Anahí Mallol (1968 )
las manos
no es por esa voz tuya
que oigo
franca y directa cada semana
cuando te llamo a la oficina
ni por el perfume
de tu pelo y de tu sexo
que atraviesa mis dedos
después de las visitas
sino por el desliz satinado de mis palmas
por la superficie lisísima de tus pechos
y tus nalgas
llenas y redondas y además nuevas
nunca antes tocadas por otro cuerpo de mujer
por lo que te deseo
tanto,
mujer casada.
la espera
dice que va a venir
esta tarde
a visitarme
-a tomar unos mates-
dice.
lavo mi cuerpo
lenta y cuidadosamente.
por la noche
los jazmines que corté
con la última luz
del atardecer perfuman
como otra variante del rocío
el gesto
inútil de la espera.
Yo
Yo sólo quería
que en medio de la noche
cuando los dos sabíamos que el otro
estaba despierto
–lo sabíamos porque conocíamos
nuestras formas de respirar
y también ese perfume
especial que exhala el cuerpo
a tu lado dormido–
me abrazara fuerte
fuerte y me dijera
despacio al oído
“eso debió dolerte mucho”
o “cuánto te lastimaron”
para después agregar
“no te preocupes
ahora no estás sola y todo
va a salir bien”
o algo por el estilo
me hubiera gustado creer
pero cuando le dije
lo que me había pasado
lo que el otro me había hecho
fue tanto su dolor que
se olvidó de consolarme y se alejó
se alejaron
su respiración y su perfume y nunca más
supe lo que era ese abrazo
fuerte en medio de la noche.
("no me quites paz" y "marcelo leites")
no es por esa voz tuya
que oigo
franca y directa cada semana
cuando te llamo a la oficina
ni por el perfume
de tu pelo y de tu sexo
que atraviesa mis dedos
después de las visitas
sino por el desliz satinado de mis palmas
por la superficie lisísima de tus pechos
y tus nalgas
llenas y redondas y además nuevas
nunca antes tocadas por otro cuerpo de mujer
por lo que te deseo
tanto,
mujer casada.
la espera
dice que va a venir
esta tarde
a visitarme
-a tomar unos mates-
dice.
lavo mi cuerpo
lenta y cuidadosamente.
por la noche
los jazmines que corté
con la última luz
del atardecer perfuman
como otra variante del rocío
el gesto
inútil de la espera.
Yo
Yo sólo quería
que en medio de la noche
cuando los dos sabíamos que el otro
estaba despierto
–lo sabíamos porque conocíamos
nuestras formas de respirar
y también ese perfume
especial que exhala el cuerpo
a tu lado dormido–
me abrazara fuerte
fuerte y me dijera
despacio al oído
“eso debió dolerte mucho”
o “cuánto te lastimaron”
para después agregar
“no te preocupes
ahora no estás sola y todo
va a salir bien”
o algo por el estilo
me hubiera gustado creer
pero cuando le dije
lo que me había pasado
lo que el otro me había hecho
fue tanto su dolor que
se olvidó de consolarme y se alejó
se alejaron
su respiración y su perfume y nunca más
supe lo que era ese abrazo
fuerte en medio de la noche.
("no me quites paz" y "marcelo leites")
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