Jorge Esquinca (1957 )
Conjuro
"Vuélvete, gavilla, a tu provincia ensombrecida. Deja la esquirla invicta en la punta del sable desolado, deja tu simiente impávida bajo el alud voraz de las campanas, deja tu huracán dormido en la penumbra del astillero, tu vihuela lúbrica, tu iceberg en dársena. Has largamente gobernado nuestros almuerzos cándidos, nuestras castas mudanzas, y tu corazón desenterrado sobrevoló nuestras noches como un cometa feroz. Vuélvete, niña lamentable, con tu jauría de ángeles insomnes hasta el lagar más vasto de tu azoro. Que una nueva sangre divida las almendras y una estación benévola alumbre en las frentes de estos tus hijos. Amén".
("revista la jornada semanal", no.8, tercera época, 6. viii, 1989)
"Vuélvete, gavilla, a tu provincia ensombrecida. Deja la esquirla invicta en la punta del sable desolado, deja tu simiente impávida bajo el alud voraz de las campanas, deja tu huracán dormido en la penumbra del astillero, tu vihuela lúbrica, tu iceberg en dársena. Has largamente gobernado nuestros almuerzos cándidos, nuestras castas mudanzas, y tu corazón desenterrado sobrevoló nuestras noches como un cometa feroz. Vuélvete, niña lamentable, con tu jauría de ángeles insomnes hasta el lagar más vasto de tu azoro. Que una nueva sangre divida las almendras y una estación benévola alumbre en las frentes de estos tus hijos. Amén".
("revista la jornada semanal", no.8, tercera época, 6. viii, 1989)
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