Pere Joan Martorell (1972 )
Desesperadamente
Desesperadamente te tengo que decir que
eres mi religión.
Por esto, con mi mejor muda los domingos vengo
al templo a verte y enciendo dos cirios por tu
alma
que se me muestra resplandeciente como una
aparición divina.
Y te veo esbeltísima encima del altar luminoso,
donde, de mutuo acuerdo, nos hemos consa-
grado tantas veces
al dios omnipotente y atávico del Amor
con el agua bendita de nuestro ardiente deseo,
donde delirante y eucarístico, he escuchado tus
sermones
que me han hecho abrir los ojos y tocar de pie
la tierra hasta comprender el significado
esencial
de la sagrada plegaria que a medianoche
pedimos:
mantener los corazones limpios y la pasión
bien viva.
Por esto creo en el deseo y la carne, y creo,
en la carne de mi deseo que sólo tú configuras,
creo en la muerte perdurable y en el silencio
eterno,
creo en la resurrección de la penuria reflejada
en los ojos de tragedias protagonizadas por
hombres
y mujeres que conocen el martirio fértil de la
angustia.
Creo en la vida y el evangelio que significas
para mí.
Sinceramente te tengo que decir que nunca he
esperado
milagros ni quiero promesas falsas de falsos
profetas,
ni más predicadores, ni dioses inexistentes,
imposibles en esta vida de crudas realidades,
ni sacrificios absurdos, no, nada de todo esto,
¡Por Dios! sino un eterno compromiso de
sangre contigo
por los siete sueldos de un elemental dogma
de fe-
y porque seas mi hambriento pan de cada día.
("la lengua lemosina", ed. de medianoche, zac., méx., 2010, trad. mario bojórquez)
Desesperadamente te tengo que decir que
eres mi religión.
Por esto, con mi mejor muda los domingos vengo
al templo a verte y enciendo dos cirios por tu
alma
que se me muestra resplandeciente como una
aparición divina.
Y te veo esbeltísima encima del altar luminoso,
donde, de mutuo acuerdo, nos hemos consa-
grado tantas veces
al dios omnipotente y atávico del Amor
con el agua bendita de nuestro ardiente deseo,
donde delirante y eucarístico, he escuchado tus
sermones
que me han hecho abrir los ojos y tocar de pie
la tierra hasta comprender el significado
esencial
de la sagrada plegaria que a medianoche
pedimos:
mantener los corazones limpios y la pasión
bien viva.
Por esto creo en el deseo y la carne, y creo,
en la carne de mi deseo que sólo tú configuras,
creo en la muerte perdurable y en el silencio
eterno,
creo en la resurrección de la penuria reflejada
en los ojos de tragedias protagonizadas por
hombres
y mujeres que conocen el martirio fértil de la
angustia.
Creo en la vida y el evangelio que significas
para mí.
Sinceramente te tengo que decir que nunca he
esperado
milagros ni quiero promesas falsas de falsos
profetas,
ni más predicadores, ni dioses inexistentes,
imposibles en esta vida de crudas realidades,
ni sacrificios absurdos, no, nada de todo esto,
¡Por Dios! sino un eterno compromiso de
sangre contigo
por los siete sueldos de un elemental dogma
de fe-
y porque seas mi hambriento pan de cada día.
("la lengua lemosina", ed. de medianoche, zac., méx., 2010, trad. mario bojórquez)
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