MÉDICO DE CABECERA

La noche que le hizo crisis la infección bucal, apareció en el sueño su exdentista. Aunque en la charla que sostuvo con el médico durante el sueño, éste había moderado el tono ofuscado que empleó en la separación -el médico le alzó la voz cuando supo que el paciente buscaría un presupuesto y una atención alterna-, de cualquier forma le tranquilizó el "acercamiento" durante el sueño.

El malentendido obedeció a que el paciente, sin solicitarlo y sin saberlo, había empezado a recibir un tratamiento. Al percatarse de las intenciones del profesional, su primera reacción fue solicitarle el presupuesto, que ascendía, de buenas a primeras, a 56 mil pesos, cantidad prohibitiba si se considera que cuatro años atrás, a la cantidad original considerada, le cargó quince mil extras sin mayor explicación. Eso sin considerar otra cifra extra por la atención del parodoncista en la capital del país.

Luego que el dentista lo mandó con cajas destempladas, en presencia de la secretaria, una ayudante y la persona de limpieza, el paciente salió al café más cercano para asimiliar el desenlace del conflicto, pero el local no había abierto. De ahí se fue a la oficina de una conocida, que tampoco localizó.

Al día siguiente, como una puerta caída del cielo, recibió una invitación de la Secretaría de Hacienda en que lo invitaban a hacer cualquier denuncia, de carácter anónimo, de aquel profesionista que no extienda recibos de honorarios. Se negó a sí mismo a fungir como denunciante pues cuatro años atrás, luego de un tratamiento de ocho meses, en el consultorio le aclararon que en caso de requerir un recibo global de honorarios, le cargarían un extra del 15 por ciento de impuestos, lo que, como paciente, lo inhibió el pedirlo.

Pero recordaba aún, luego del portazo del médico a su salida, que Antonio su dentista, cuatro años atrás le había jurado que el trabajo altamente profesional tenía una garantía de cuarenta años: como si su calidad superase las expectativas de vida y la voluntad de los dioses. Recordaba también, en camino al café cerrado, que había hecho promoción del consultorio, que atrajo a unos seis pacientes extras, que más adelante ya no regresaron a consulta.

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