Aleš Šteger (1973 )

Jabón


Tú también intentas retener
lo que se ha escurrido de tus manos
aun antes de tomarlo.

Tu caja torácica no entiende
que los años renguean con la rodilla quebradiza,
que eres de tu raza sólo durante la caída.

Debajo y más abajo se intercambian.
Los golpes son pérfidos y sordos
y no dejan cardenales.

Por ello algunos se prenden
a su pedazo de jabón
con una cadena de oro.

O encierran sus manos enjabonadas
en una caja fuerte custodiada
y giran tres veces la llave.

Pero es en vano.
Antes de darte cuenta
el jabón se deslizó de tus manos.

El papel en el que dormía
trae desgracias a quien lo desenvuelve.
No hay nada que hacer.

Porque tu oído no percibe bien.
Porque tu ojo habla en lenguajes ininteligibles.
Porque tu olfato te conduce por huellas falsas.

Por ello te dicen hijo de perra,
hermano de perritos vagabundos,
don nadie de patas mugrientas.

Y agregan satisfechos que en un mundo
que da una vez y quita sin cesar
no queda nadie con las manos limpias.

A pesar de ello,
toda la felicidad de este mundo
se espumó entre las palmas de tus manos.

Y recién ahora que la estás enjuagando, sabes
qué significa vivir como un perro
y dormirse con la sonrisa en el hocico.


("el libro de las cosas y los cuerpos", ed. arlequín, guadalajara, 2014, s/c traductor)

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