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Mostrando entradas de marzo, 2017

Alberto Cardín (1948/1992 )

Presencia de Ibn Gabirol Si tu fealdad logró del terror elevarte hacia la fuerza ¿de dónde extrae belleza tu verso sino de la ira? Pudiste hablar de ti para morir tan joven La edad que a otros convierte en paladines dejó de ti palabras sólo tus versos que llenaron el vacío del yo sobre la nada sellan para mí idéntico destino en vida Morir bien poco importa puesto que importa todo Saber cómo colmar la propia vida vacía de sentido cómo entretener la tarda llegada de la muerte Sólo eso importa ("cómo cantaba mayo en la noche")

Antonio Orihuela (1965 )

Esperar sentado Los sueños de mi padre se han cumplido, morirá feliz y atado a sus árboles y su barbecho, volviendo a casa en su mula, dormido en el sofá frente un documental de bichos en La 2. Habrá arena en sus botas unas humildes botas de mercadillo de las que guarda tres pares nuevos e idénticos. Morirán muchas cosas, grandes trozos de nosotros, cuando la muerte se vista con él. Mi madre lo mantendrá vivo mientras se repitan, iguales, las nieves, las flores, las cosechas. ("apología de la luz")

John Donne (1572/1831 )

La pulga Mira esta pulga, pues y así discurre cuán poca es la merced que tanto niegas; a mí picó primero, ahora te bebe; nuestras sangres en ella van mezcladas sin que nadie descubra ni pecado ni vergüenza, ni doncellez perdida:    ella sólo disfruta, sin proemios    se atosiga con sangre de dos partes:    tanto a nosotros no se nos concede. Tres vidas en la pulga replegadas; desposadas, y más, en ella estamos; lecho nupcial nos alza, también templo, y somos, simultáneos, tú y yo juntos, desplazca o no, o a quién: vamos cercados por vivientes murallas de azabache,    Si la costumbre os mueve hacia mi muerte,    no cedáis, que suicidio se llamara    y triple sacrilegio en triple escarnio. Cruel y repentina empurpuraste la uña en una sangre de inocencia. ¿De qué pudo la pulga ser culpada si no de haber libado en ti una gota?    Y pues es cierto, aprende la mentira    de los temores, p...

Martín Adán (1908/1985 )

VIII Llego a verde absoluto, regresando; y no es el valle. ¡Y cómo pesa el pie, calzado de espesa sangre! Andando sobre mí mismo, yo me procuro, cargándome; y cada cosa me orienta a un coágulo de sangre. Miro buey: dos ojos ciegos, que lucen a eternidades, bajo testuz que es un vaso de ofrenda de dura sangre. Miro regato, de córnea que una vez miró, vivace: una lividez de párpado, rusida de quieta sangre. Casi humus, casi luz, vasta electricidades, los trigos ganados tremen, vibran: ¡que abreve la sangre! Nieves de cimas y cirros, alcores de claras sales, toisón del cordero albo morirían para sangre. ¡Ay, que paró el que seguía como el eterno romance!... Y se me va la palabra como se iría mi sangre. Y escuchando a luces mudas, aprehendo lo impenetrable: que todo mi sangre vierte si no lo agita la sangre. ("casa barbieri", blogspot)

Manuela Fingueret (1945/2013 )

Mi padre No fue sabio No fue justo No fue valiente Sólo un pobre carpintero judío recorriendo el verano en bicicleta Detenido en Tolstoi entre los cielos de Chagall hacia la tierra prometida Jerusalem fue un sueño que terminó en abandono No fue músico No fue rabino No fue maestro Sólo un pobre carpintero judío remontando la guerra y el origen para vivir a tiempo en la palabra de su hija. ("estación quilmes")

Uriel Martínez (1950 )

Los huéspedes a veces adivino que alguien anda en el cuarto de huéspedes, alguien levanta un cobertor, alinea los cojines, estira sábanas para deshacer imperfecciones; hay noches que siento un alguien pasar el índice en libros y autores de ese espacio siempre vacío; alguien que consulta contenidos, prefacios, cuarta de forros, fichas bibliográficas o que repasa y repasa un poema en silencio, con la mirada y pupilas tenues; desde la habitación que ocupo quiero adivinar esas noches apenas rotas por una franja de luz en el piso; afino el oído para oír pisadas de calcetines rumbo a la cocina, adivinar el chorro de agua en el peltre, el cerillo acercado a la estufa, la tapa que cubre el recipiente puesto al fuego; en silencio cuento las hojas pasadas del libro, los capítulos dilatados, la decisión de la heroína al beberse el veneno, la tinta que corre al redactarse la última despedida, el soplo tenue del alma al retirarse de la carne, el clic de una vi...

Lucian Blaga (1895/1961 )

Final Hermano, una enfermedad vencida parece que es cualquier libro. Pero quien te habla está ahora en la tierra. Está en el agua. Está en el viento. O tal vez, está más lejos. Con esta hoja cierro las puertas y tiro las llaves. Estoy en alguna parte del cielo o del infierno. Apaga tu vela y pregúntate: Tu misterio vivido ¿dónde se ha ido? ¿Te quedó en tus oídos alguna palabra? Desde el cuento con sangre narrado, vuelve tu alma hacia la pared y pon tu lágrima hacia el ocaso. ("cuaderno de traducciones", ed. fce, col. cuadernos de la gaceta, méx., 1984,, trad. jorge alberto lamoyi)

Al Berto (1948/1997 )

Del ardor de la pasión a la muerte en el poema                                                                     dos fragmentos El cuervo vuela como una navaja atravesada en la boca de quien escribe. Viene a posarse en el hombro luminoso del habla. Quien escribe segrega palabras negras, tan negras como sus alas: —No hubo un solo día en que no estuviese enamorado de ti. En que no haya pensado, en pleno vuelo, deshacerte a picotazos. Tan solo quiero decirte, Alexandre, que llegué a comprender el lenguaje limpio de los pájaros, a leer nuestro futuro en las entrañas de las víctimas, a vencer al miedo, a las serpientes por medio de encantamientos, a evocar las sombras, a excavar la ciudad hasta sus abismos más profundos, a hacer del día noche y de la noche día... Pero si miras el firmamento, descubrirás una ruta ...

Ted Hughes (1930/1998 )

No toques el teléfono El Buda de plástico dispara un chillido de karate Antes que las dulces palabras esporíferas aliento cosmético de lápidas inventó la muerte los teléfonos, altares de la muerte No adores al teléfono: arrastra a sus adoradores a la tumba con mil estratagemas, con mil voces fingidas Olvídate de los dioses ante el aullido religioso del teléfono No pienses que tu casa es un refugio: es un teléfono No pienses que recorres el camino elegido: recorres                                                                   un teléfono No pienses que duermes en la mano de Dios; duermes en el                                                       transmisor del teléfono ...

José Watanabe (1945/2007 )

La estación del arenal La prodigiosa lagartija corre y ya no la veo más. Oculta entre el color del médano, imperturbable, me observa mientras el halcón huye de la resolana y la arena cae suavemente desde las trombas de aire sobre nadie. Ningún ruido la inquieta. Huiría si resonara en el aire lo que confusamente está dentro de mí: discrimino una campana, la estridencia de un tren y un balido de oveja sobre las espaldas de un viajero. Esta era la estación del arenal. Queda un trecho de la vía desdibujada por la herrumbre, un durmiente se quiebra como una hojarasca, y ninguna sombra: el desierto calcinó los ficus y sembró sus propias plantas de largas espinas que se ensañan en el esqueleto de una cabra. Aquí la única sustancia viva es la arena, y nadie que duerma en las bancas rotas del andén la sacude de su sombrero. Abandono este lugar. Y yéndome siento una porosidad en mi propio cuerpo, una herencia: aquí mi madre ofrecía su vendeja de frutas a los viajeros. ...

Jiang Hao (1971 )

Un guijarro El aire está limpio después de un aguacero, una piedra al pie de un árbol también limpio, salpicado de lluvia. Tal vez me sienta en ella de nuevo, sólo media hora, dejando tiempo a las aves, lagartos, geckos, e incluso las ardillas para que se sienten, y vean el mar, mientras que la piedra se va poniendo más redonda, con superficie lisa y brillante al igual que un huevo flotando sobre las hojas muertas, sobre las blancas arenas. El guijarro es un huevo que puso el árbol, uno que espera eclosionar, yo creo. Una rama inclinada cuelga allá arriba, como cría de serpiente arrastrándose fuera del huevo, y mueve sus diminutas piernas como si intentara patear el guijarro vacío para mandarlo hasta el océano. (¿Para eclosionar?) ("una soledad de cien años, nueva poesía china, 1916-2016", ed. valparaíso, méx., 2016, ver. francois roy)

Karmelo C. Iribarren (1959 )

Malos tiempos Ándate con cuidado. Que no se entere nadie de que lo pasas bien, que tu vida funciona y eres feliz a ratos. Hay gente que es capaz de cualquier cosa, cuando ve una sonrisa. ("no me quites paz")

Nuno Júdice (1949 )

La crisis griega Fue en las islas griegas donde vi el Mediterráneo completamente azul, sin sombra de transparencia. "Y felizmente es así", me dijo la muchacha griega que servía cafés a la orilla de las rocas. "Conocí a algunos que quisieron rasgar el mar para ver lo que escondía y nunca más volvieron". Entendí lo que quería: que yo rasgara la superficie del mar, y bajase los peldaños del abismo que nos cautiva hasta la eternidad. "Si vienes detrás de mí, y me traes de vuelta, haré lo que deseas". Pero ella fingió no entender mi lengua, aunque hablásemos un inglés de aeropuerto. Y cuando llegamos al gran anfiteatro, bajo las colinas de los pinos rodenos y los bosques de cipreses, el cielo estaba completamente limpio, como si los dioses ya hubieran dejado de existir. Recité un verso en griego clásico, poniendo a las aves en desbandada. "¿Ves lo que has hecho?", me gritó la muchacha griega. "¡Llenaste el cielo con una nube ...

Gabriela Blas (1984 )

Oración a Nuestra Señora de los Deseos Virgen de los Deseos, amante de la vida, hermana de los sueños e hija de la esperanza, protégenos a todas nosotras negras, morenas y blancas; indias, putas y lesbianas; y haz brotar desde la tierra las ilusiones necesarias para que sigamos luchando. Líbranos de racistas, homofóbicos, corruptos, machistas y clasistas; también de predicadores y curas hipócritas para que nuestras hermanas pobres de rebeldía vuelvan a soñar y en ellas se siembre la alegría. Protégenos de los dioses que quieren imponernos para que no nos priven de probar la tentación de ser libres. Haz que no falte el pan en nuestra casa, que tampoco falte la miel que endulza nuestros días y el vino que acompaña nuestras fiestas, para que cada día celebremos por la vida, por el amor, la ternura y las esperanzas. No te olvides Virgen Nuestra de todas nuestras hermanas, madres y abuelas que yacen en tu vientre (la tierra), para que con toda tu sabiduría ...

Reynaldo Sietecase (1961 )

La gorda Nadie se desviste como ella Desnuda y blanca se acomoda a mis huecos Los ensancha Yo me dejo chupar hasta los ojos Digerir dirigir dirimir Ella aplasta con su amor de giganta las imperfecciones que luzco y que ambos padecemos Y así planchadito planchadito descoyuntado el egoísmo triturada la razón soy su amante ideal el néctar exprimido que merece su pasión de ballena.                                     a claudia vieder ("marcelo leites")

César Rodríguez Chicharro (1930/1984 )

Aconcagua "No moriré sin haber visto  el Aconcagua". Y no porque verlo me interese, ni porque (si verdaderamente llegara a desearlo) no pueda verlo. Quizá se trate de que sólo de vez en vez me duele en los costados (vanidoso que soy) la fatiga del mundo, y un aura de silencio me aprisiona las sienes, y el corazón mama y escupe sangre con una lentitud que me sería fácil de calificar (aunque no sé por qué hacerlo) de beatífica, acaso obedeciendo órdenes de una masa encefálica harta hasta el tope de concebir nonadas. Cuando (parcial o íntegramente) advierto esas señales doy (¿a qué los eufemismos?) en cagarme de miedo, y recuerdo angustiado que me he prometido no ser (tópico) pasto de los gusanos antes de haber visto el Aconcagua. Y resulta del todo innecesario recordarme que terminaré haciéndome a la idea de morir sin haberlo mirado (y sin haber sabido cómo se juega al bridge o cómo se maneja una locomotora). (inédito, en "la palabra y el hombre...

Martín Adán (1908/1985 )

Diario de poeta  Y está como está Amor, por el último beso. Somos de carne y hueso, sin fin y sin teoría Que enseñe a ningún tacto a ser una alegría Y está como está Amor, con su cuerpo y su peso. Amor es el que está… el beodo en su exceso O el mendigo, que está con la mano nadía, O el que hiede a colonia con la mirada mía O el que estuvo y no está como yo me estoy preso. El instante es eterno. Uno no es otro: es uno. Yo no soy mi vecino, yo no soy mi ninguno. De arrabio personal, de acero latente. Acero del vivir el día todavía… La tierna sinrazón en la que yo me acuno: ¡Temo el hacer que impone la lenta poesía! ("puertarrota")

Daniel Faria (1971/1999 )

Hombres que son como proyecto de casas... Hombres que son como proyectos de casas En sus balcones inclinados hacia el mundo Hombres en los balcones hacia la vejez Muy estropeados por las intemperies Hombres repletos de envases esperando la lluvia Quedos en espera De un compañero posible para el diálogo interior Hombres muy vueltos para un modo de ver Una mirada fija como quien viene caminando al encuentro De si mismo Hombres muy poco listos tan desprevenidos Para recibirse Hombres bajo la lluvia con las manos en los ojos Imaginando relámpagos Hombres abriendo fuego Para enjugar el rostro para cerrar los ojos No tan preparados tan desprevenidos Tan confusos esperando un sistema solar Donde sea posible una sombra más grande ("círculo de poesía", trad. sandra casas)

Felipe Benítez Reyes (1960 )

Una forma de eternidad Pero ¿el miedo era esto?                                           No los amenazantes fantasmas del pensamiento y la conciencia. No los largos pasillos de hospitales con tubos fluorescentes día y noche. Ni siquiera el temblor de irrealidad que se queda en el alma si recuerdas. El miedo, al parecer, es sosegado: te llega cuando cierras la ventana y comprendes que todo cuanto miras es lo mismo que ayer, y que lo mismo volverá a ser mañana y para siempre. ("cómo cantaba mayo en la noche")

Uriel Martínez (1950 )

Testamento Las vendas que llevé en el torso bajo la ropa del sueño; el amoniaco que me despertó de sueños; la oración que repetida me hizo cobrar aliento; el bisturí de práctica de sangrías; las obleas que disminuyeron frecuencias elevadas; el fuego que acabó con sueños, mensajes, promesas, engaños, festejos; los pistilos de noches, madrugadas, amaneceres. Todo, guardado meticulosamente en cuadernos viejos, en calendarios caducos, incluso en paredes, se quedarán en esta casa, en aquella maleta, en esas puertas que hoy, a primera hora, cierro. [Inédito] 

Anónimo

Que los ruiseñores... Que los ruiseñores canten a la flor de ciruelo que las ranas croen en el estanque y los guíe un deseo de amor que doquiera llama a los vivientes y a las cosas. ("cantos de geisha", uam-azc., méx., 1981, trad. jorge mouriño)

Abigael Bohórquez (1936/1995 )

Aprehensión Es preciso volvernos a tiempo hacia los que no nos ignoran; ser prudentes, pacientes, cristianamente alcohólicos, acostólicos y remonos. los enemigos no tienen conducta ni sentido; se hacen ver donde menos se les quisiera ver. pero todo fue algo más: yo acerqué mis labios a tu frente, a tus mejillas redentoras a tus labios, no sé; y la beata, el adúltero, el sacrílego, el cura, el homicida, el drogadicto, la incestuosa y el sátiro, el centurión, la distinguida cogelona, la sociedad de padres de familia y adoradores del santísimo, los fetógrafos, los puros elegidos, no sé qué hacían emboscados, ahí, en el monte de los olivos. ("no me quites paz")

David Rosales Aragón (1965 )

Así son las batallas Tres Espada en mano   te digo amor   es tuya   acaricias el filo inerme en la batalla   El sabor de tu axila   tu entrepierna alegran más que el vino   y el silencio entre los dos     Un gemido   uno solo  basta para derribar ciudades  Un ariete para llevarte al cautiverio   Espada en boca   repito   amor es tuya. Uno Dos hombres se      conocen             se huelen   se devastan se desnudan                    se lamen   se lastiman   se penetran se someten   se duelen   se desprenden  Porque dos hombres suman más victorias   si se piensan    uno en el otro   dentro de sí   En sí. ("afuera, arca poética de la diversidad sexual", diablura ed., méx., 2017, recopilación y prólogo saúl ordoñez, epílogo maría luisa bacarlett pérez)

Ana Merino (1971 )

Carta de un náufrago Con el consentimiento de la nieve caminaré despacio. Alguien habrá que espere junto al fuego y yo, que estaré ciega por el frío, haré paradas breves, sacudiré el paraguas y empezaré de nuevo. El único secreto es no sentirse inmensamente lleno de verdades. No aceptar nunca las invitaciones que la neblina sugiere al anidar con sus disfraces de paisaje feliz, de grandes sueños. Alguien habrá que diga, se ha perdido, alguien saldrá a buscarme, y llevará el calor de una botella donde podré mandarte este mensaje. ("a media voz") Carta de um náufrago Com o consentimento da neve caminharei devagar. Alguém haverá à espera junto do fogo e eu, que estarei cega pelo frio, farei paragens breves, sacudirei o guarda-chuva e começarei de novo. O único segredo é não sentir-se imensamente cheio de verdades. Não aceitar nunca os convites que o nevoeiro sugere ao fazer ninho com os seus disfarces de paisagem feliz, de grandes sonhos. ...

Mónica Suárez (1965 )

Hundirse en el poema Hundirnos en la nieve del poema dejando transitar el viento frío y poco a poco crecerá su brío hasta pulir el alma en una gema. Dejar correr la tinta por la yema del dedo que, manchado, se hace río meciendo torpe al verso en su desvío hacia el muelle de la hoja, con problema. Anudar la cintura de las letras, los tiernos tallos de sus cuerpos tintos, al malecón del tiempo que los guarde. No olvidar el sonido, si penetras, los ritmos nuevos y los casi extintos, ni la pasión que en el verso siempre arde. ("afuera, arca poética de la diversidad sexual", diablura ed., méx., 2017, recopilación y prólogo saúl ordoñez, epílogo maría luisa bacarlett pérez)

Artemisa Téllez (1979 )

Mías Tengo dos amantes, dos esposas, dos amigas: una que ya no es y la otra no,todavía. Por las dos yo velo y pienso y por las dos me preocupo;  de ninguna nada espero mas que, tal vez, a futuro. Las dos se parecen mucho, se gustan, se conocen; las dos son amigas entre ellas, mías y a la larga o a la corta todas somos familia: mujeres locas de viento, incestuosas hermanitas. ("afuera, arca poética de la diversidad sexual", diablura ed., méx., 2017, recopilción y prólogo saúl ordoñez, epílogo maría luisa bacarlett pérez)

Susana Bautista Cruz (1971 )

Roma       a irene XXVI En este lento transcurrir de las horas, te he llamado Luna. Mujer de Manos Suaves y Cuerpo Tibio, ilumíname. En este lento transcurrir de las horas, te he llamado a ti. Mujer de Manos Suaves y Cuerpo Tibio, arrópame. En este lento transcurrir de las horas, seréname. ("afuera, arca poética de la diversidad sexual", diablura ediciones, méx., 2017, recopilación y prólogo saúl ordoñez, epílogo maría luisa bacarlett pérez.)

A. E. Quintero (1969 )

El chico de la bicicleta El chico de la bicicleta solitaria ha pasado su silencio diario por la ventana como otras tardes. Pero esta vez no va solo, va riendo con un amigo en patines. Parecen ta complementados patines y bicicleta, es como ir de la mano, como si quisieran tomarse la mano calladamente o lo hicieran. No hablan mucho, más bien sólo ríen, se miran y ríen. Esta vez pareciera estar vivo, el chico. Esta vez no parece un arbusto más moviéndose en bicicleta. Ahora se detienen frente a la ventana. El chico enrojece. Creo que pensó en abrazarlo. Eso es todo. El chico y su amigo se quedan callados y aumentan su ritmo cardiaco juntos. ("afuera, arca poética de la diversidad sexual", diablura ediciones, méx., 2017, recopilación y prólogo de saúl ordóñez, epílogo de maría luisa bacarlett pérez)

Isabel Pérez Montalbán (1964 )

  Viviendas fundación benéfico-social (Sector Sur, Córdoba, 1961-1965)  Arquitecto: Rafael de la Hoz  Teníamos un tiesto con claveles, las coplas dedicadas por la radio y un corazón de periferia con vistas a la diáspora y al tizne. Yo contaba dos años, tan blanca la memoria que no recuerdo nada, pero he visto mi barrio en una exposición de arquitectura que muestra las vanguardias y el enjambre moderno. La vivienda social era una huida de los asentamientos marginales. Así, pensando en los más pobres y en nuestra natural inclinación al revoltijo y a la bronca, nos construyó el franquismo un polígono de casas protegidas, de refugios al margen, como nidos aislados de hipoteca. En medio de un solar sin jardineras, ni césped verde inglés ni toboganes, se edificó una urdimbre de bloques tan idénticos, con sus cubiertas de teja a dos aguas, como idénticas jaulas de tristeza para pájaros torpes o vidas que no logran alzarse, y a ras de asfalto se ...

Ma. Mercedes Carranza (1945/2003 )

Kavafiana El deseo aparece de repente, en cualquier parte, a propósito de nada. En la cocina, caminando por la calle. Basta una mirada, un ademán, un roce. Pero dos cuerpos tienen también su amanecer y su ocaso, su rutina de amor y de sueños, de gestos sabidos hasta el cansancio. Se dispersan las risas, se deforman. Hay cenizas en las bocas y el íntimo desdén. Dos cuerpos tienen su vida y su muerte el uno frente al otro. Basta el silencio. ("no me quites paz")

Ethel Krauze (1954 )

Veintisiete Somos un par de olas un par de bocas somos bocas que se devoran olas que se aparean somos. Dieciocho Como un fauno en la noche sacrílega (apagamos la luz de la recámara) me doblas boca abajo. Soy un susurro que ruge. Te inclinas sobre mi espalda y eres un beso que esculpe. No tenemos perdón. Tenemos sed. ("lo que su cuerpo me provoca", ed. uam-xochimilco, col. 'la luna en la escalera', méx., 2016)