Hermann Hesse leía las cartas

Todos los lobos esteparios de la Humanidad le deben a Hermann Hesse su reconocimiento, aunque el más célebre crítico alemán vivo, Marcel Reich-Ranicki, haya minimizado sus méritos definiéndolo como un "nazi sin querer". Pero al margen de su valor literario, es hora de reconocer una faceta del escritor, del que Alemania celebra hoy con orgullo el 50º aniversario de su muerte, que tiene más que ver con el consultorio existencial y sentimental que con la novela. A lo largo de su vida, Hesse recibió miles de cartas a las que respondía casi siempre personalmente y de forma manuscrita, para dar consejos o hacer confesiones. "Vivo en un matrimonio adinerado, pero soy infeliz. ¿Tiene un consejo para que pueda cambiar mi vida?", le preguntaba, por ejemplo, una admiradora latinoamericana. Hesse le respondió por carta que intentase apaciguarse con ejercicios de yoga y le aconsejó no centrarse demasiado en las expectativas puestas en la pareja, sino e la vida personal e interior, en la que encontraría, le dijo, las mayores satisfacciones.
El diario alemán Frankfurter Allgemeine celebra el aniversario con la publicación de varios de estos textos desconocidos hasta ahora, y en ellos podemos comprobar que Hesse no solamente daba consejos, sino que se desahogaba en sus cartas, sacando a la luz sus tormentos existenciales, como la carta escrita en 1893 a Otto Harmann en la que el escritor relata su reciente conversión al agnosticismo. "Pero, por favor, no te avergüences de mí", añade. "He aprendido a ridiculizarlo todo, a Dios y a la Humanidad, la fe y el amor, la esperanza, la virtud, el vicio, los ideales y el odio, casi todo lo que es sentimiento...", confiesa, al tiempo que admite que "soy un nihilista, pero no como los rusos actuales, sino a la Basaroff. Me divertiría ver el mundo derrumbarse... soy totalmente indiferente".
La mayor parte de esa correspondencia se encuentra en el Archivo Literario Suizo en Berna y otro buen número en el Archivo Literario Alemán de Marbach. El escritor conservó unas 40.000 piezas de correspondencia a su nombre y los remites permiten a los especialistas seguir investigando. Puntualmente, van apareciendo cartas entre las viejas pertenencias heredadas de aquellas personas con las que Hesse intercambió cartas y cada una de ellas es celebrada por los hisotriadores.
Las más conocidas son las que escribió a personalidades como la del autor suizo Robert Walser, el escritor austriaco Stefan Zweig, o el psicoanalista J.B. Lang. Parte de su correspondencia es de índole práctica, consta incluso el envío de calcetines de lana, y en muchas cartas se adivina que para sus lectores se trataba de una especie de padre espiritual. "Aborrezco la soledad y carezco de fe. ¿Qué he de hacer para soportar esta vida?, le preguntó otro desconocido que acudió a él en busca de ayuda. Desconocemos, en este caso, la respuesta, pero debió haberla, que a pesar de que se describía a sí mismo como indiferente, poca indiferencia puede haber en un escritor que dedica más de una tercera parte de su tiempo de trabajo a responder a sus lectores.


(Aquel hombre que se adelantó a las generaciones de hippies que viajaban de otros países a Huautla para subirse al viaje iniciático de María Sabina con hongos alucinógenos, que predijo la aparición de la generación Beat en Estados Unidos y que reunió a poetas y narradores, que en su obra "El lobo estepario" retrató a más de una generación, que inventó el encanto hipnotizante del suicida en "Bajo la rueda" y "Peter Camenzind", no pudo estar equivocado. No sabemos si Roberto Bolaño y los Infrarrealistas bebieron de esas aguas, pero la muerte temprana de Mario Santiago y la del autor de "Estrella distante" dice mucho de una camada suicida. Nota de Rosalía Sánchez en "blogoterráqueo" en el diario El Mundo on line.)

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