Gilberto Meza (1954 )
Piazza di Spagna
(fragmento)
Me senté en mis recuerdos
junto al quicio, que me guardaba
de todo lo que te fuera ajeno.
Allí acababan todos mis caminos,
de allí partían todas mis rutas.
Era plena confluencia. Todo tiempo y espacio
estaba en mí.
Veía el amor en las miradas de los jóvenes
de piel sudorosa y olor penetrante
que las inundaba. Yo era un tábano girando,
mareado por su luz.
Qué hemos hecho nosotros del amor,
con nuestras dudas, con los rumores
que nos corren por el cuerpo;
qué si no dejar que su fluido se pierda,
que se pudra en los suaves estanques
capilares con que se cubren nuestros cuerpos.
Qué si no dejar que se avejente en las ciudades.
("revista la jornada semanal", no.19, nueva época, 22 octubre 1989)
(fragmento)
Me senté en mis recuerdos
junto al quicio, que me guardaba
de todo lo que te fuera ajeno.
Allí acababan todos mis caminos,
de allí partían todas mis rutas.
Era plena confluencia. Todo tiempo y espacio
estaba en mí.
Veía el amor en las miradas de los jóvenes
de piel sudorosa y olor penetrante
que las inundaba. Yo era un tábano girando,
mareado por su luz.
Qué hemos hecho nosotros del amor,
con nuestras dudas, con los rumores
que nos corren por el cuerpo;
qué si no dejar que su fluido se pierda,
que se pudra en los suaves estanques
capilares con que se cubren nuestros cuerpos.
Qué si no dejar que se avejente en las ciudades.
("revista la jornada semanal", no.19, nueva época, 22 octubre 1989)
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