Roberto Bolaño (1953/2003 )


Hoy lo volví a ver



La historia comienza con la llegada del sexto enfermo,

un tipo de más de sesenta, solo, de enormes patillas,

con una radio portátil y una o dos novelas de aquellas

que escribía Lafuente Estefanía.

Los cinco que ya estábamos en la habitación éramos amigos,

es decir, nos hacíamos bromas y conocíamos

los síntomas verdaderos de la muerte,

aunque ahora ya no estoy tan seguro.

El sexto, mi padre, llegó silenciosamente

y durante todo el tiempo que estuvo en nuestra habitación

casi no habló con nadie.

Sin embargo, una noche, cuando uno de los enfermos se moría

(Rafael, el de la cama nº 4)

fue él quien se levantó y llamó a las enfermeras.

Nosotros estábamos paralizados de miedo.

Y mi padre obligó a las enfermeras a venir

y salvó al enfermo de la cama nº 4

y luego volvió a quedarse dormido

sin darle ninguna importancia.

Después, no sé por qué, lo cambiaron de habitación.

A Rafael lo mandaron a morir a su casa y a otros dos

los dieron de alta.

Y a mi padre hoy lo volví a ver.

Como yo, sigue en el hospital.

Lee su novela de vaqueros y cojea de la pierna izquierda.

Su rostro está terriblemente arrugado.

Aún lo acompaña la radio portátil de color rojo.

Tose un poco más que antes y no da mucha importancia

a las cosas.

Hoy hemos estado juntos en la salita, él con su novela

y yo con un libro de William Blake.

Afuera atardecía lentamente y los coches fluían como

pesadillas.

Yo pensaba y pensaba en mi padre, una y otra vez,

hasta que éste se levantó, dijo algo

con su voz aguardentosa

que no entendí

y encendió la luz.

Eso fue todo. Él encendió la luz y volvió a la lectura.

Praderas interminables y vaqueros de corazones fieles.

Afuera, sobre el Monte Carmelo, pendía la luna llena.

("zumodepoesia")

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