Fernando Rendón (1951 )

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El fresno fue también eje del mundo como la piedra del rayo. Tribus asiáticas saben que sus ancestros fueron árboles.

Adonis nació de un árbol de mirra. Otro árbol amamantó al faraón Tutmés. Un árbol advirtió en la India a Alejandro que no regresaría vivo a Grecia.

Cada hombre pertenece a un árbol con brazos y sistema circulatorio. De las cambiantes formas de los árboles nacieron las formas de las letras y los alfabetos que susurran el secreto inasible de su longevidad. Los movimientos de las raíces y de las ramas de la floresta son voluntarios. Muescas persistentes sobre la rama roja narran la leyenda humana y sus frutos inimaginados. El bosque legislará algún día.

El roble es el árbol que recuerda:

A la mordedura del rayo los mares se levantarán
Y regresará el polvo de los tiempos antiguos


Un árbol de pájaros nos mira, guardián de visiones asombrosas. En un jardín hindú las flores del granado son pájaros multicolores. Árboles africanos se transformaron en míticos animales. Al caer las hojas de los árboles sobre la tierra negra brotaron monos, antílopes, tortugas. Las hojas que cayeron sobre el agua se metamorfosearon en peces, mújoles, cangrejos.

Extraños animales oceánicos que desembarcaron en playas transmutaron en humanos. Humanos y animales intercambiaron formas y hablaron un mismo lenguaje prehistórico.

Un campesino melanesio flechó una mañana a un ánsar, que continuó herido su vuelo. Mientras el cazador lo perseguía, observó a un hombre arrancándose una espina del pie y supo que el ánsar y el hombre eran el mismo.


(texto tomado de "meridiano75" en la red.)

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