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Mostrando entradas de diciembre, 2019

Uriel Martínez (1950 )

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                                                  foto de alejandro ortega neri Luis Ayer cumpliste 32 años de fallecido, te secabas el pelo recién lavado con pistola, hasta que tu casa cerró como acordeón sin fuelle; temías dormir solo siempre tenías una enfermera cerca, como el aliento, como los dedos de la mano: supongo que en el fondo temías morir pronto, la mañana de un 19 de septiembre y ahora yaces solo; ni modo luis, porque te llamaste luis como hay miles, agradece que me acuerdo de ti que lloro demasiado pronto., demasiado tarde. (Inédito)

José A. Ramírez Lozano (1950 )

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                                                                  foto: trianarts Ropa tendida Tú renunciaste al patio, esa galera comunal que vigilan los gatos en su oscura complicidad de cómitres divinos. Lo tuyo era subir de noche a por la ropa a la azotea y jugar a perderte conmigo entre las sábanas. Virgen tú entre tus prendas, desnuda me burlabas, esquiva te reías de la torpeza de mis manos. Hasta que te rendías, pipa de melón ya tu boca, sobre el blanco montón de la colada. La espuma deja siempre tras de sí el rastro leve de la huida y ampara también las formas puras que sostuvo un instante en su ola. ¡Oh luna de algodón, jabón de mar con el que lavo aún mis pecados más viejos, la memoria que sigo tendiendo en tu azotea. ("trianarts")

Gabriela Mistral (1889/1957 )

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                                                                                                                         foto: cervantes.es Los sonetos de la muerte I Del nicho helado en que los hombres te pusieron, te bajaré a la tierra humilde y soleada. Que he de morirme en ella los hombres no supieron, y que hemos de soñar sobre la misma almohada. Te acostaré en la tierra soleada con una dulcedumbre de madre para el hijo dormido, y la tierra ha de hacerse suavidades de cuna al recibir tu cuerpo de niño dolorido. Luego iré espolvoreando tierra y polvo de rosas, y en la azulada y leve polvareda de luna, los despojos livianos irán quedando presos. Me alejaré cant...

Charles Baudelaire(1821/1867 )

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Las ventanas Quien desde fuera mira a través de una ventana abierta, jamás ve tantas cosas como quien mira una ventana cerrada. No hay objeto más profundo, más misterioso, más fecundo, tenebroso y deslumbrante que una ventana tenuemente iluminada por un candil. Lo que la luz del sol nos muestra siempre es menos interesante que cuanto acontece tras unos cristales. En esa oquedad radiante o sombría, la vida sueña, sufre, vive. Por sobre las olas de los tejados, acierto a entrever a una mujer madura, arrugada ya, pobre, perpetuamente enfrascada en su tarea y que nunca sale. Con su rostro, con su atuendo, con sus gestos, con apenas nada, he reconstruido la historia de esta mujer, o quizá fuera mejor decir su leyenda, y de vez en cuando, entre lágrimas, me la recito a mí mismo. De haber sido un pobre anciano, habría reconstruido la suya con la misma naturalidad. Y me acuesto, satisfecho de haber vivido y padecido en la piel de otros. Y tal vez me digan: «¿Cómo sabes que esa...

Irene Gruss (1950/2018 )

Pero el arte Pero el arte Lo bueno y lo malo que he perdido no ha sido arte sino malentendidos: no saber oír, trastabillarme; raro cansancio hacía que diera cosas por sentado: el abrazo; hasta un puré era algo tan elaborado que evité pelar papas, ya fuera por bueno, o malo, sin arte alguna, me equivocaba. Tarde descubrí que el errar, el perderse, podían ser lo mismo, un oficio extravagante. Pero el arte, ah el arte, no es oficio sino servir un simple puré de papas, ni muy caliente ni tibio.                                                                        a mirta rosenberg, a elizabeth bishop ("eternacadencia")

Ana Blandiana (1942 )

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Caza en el tiempo Siento que soy la presa pero no sé de quién, pues las alas y las garras que descienden sobre mí, y me encadenan a la sombra mucho antes de alcanzarme carecen de nombre. Sólo la frescura del aire dibuja la amenaza que se acerca con cruda y voluptuosa lentitud. Sé que no hay salvación, pero tampoco sé qué sería la salvación. Si intento huir, la sombra también cambia amoldándose a mi horizonte como las nubes, feroz y protectora en su cuidado de no perderme, presa de otro. En la espera, los sobresaltos se confunden, el pavor se mezcla plácidamente en el misterio, desentrañar su enigma será mi sino: tengo que vivir hasta que encuentre la respuesta un tiempo igual al tiempo de la caza en el que, al menos, sé que soy la presa. ("zenda libros·, traducción de viorica patea y antonio colinas)

Javier Egea (1952/1999 )

Eran tiempos muy duros Eran tiempos muy duros. No era fácil vivir. Por eso madrugué por los despachos, volví mañana, les expuse el caso y conseguí un empleo para ella: tras mirarla a los ojos -al menos eso dijo- le entregaron la llave más preciada, pusieron a su cargo el alumbrado. Yo hice lo que pude, lo que en mi mano estaba, y no la he vuelto a ver: aquella misma noche me cortaron la luz. ("ruadaspretas")

Javier Egea (1952/1999 )

A pesar del dolor No moriré en tus ojos que tantos ojos tiene mi canción como cuentas el collar de los trigos. Es otra muerte nueva la que ahora me cita: la de los brazos amplios y el corazón sencillo y claro, la de la frente en pleno campo de batalla en pleno campo de batalla sin más arnés que un manojo de versos libres para la vida y el amor. Por eso no moriré en tus ojos. Es otra muerte nueva la que ahora me cita cada día. ("ruadaspretas")

Jotamario Arbeláez (1940 )

MCCLXIV En 1964 había un hombre que se llamaba Jotamario y usaba sombrero de copa. Las gentes le decían: Señor Jotamario, ¿que hace usted con ese sombrero          de copa? Y él les decía: Señoras Gentes, ¿qué hacen ustedes con esa pregunta? Era 1964 y él no se había dado cuenta que los poetas que escribían para el futuro estaban pasados de moda. Era 1964 y él no se había dado cuenta que en los Estados Unidos los negros estaban matando a los blancos con           armas blancas. Era 1964 y él no se había dado cuenta que si alguien le abría sus puertas era para que se estrellara más fuerte. Pero había oído hablar de la bomba de californio en los bailes de pascua de las embajadas; pero había donado medio litro de sangre para la anemia de los hospitales del trópico; pero había leído en la revista Playboy que Malcom X sostenía  que Jesucristo era negro; pero había mirado hacia atrás por el espejo de su bicicleta...

Eduardo Carranza (1913/1985 )

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Tema de fuego ymar Sólo el fuego y el mar pueden mirarse sin fin. Ni aun el cielo con sus nubes. Sólo tu rostro, sólo el mar y el fuego. Las llamas, y las olas, y tus ojos. Serás de fuego y mar, ojos oscuros. De ola y llama serás, negros cabellos. Sabrás el desenlace de la hoguera. Y sabrás el secreto de la espuma. Coronada de azul como la ola. Aguda y sideral como la llama. Sólo tu rostro interminablemente. Como el  fuego y el mar. Como la muerte. ("antología de la poesía hispanoamericana 1914-1970", josé olivio jiménez, alianza editorial, madrid, 1973)

Jaime Gil de Biedma (1929/1990 )

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No volveré a ser joven. Que la vida iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde -como todos los jóvenes, yo vine a llevarme la vida por delante. Dejar huella quería y marcharme entre aplausos -envejecer, morir, eran tan solo las dimensiones del teatro. Pero ha pasado el tiempo y la verdad desagradable asoma: envejecer, morir, es el único argumento de la obra. ("algundiaenalgunaparte")

Uriel Martínez (1950 )

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Te acuerdas te acuerdas de uriel, era bajito de tez morena, siempre se sentaba en primera fila, donde se sientan los inteligentes, los favoritos de la maestra, los aplicados; te ayudaré un poco: en la primaria era regordete, de cachetes colorados, cuando le crecía el pelo lo lucía quebrado,; más adelante llevó la greña larga; yo siempre lo noté afeminado, se juntaba en otra ciudad con otros tipos como él; estoy casi seguro que ellos sus amigos, lo iniciaron; uriel fue el tercero de una familia de cinco, aunque no l recuerdes murió la semana pasada. (Inédito)

Eugenio Montejo (1938/2008 )

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Para mi 80º aniversario El año ochenta de mi vida está tan lejos como la hora en que nací. A la distancia se borran sus relojes, pero esta noche abro la casa a mis amigos, quiero que vengan todos para que a mi lado lo celebren. Sólo mis biógrafos pueden ser exactos con lupas tenebrosas. Y aunque su astucia mañana me corrija, doblo mi edad sobre su horóscopo y me anticipo al sol futuro. Es lo mejor: los dioses son avaros, no sé cuánto me quede. En esta noche de pronto me envejezco, tal vez sobre mis sienes no ha nevado, soy de un país sin nieve. La vida entre mis huesos rodó tanto que no pesa, la edad me hizo liviano, me fui poblando de vacío sin llegar a ser sabio, —son pocos años mis ochenta. Sólo las lupas de mis biógrafos restituirán las cifras de los días hasta fijar la cantidad de sombra en sus cuadrantes de ceniza. El año ochenta ya es un límite impreciso en que me veo y no me veo, se halla tan lejos de esta hora, es tan incierto, q...

Charles Simic (1938 )

Nada Quiero verle cara a cara Y luego intentaré desatar un infierno No, no tengo nada preparado Voy a confiar por entero en la inspiración Además en mis ancestros que Justo ahora comienzan a reír a carcajadas. Con toda probabilidad, voy a hacerle al tonto Me alejaré sonriendo estúpidamente Encenderé un cigarro con Manos temblorosas Preguntaré sobre el clima: Sobre aquella nube, que asemeja Un morral de medicinas Flotando tan quieto en el cielo sin viento. ("zendalibros", tard. laura di verso)

Adão Contreiras (1944 )

Me gano el pan Hoy, me gano el pan besando el culo de los versos con la lengua. No te sorprendas no lo veas como algo anormal. Grande es aquel que ya muerto, va tras el destino de su amada. (tomo del muro fb de daniel montoly, autor de la versión)

Magdalena Portillo (1991 )

Esta vez Esta vez El silencio habita en el mantel blanco arrugado en la cocina la mermelada de higo las frutas la taza de té verde que tomabas siempre a las siete de la tarde el mate, las charlas eternas en lo oscuro, las pecas en la nariz el saludo al subir al ómnibus vos alejándote esta vez para siempre. (en muro fb de alfredo fressia)

Dana Gelinas (1962 )

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Altos Hornos La poza de la becerra 1 En medio del desierto salobre bajo el peso del sol, hace millones de años fue atrapado un fragmento del mar, y formas e vida que no existen en Groenlandia ni en el Tíbet. La taxonomía tradicional se resquebrajó como los maderos de las arcas antiquísimas al ser libradas del musgo lodoso del lecho de los ríos. Nuestros cíclidos sobreviven las eras. ("mediodía blanco, antología personal", ed.sria. cultura de coahuila, méx., 2014)

Mercedes Luna Fuentes (1969 )

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La belleza de la madre Abres el clóset de tus hijas notas que han pasado años cuando encuentras que ellas mismas                 no tú han ordenado de los vestidos de niña en una bolsa una madre debería hacerlo así es tu descuido abres otras puertas y bajo un joyero está el cadáver de tus palabras              diminutas          pastillas          blancas               alineadas          perfectas                                        para rodar dentro de la palma de tu mano para rodar con la música que suena mientras todas en casa duermen sacas el cadáver de ti lo acomodas a un costado  de las bolsas de basura en plena calle ahí tu vergûenza ahí las dagas en fo...

Iván Oñate (1948 )

Cuando morí Para levantarme la tapa de los sesos no hizo falta una mágnum 44 o la Lugger que portaba Marlon Brando en El baile de los malditos Bastó mi dedo índice Mi dedo índice apuntando mi sien Fue un suicidio íntimo, discreto, Silencioso. ("revista altazor")

Antonia Pozzi (1912/1938 )

Límites Cuánto me acuerdo de mi cartera escolar, manoseada, gris, que toda yo estrechaba con mis libros en un único abrazo seguro. No conocía entonces este acezante trascender, este desbordamiento estéril, este perderse que todavía no es morir. Cuántas veces me apeno, pensando en mi cartera escolar. ("hoja negra", trad. de juan andrés gutiérrez)

Antonio Pereira (1924/2009 )

Sólo la voz Si tuviera una guitarra, siempre callada estaría. Me basta con las palabras. La música va escondida. Digo amor, y suena el mar haciéndome compañía. Dios grito, y no es una cuerda, es mi corazón que vibra. Canciones sin más ni más que escribo, nunca más vivas. Si tuviera una guitarra, para qué me serviría. ("poéticas")

Gerardo Deniz (1934/2014 )

Planta Descienden las hojas abrasadas en el aceite pelirrojo del otoño, cubren el suelo de monstruos raquíticos y tensos que los pies desmenuzan como a una especia nada más para el oído. Desvían, distraen; a veces engañan. No dejan pensar. Callamos. Da largo el paso para pisar aquélla. Andén 5 Y un sañudo alacrán trenzado de vainilla beberá junto a mí en la fresca ráfaga que anuncie el tren cercano y nos despeine pronto. ("material de lectura", unam )

Manuel del Cabral (1907/1999 )

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El mueble Por escupir secretos en tu vientre, por el notario que juntó nuestros besos con un lápiz, por los paisajes que quedaron presos en nuestra almohada a trinos desplumados, por la pantera aun que hay en un dedo, por tu lengua que de pronto desprecia superficies, por las vueltas al mundo sin orillas en tu ola con náufragos: tu vientre; y por el lujo que se dan tus senos de que los limpie un perro que te lame, un ángel que te ladra si te vistes, cuatro patas que piensan cuando celan; todo esto me cuesta solamente tu cuerpo, un volumen insólito de sueldos regateados, un ponerme a coser silencios rotos, un ponerme por dentro detectives, cuidarme en las esquinas de tu origen, remendar mi heroísmo de fonógrafo antiguo, todo el año lavando mis bolsillos ingenuos, atrasando el reloj de mi sonrisa, haciendo blando el día cuando llega visita, poniéndole gramática a tus ruidos, poniendo en orden el manicomio cuerdo de tu sexo; déjame ahora que le junte mi...

Bruce Chatwin (1940/1989 )

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1. La tortuga se refugia en su caparazón. El puerco espín eriza sus púas. La polilla se oculta camuflándose contra la corteza de un árbol, y el conejo corre al interior de una madriguera muy pequeña, donde el zorro no puede seguirlo. Pero el hombre estaba indefenso en una llanura sin árboles. La reacción del robustus  consistió en desarrollar más músculo. Nosotros utilizamos el cerebro. 2. El matorral espinoso fue el territorio donde se expandió el cerebro del primer hombre: la Corona de Espinas no fue una corona causal. ("los trazos de la canción", ed. península, barcelona, 2000, trad. eduardo goligorsky)

Karmelo C. Iribarren (1959 )

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Momentos ¿Qué haces? Nada. Sólo miro llover sobre la plaza. Y se sentó a su lado. Y se sumó, en silencio, a aquella celebración de la nostalgia, a aquella exuberancia de la melancolía. La vida tiene que ser otra cosa Esto no puede ser la vida, este montón de días tristes, grises, que sumados forman semanas, luego meses, después años, no puede ser la vida. La vida tiene que ser, por fuerza, otra cosa, estar en otra parte, más allá de esa lluvia que no deja de caer ahí fuera, que no deja de caer aquí dentro… Y así una tarde y otra y otra, frente a un café sobre la mesa que a veces hasta se te enfría, cavilas y elucubras y sigues cavilando… Como si a la vida le importase. ("sureando")

Uriel Martínez (1950 )

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La escalera la escalera tiene dos sentidos, como la rayuela, cielo y tierra, abajo y arriba, frío y calor; como la escalera mi cuerpo tiene peldaños, tiene fortalezas, tiene trabes, tiene clavos y refuerzos; la rayuela como el cuerpo y la escalera, tiene vértigo, tiene mareos, tiene un aquí y un ahora; la escalera, la rayuela, mi cuerpo además de peldaños, tienen puertas, tienen bisagras, tienen cerrojos; una entrada y una salida. (Inédito)