Dimitris Angelis (1973 )
Esperanza
Toda la noche en tu azulada alcoba, buscando
un pretexto en los libros empolvados para que me traigas
un vaso de agua,
en miles de frases los improvisados crepúsculos, ramas que
reúnen tu última tristeza,
nubes de telarañas y un perro que sacude
el mar de su pelaje, más allá no miré
sin embargo, se encontraba allí
tumbado esta noche en la orilla del río un hombre
las raíces de una planta marchita que con palabras cifradas
recoge en pedazos el viento –llegan días,
dijo, que no puedes ya vivir
susurran sobre ti las voces lejanas, en tus ojos navegan
aguas que queman, tú
lees ahora las marcas en las paredes, alguien escribió:
María, te quiero; otro a su equipo de fútbol, otro
un insulto
un cuarto grabó en la raíz de su corazón un grito
-¡socorro!-; llegan días
en que aprietas los puños porque sientes más profunda
la cuchillada del tiempo y pides:
ven, barco borracho, a mis letras condimentadas
y hazte
consuelo en mi primera herida
libérate, voz, no balbucees más en los bosques;
pero tú,
estabas allí, tumbada
al lado del agua con una nube y veías
las luces eléctricas de la calle, autobuses pasando, las
bicicletas
y estaba el hermano en su chatarrería, la madre hacía años
oculta en la tierra
ligera de la memoria, esta noche
-¿Oyes?
un monje joven está jugando con las campanas
del mundo de arriba, rociando
al mundo bendiciones, en lo alto
la primera estrella sangra y yo sé, Filomila
que sangras también tú, tumbada en la orilla del río,
Filomila mía
llegan días.
("msur", traducción virginia lópez recio)
Toda la noche en tu azulada alcoba, buscando
un pretexto en los libros empolvados para que me traigas
un vaso de agua,
en miles de frases los improvisados crepúsculos, ramas que
reúnen tu última tristeza,
nubes de telarañas y un perro que sacude
el mar de su pelaje, más allá no miré
sin embargo, se encontraba allí
tumbado esta noche en la orilla del río un hombre
las raíces de una planta marchita que con palabras cifradas
recoge en pedazos el viento –llegan días,
dijo, que no puedes ya vivir
susurran sobre ti las voces lejanas, en tus ojos navegan
aguas que queman, tú
lees ahora las marcas en las paredes, alguien escribió:
María, te quiero; otro a su equipo de fútbol, otro
un insulto
un cuarto grabó en la raíz de su corazón un grito
-¡socorro!-; llegan días
en que aprietas los puños porque sientes más profunda
la cuchillada del tiempo y pides:
ven, barco borracho, a mis letras condimentadas
y hazte
consuelo en mi primera herida
libérate, voz, no balbucees más en los bosques;
pero tú,
estabas allí, tumbada
al lado del agua con una nube y veías
las luces eléctricas de la calle, autobuses pasando, las
bicicletas
y estaba el hermano en su chatarrería, la madre hacía años
oculta en la tierra
ligera de la memoria, esta noche
-¿Oyes?
un monje joven está jugando con las campanas
del mundo de arriba, rociando
al mundo bendiciones, en lo alto
la primera estrella sangra y yo sé, Filomila
que sangras también tú, tumbada en la orilla del río,
Filomila mía
llegan días.
("msur", traducción virginia lópez recio)
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