurgando en la memoria. La habitación todavía es más ciega, y la invade, corpórea, la familiar tibieza de una niebla invisible. Has tumbado tu noche, tu cansancio y tu cuerpo, junto al cansado cuerpo de su noche. Quién sabe qué fantasmas la estarán visitando, con quién departirá en la hora puntual de los demonios, por qué tierras salvajes de los sueños andará extraviada y sin echarte en falta. Toda la suma de casualidades, de planes no cumplidos, de rutas postergadas, de incertezas, y que llevan por fin hasta esta noche, resulta un laberinto in...

Joan Margarit (1938 )

Ella Es tiempo ya de no esperar a nadie. Pasa el amor, fugaz y silencioso como en la lejanía un tren nocturno. No queda nadie, es hora de volver al desolado reino del absurdo, a sentirse culpable, al vulgar miedo de perder lo que estaba ya perdido. A la inútil y sórdida moral. Es hora ya de darse por vencido en el trabajo, a solas, otro invierno. ¿Cuántos quedan aún, y qué sentido tiene esta vida donde te he buscado, si ya llegó la hora tan temida de comprobar que nunca has existido? ("rua das petras")

Max Rojas (1940/2015 )

El turno del aullante I Lo furioso, lo verdaderamente animal que me sostiene, lo que me guarda en pie con el rencor crecido, esto como de hueso, como de dientes que se muerden después de haber mascado el polvo, esto de sangre, esto de grito ahorcado como un aullido en la garganta, esto como un muro, como un sollozo largo de noche sin hogueras, lo animal, lo verdaderamente huraño que me duele en los ojos. Dije que el mar es algo así como esa diaria muerte de mi cuerpo. Hoy me sale lo bronco y me revuelvo, hoy me sale lo herido y me desgarro —perdón por esta forma de amargura, pero es que hoy de muy dentro me sale lo animal desbocado, la verdadera furia que me empuja: esto de maldecir espinas por la boca lo formalmente triste, lo exactamente amargo como el llanto. Ahora me vuelvo y me despido y me regreso. Voy a buscar mi sombra entre la sombra, porque mordí sin tiempo un corazón de niebla, y lo bronco, lo verdaderamente animal que me sostiene está dolido. ...

Alejandra Correa (1965 )

Sostiene mi mano... Sostiene mi mano derecha en su mano derecha la contiene en el hueco y aprieta mi puño en su puño pulgar e índice apuntalan esta pluma dibujamos unos signos antiguos me lleva desde fuera de mi trazo él es mi trazo él se aventura yo lo sigo pero ya no es a él es al movimiento y su música su mano apretando la mía su movimiento en el mío mojamos juntos la pluma en el tintero mínimo el olor agrio de la tinta negra en mi pequeña nariz volvemos al trazo interrumpido se elevan nuestras manos se acortan se ciñen se controlan dibujamos el idioma respira tan cerca su profunda voz emite algún sonido como dictando más corto más largo más reunido y entonces me dice: - Ahora, vos sola y me abre en un abismo ("el poeta ocasional")

Truman Capote (1924/1984 )

El regalo  Empecé a escribir a los ocho años – de la nada, sin ningún ejemplo que me inspirara. No había conocido a nadie que escribiera; en verdad conocía bastante poca que leyera. Pero el hecho fue que las únicas cuatro cosas que me interesaban eran: leer libros, ir al cine, el tap y dibujar. Después un día empecé a escribir sin saber que me encadenaba de por vida a un noble pero impiadoso amo. Cuando Dios te da un regalo también te entrega un látigo, y la sola función de ese látigo es la autoflagelación. ("hasta donde llega la voz", versión de tom maver)

Pedro Mairal (1970 )

Por eso porque yo me desierto y tú me lluvias porque me océano y me balsas porque me otoño y tú me hojas porque me sótano y me alas por eso yo te músico y me músicas por eso yo te potro y tú me frutas y yo te marinero y me tabernas y yo te remolino y me lagunas por eso yo te circo y tú me infancias por eso te amarillo y me amarillas y te barco y me arenas y te astro y me noches y te buzo y me perlas y te campo y me flores por eso yo te viento y tú me crines por eso te crepúsculo y me auroras por eso yo te cielo y tú me golondrinas ("apología de la luz")

Linda Pastan (1932 )

Viento frío La puerta del invierno está cerrada y congelada, y como los cuerpos de animales extinguidos hace mucho, los coches yacen abandonados allí donde la fría carretera los haya llevado. Qué ceremoniosa es la nieve, con qué callada gravedad convierte aun la muerte en una disposición formal. Sola ante mi ventana, escucho el viento, las pequeñas hojas que golpean suavemente sus ataúdes de hielo. ("otra iglesia es imposible", versión de jonio gonzález)

Marino Muñoz Lagos (1925 )

Primeras noticias de mi muerte El día que me muera, estoy pensando, será un día de lluvia. El día menos rebelde que yo tenga. Desde el bosque traerán la madera con que sueño. Desde un bosque cercano donde el agua sigue su cristalino derrotero. Y unos árboles breves, como nidos, servirán de ataúd para mi cuerpo. Los clavarán cantando, es muy seguro, entre veinte o cuarenta carpinteros: los clavarán cantando sin pensar que la muerte camina por sus dedos. nadie vendrá desde mi casa porque nadie sabrá que yo me muero: mi madre y mis hermanos continuarán mirando el mar desde los cerros, caminando sus calles, sus jardines, donde la rosa quiebra sus espejos. Mi delgado país, lo que conozco desde el fruto quemante hasta el invierno se irá conmigo, lo tendré golpe a golpe en mis entrañas, en lo más ciego del ciego corazón como si fuera la raíz principal de mis secretos. Lo soñado: los trenes de mi patria que atraviesan sus ríos sempiternos, noche a noche, aullando t...

Cristina Peri Rossi (1941 )

Los exiliados II Hablamos lenguas que no son las nuestras andamos sin pasaporte ni documento de identidad escribimos cartas desesperadas que no enviamos somos intrusos numerosos desgraciados sobrevivientes supervivientes y a veces eso nos hace sentir culpables. ("runas del deseo, antología poética, 1971-2004", ed. universidad autónoma de la ciudad de méxico, 2008)

Blanca Varela (1926/2009 )

Alba Al despertar me sorprendió la imagen que perdí ayer. El mismo árbol en la mañana y en la acequia el pájaro que bebe todo el oro del día. Estamos vivos, quién lo duda, el laurel, el ave, el agua y yo, que miro y tengo sed. ("blog del amasijo")

Alejandra Pizarnik (1936/1972 )

La enamorada esta lúgubre manía de vivir esta recóndita humorada de vivir te arrastra alejandra no lo niegues. hoy te miraste en el espejo y te fue triste estabas sola la luz rugía el aire cantaba pero tu amado no volvió enviarás mensajes sonreirás tremolarás tus manos así volverá tu amado tan amado oyes la demente sirena que lo robó el barco con barbas de espuma donde murieron las risas recuerdas el último abrazo oh nada de angustias ríe en el pañuelo llora a carcajadas pero cierra las puertas de tu rostro para que no digan luego que aquella mujer enamorada fuiste tú te remuerden los días te culpan las noches te duele la vida tanto tanto desesperada ¿adónde vas? desesperada ¡nada más! ("poetas del mundo", fb)

Uriel Martínez (1950 )

Los farsantes "Fumando me procuro una muerte lenta y dolorosa" como algunos atardeceres y otoños. "El alcohol me acerca al precipicio y daña mi sobriedad", como algunos labios que pronuncian sin decirlo tu nombre. "Algunas puertas permanecen entornadas para que alguien salga o entre", según, como los ladrones y el humo, sin sentirlos. "Dormir en demasía te acerca a la noche aguardada, deseada"; no conciliar el sueño también, andarás como es tu costumbre, espectral, desaseado. "Cuídate de los farsantes que llegan desde las orillas del silencio"; cuídate de los irritantes del mercado; de los que pasan ofreciendo cualquier bagatela como la última escala al paraíso.

Christian Peña (1985 )

                       para alfredo lèal La puerta del infierno es de aluminio y tiene incrustaciones de diamante. Pequeña como la puerta del perro, debes arrodillarte para entrar. Tiene tu nombre y tu rostro grabados. Es una puerta fiel a tu deseo y se abre cada que cierras los párpados. ("de todos lados las voces", ed. uacm, méxico, 2010)

Abigael Bohórquez (1937/1995 )

Diluvio nada por aquí, nada por allá; nada en esta mano, nada en esta otra; un ojo, dos cabezas, tres brazos, cuatro pies; los ahogados, al alba, todavía querían tragar más; y la paloma de noé ni con las mañanitas. ("digo lo que amo", ed. uacm, méxico, d.f., 2015)

Jacobo Regen (1935 )

Elegía III Envuelta en una música doliente llegas a mí, de lejos, madre mía. Y aunque no cantes tú, la melodía vibra en mi corazón, llora en mi frente. Pueblas mi sangre silenciosamente y, al prolongarte en mí, soy tu agonía: raído azogue, remembranza fría de tanto amor y tanta luz ausente. Madre, mi soledad a tí se aferra. Nada me habita como tu recuerdo por la infinita sombra iluminado. Protégeme en las lindes de la tierra donde sin causa ni razón me pierdo, donde ya ni conmigo me he quedado. ("marcelo leites")

José Antonio Ramos Sucre (1890/1930 )

 El castigo     El visionario me enseñaba la numeración valiéndose de un árbol de hojas incalculables. Pasó a iniciarme en las figuras y volúmenes señalándome el ejemplo del cristal y la proporción guardada entre las piezas de una flor. Descubría en el cuerpo más oscuro un átomo de la luz insinuante.     El visionario desaparecía al caer la tarde en un esquife de cabida superficial. Creaba la ilusión de zozobrar en una lejanía ambigua, en medio de un tumulto de olas. Yo miraba flotar las reliquias de su veste y de su corona de ciprés.     Volvía el día siguiente a escondidas de mí, usando el mismo vestido solemne de un sacerdote hebreo, conforme el ritual de Moisés.     Comentaba en ese momento el pasaje de un rollo de pergamino, escrito sin vocales. La portada mostraba la imagen del licaón, el lobo del África. Terminaba citando el nombre de los profetas vengativos y soltaba a la faz de la mañana un himno grandioso donde se agotaba el...

Philip Larkin (1922/1985 )

Canciones de amor en la vejez   Guardaba sus canciones, ocupaban tan poco espacio, le gustaban las tapas: una descolorida de estar al sol, una con los círculos de un jarrón con agua, una pegada, de cuando le dio por poner orden, y coloreada, por su hija; y así esperaron, hasta que ya viuda las encontró, buscando otra cosa, y se puso a redescubrir cómo esos acordes francos y sumisos habían dado paso a esas palabras que los guiones prolongan, y la infalible sensación de ser joven se extendió como un árbol que despierta en primavera, en el que cantaba esa fresca lozanía, esa certeza de tener tiempo por delante como cuando las tocó por primera vez. Pero más aún, el refulgir de ese tan mencionado brillo, el amor, estalló para mostrar el vuelo de su luminosa insipiencia, que aún prometía solventar, y satisfacer, e imponer un orden inmutable. Por ello, esconderlas otra vez, llorar, fue duro, sin admitir en parte que no lo había conseguido entonces, y no lo haría a...

Jotaele Andrade (1974 )

El universo y todos al fin y al cabo podría decirse que una vida es con mucho un grave accidente o un accidente y uno asume gravedad en esa cuestión o lo toma a la ligera y se permite cierta liviandad con los hechos de todos modos una bomba cayendo allí o acá la pandemia del hambre y los círculos selectos no durarán por siempre y con mucho digamos con muchísimo optimismo este planeta continuará algunos miles de años y luego ya se sabe será residuos y polvo por lo que convengamos el universo no se habrá alterado un ápice ("rua das petras")

Raúl Gustavo Aguirre (1927/1983 )

Pembroke Bay Allá quedó: recóndita entre el cielo y el mar y las colinas, con sus arenas lúcidas, su propia eternidad, en el azul fosforecente, sola entre los élitros de la tormenta y el galeón estallado, entre la piedra del coleóptero y el áspero versículo del caracol, y el viento que vomita la nieve y el cormorán que eleva sus ojos hechizados en un edén de espumas y asfodelos donde secretamente avanza el leviatán hacia el fin de la noche, dios lejano, hacia los grandes témpanos que han roído las olas y la aurora boreal. Reina de callados pensamientos entre los horizontes y las rocas de Príapo, oh, blanca tumba mía, preferida entre todas.                           Port Stanley, Islas Malvinas, 1980 ("otra iglesia es imposible")

Silvina López Medin (1976 )

Poema Al sacar la cabeza del agua recobrás aire y recobrás parte de lo que suena afuera: viento, el golpe de unos postigos que se cierran. Al sacar el cuerpo del agua ves en el verano en el centro mismo del verano bajo los árboles hojas secas. ("otra iglesia es imposible")

Blas de Otero (1916/1979 )

En el principio  Si he perdido la vida, el tiempo, todo lo que tiré, como un anillo, al agua, si he perdido la voz en la maleza, me queda la palabra. Si he sufrido la sed, el hambre, todo lo que era mío y resultó ser nada, si he segado las sombras en silencio, me queda la palabra. Si abrí los labios para ver el rostro puro y terrible de mi patria, si abrí los labios hasta desgarrármelos, me queda la palabra. (muro fb de daniel montoly)

María Sanz (1956 )

Nadie te ha dado nada Nadie te ha dado nada, tú lo sabes. Y lo entiendes mejor cada mañana cuando abres tu vacío a los primeros rayos del sol. Entonces agradeces tener por toda herencia tus sentidos para ese instante alado de gorriones que te hace despertar, para ese aroma florido de la brisa más temprana. Y lo entiendes mejor. Sabes que el tiempo acabará con toda pertenencia, con todo lo que aún no se posee, y hasta con esas luces que te inundan de su clara verdad. Nadie te ha dado más que órdenes, leyes y consejos a seguir, por las buenas o las malas; tristezas en la noche, frases hechas, remedios inservibles contra el frío y un poco de otras muchas vanidades. Pero tú lo agradeces. Así nunca tendrás que devolver ciento por uno de tales donaciones. Y lo entiendes mejor cuando te acuerdas de ese día en que habrás de partir, dejando sólo unos versos escritos como ejemplo de tu digna pobreza. Nadie cumple más deseos por ir con su abundancia sobre los hombros,...

Saúl Ordoñez (1981 )

petite maman                                   mamá tu boca es el cristal                tras el que arde la llama -cornucopia o caja de pandora pero cristal no: vidrio volcánico obsidiana tu lengua -como los aztecas representaban a los muertos y a los dioses de los muertos sólo tu palabra podrá devolverme a la vida ("petite maman", ed. mirabilis, toluca, méxico, 2015)

Cintio Vitier (1921/2009 )

Ese niño ardiendo (Viet Nam) Ese niño que lentísimo corre ardiendo en busca de la gota de vida que le niegan, la bocanada de aire que lo inflama, el pecho imposible de su madre, y que tropieza y cae, y que ya muerto sigue ardiendo, arrastrándose inmóvil, no hay palabras, las palabras tendrían  que ser carne, huesos, ojos, y arder y arrastrase por la tierra, tendríamos que arder con las palabras quemadas como él, y aún así no sabríamos qué decirle. ("premio de liteartura latinoamericana y del caribe juan rulfo 2002")

Olga Orozco (1920/1999 )

Ésa es tu pena Ésa es tu pena. Tiene la forma de un cristal de nieve que no podría existir                  si no existieras y el perfume del viento que acarició el plumaje de los amaneceres                 que no vuelven. Colócala a la altura de tus ojos y mira cómo irradia con un fulgor azul de fondo de leyenda o rojizo, como vitral de insomnio ensangrentado por                el adiós de los amantes, o dorado, semejante a un letárgico brebaje que sorbieron los ángeles. Si observas al trasluz verás pasar el mundo rodando en una lágrima. Al respirar exhala la preciosa nostalgia que te envuelve, un vaho entretejido de perdón y lamentos que te convierte en reina                     del reverso del cielo. Cuando la soplas crece como si devorara la íntima sustancia de una llama y se retrae como ciert...

Uriel Martínez (1950 )

Tres primates 1. Ese día el mico culto regresaba a Dogville de un pueblo distante cinco horas . A medio camino el camión de Tercera Plus hizo escala en un punto reputado de quesero y lechero. El MC observó las puertas abatibles levantadas cuando el chico maletero las bajó una por una -eran cuatro- y, para asegurarse del cierre en firme, las empujó, también de una en una, con ambas nalgas. "Bendita sabiduría", dijo mentalmente, y subió a ocupar su butaca. 2. Lo primero que le llamó la atención al mico culto fue que, antes de entrar en la ducha, no hubiese vapor saturando el baño. Comenzaba el mes y se había agotado el cilindro. Se lavó el pelambre, se enjabonó las extremidades -"el agua está tibia, eso me favorece", pensó mientras se restregaba con el zacate-; tomó la pieza de Palmolive y se enjabonó el ano. Tocó un promontorio de grumos. "He bebido mucho café", pensó antes de comenzar a desprenderlos. Creyó que eran residuos del aromático de Chia...

Begoña Abad (1952 )

Poema La vida es un espacio en el que perdonar y en el que conseguir ser perdonados. Todo lo que ocurre en medio carece de importancia pero nos hace muy infelices. ("rua das petras")

Joaquín Giannuzzi (1924/2004 )

Poniéndome la corbata Cuando J. O. G. se pone la corbata su mueca ante el espejo no interpreta el mundo. Más bien es una distorsión desesperada de un rostro que está allí sin saber cómo. Ojos espantados que preguntan cuándo acabará todo. Piedad para todos aquellos que como J. O. G. aprietan el nudo de la corbata cada mañana y nunca terminan por ahorcarse. Sentimentales y astutos como moribundos que olfatean el límite y retroceden a tiempo. ("emma gunst")

Mariano Blatt (1983 )

No me di cuenta Estoy con Brian en Arata. Son las seis las siete algo así. Venimos de tomar md con la punta de los dedos. Va saliendo el sol por atrás del globo de Malvinas. Estuvimos toda la noche en la terraza de la casa de Juanjo. En un momento yo entré al baño pensando que no había nadie pero estaba Brian. Le dije perdón él me dijo no importa quedate. Tenía md en la punta del dedo. Se lo chupé. Ahora Brian tiene las manos en los bolsillos. Le pregunto si le quedó algo. Saca una bolsita sucia pero vacía. Saca el Motorola. Brillan la pantalla del touch y el piercing plateado de arriba de la boquita. Creo que se escuchan unos teros. Siento que me voy quedando dormido de parado y empiezo a ver algo turquesa verde agua una forma violeta que gira y hay como unos delfines que van saltando adentro de... adentro de... adentro de unas gorras adentro de unas gorras de baseball. Digo la palabra “submundo” en voz alta. Brian dice ¿eh? Todo pasa m...