Antonio Deltoro (1947 )

Los días descalzos


II

He mentido para acercarme a los otros.
Traicioné mi alegría;
Mi alegría idiota y porque sí
porque los pájaros,
porque el aire y las ramas.
Ahora, de regreso, puedo alegrarme;
porque sí, porque los pájaros,
porque el aire y las ramas.
Todavía existe el calor,
la luz de esta mañana,
el agua que sale de los grifos.
Los días descalzos son fragmentos de Cuernavaca.
Dentro de mí, sobre la acera,
toman el sol un nieto y el abuelo,
apenas hablan; miran los árboles, las sombras.
El nieto en el rayo de luz se pasma,
el abuelo apura con deleite el olvido
que un poco de sol le otorga.
Mis pasos me llevan a mis ojos y esta luz  a esos árboles,
voy por la calle siguiendo los letreros, los rostros, mis corazonadas;
agradezco las pausas en las bancas y la prolongación en las banquetas;
¿la acera que se pierde en la distancia, es la misma que se dobla en la esquina?
La fascinación por este muro me hace repetir la misma cuadra,
hoy es enero y mayo se cuela por el aire,
son las doce, en todas partes está Cuernavaca:
de perfil está de frente la calle Atlacomulco en la calle de Vallarta.



("la jornada semanal", no.12, nueva época, 3 sept. 1989)

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