LA ESPADA, LA PARED Y LA PLUMA

Cuando te desempeñaste de corresponsal de un diario nacional en La Laguna, franja norteña que comprende territorios de Durango y Coahuila, un informante del Ejército te avisó que te buscaban de la zona militar de La Joya; que te comunicaría con el comisionado en ese momento: "Está bien" alcanzaste a decir antes de tomar la bocina. Era en la mañana y el subordinado marcó del edificio del Ayuntamiento, donde ambos se toparon. "Buenos días", acertaste a decir en tu descargo. Habla fulano de tal, te respondieron al otro lado de la línea.
- Necesito hablar con usted en relación a una nota que se publicó en su medio.
- Este, en dónde nos vemos, ¿en algún café del centro?
- No, venga a mi oficina.
- Pero necesito alguien que me acompañe.
La voz al otro lado se hizo más potente: "No le vamos a hacer nada, sólo vamos a platicar."
Está bien. Yo voy. Colgaron ambos.
En cuanto pudiste le planteaste la cuestión a una reportera de tu confianza. Ella se ofreció a ir contigo, se haría pasar por un pariente tuyo.

Pasaron los días y reflexionaste que no había motivo de temor, que irías solo. El camión que va a Matamoros te dejó a la entrada. Preguntaste por el capitán y te condujeron a la oficina en donde lo esperaste hasta que apareció. En breve: de Saltillo, Coahuila, un superior le instruyó a que hablara contigo respecto a una nota aparecida en días anteriores. Se trataba de lo siguiente: un grupo comisionado de la Policía Judicial Federal (PJF) trasladaba de un penal del Estado a otro a un grupo de reos de alta peligrosidad. En el trayecto apareció un grupo de soldados que le pidió a los polis que se identificaran. Así lo hicieron. A su vez, éstos les solicitaron a los otros lo mismo: la identificación, a lo que los militares se negaron.

El asunto se le planteaba así a las autoridades de la Procuraduría General de la República (PGR): que esa duplicidad de autoridades y comisionados, tarde o temprano, derivaría en un enfrentamiento entre militares y federales, que el conflicto se ventilara entre los mandos superiores de una y otra institución, para encontrar una forma de evitar roces innecesarios. Y el capitán te invitaba a que le entregaras la copia del oficio en que te habías basado para la elaboración de la nota, aparecida en tu diario de circulación nacional pues "desprestigiabas" a la institución. En suma, te pedía la "delación" del agente del Ministerio Público Federal que había redactado el oficio.

En tu defensa respondiste que no conservabas la copia, que luego de "trabajada" una nota, te deshacías de los originales pues no puedes acumular papeles de manera innecesaria, máxime que carecías de una oficina montada en forma y con personal encargado de archivar documentos ya utilizados. Etcétera. Ya para despedirte del anfitrión le extendiste una colección de revistas de una organización no gubernamental (ONG) donde se abordaban temas relacionados con los derechos humanos referidos a cuestiones indígenas -era reciente el alzamiento en Chiapas-, libertad de expresión y otros varios temas vinculados con la familia, la infancia, la mujer...

No sabe cuán oportuno es su obsequio, te dijo el militar con otro tono de voz, estamos por iniciar un curso sobre el tema de Derechos Humanos, etcétera. Te despediste y saliste a abordar el camión de regreso a Torreón. De esto ya pasaron, por lo menos, 16 años y son otras las circunstancias que viven las fuerzas del orden federal, estatal y municipal; son otras, también, las condiciones en que se ejerce el derecho a la información y el periodismo se ha tornado en un oficio de alta peligrosidad.

No en balde los relatores comisionados de la CIDH y la ONU han confesado que en la última década México se ha tornado en el sitio màs peligroso para el ejercicio informativo, amenaza no proveniente sólo del crimen organizado sino también de grupos armados con nexos con partidos políticos, además de militares y policiacos.

Esta información aparece consignada en todos los diarios , aunque está por estudiarse las condiciones en que trabajan los corresponsales, muchos de ellos sin representar ni contar con el respaldo de un diario o revista de circulación nacional, sino sólo regional o que laboran de free-lancer en medios electrónicos; o en blogs privados. ¿Hasta cuándo?

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