¿La crónica periodística como literatura?

De hecho en sus orígenes el periodismo siempre fue narrativo. Cuando empezaban las agencias noticiosas aprovechando el invento del telégrafo —Associated Press se inicia hacia 1862, durante la guerra civil— quienes fueron reclutados por los periódicos y esas mismas agencias distribuidoras de información fueron hombres y mujeres relacionados con el oficio de las letras: narradores, poetas, ensayistas, gente que sabía escribir a mano o a máquina.
Después se implantaron ciertos “tecnicismos”, como el de la “pirámide invertida”, que consistía en resumir en la primera frase lo esencial del acontecimiento. Todo debía estar en el principio del párrafo porque se corría el peligro de que fallara el telégrafo, de que se diera alguna solución de continuidad en el cableado. No era muy confiable y en cualquier momento podía interrumpirse.

La idea, promovida en las universidades en las últimas décadas, de que el periodismo no es sino otro de los géneros literarios ha tenido cierto consenso porque en efecto a lo que más se parece la crónica periodística es a la novela realista del siglo XIX, es decir, a la novela propiamente dicha y no a las obras de innovación formal o “experimentales”.

Viene a cuento el asunto porque han llegado a México dos importantes recopilaciones de la crónica en lengua española: una del colombiano Darío Jaramillo Agudelo, Antología de crónica latinoamericana actual y la otra del español Jorge Carrión, Mejor que ficción. En ambas se repiten algunos nombres como los de Fabrizio Mejía Madrid, Juan Villoro, Juan Gabriel Vázquez, Leila Gurriero, Alberto Salcedo Ramos.

En un momento en que se desconfía de los encantos de la letra impresa, por las ociosidades momentáneas de las redes sociales, resulta que lectores y editores valoran como nunca la prosa narrativa de escritores que destacan como si fueran novelistas —muchos de ellos lo son— en América Latina.

“Los cronistas latinoamericanos de hoy encontraron la manera de hacer arte sin necesidad de inventar nada, simplemente contando en primera personas las realidades en las que se sumergen sin la urgencia de producir noticias”, escribe Darío Jaramillo Agudelo. Se ha logrado cambiar el modelo de lector tanto como el “arquetipo” de la escritura y, por tanto, las técnicas expositivas de los autores.

Los “nuevos cronistas de Indias” han hecho uso de todo el arsenal descriptivo y narrativo de la literatura, no excluyendo la dinámica de los diálogos e incluso el flujo del monólogo interior en ciertos personajes. Si la novela moderna se concibió y realizó en nuestra lengua —el Quijote en 1605— fue porque fundió en un solo texto la narración de los historiadores clásicos, como Tucídides o Hesíodo, y los diálogos de dramaturgos como Fernando de Rojas.

Otros mexicanos seleccionados son Alejandro Toledo, Sabina Berman, Diego Enrique Osorno, Alejandro Almazán y Carlos López Aguirre.


(Carlos Monsiváis tiene una recopilación de crónicas deliciosa y ejemplar, que podría ser una guía excelente del que aspire a ejercer el periodismo narrativo, "A ustedes les consta", bajo el sello de editorial Era. Esa selección, que aunque no contiene una crónica de José Revueltas sobre el asesino serial mexicano Goyo Cárdenas -más tarde la rescató del olvido Juan Villoro en su efímera estancia en La Jornada Semanal-, Monsi incluyó otra del duranguense acerca del volcán Paricutín. Ignoro si las dos selecciones que comenta Federico Campbell, escritor y periodista de primer nivel, mencionen la antología de Monsiváis-Era o si contemplaron el trabajo pionero de mediados del siglo XX de Truman Capote. Nota de FC tomada del sitio "riodoce".)

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