Uriel Martínez (1950 )
El amado
vii
señor, tú que no tuviste
descendencia, acógeme
en tu vientre, en la uretra,
en cada uno de tus espejos
en que te acicalas
señor, tú que no tienes ojos,
ni voz, ni sentimientos,
hazme a tu imagen y semejanza
como el agua duplica al Enamorado
señor, tú que habitas las tinieblas,
no me sueltes de la mano
cuando esta mañana tropiece
con aquellos ojos que me siguen
sin saberlo
y si espero demasiado de ti,
permite que el agua resbale
por mi dermis antes que
me veas vencido como un día
el viento subyugó la nuca
del árbol sin raíces.
vii
señor, tú que no tuviste
descendencia, acógeme
en tu vientre, en la uretra,
en cada uno de tus espejos
en que te acicalas
señor, tú que no tienes ojos,
ni voz, ni sentimientos,
hazme a tu imagen y semejanza
como el agua duplica al Enamorado
señor, tú que habitas las tinieblas,
no me sueltes de la mano
cuando esta mañana tropiece
con aquellos ojos que me siguen
sin saberlo
y si espero demasiado de ti,
permite que el agua resbale
por mi dermis antes que
me veas vencido como un día
el viento subyugó la nuca
del árbol sin raíces.
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