Uriel Martínez (1950 )
Tres primates
1.
Ese día el mico culto regresaba a Dogville de un pueblo distante cinco horas . A medio camino el camión de Tercera Plus hizo escala en un punto reputado de quesero y lechero. El MC observó las puertas abatibles levantadas cuando el chico maletero las bajó una por una -eran cuatro- y, para asegurarse del cierre en firme, las empujó, también de una en una, con ambas nalgas. "Bendita sabiduría", dijo mentalmente, y subió a ocupar su butaca.
2.
Lo primero que le llamó la atención al mico culto fue que, antes de entrar en la ducha, no hubiese vapor saturando el baño. Comenzaba el mes y se había agotado el cilindro. Se lavó el pelambre, se enjabonó las extremidades -"el agua está tibia, eso me favorece", pensó mientras se restregaba con el zacate-; tomó la pieza de Palmolive y se enjabonó el ano. Tocó un promontorio de grumos. "He bebido mucho café", pensó antes de comenzar a desprenderlos. Creyó que eran residuos del aromático de Chiapas.
3.
El mico culto terminó de leer las declaraciones del escritor mexicano más importante de la segunda mitad del siglo XX, el que más estudios, ensayos, libros y artículos cosechó en vida, pese a la condición magra de su pluma y su palabra. Eran conceptos vertidos sobre los homosexuales de las rancherías de su pueblo natal. Hizo a un lado el escrito. Guardó silencio, reflexionó, meditó y anotó en su Diario Prohibido el MC: "¿No querría sacar del fondo de la milpa al gay que llevaba adentro?" Callado, cerró y guardó bajo llave su breve manuscrio.
1.
Ese día el mico culto regresaba a Dogville de un pueblo distante cinco horas . A medio camino el camión de Tercera Plus hizo escala en un punto reputado de quesero y lechero. El MC observó las puertas abatibles levantadas cuando el chico maletero las bajó una por una -eran cuatro- y, para asegurarse del cierre en firme, las empujó, también de una en una, con ambas nalgas. "Bendita sabiduría", dijo mentalmente, y subió a ocupar su butaca.
2.
Lo primero que le llamó la atención al mico culto fue que, antes de entrar en la ducha, no hubiese vapor saturando el baño. Comenzaba el mes y se había agotado el cilindro. Se lavó el pelambre, se enjabonó las extremidades -"el agua está tibia, eso me favorece", pensó mientras se restregaba con el zacate-; tomó la pieza de Palmolive y se enjabonó el ano. Tocó un promontorio de grumos. "He bebido mucho café", pensó antes de comenzar a desprenderlos. Creyó que eran residuos del aromático de Chiapas.
3.
El mico culto terminó de leer las declaraciones del escritor mexicano más importante de la segunda mitad del siglo XX, el que más estudios, ensayos, libros y artículos cosechó en vida, pese a la condición magra de su pluma y su palabra. Eran conceptos vertidos sobre los homosexuales de las rancherías de su pueblo natal. Hizo a un lado el escrito. Guardó silencio, reflexionó, meditó y anotó en su Diario Prohibido el MC: "¿No querría sacar del fondo de la milpa al gay que llevaba adentro?" Callado, cerró y guardó bajo llave su breve manuscrio.
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