Manolis Anagnostakis (1925/2005 )
Hablo...
Hablo de los últimos toques de trompeta de los
soldados
vencidos
De los últimos harapos de nuestras ropas de fiesta
De nuestros hijos que venden cigarrillos a los
transeúntes
Hablo de las flores que se han marchitado en las tumbas y
que la lluvia
pudre
De las casas que se quedan abiertas sin ventanas como
cráneos
desdentados
De las chicas que mendigan mostrando en sus pechos
las heridas
Hablo de las madres descalzas que se arrastran por las
ruinas
De las ciudades llameantes, de los cadáveres apilados en
las calles
De los poetas proxenetas que tiemblan por las noches en
los
umbrales
Hablo de las noches eternas cuando la luz se reduce al
amanecer
De los camiones cargados y de los andares por baldosas
húmedas
De los patios de las cárceles y de las lágrimas de los
condenados
a muerte.
Pero ante todo hablo de los pescadores
Que dejaron sus redes y siguieron Sus pasos
Y cuando Él se cansó ellos no reposaron
Y cuando Él los traicionó ellos no negaron
Y cuando Él fue glorificado ellos volvieron los ojos
Y sus compañeros les escupían y les crucificaban
Y ellos, serenos, toman el camino que no tiene
límite
Sin que su mirada se oscurezca o se rinda
De pie y solos en medio de la terrible soledad de la
multitud.
("omni-bus", trad. de m. gonzàles rincón)
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