Ethel Krauze (1954 )
Inevitable
IV
Se murió el corazón de la perla
el corazón del oro
el corazón de la gardenia.
¡Ay, esa sinrazón de las olas
que se quiebran!
Se ha muerto tu rostro madre,
tan bello, tan esquivo
como pájaro de vino tinto.
Se murió la rosa de mirada ciega
el diamante más puro
de la estrella,
la bella sulamita
la judía polaca
la hija del sastre y de la manca
la hija de la chingada
la hija flor de la nada.
A galope tendido
se murió,
la señora del comedor y la sala
sentadita en su sillón,
la cabeza ladeada
buscando con los ojos
a la gaviota oscura
que llegó por ella
en el confín de la recámara.
Se murieron los besos
escondidos al pie de la escalera
la forma misteriosa de la cueva
la curva de tus brazos, madre,
y tu sombra en la calle
tu sonrosado ritmo
las campanadas lentas de tus pechos
y la miel que derramaban.
Mariposa cruel,
¿por qué lo hiciste?
("inevitable"), ed. uacm, méxico, 2010)

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