Doris Salcedo: la voz de las víctimas

En el primer piso de la galería White Cube Mason’s Yard yace sobre el suelo del salón A flor de piel, una frágil sábana hecha de miles de pétalos de rosa, cosidos entre sí. Está llena de pliegues y ligeras ondulaciones. El silencio es absoluto y la solemnidad inunda el espacio. Aún huele a rosas recién cortadas.

Este es el más reciente trabajo de la artista colombiana Doris Salcedo, que por primera vez es exhibido en una galería. A simple vista luce como un manto rojizo dejado al azar en un espacio, pero todo cobra sentido cuando se conoce la historia que hay detrás. La artista explica que la idea surgió luego de investigar el caso de una enfermera que fue torturada hasta la muerte en Colombia. “Esta historia me conmovió y tenía que hacer algo por ella. Su cuerpo nunca fue encontrado, así que quería presentarle una ofrenda floral. Fue así como esto comenzó”, afirma en una entrevista con el comentarista cultural británico, Tim Marlow.
Salcedo confiesa que el proceso fue extremadamente doloroso y difícil y la palabra imposible siempre estuvo presente. Luego de tener claro que quería hacer una ofrenda de flores, vino la idea de presentarla en forma de un manto. “El cuerpo de la enfermera fue desmembrado, como miles de víctimas en Colombia y en otros lugares del mundo. Así que quería reunir estos cuerpos de la manera más digna y respetuosa posible”, asegura.
Vida y muerte se entremezclan en su obra, porque los pétalos se irán marchitando a lo largo de la muestra. “En un sentido es una escultura, porque yo soy una escultora, pero es más una imagen casi inmaterial, insustancial, que nos recuerda la fragilidad de la vida”, explica. Es una pieza que no se puede tocar, literalmente.
Un piso más abajo está Plegaria Muda, un trabajo que ya ha recorrido varios museos en Europa y Latinoamérica. Son cuarenta y cinco esculturas en el salón- la instalación completa tiene 162-. Cada objeto está compuesto por dos mesas de madera rectangulares que tienen el tamaño de un ataúd, y están colocadas en sentido invertido, pero separadas por un bloque de tierra, que permite que el pasto crezca y se filtre por los agujeros imperceptibles de la madera. Tres hombres vestidos de negro la cuidan permanentemente. El silencio absoluto vuelve a ser la constante. Es casi como si uno estuviera en un lugar sagrado o en un cementerio.
Este trabajo empezó en 2004 en Los Ángeles, cuando la artista comenzó a investigar sobre la vida violenta de los jóvenes de los guetos de la ciudad, pero sólo llegó a tomar forma cuando en 2007 apareció la noticia de que 1.500 jóvenes habían sido asesinados en Colombia. El caso, conocido como los falsos positivos, involucraba a jóvenes que pertenecían a familias muy pobres que fueron engañados para ser parte del Ejército, para después ser asesinados y presentados como guerrilleros o paramilitares muertos en combate.
La artista asegura que Plegaria Muda ha tenido una fuerte resonancia en países como México, donde el día que se inauguró se encontró una fosa con decenas de cadáveres. Sin embargo, cree que todas las ciudades, ya sea Roma, Londres o Lisboa, tienen áreas marginales, donde existen jóvenes que han sido asesinados primero socialmente, pues son aislados, y luego, pueden ser asesinados físicamente, fácilmente, sin que nadie se inmute. “Tenemos que reflexionar al respecto, es absolutamente esencial recordar cada muerte, sin esto seríamos como máquinas”, dice.
Salcedo resalta que pese a que cada uno de estos dos trabajos es una propia criatura y conmemora diferentes aspectos sobre la muerte violenta, fueron creados para ser presentados juntos, no solo porque tienen materiales orgánicos y tratan temas similares, sino porque por primera vez en su vida su trabajo está enfocado en las víctimas y no en los sobrevivientes de la violencia. Además, en los últimos años el trabajo de la artista colombiana había estado concentrado más en las instalaciones arquitectónicas, como Shibboleth, su famosa grieta en el Turbine Hall de la Tate Modern, en 2007, pero con estas propuestas regresa de nuevo a la escultura.
La exposición ha sido reseñada por varios medios británicos e inclusive el diario The Guardian la calificó como la exposición de la semana. La muestra estará abierta hasta el próximo 30 de junio en esta galería y la entrada es gratuita.


(nota de Sandra Martínez, Londres, "De ofrendas y plegarias", tomada de El Espectador en línea, Bogotá.)

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