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Mostrando las entradas etiquetadas como teatro

BLANCHE DUBOIS SOY YO

No siento ningún aprecio especial por los escritores, pero me inclino a pensar que lo que más motiva a la mayoría de ellos y a la mayoría de los demás artistas es su vocación desesperada de encontrar y de saber distinguir la verdad dentro del conjunto de mentiras y evasiones en que vivimos”. Eso dice Tennessee Williams en una autoentrevista publicada en abril de 1957. Tiene entonces 46 años y es muy famoso. Descontando el intento evidente de seducción y la complicidad que esas palabras encierran hay que admitir también la posibilidad de que sea sincero y de que ése sea, en definitiva, el motivo de que muchos de sus personajes sigan resultando tan atractivos y tan eficaces como transmisores de una tensión entre la obligada apariencia y el dolor y la mentira que esconden. Sus personajes son conscientes de que viven en una sociedad corrupta pero no se plantean el combate, sino más bien parecen buscar pactos imposibles. “He mostrado buen número de flaquezas y brutalidades humanas y, cons...

EL TONO

uno. Esta mañana, mientras desayunaba en un restaurante del centro, recordé aquella escena que preparó José, en Torreón, como parte del trabajo de investigación actoral para una puesta en escena. José encendió varias veladoras con cerillos, colocadas previamente en sus vasos respectivos. Eran veladoras blancas, nuevas. Luego de prenderlas, fue acomodándolas sobre el piso donde él estaba hincado, colocó un rosario en el centro y alrededor de éste un conjunto de piedras de río. Expectantes, los otros dos actores, el director y el asistente de dirección escucharon el correr caudaloso de un río. En voz baja, José empezó a rezar o a murmurar un conjuro (imposible traducir un murmullo inaudible) o una oración. dos. A medida que el actor desarrollaba su monólogo religioso como parte del ritual, los testigos contenían el aliento: empezaba a impregnar el espacio un aroma parecido al incienso, acaso desprendido de las veladoras blancas. Cuando el actor, aspirante al papel de la Señora, cambi...

JINETES INSEPULTOS

Jesús Malverde, al igual que el hermano de Antígona, Polínice, fue condenado a permanecer fuera de una sepultura cristiana y piadosa como dicta el cánon de la religión predominante en nuestro país, herencia del judeo-cristianismo occidental. Pero como la heroína de la tragedia griega, el llamado Jinete de la Divina Providencia es arropado por el pueblo, por encima de la voluntad de las autoridades de gobierno de aquel entonces, siglo XIX y ambos, Antígona y masa popular entierran a sus muertos con puñados y piedras cada que pasan por donde permanecen los cuerpos. Óscar Liera (1946-1990) fundó un grupo de teatro en su natal Culiacán, el Tatuás, elenco con el que montó precisamente la obra, de corte brechtiano, El jinete de la divina providencia , montaje que hizo temporada en el teatro universitario Juan Ruiz de Alarcón de la UNAM, además de haberla llevado de gira a otros países y por el interior de Sinaloa. Puesta en escena y elenco que, al igual que al héroe de su pieza, fueron hos...

LA VIDA CON ALFILERES

Rogelio Luévano tenía un coche al que llamaba Palomo y al que, cuando empezaba a fallarle, le hablaba en voz alta y con un tono amable, para que el otro atendiese. Al igual que los hombres de campo a sus caballos, él le decía piropos a su VW para que éste no lo dejara atascado a medio camino, cuando iba a los ensayos de La noche de los asesinos , ya en la Casa del Lago en Chapultepec, donde hizo los trazos iniciales y, junto con el elenco, el trabajo de mesa, ya en Coyoacán, donde se hizo temporada. No era la primera vez que Rogelio llevaba a escena la obra del cubano José Triana, ya anteriormente la había montado en el lejano Torreón, en sus inicios en el quehacer escénico. Pero las obsesiones del hombre, le digo bajo la higuera, son a veces fijaciones de toda la vida, escenas que se repiten una y otra vez en el recuerdo; repetición que a veces adquiere dimensión de pesadilla, recurrente como una enfermedad que periódicamente se manifiesta; o una depresión; o un amor loco, sin atadur...