EL PAÍS AZOLVADO

La señora viajaba a tu pueblo, acompañaba a su hijo de 46 años, sin el sentido del oído pues en una ocasión recibió una descarga eléctrica al coger un cable de alta tensión. Ella lo esperaría mientras el sordo viajaba a la población cercana y distante 60 kilómetros, donde recogería a primera hora de la mañana un documento para volver de inmediato a la central de autobuses, donde ella permanecería hasta su retorno.

La charla inició cuando le avisaste que quedaba una butaca disponible a tu lado, en la central camionera del norte, donde estaban el martes pasado, mientras se llegaba la hora de abordar el Ómnibus de México que te traería de vuelta a casa. Fue inevitable enterarte de su vida vivida durante 76 años y su itinerario vital entre Durango, Jalisco y Zacatecas, escuchar nombres de poblados sólo conocidos por referencias: Nochistlán, Zapopan, Ramón Corona, Sombrerete, San Juan de los Lagos y cien más.

Ella te contó que en uno de esos lugares a un habitante se le fue la camioneta al fondo de una presa, que tuvo que recurrir a buzos para tratar de rescatarla. Durante las maniobras de rescate el personal contratado encontró: hombres atados y amordazados con una piedra sujeta a los pies para prevenir que emergiesen a la superficie, ya sin vida; otros vehículos con cuerpos en el interior, sacrificados con violencia. Te viene a la memoria, de inmediato, el final de la novela El amante de Janis Joplin, de Élmer Mendoza; te llega también la reflexión de que las presas del país jamás se desazolvan, que en el lodo acumulado al fondo debe haber más cuerpos, según los años transcurridos desde que ahí fueron arrojados.

Le recuerdas que la semana pasada las autoridades federales revelaron que en la "guerra personal" contra el crimen organizado se han contabilizado 28 mil víctimas, donde no se incluyeron a aquellos que abandonaron en tiros de minas horizontales y verticales, en barrancas, a los disueltos en ácido, a los cuerpos que reposan en fosas clandestinas, a los desaparecidos en la guerra sin cuartel entre las fuerzas oscuras del gobierno federal y ciudadanos inermes ahora llamados "ninis", a los indocumentados que cruzan el río Suchiate procedentes de países hermanos del nuestro y que luego son sacrificados en forma salvaje en puñados de setenta y tantos en algún punto próximo a la frontera norte, como los encontrados ayer miércoles en un poblado de Tamaulipas. Le recuerdas también que en esta "guerra ciega" todos hemos perdido a alguien, que todos hemos perdido el sueño, quizá también la capacidad de indignación.

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